SUPERCLáSICOS EN LIBERTADORES

1970. River destrozó el hechizo

- por Redacción EG: 08/11/2018 -

Por Onesime. En un encuentro correspondiente a la segunda fase de la Copa Libertadores, el conjunto de Núñez se quitó la mufa y pudo superar a Boca con el gol oportuno de Carlos Rodríguez.

EI recuerdo de las últimas versiones del clásico River-Boca parecía decretar de antemano un resultado favorable a los boquenses.

Más allá del que juega mejor, más allá de la leyenda, más allá de las circunstancias, era cuestión de prepararse para que ganara Boca. Y ese presagio ya estaba metido en el espíritu de River muy profundamente. El jueves bastaba recorrer los lugares frecuentados por la gente de River para comprobar un grado inédito de escepticismo. Su hinchada, sus jugadores, sus directivos, mostraban antes del partido dudas tremendas. Unas dudas acaso acrecentadas por la reciente actuación en Perú. "Venimos mal barajados, y encima con esta maratón; no podemos ser demasiado optimistas...", nos confesaba un integrante del plantel en la confitería del estadio. Por eso la actuación de los locales quizá más que ganarle al hechizo haya conseguido destrozar sus propios temores. Por eso el festejo ruidoso y emotivo del final. Por eso el grito de los vestuarios y el coro de ese hall más acostumbrado a las asambleas de disconformes que a la euforia de los coros alegres.

No era cuestión de reclamar el análisis frío. Cualquier razonamiento prolijo sobre el escaso nivel técnico del clásico chocaba contra el muro de la victoria, contra ese 1-0 que disimulaba todo. Los errores de la cancha quedaban sepultados por el significado del triunfo. Así pensaba River. Y tenía razón...

… Y EL CHAMACO LLEGÓ AL GOL.

Hasta ese momento, el volante Carlos Rodríguez, casi no había pasado la mitad de la cancha. Preocupado por cortarle a Savoy cualquier posible comunicación con Madurga y Noveno...

Pero en ese minuto 34 intentó la gran posibilidad. Recibió un pase corto de Dominichi y giró hacia la derecha buscando la sociedad de Daniel…

Toque y pique al claro para buscar la devolución, sorprendiendo a los marcadores centrales de Boca y no dándole tiempo a Medina para que lo alcance. Llegada justa y derechazo cruzado que entra junto al segundo palo. Gol de River…

Ese gol que está en la cara y en el grito de Scotta, ese gol que está en la espalda del N° 8 con los brazos en alto, ese gol que ayuda a volver a soñar con la Copa...

PARA EVITAR LAS SORPRESAS

Marca, marca, marca... Una consigna, casi una obsesión para los hombres de River. En todos los sectores. Los del fondo, los de mitad de cancha, los de adelante. Nadie se podía sustraer de esa obligación vital para las posibilidades de River.

Que Savoy no pueda aplicar su talento, que Madurga no repita sus piques al claro, que Coch no vuelva a ser el verdugo de aquella noche. Ni tiempo ni espacio para nadie. River no quiere tener sorpresas, y lo demuestra.

Boca no se puede armar porque sus hombres están encadenados por la fuerza y el anticipo de sus adversarios. Es la imagen de aquel River que consiguió escalar por temperamento, pero mucho más ordenado, más criterioso y cauteloso para jugar.

Refugiado en el objetivo exclusivo de defenderse y descansando en la posibilidad de cortarle a Boca el ritmo. River pensaba primero en destruir y después…, bueno, después algún contraataque.

Daniel Onega ya está estacionado como tercer volante. Es decir, su desdoblamiento de delantero que se tira atrás no se disfraza más. Ahora es volante y el único que dispone River para intentar una salida clara y profunda. Porque Daniel se preocupa más de la recepción que de la obstrucción. A partir de esa posición y de esa función se vuelve a ensayar la vieja fórmula. Onega-Pinino Más. Apenas eso muestran los locales en la ofensiva.

PENAL - PININO -AFUERA 

Se va Gennoni, persecución de Marzolini hasta la entrada al área. El puntero se cruza hacia el arco y el N° 3 lo traba. El árbitro otorga penal…

Oscar Más en la ejecución. Roma va para su izquierda, el remate de Pinino va hacia el otro lado. Pero afuera...

 

BOCA, MANIATADO

El Chamaco toma a Savoy y Recio a Madurga. Pese a todo Boca aparece más armado y desplegando su acostumbrada mentalidad de equipo ofensivo y ganador. Pero los medios de realización quedan quebrados. Savoy no consigue pesar en el armado y Madurga tampoco puede prosperar más allá de tres cuartos de cancha. Novello queda atrapado por la presencia de López-Laraignée. Coch no consigue desbordar frente al correcto trabajo de Dominichi. Queda Larrosa, y el puntero abandona la raya para cruzar la cancha o tirarse atrás como único hombre libre. Pero esta variante, positiva en cuanto al control del juego, se hace nociva en el momento de intentar la profundidad del ataque. Boca tiene la pelota, pero la aceleración por el medio se hace dificultosa, y por las puntas tampoco viene la solución. Consecuencia: choque permanente, partido áspero, fricciones y en seguida vienen los golpes. Empieza River, responde Boca. Poco fútbol claro, espectáculo sir categoría.

El desplazamiento de Larrosa deja vacío el lateral izquierdo, por donde a veces transita Savoy para salir de la asfixia que le impone el Chamaco Rodríguez. Y a los 11 minutos ese cambio provoca la primera jugada de gol que consigue crear Boca. Cruce de Larrosa desde la derecha a Savoy, ubicado como puntero izquierdo. Zurdazo que sale junto al segundo palo. La anemia ofensiva de River se agudiza porque Scotta también se suma con gran disciplina a la tarea de marcar. Y Gennoni queda muy aislado en la punta derecha. Pero la movilidad de Scotta confunde a los marcadores centrales de Boca, que no pueden encimarlo, y además le permite encontrarse con Daniel Onega y los volantes para tratar de quitarle el control del juego a los visitantes.

Sobre la media hora los objetivos de River se van cumpliendo. Trabó el arranque de su adversario, le cerró los atajos que van hacia Carballo y llegó a debilitarle su fe ganadora. Conseguido eso empezó a pensar que era el momento de arriesgar.

Y EL CHAMACO SE VA AL ATAQUE

Como consecuencia de ese cambio de actitud va a venir el gol de la victoria. Recio y Rodríguez aflojan su obligaciones defensivas e intentan pasar a la ofensiva. Mas - Dominichi - Rodríguez que busca la pared con Daniel Onega, perfecta devolución y derechazo cruzado que se va hacia la red. Primer acierto ofensivo de River, primer gol.

Fundamentos: inteligencia para pararse en la cancha, sentido de oportunidad del Chamaco para lanzarse hacia los palos. Y se podía agregar que fue la mejor manera de capitalizar la confusión en que había logrado enredar a Boca.

Dos minutos después de esa maniobra un desborde de Gennoni por izquierda y un centro que toca Onega de primera, y Rema contiene porque el balón le llega al cuerpo. Esos minutos finales del primer tiempo colocan a River espiritual y tácticamente en dominador del partido. Y en los 15 minutos del descanso, Silvero estudia la fórmula para transformar ese panorama adverso. Primera decisión: Larrosa se coloca como puntero neto intentando agrandar el frente de ataque. Pero ése no es el atributo más destacado de Larrosa y Boca sigue chocando. Ahora la cosa termina de complicarse porque River ya está para el negocio del 1-0. Gran solidez en el fondo. El Chamaco y Recio se juntan atrás. Onega se muestra, Scotta sigue corriendo y desmarcándose. Y Marzolini, que no puede irse más por la raya, da demasiadas ventajas. Y Pinino queda con la suprema aventura del contragolpe. Porque Suñé se va, Rogel se va y Nicolau debe movilizarse hasta la punta para marcar a Más, que ya está armado y en carrera. Bien Nicolau en las coberturas, como bien había estado antes recibiendo cómodamente los ingenuos centros que aterrizaban en su zona.

CURIONI Y PEÑA

Después del penal errado por Más se acrecienta la presión de Boca. Ya Carballo había dejado su puesto a Pérez. Y Perico se convierte en el gran protagonista de los últimos minutos. Frustrando varias situaciones en las que el empate estuvo cerca…

Silvero se acomoda en el banco de los suplentes entre Curioni y Peña. Breve diálogo. Van 15 minutos. En seguida entran los dos por Noveno y Larrosa. ¿Ventajas? Ninguna. Porque Curioni, que tal vez tuviese la consigna de aportar su presencia para el gol, se desplazó hacia los costados y hacia atrás. Y para las circunstancias era preferible mantener a Novello, más apto para moverse en espacios reducidos. El cordobés, muy lejos de Pérez, no fue solución. Larrosa, sin llegar a jugar mal, no cumplía en la raya, y Peña, con más oficio, tampoco arrimó profundidad. Los errores de Boca también se detectaban en el fondo. Pienso que lo aconsejable hubiese sido desenganchar a Nicolau, que por presencia física y por potencia en el remate de media distancia pudo dar lo que no daban ni Suñé ni Rogel. Contando con un hombre como Orlando Medina, experimentado en trabajos defensivos y que soportaba ahora la persecución de Scotta, se lo pudo colocar atrás dejando la chance de la solución postrera para Nicolau. Estas son, por supuesto, acotaciones teóricas pospartido; lo cierto es que los acostumbrados aciertos de Silvero en esto de hacer cambios el jueves no se dieron.

EL PENAL DE PININO

Cuando todavía Boca no había podido detectar la influencia de los dos hombres que entraron se le presenta a River la oportunidad de alejarse en el marcador. Gennoni, que a esta altura venía acrecentando las complicaciones de Marzolini, aprovecha una habilitación de Scotta y se va con el N° 3 encimando. Entra en el área, lo traban, cae, penal. Más en la ejecución y un zurdazo que se va afuera.

Golpe psicológico de doble afecto. Fuego para Boca, hielo para River. Boca se vuelca por el empate. River trata de seguir congelando. La presión de cualquier manera se hace intensa, agudizando el tono dramático de la lucha. Perico Pérez, que había entrado por Carballo (lesión en el muslo de la pierna izquierda), desnuda una reconfortante confianza. A él le corresponde ser protagonista principal de los emotivos minutos finales. Tira Medina, tira Coch, córner, otro córner..., y siempre la solvente presencia del arquero. Y ese epílogo consigue disimular los pocos atractivos que como espectáculo había ofrecido el encuentro.

Quedan para River un resultado y una alentadora posición en el camino de la Copa. Esto comparado con lo más reciente es muy bueno; comparado con lo que exige un torneo de esta importancia todavía es poco. Si lo moral se transfiere a lo futbolístico, River, este River tan des-concertante, acaso encuentre su definitiva fisonomía de equipo. Queda para Boca la certeza de que cuando el gol no se encuentra su trabajo colectivo exhibe muchos déficit. Ei talismán del gol había disimulado otras fallas, y el jueves ese talismán no estuvo. Ahora la Copa se pone difícil...

Por Héctor Onesime

Fotos: Alfieri, Forte, Alessandrini, Paganetti, Speranza, Díaz.

 

Por Redacción EG: 08/11/2018

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