SUPERCLáSICOS EN LIBERTADORES

2000. Boca 3 – River 0, la noche perfecta

- por Redacción EG: 20/11/2018 -
El regreso soñado. En el último minuto Palermo convierte el 3-0. Fue después de 193 días de convalecencia por una rotura de ligamentos cruzados.

Con la ventaja en el partido de ida, River especuló y le fue muy mal. Boca, con un Román soberbio, elimina a River y pasa a semifinales de la Copa Libertadores. Fue el día del gol milagroso de Palermo. Fotos, crónica y video.

2000. Boca 3 - River 0 - Libertadores
  

LA NOCHE PERFECTA

Estos tipos están locos. Saltan, gritan, ríen, gozan, rugen, se revuelven en sí mismos, sueltan alaridos viscerales, celebran la perfección de una noche que no olvidarán por mucho tiempo. Tal vez nunca.

Estos tipos están locos y se jactan de su locura. Sueñan despiertos, imaginan un futuro abrazados a más gloria.

Boca le ganó a River y es semifinalista de la Copa Libertadores. Nada más, nada menos. Pero antes del análisis, antes de tamizar las cuestiones tácticas o estratégicas, emergen las imágenes, brotan las postales de esos segundos finales de éxtasis y explosión, de puños al viento y locura.

Una clasificación frente a River, merece esta celebración. Román fue el hombre clave en la serie completa.

Y ahí está Martín Palermo con el milagro de su resurrección, acomodando la pelota abajo, lejos de Bonano, para sellar la fiesta y el 3-0. Ahí va Martín con los ojos llorosos, corriendo hacia el banco de suplentes, encarando a un Bianchi estremecido que le grita "iAl doctor, al doctor!" y lo deja cara a cara con Jorge Batista, el hombre que lo operó, para que se fundan en un abrazo incandescente e interminable.

Y ahí está Oscar Córdoba, arremolinando los brazos para que la gente no pare de saltar, señalando con el dedo a Delgado, a ese mismo Chelo al que fue a consolar en la mitad del partido, cuando se había perdido un gol increíble y andaba chapaleando por el quinto subsuelo .

Y ahí está el puño apretado de Bianchi con el pitazo final del árbitro Angel Sánchez,el paso firme para ir a buscar el túnel, el abrazo imprevisto y emotivo con el Tolo Gallego, otra vez la caminata y la mano que apunta a la platea media al grito de "iEs para vos, es para vos!", que tiene como destinatario a Margarita, su mujer.

El festejo del Virrey

Y ahí está el presidente Mauricio Macri, con la corbata azul afuera de esa camisa tan celeste como sus ojos que lloran, que lloran sin parar "porque ese cierre con el gol de Martín me hizo entrar en trance, estoy como en otro mundo, feliz como un chico".

Y ahí está el pibe Marchant, golpeándose el pecho como si ya tuviera mil batallas, besando el escudo que decora su camiseta, señalando vaya uno a saber qué estrella allá en el cielo.

 Y ahí va Riquelme, abrazado a Traverso, tranquilo como si nada hubiera hecho, cruzando la cancha como si estuviera paseando por el jardín de su casa. Como si nada hubiera hecho.

Y ahí están todos estos tipos, locos de la vida, saltando y riendo, aguardando quince minutos para salir, listos para desparramar el carnaval por esas calles de luces mortecinas y corazones encendidos, que no dormirán...

Boca le ganó a River y es semifinalista de la Copa Libertadores. Le dio vida a una noche perfecta: revirtió la derrota del partido de ida, puso lo que su gente siempre quiere que ponga y decoró la noche con el gol del Martín resucitado. ¿Cómo no van a festejar? ¿Qué más podían pedir? 

Sale a la Bombonera, el dueño de la pelota, la figura de la cancha

 

LAS RAZONES DE LA VICTORIA

¿Qué tuvo Boca para dar vuelta la historia? Actitud ganadora. Quienes accedieron a la intimidad de aquel vestuario de derrota en el Monumental, todavía comentan la calentura que gobernaba a todos. Allí nació un juramento tácito: dejar la vida. Allí germinaron las decisiones trascendentes: poner los suplentes ante Central para que los titulares Ilegaran físicamente diez puntos a la revancha y evaluar, muy seriamente, la inclusión de Palermo. 

El disparo de Gustavo Barros Schelotto. Yepes le cometió un claro penal que Sánchez no cobró.

Esa actitud protagónica se plasmó con claridad durante los noventa minutos. Aún equivocando los caminos, Boca quiso, propuso, fue a buscar, se plantó bien arriba, corrió riesgos. En fin: se la jugó.

Gallego eligió la otra cara de la moneda. Puso en la cancha a seis defensores: los cuatro del fondo más Berizzo y Lombardi, integrados a la línea de volantes. La idea era hacer el aguante y salir de contra. Pero la intención se quedó a mitad de camino. Achicó espacios en su propio sector y tuvo la virtud de presionar sin cometer faltas en los alrededores del área, pero tuvo demasiadas intermitencias en la segunda parte del libreto. Porque Aimar, Angel y Saviola quedaron muy aislados del bloque de contención y hasta cumplieron con ciertas funciones defensivas desacostumbradas, como retroceder por detrás de la línea de la pelota en su propio campo. 

Aimar trata de avanzar frente a Traverso.

 Boca tuvo que intentar el desequilibrio en una cancha superpoblada y no siempre tuvo la lucidez para hacerlo. Sí cuando la  pelota pasó por el botín sensible de Riquelme, en el que soltó toda su sabiduría en el complemento. Sí cuando Ibarra se lanzó en slalom por la derecha. Sí cuando Marchant -sereno como un veterano- aceitaba los circuitos con precisión en las entregas y cambio de ritmo. Pero no cuando la bocha era de los centrales y ensayaban el pelotazo frontal para un Palermo que todavía no estaba en la cancha.  No cuando Gustavo no acertaba los pases de media distancia para la trepada automatizada y no siempre eficiente de Arruabarrena. No cuando Moreno encaraba por el medio y perdía una y otra vez con Yepes

Dinámica, compromiso y garra.. Marchant fue un motor en el medio.

River pareció cerrar muy bien el negocio en el primer tiempo. Por tres razones determinantes: 1) Le funcionó medianamente el dispositivo de neutralización. 2) Angel Sánchez no cobró un claro penal de Yepes al Melli Gustavo. 3) Bonano le tapó un mano a mano clarísimo a Delgado.

Es más: tuvo chances para que le cerrara mejor todavía, ya que en los últimos diez minutos tuvo tres o cuatro salidas en contraataque que no prosperaron por imprecisiones de Aimar en el penúltimo toque, ese que debía dejar en posición de gol a Zapata, siempre vivo para ganar espaldas por la franja izquierda.

 

TIEMPO DE RESURRECCIÓN

14 minutos de segundo tiempo. Delgado define. Bonano falló en la salida y se la dejó servida.

Los dos ajustaron las clavijas de la actitud para el segundo tiempo. Boca y la búsqueda a todo o nada River y la espera en complicidad con el reloj. Era una pulseada áspera, vibrante, por momentos estremecedora.

Y la empezó a ganar Boca a los 14. Riquelme hizo una pausa y un rodeo por la izquierda y la puso envenenada al segundo palo, allí donde falló el cálculo de Bonano, allí donde ganó la atropellada del Chelo Delgado... 

El Chelo grita el primero.

River amagó con desempolvar la ambición un par de minutos después, cuando Zapata quedó mano a mano con Córdoba y el colombiano —que en el primer tiempo también había abortado una entrada de Angel— voló para arañar la pelota del ángulo. Fue solo un espejismo. Porque River lejos de abandonar su postura conservadora, pareció reafirmarla, como si le sentara bien la definición por penales. ¿Pruebas? Como no: Bonano se ganó una amarilla por demorar en un saque de arco. Otra: cuando se suponía que debía ir a buscar el partido, Gallego puso a un volante como características defensivas como Guillermo Pereyra y lo sacó… iA Aimar! .

El ingreso de Martín Palermo transformó a la Bombonera en un verdadero volcán.

Si algo le faltaba a la gente de Boca para creer que la victoria holgada era posible, Bianchi lo mandó a la cancha a Palermo. Cuando el goleador pisó el césped tras saludar a Moreno, la multitud estalló en un grito comparable al de un festejo de gol. Se movió el cemento. Literalmente. Y esa vibración pareció darle al equipo el impulso final.

Inventó Riquelme por la izquierda y también inventó Battaglia ante Trotta que lo bajó en el área.Penal indiscutible que Riquelme acomodó sobre la izquierda de Bonano con inmensa categoría.

39 minutos del segundo. La ejecución de penal impecable de Román.

River ya no podía. Toda la valentía del sábado, cuando le ganó a Newell's en el Parque Independencia, se había diluido cuatro noches después. A esa altura, ya lo gobernaba la impotencia, esa que llevó a Lombardi a pegar la patada que le costó la expulsión. 

 Al minuto final tal vez lo haya soñado el más fanático de los hinchas de Boca. O quizás el propio Palermo en cada noche de esos seis meses de recuperación angustiosa y angustiante. Pero el sueño se le hizo realidad. Volvió a entretenerla Riquelme por la izquierda, sacó un conejo y la prolongó para Battaglia, que la estiró para Martín. Le había quedado algo incómoda, pero le dieron tiempo para darse vuelta, para que la colocara suave y abajo para que lo gritara con la gente y con sus compañeros, para que llorara por el médico, para que lo sacaran en andas, para que se sin-tiera más vivo que nunca. 

Grita su gol milagroso, el hombre de la noche

¿Cuánto valdrá el envión anímico de esta victoria de cara a lo que se viene? Mucho, seguramente.

 Boca dejó atrás una barrera altísima, pero en su camino hacia la consagración le esperan otras dificultades. Por ejemplo, América de México o el Bolívar de La Paz, con la dificultad adicional de jugar el segundo partido en la altura. Pero esa, claro, será otra historia. La historia que palpitará a partir de mañana. Hoy festeja legítimamente. Ganó porque quiso ganar. Ganó porque se jugó entero. Y eso es lo mínimo que puede hacer un equipo que quiere ser campeón.

 

LA FIGURA: Román Riquelme 8 (Boca) Sus virtudes habituales, de talento y manejo, potenciadas por el coraje para pelear el penal decisivo con un aplomo notable. Fue el conductor de la victoria.

El mejor de un partido histórico

 
EL ÁRBITRO: Ángel Sánchez (5)  No cobró un penal de Yepes a Gustavo B. Schelotto en el arranque. Después, sacó el partido.
 
LOS MEJORES:  Córdoba (8): Fue vital en dos atajadas que podrían haber cambiado la historia: un mano a mano a Ángel en el primer tiempo y un pelotazo a Zapata en el segundo.
Ibarra (7): Ida y vuelta con permanente llegada. Además, muy buenos cierres, determinación y garra. Además de su fútbol habitual, metió como había que meter.
 
LOS PEORES: Ángel (3): Una noche para olvidar. No tuvo peso ni influencia en el área de Boca
Es cierto que la pelota le llegó poco y mal. Pero él tampoco la buscó demasiado.
Lombardi (4) Completó su mal partido haciéndose expulsar en el final. Mientras estuvo en el campo, primero fracasó como volante y después como defensor.

 

Por ELIAS PERUGINO Notas: DIEGO BORINSKY, RODOLFO CEDEIRA y HERNAN GIL

Fotos : Gerardo Horovitz, Eduardo Forte,  Alejandro Pagni, Juanjo Bruzza

 

Por Redacción EG: 20/11/2018

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