LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

1977. Ese que corre es Zanabria

- por Redacción EG: 03/12/2018 -
Mario Nicasio Zanabria, nació en 1948 en Santa Fe,

Exquisito del toque, gambeteador empedernido en Unión, en Newell’s, en la Selección, Mario Zanabria llegó a Boca para correr, marcar, morder y, con la pelota, recién crear. Esta es la historia de su evolución.

Llegó a Newell´s en 1970 y en pocos años se tranformó en la gran figura. Con Zanabria como capitán el club de Rosario se coronó Campeón de la Primera A (Metro 1974) por primera vez en su historia.

Aquel día el recreo fue más largo que de costumbre: hasta tuvo tiempo de hacer tres goles y con-versar unas palabras con su maestra. Delia Cruz tenía una delicadeza que a él le gustaba mucho, quizá por eso siempre la buscaba segundos antes de que la campana lo llamara nuevamente a clase. La mano de su "señorita" jugó entre sus rulos. Dulcemente le reprochó:

-¡Marito! Siempre igual vos. Siempre jugando a la pelota. ¡Miré ese guardapolvo! –

- Sabe, señorita? Hoy, antes del recreo, usted nos preguntó qué queríamos estudiar, qué queríamos ser... Bueno, yo le contesto que jugador de fútbol. Yo quiero jugar a la pelota…

Y esa primavera de 1958 el hoy hombre MARIO NICASIO ZANABRIA decidía su destino en los viejos patios de la escuela Bartolomé Mitre, en Santa Fe de la Veracruz.

  • Era algo más fuerte que yo. Mucho más fuerte. Te juro que quería hacerle caso a mi madre, que me pedía que estudiara, pero la pelota me tiraba. El potrero me tiraba. No podía sustraerme, era como un encantamiento. Terminé sexto grado e ingresé a la escuela industrial Avellaneda; llegué a completar el quinto año, pero cuando tuve que determinar entre una carrera universitaria y el fútbol, no lo dudé: el fútbol. Fue muy difícil decirle a mi madre lo que había decidido; ella, desde que murió mi viejo en 1965, pensaba que podía ser un profesional. Sin embargo reaccionó como creo deben hacerlo todas las madres. Me dijo: "Mario, vos sabés lo que hacés. Sólo te pido que si has tomado esa decisión te dediques al fútbol con toda tu alma. Será la única manera que podrás llegar". Mi madre, sin saberlo, me estaba dando la gran clave para ser un triunfador. 

Esa noche no durmió, aunque Victorio Nicolás Cocco había pedido su misma habitación en la concentración y antes de que el sueño lo ganara le dejó su aliento: "Animo, Marito, vos sabés. Mañana la rompés". Pero sus 18 años recién cumplidos no entendían de ánimos ni palabras. Al otro día debía debutar en la primera de Unión. ¿Cómo lo podían entender los demás? ¿Cómo? Si lo que había esperado desde aquel instante en que decidió su destino le llegaba de golpe. Al otro día, cuando pisó el campo de juego, se acordó de Etchamendi: "Ya sabe, pibe: nunca dos gambetas seguidas. Una gambeta y un toque. Una gambeta y un toque. Así desconcertará al marcador". Miró la cancha de Témperley medio vacía, pero él se la imaginó llena y a las tribunas coreando su nombre: ¡Za-na-bria, Za-na-bria. Za-na-bria!

  • Fue el 19 de noviembre de 1966. Frente a Témperley. Recuerdo aquel equipo: Tremonti; Jorge Gómez, Figueroa, Cabrol y Casal; Iglesias, Cocco y Fernández; Díaz, Ruiz y yo. Perdimos tres a uno, pero no nos preocupó mucho. Estábamos ocho puntos arriba de All Boys. Sé lo que esa derrota me dolió íntimamente. Fue la primera amargura que sentí adentro, que me confundió. En fin, ya estaba en baile y había que bailar. Una semana después tenía mi desquite: le ganábamos a Talleres 3 a O. Era el fútbol, lo que había elegido. Triunfos y derrotas. Risas y lágrimas. Como en la vida. Algo así.

    En el año 1975 llegó a Boca, y un año después salia campeón derrotando a River en la final del Nacional 1976.

Y siguió la historia. Después de Unión, Newell´s, la Selección. Un paso muy cortito por el Granada, en España. Los clubes no se pusieron de acuerdo en el dinero, y el regreso. A esperar otra oportunidad. Así como el Granada, antes habían terminado de la misma forma dos intentos de Rivera.. El final quizá estaba en Newell's... Pero la lupa de Juan Carlos Lorenzo lo detectó y de golpe, hace muy poquito, se encontró luciendo sobre su pecho la azul y oro de Boca. Cuatrocientos cincuenta millones de pesos viejos quedaban en las arcas del club rosarino. 

  • Y cambió mi vida. En todo. En lo espiritual, en lo económico. ¿Sabés? Era mi revancha, poder demostrar que no era sólo jugador de cuadro chico, que mi habilidad podía servir también a un equipo grande, a un equipo como Boca. Es difícil explicarlo, pero de golpe se borraron todas mis dudas. Entendí que tenía que correr, marcar. Que el fútbol se debe jugar de otra manera, con más garra. Que no es tanto ballet. Digo que es difícil de explicar porque tampoco renuncié a lo otro, a lo que tengo desde chico. No sería Zanabria sin mi gambeta o mi toque. Pero a eso le agregué cosas. En una palabra: no hay otro Zanabria, hay un Zanabria completo como jugador, que hace lo que debe hacer un volante. Es decir, correr adversarios, tapar la salida del contrario y cuando consigue la pelota crear. Buscar el gol en el otro arco. Sin pachorra, con sorpresa y velocidad. Interpretar el fútbol en forma distinta. Como se debe. Te aclaro que Lorenzo tuvo mucho que ver en el cambio, pero yo lo acepté porque creo que es así. No se puede jugar de otra manera. Si no, das ventajas y te pasan por arriba. Observá a Defensor.

    "Son cosas de la Copa y del fútbol actual. Fuerza, lucha, garra. Mirá a Puppo después de un choque. Todos queremos ganar. Después seguimos amigos. Esto fue en el Centenario. frente a Defensor".

Hoy los brazos se levantan después de cada actuación. Hoy su sonrisa se hace más ancha. Boca, la Copa, el Metro. Hoy la zurda de Mario tiene dueño. Se metió en el corazón de esa hinchada que ya lo identifica entre sus cariños. Pero no todo fue fácil. Para nada.

  • ¿Te acordás en la pretemporada en Mar del Plata? Estaba regalado. Estaba para irme a cualquier lado. Las lesiones en el Nacional, el tiempo de adaptación se demoró y creo que Boca me regalaba. Muchas noches pensaba: todo lo de Newell's fue mentira, mis casi diez años en primera una farsa. Se desató el paquete. Ahí otra vez Lorenzo me llamó y conversando se borraron todas las dudas. Por eso creo que estoy en el mejor momento de mi carrera como futbolista. He madurado tanto que yo mismo me asombro. Contra Peñarol, para dar un ejemplo, Lorenzo me dijo: "Tape la salida del cuatro". No pregunté más nada. Fui y lo corrí toda la noche. Y González es de los que no perdonan. Da y recibe sin piedad y sin chistar. Antes hubiera hecho lo que sentía dentro del campo. Quizá también ése sea uno de los secretos de Boca. Todos, todos, estamos convencidos de lo que hacemos. Y no hablamos de grupo humano, de mítica. No, aquí cada ano ve la película que quiere, sale con el que quiere, cena con el que quiere, pero en la cancha sí: todos para uno y uno para todos.

    Frente a Ricardo Bochini, una imagen notable de dos de las grandes figuras del futbol argentino de los años 70

Y esta historia se detiene hoy en cualquier lugar. Aquí, en La Candela, o en Montevideo la mañana que Boca enfrentó a Peñarol. Fue el primero en despertar. Se enfundó la casaca de Rosario Central que usa como cábala antes de cada partido y enfiló para nuestra mesa. Alargó la sonrisa y nos dijo: "Basta de tapa de EL GRÁFICO o de "Los Misiles de Zanabria". Basta porque con tanto bombo me dejan rengo. El que recibe las patadas soy yo...". Sí, esta historia se detiene hoy y continuará mañana, en cualquier cancha cuando su figura de ojos claros aparezca por un túnel y la hinchada de Boca le grite: "Y vamos Mario que tenemos que ganar...". El levantará sólo la mano y muy íntimamente se sentirá conforme. Aquel destino que eligió a los 10 años, a los 28 lo ha cumplido con largueza.

ENRIQUE ROMERO

MIS EQUIPOS

Mario con la celeste y blanca:"No hay dinero ni elogios que te puedan pagar la satisfacción de sentir en tu cuerpo la casaca argentina. Fue muy breve mi paso, pero inolvidable"

UNION: Mi época ama-teur, a pesar de haber ac-tuado cuatro años en pri-mera. Los grandes recuer-dos. El ascenso a primera "A" en 1966, el descenso en eV67, el retorno en 1968 Era un habilidoso sin ideas. No sabía lo que quería dentro del campo. Era el pibe que ju-gaba en primera pero con la misma despreocupación con que lo hacía en el potrero.

NEWELL'S: Fue el período en que confirmé que no era sólo un jugador habilidoso sino que me podía adaptar a un esquema profesional. Muy distinto a Unión, con otro tipo de compañeros. Me dio la oportunidad de mostrarme al fútbol grande. Supe por primera vez como jugador de fútbol lo que era la responsabilidad.

SELECCION: Aquel equipo del Sudamericano que integramos rosarinos y santafesinos no lo voy a olvidar nunca. Era lo que había estado esperando toda la vida: ponerme la celeste y blanca. No hay dinero ni elogios que te puedan pagar la satisfacción de sentir en tu cuerpo la casaca argentina. Fue muy breve mi paso, pero inolvidable. Quiero volver. Es mi esperanza. Si Menotti se acordara que existo. ¡qué feliz sería! ¿Jugar el Muin-dial? Lindo broche para mi carrera.

BOCA: El gran cambio. El escalón que me faltaba subir dentro del fútbol. Otra vez volver a demostrar que Zanabria no era sólo jugador para equipos chicos, que podía servir también en los grandes. Que no era sólo un habilidoso sin nada en la cabeza. Aquí encontré la madurez, enterré mis dudas. Si ahora corro o marco más que antes es porque comprendí que eso es el fútbol actual,  aunque no reniegue de mi habilidad.

MIS MEJORES DT

Washington Etchamendi: El  'Pulpa" fue uno de los técnicos más completos que he tenido. Como Lorenzo, sabía todas las mañas para demorar el juego. Me largó a primera división a los 18 años en un campeonato tan difícil como el de la "B". Me dio confianza, trató de acoplar mi estilo desprolijo a un conjunto. Recuerdo que siempre me decía: "Marito, usted cuando está en el medio abre a las puntas. Entonces. ¿Por qué  cuando está en la punta la manda al medio?". ¡Qué razón tenía! Marcó una época en mi vida.

Miguel Antonio Juárez: Continuó con la tarea del "Pulpa" al tratar de ordenarme. Me enseñó a correr la cancha, a buscar los perfiles para entregar rápido el pase al compañero. Siempre me pedía más movilidad, más rapidez. Que me pusiera de espalda a uno de los laterales para tener más panorama cuando recibía del arquero. También se le ocurrió un día que tratara de patear con la derecha. ¡Qué ocurrencia! ¿Yo con la derecha? Traté de hacerlo. Fue imposible. Me salían tiros como un pajarito. . .

Juan Carlos Lorenzo: El que más explotó las condiciones que los otros técnicos me fueron descubriendo. Recuerdo que cuando llegué a Boca me dijo: "Mire, yo creo en usted, pero quiero que entienda que viene a Boca y aquí está prohibido bajar los brazos o entregarse ante los rivales. Aquí hay que correr, marcar, morder y ganar siempre. No se olvide: ganar siempre. Tiene que cambiar; con su fútbol y lo que yo le exigiré será un jugador completo". Le hice caso. Así me va: estoy en el mejor momento de mi carrera. Se acabaron todas mis dudas. Sé lo que quiero y lo que busco cuando entro a un campo de juego.

ENRIQUE ROMERO (1977)

 

 

Por Redacción EG: 03/12/2018

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