LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

2006. BERTONI 100x100

- por Redacción EG: 05/11/2018 -

Fue uno de los delanteros más brillantes del fútbol argentino. Campeón mundial 1978, integró un Independiente mítico con Bochini y el Nápoli de Maradona. En 100 respuestas recorre su historia y opina con autoridad.

1 ¿Cuál fue tu ído­lo de chi­co? Raúl Ber­nao. Me gus­ta­ba su des­bor­de, su ha­bi­li­dad. Cuan­do ju­ga­ba con­tra Bo­ca y Mar­zo­li­ni, más to­da­vía. Sil­vio era el me­jor tres del mun­do, im­pa­sa­ble pa­ra to­dos, me­nos pa­ra Ber­nao, que le da­ba unos bai­les bár­ba­ros. Ade­más, era ído­lo aden­tro y afue­ra de la can­cha. Una vez, mi vie­jo le di­jo que yo lo que­ría sa­lu­dar, vi­no, me dio un be­so y me aca­ri­ció la ca­be­za. Yo era un ne­ne y me sen­tí en las nu­bes.

2 ¿Quién te pu­so Su­per­pi­be? Pan­cho Sá y el Zur­do Ló­pez. Nos de­cían así a mí y a Bo­chi­ni, los más chi­cos. Tu­vi­mos la suer­te de ju­gar al la­do de gen­te de ex­pe­rien­cia que nos acon­se­jó bien. El Zur­do nos de­cía “us­te­des in­ven­ten, que no­so­tros aguan­ta­mos”. ¡El pa­la­dar ne­gro de In­de­pen­dien­te, ja­ja­ja! El Ro­jo tu­vo gran­des equi­pos, pe­ro tam­bién ga­nó de­fen­dién­do­se. Los triun­fos ta­pa­ban to­do.

3 ¿Qué re­cor­dás de tus cua­tro par­ti­dos co­mo téc­ni­co de Los An­des? Fue una ex­pe­rien­cia y pun­to. A la ma­ña­na pre­sen­ta­ron a Gi­nar­te y a la tar­de a mí. La co­mi­sión es­ta­ba di­vi­di­da, los ju­ga­do­res tam­bién... No pu­de ha­cer la pre­tem­po­ra­da ni na­da. Con eso se hu­bie­ra vis­to el fru­to de mi tra­ba­jo, por­que aga­rré an­tes del re­ce­so de fin de año. Pe­ro no hu­bo ca­so. 

Como hermanos. Bertoni y Bochini en los setenta. Dos leyendas del mejor Independiente,

4 ¿En In­de­pen­dien­te te pa­só al­go pa­re­ci­do? Sí. Aga­rré cua­tro días an­tes de em­pe­zar un tor­neo, sin ele­gir los ju­ga­do­res ni ha­ber par­ti­ci­pa­do en la pre­tem­po­ra­da, en un mo­men­to di­fí­cil por­que ha­bía muer­to un ído­lo co­mo el Pa­to Pas­to­ri­za. Fui a dar una ma­no, co­mo le di­je al pre­si­den­te. Com­pa­ra­da sa­be que es­tá en deu­da con­mi­go. Le aga­rré el equi­po pa­ra co­la­bo­rar, no por la pla­ta, que era ca­si na­da. Tu­ve que cam­biar el es­ti­lo de jue­go y el gru­po de tra­ba­jo, de­jan­do afue­ra a bue­na gen­te co­mo Ci­rrin­cio­ne, pe­ro yo de­bía te­ner el mío. Si nos hu­bie­ran de­ja­do, nos hu­bie­ra ido bár­ba­ro. Pe­ro Com­pa­ra­da apren­dió co­sas de no­so­tros, lo no­to en cam­bios fun­da­men­ta­les de aden­tro. No creo que lo de In­de­pen­dien­te sea un pro­ble­ma de téc­ni­cos, si­no la con­tra­ta­ción de ju­ga­do­res. No for­man equi­pos com­pe­ti­ti­vos.

5 La ciu­dad que más te im­pac­tó. Flo­ren­cia y Se­vi­lla. Dos lu­ga­res her­mo­sos don­de ju­gué y vi­ví. Fui muy fe­liz en am­bas. Ná­po­les y Udi­ne tam­bién tie­nen su en­can­to.

6 ¿El fút­bol te hi­zo llo­rar mu­chas ve­ces? De tris­te­za, no de emo­ción. Sa­lí cam­peón del mun­do y no llo­ré, lo to­mé con ale­gría. Pe­ro cuan­do me fui de In­de­pen­dien­te a Se­vi­lla, pa­sé a sa­lu­dar a los mu­cha­chos y me en­ce­rré en el ba­ño a llo­rar. De­ja­ba to­do: el ves­tua­rio, los com­pa­ñe­ros y una par­te de mi vi­da. Igual que en Fio­ren­ti­na.

7 El me­jor ju­ga­dor del mun­do hoy. Hay va­rios muy bue­nos. En Bra­sil es­tán Ro­nal­din­ho y Ka­ká. No­so­tros te­ne­mos a Mes­si, que to­da­vía es­tá en deu­da con el fút­bol ar­gen­ti­no, y a Agüe­ro, que aún no ex­plo­tó. Roo­ney en In­gla­te­rra. Eto’o es un crack. Pe­ro fi­gu­ra fi­gu­ra es Ro­nal­din­ho. So­bre­sa­le, trans­mi­te al­go más, pe­se a que aho­ra es­tá al­go ba­jo.

8 ¿Por qué de­cís que Mes­si es­tá en deu­da? Con el fút­bol ar­gen­ti­no y con él mis­mo. No sé quién lo di­ri­ge o lo re­pre­sen­ta, pe­ro le han he­cho un mal. No ha­bía ju­ga­do ca­si na­da en la Se­lec­ción e hi­zo más pu­bli­ci­da­des que ti­pos con una tra­yec­to­ria lar­guí­si­ma, co­mo Cres­po, So­rín o Ri­quel­me. Que­dó en deu­da fut­bo­lís­ti­ca, por más que Pe­ker­man no le ha­ya da­do de­ma­sia­das opor­tu­ni­da­des. Cuan­do le to­có en­trar, no las apro­ve­chó. Y tam­po­co lo hi­zo des­de que asu­mió Ba­si­le. Las pu­bli­ci­da­des en­grue­san el bol­si­llo, pe­ro dis­traen la con­cen­tra­ción. Lo esen­cial es de­mos­trar en la can­cha que los elo­gios que re­ci­be son me­re­ci­dos. Es un gran ju­ga­dor, pe­ro de­be dar más.

9 Car­los, tu her­ma­no me­lli­zo, ¿pro­bó con el fút­bol? Sí, pe­ro le va me­jor co­mo pro­mo­tor de se­gu­ros. Era mar­ca­dor de pun­ta, pe­ga­ba de lo lin­do. Te­nía pro­ble­mas de as­ma, no le da­ba pa­ra ju­gar de­ma­sia­do.

10 Te dis­te el lu­jo de ju­gar con diez muy im­por­tan­tes...  Gran­des de ver­dad: pri­me­ro, Bo­chi­ni; des­pués, Ma­ra­do­na; y cracks co­mo An­tog­no­ni, Kem­pes, Alon­so, Vi­lla... Fui un afor­tu­na­do, los diez clá­si­cos ya mu­rie­ron.

11 ¿Es un pues­to en ex­tin­ción por la fal­ta de po­tre­ros o por los sis­te­mas? La fal­ta de po­tre­ros ma­tó a to­do el fút­bol, no a un pues­to so­lo: ya no hay es­pe­cia­lis­tas... Los diez de an­tes eran to­dos de ca­te­go­ría. Veías Ri­ver-In­de­pen­dien­te y era Alon­so con­tra Bo­chi­ni; Ne­well’s-Cen­tral, Za­na­bria con­tra Poy; Es­tu­dian­tes-Gim­na­sia, De­lla Sa­via con­tra Car­li­tos Ló­pez... Los sis­te­mas y el ce­men­to des­tru­ye­ron al diez.

12 ¿Al­gu­na vez te aga­rras­te a trom­pa­das con un com­pa­ñe­ro? No. Yo era ale­gre, bro­mis­ta, in­ten­ta­ba unir, no di­vi­dir.

13 Un pa­pe­lón en la can­cha. Con la Se­lec­ción le qui­se dar de zur­da, creo que con­tra Po­lo­nia. Pi­fié, me pe­gó en la de­re­cha y sa­lió pa­ra cual­quier la­do. ¡Qué ver­güen­za! Me­not­ti siem­pre nos de­cía que en esos ca­sos ha­bía que le­van­tar la ca­be­za y sa­lir co­rrien­do ha­cia la mi­tad de la can­cha pa­ra no dar­les de co­mer a los leo­nes. Así que pi­fié y le hi­ce ca­so al Fla­co.

Promesas de los ’70: Ortíz, R.Domínguez, Avanzi, Tarantini, Bertoni, Mamberto, Pekerman, Aldo Rodríguez y Scalise.

14 ¿Cam­bia­rías al­go del re­gla­men­to del fút­bol? No, ¿pa­ra qué? Se per­de­ría la esen­cia del jue­go. Es­tu­vo muy bien im­pe­dir que los ar­que­ros la aga­rren con la ma­no en un pa­se atrás. Y tam­bién com­par­to el cas­ti­go a las pa­ta­das de atrás, el fair play.

15 ¿Re­cor­dás la pri­me­ra vez que te lle­va­ron a la can­cha? Fue mi vie­jo, pa­ra ver a In­de­pen­dien­te. ¡Qué emo­ción! Iba­mos a la Vi­se­ra, con los so­cios. Mi vie­jo me de­cía “¿te ima­gi­nás ju­gan­do acá?”, y yo le de­cía que sí, con­ven­ci­do. Por eso fue una ale­gría que des­pués se ha­ya con­cre­ta­do. To­da la fa­mi­lia es fa­ná­ti­ca del Ro­jo, sal­vo mis dos hi­jos, que son las ove­jas ne­gras y me sa­lie­ron de Bo­ca.

16 ¿Por qué? Cuan­do es­ta­ba ju­gan­do en el ex­te­rior, mi mu­jer vi­no acá y mi cu­ña­do, que es bos­te­ro, los lle­vó a la Bom­bo­ne­ra. Se flas­hea­ron con el es­pec­tá­cu­lo y se hi­cie­ron de Bo­ca. Esa hin­cha­da te atra­pa, no hay vuel­ta que dar­le.

17 ¿A qué téc­ni­co re­cor­dás con más apre­cio? De ju­ve­ni­les, al Gor­do Díaz, un vi­sio­na­rio del fút­bol; al Vas­co Itu­rrie­ta, que tu­ve en Quil­mes, y a Co­co Ros­si. Otro que me de­jó mar­ca­do fue Ru­bén Bra­vo, nues­tro maes­tro cuan­do fui­mos a un tor­neo ju­ve­nil en Can­nes con la Se­lec­ción. Fue co­mo un pa­dre.

18 Pe­ro el Gor­do Díaz fue el que más tu­vo que ver en tu ca­rre­ra, ¿no? Y... sí, por­que un día me can­sé y me fui del fút­bol. Los clu­bes eran po­bres, no te­nía­mos bo­ti­nes ni ca­mi­se­tas, en­tre­ná­ba­mos en lu­ga­res pre­ca­rios, cuan­do llo­vía las me­dias pe­sa­ban dos­cien­tos ki­los ca­da una... Ser ju­ga­dor en la épo­ca nues­tra era do­ble mé­ri­to. Pe­ro vol­ví por el Gor­do. Ojo, en los po­tre­ros me des­cu­brió el Vie­jo Pé­rez, de Quil­mes. Pe­ro el Gor­do me fue a res­ca­tar cuan­do mi pa­pá no me de­ja­ba vol­ver. Lo con­ven­ció en un res­tau­ran­te. Me di­jo: “Si vos me ha­cés ca­so, vas a ser in­ter­na­cio­nal, te­nés con­di­cio­nes, me doy cuen­ta con ver­te ca­mi­nar”. Fue un vi­sio­na­rio, tu­vo el fa­mo­so Ar­se­nal de Lla­va­llol, don­de pa­sa­ron Ro­ji­tas, Mas­chio, An­ge­li­llo, Ru­bén Mag­da­le­na...

19 ¿Y de los téc­ni­cos de Pri­me­ra? Tu­ve va­rios mons­truos, co­mo al Fla­co Me­not­ti, un maes­tro del fút­bol y de la vi­da, al que re­cuer­do con gran ca­ri­ño. Y el Pa­to Pas­to­ri­za, que fue un com­pa­ñe­ro más, no só­lo un téc­ni­co. Te­nía ca­lle el Pa­to.

20 ¿Con qué téc­ni­co te lle­va­bas mal o te­nías pi­ca? Ot­ta­vio Bian­chi, en el Na­po­li. De vi­si­tan­te no que­ría ju­gar con dos pun­tas. Pre­fe­ría po­ner vo­lan­tes, a Ma­ra­do­na ti­ra­do atrás y a Gior­da­no so­li­to, o yo. En­ton­ces los sá­ba­dos me en­ca­ra­ba: “No te veo bien”. “Yo es­toy bár­ba­ro, es­toy pa­ra ju­gar”, le de­cía. “Pe­ro no te veo bien”. “Yo es­toy bár­ba­ro, y si me sa­ca les voy a de­cir a los pe­rio­dis­tas que us­ted me di­jo que me bo­rra­ba por­que no me veía bien, pe­ro que yo es­toy bár­ba­ro”, le re­tru­ca­ba. Y des­pués me po­nía, la rom­pía y me fe­li­ci­ta­ba. Era un ti­ra y aflo­je in­ter­mi­na­ble. El pri­mer año sa­li­mos ter­ce­ros, con un po­co más de au­da­cia hu­bié­ra­mos si­do cam­peo­nes.

Capos. Junto a Passarella y Maradona, en un Napoli-Fiorentina. Abrieron fronteras.

21 Una anéc­do­ta na­po­li­ta­na con Ma­ra­do­na.

Die­go opa­có la fi­gu­ra de San Ge­na­ro, no es ver­so. Nun­ca vi na­da igual. Don­de es­ta­ba Die­go era una lo­cu­ra to­tal. Un sá­ba­do sin fút­bol vi­no a mi ca­sa pa­ra co­mer mi­la­ne­sas, por­que Ma­bel, mi se­ño­ra, las ha­ce bár­ba­ras. Yo vi­vía arri­ba, en la zo­na de Po­si­li­po, un pa­raí­so en­fren­te de Ca­pri. Pe­ro se en­te­ra­ron los de aba­jo y... ¡pa­ra qué! Apa­re­cían los hin­chas por to­dos la­dos. Has­ta en el pa­tio de mi ca­sa se me­tie­ron. Sal­ta­ban el mu­ro co­mo ga­tos con tal de ver­lo a Die­go.

22 ¿Quién fue más ído­lo en Se­vi­lla: vos o el Grin­go Scot­ta? Los dos. El Grin­go fue un ído­lo bár­ba­ro. A mí tam­bién me quie­ren mu­cho, de­jé un buen re­cuer­do. El pri­mer cam­peo­na­to me cos­tó, pe­ro el se­gun­do fue es­pec­ta­cu­lar, hi­ci­mos 16 go­les ca­da uno, aun­que yo no pa­tea­ba pe­na­les. Ahí me ven­die­ron a Fio­ren­ti­na, don­de sí fui ído­lo ído­lo. Es­tu­ve cua­tro años, has­ta que me fui al Na­po­li de Ma­ra­do­na, don­de ha­bía chan­ce de sa­lir cam­peón.

23 Pe­ro el scu­det­to nun­ca se te dio. Ma­la suer­te, el scu­det­to siem­pre me es­qui­vó. Del 80 al 82 es­tu­ve a pun­to de ir a la Ro­ma, no se dio y sa­lió cam­peón. Des­pués vi­nie­ron del Ve­ro­na, tam­po­co fui y sa­lió cam­peón. De­jé el Na­po­li y sa­lió cam­peón. Y en el 81-82, en Fio­ren­ti­na, lo per­di­mos en la úl­ti­ma fe­cha, ca­be­za a ca­be­za con la Ju­ve. Ellos fue­ron a Ca­tan­za­ro, les die­ron un pe­nal ine­xis­ten­te, no les co­bra­ron uno en con­tra y en nues­tro par­ti­do nos anu­la­ron un gol vá­li­do. ¿Qué ca­sua­li­dad, no? La his­to­ria siem­pre fue igual con la Ju­ve...

24 ¿Qué re­cor­das de la Se­lec­ción ju­ve­nil que fue a Can­nes? Cuan­do se es­ta­ba pre­pa­ran­do, vi­no a ju­gar un amis­to­so a Quil­mes. Yo te­nía 16 años, era de in­fe­rio­res y me lle­va­ron al ban­co de Pri­me­ra. Per­día­mos 1-0, en­tré, hi­ce dos go­les y ga­na­mos. Al día si­guien­te me lla­ma­ron pa­ra ha­cer­me el tra­je y su­mar­me a la de­le­ga­ción. Ni una vez ha­bía en­tre­na­do con ellos. Era un equi­pa­zo con Del­mé­ni­co, Tros­se­ro, el Be­to Alon­so, Fe­rre­ro, Mou­zo, Asad, Chir­do... Per­di­mos la fi­nal con gol de oro con­tra Bra­sil. Al año si­guien­te fui de nue­vo, ya co­mo ca­pi­tán, con Trob­bia­ni, Kem­pes, Bo­chi­ni, Ro­cha... Sa­li­mos ter­ce­ros.

25 ¿El gol del Bo­cha a la Ju­ve, en la In­ter­con­ti­nen­tal del 73, fue tan im­pre­sio­nan­te co­mo se di­ce o lo exa­ge­ró el pa­so del tiem­po? Fue un go­la­zo in­fer­nal, con los dos ti­ran­do pa­re­des por el me­dio. Se agi­gan­tó por­que In­de­pen­dien­te ve­nía de per­der va­rias fi­na­les In­ter­con­ti­nen­ta­les. El Bo­cha me la pu­do ha­ber to­ca­do a mí, que ve­nía por el me­dio, pe­ro la de­fi­nió por arri­ba de Zoff. Si lo hu­bie­ra erra­do, to­da­vía lo es­ta­ba pu­tean­do...

26 Po­cos les te­nían fe a us­te­des. Sí, no via­jó ca­si na­die. Y el úni­co fo­tó­gra­fo, Ju­lio “Mo­to­ne­ta” Ló­pez, que era hin­cha del Ro­jo, no sa­có la fo­to por gri­tar el gol y se lo tu­vo que com­prar a los dia­rios ita­lia­nos. Ti­ró la cá­ma­ra pa­ra fes­te­jar.

27 ¿Es cier­to que el Bo­cha le ha­bía an­ti­ci­pa­do a tu pa­pá que iba a ha­cer un gol tre­men­do? Sí, pe­ro no­so­tros siem­pre le pro­me­tía­mos. Ojo, ellos nos ca­ga­ron a pe­lo­ta­zos to­do el par­ti­do, cru­za­mos la mi­tad de la can­cha tres o cua­tro ve­ces. A los 2 del se­gun­do tiem­po, Cuc­cu­red­du, que des­pués fue com­pa­ñe­ro mío, ti­ró un pe­nal por arri­ba del tra­ve­sa­ño, ma­tó a un ita­lia­no que es­ta­ba en la tri­bu­na del Olím­pi­co... Siem­pre lo car­gué con eso en la Fio­re... Ese día, San­to­ro sa­có to­do, la pe­lo­ta pe­ga­ba en los pa­los, en cual­quier la­do. Pe­ro hi­ci­mos esa pa­red y aguan­ta­mos con el pa­la­dar ne­gro de In­de­pen­dien­te, ja­ja­ja...

28 ¿Cuán­tos años vi­vie­ron jun­tos con el Bo­cha? Cua­tro. Fue un her­ma­no más. Le pe­dí per­mi­so a mi pa­dre pa­ra que se vi­nie­ra a vi­vir a ca­sa. Es el día de hoy que lo quie­ren mu­cho, es un hi­jo más. Un chi­co bue­no, ho­nes­to, de ba­rrio. A la ma­ña­na dor­mía, no po­día des­per­tar­lo pa­ra ir a en­tre­nar, siem­pre que­ría to­rrar un po­qui­to más.

29 ¿Apren­dis­te a ma­ne­jar gra­cias a él? Sí. Me ha­bía com­pra­do un Fiat 128, pe­ro no sa­bía usar­lo. Un día me pu­so fi­chas: “Da­le, ma­ne­já has­ta el en­tre­na­mien­to”. Yo no te­nía re­gis­tro ni na­da. Y no era fá­cil ir de Quil­mes has­ta Ave­lla­ne­da por las ave­ni­das Mi­tre y Cal­cha­quí. Es­ta­ba lle­no de co­lec­ti­vos. ¡Lo que su­dé pa­ra lle­gar! Ter­mi­né ba­ña­do co­mo si hu­bie­ra co­rri­do. Y bue­no, ahí me lar­gué a las pis­tas.

Daniel por las calles de San Telmo. Una trayectoria brillante, un personaje muy querido por el mundo del fútbol. (foto: Jorge Dominelli)

30 La char­la téc­ni­ca que más re­cor­dás. La de Me­not­ti an­tes de la fi­nal del Mun­dial 78. Cor­ta y con­ci­sa. En vez de me­ter­nos pre­sión, nos li­be­ró de to­do. Tác­ti­ca­men­te no ne­ce­si­tó de­cir na­da, ha­bía­mos tra­ba­ja­do to­do en la se­ma­na: có­mo pre­sio­na­ba Ho­lan­da, co­mo con­tra­rres­tar­lo cam­bian­do de fren­te...

31 ¿Si no hu­bie­ras si­do fut­bo­lis­ta...? Es lo que me pre­gun­to yo. Es­toy agra­de­ci­do a la vi­da por ha­ber si­do fut­bo­lis­ta. Yo es­tu­dia­ba in­dus­trial, mis vie­jos siem­pre me in­cul­ca­ron la im­por­tan­cia de te­ner una pro­fe­sión. Pen­sa­ba ser tor­ne­ro, pe­ro me sal­vó la pe­lo­ta.

32 ¿Lle­gas­te a tra­ba­jar de al­go? Nooo... Em­pe­cé en una car­pin­te­ría y me fui a la se­ma­na. Cuan­do me hi­cie­ron le­van­tar uno de esos ta­blo­nes pe­sa­dos, di­je chau, es­to no es pa­ra mí. Mi vie­jo me ban­có siem­pre, hi­zo un gran sa­cri­fi­cio pa­ra que yo lle­ga­ra.

33 El de­fen­sor que me­jor te mar­có. El Ta­no Per­nía. Te pe­ga­ba, pe­ro era leal, sa­bía mar­car. Tam­bién el Hue­so Gla­ría. Pe­ro pa­ra mí fue­ron di­fí­ci­les y muy lin­dos due­los con el Sa­po Vi­llar, de San Lo­ren­zo, y el Ne­gro Gon­zá­lez, de Cen­tral. Ellos mar­ca­ban y ju­ga­ban, en­ton­ces me obli­ga­ban a una do­ble ta­rea. No los po­día de­jar ve­nir.

34 ¿Y el mar­ca­dor al que en­lo­que­cis­te? Una vez le pe­gué un bai­le im­pre­sio­nan­te al Co­lo­ra­do Suá­rez, de Bo­ca. Ga­na­mos 2-1 e hi­ce el úl­ti­mo fal­tan­do un mi­nu­to, por arri­ba de la ca­be­za de Gat­ti. En la re­van­cha tam­bién lo es­ta­ba bai­lan­do, pe­ro Lo­ren­zo me cam­bió el mar­ca­dor, lo man­dó a Ta­ran­ti­ni de mi la­do.

35 ¿Creés en el apor­te de la psi­co­lo­gía en el fút­bol? Sí, to­tal­men­te. Iba a in­cor­po­rar­lo en In­de­pen­dien­te. Tan­to creo, que yo mis­mo iba a ir a un psi­có­lo­go pa­ra que me ayu­da­ra a re­sol­ver si­tua­cio­nes vin­cu­la­das con el ma­ne­jo del gru­po. Mi idea era que el psi­có­lo­go de­por­ti­vo es­tu­vie­ra tra­ba­jan­do de afue­ra, que los ju­ga­do­res su­pie­ran que ese re­cur­so lo te­nían a ma­no pa­ra lo que ne­ce­si­ta­ran.

36 El me­jor equi­po que vis­te. El Ajax de Cruyff. Ju­ga­ban, co­rrían, pre­sio­na­ban, ha­cían to­do. Fút­bol to­tal. A ni­vel se­lec­cio­nes, me que­do con Bra­sil del 70. Unos mon­struos, fe­no­me­na­les. De­cían que no po­dían ju­gar cin­co diez jun­tos y eran un ba­llet. ¡Lo qué di­bu­ja­ba Ri­ve­li­no! Pa­ra mí, no se lo va­lo­ró en su jus­ta me­di­da, igual que a Kem­pes acá. Ma­rio fue un gran­de, hi­zo his­to­ria, aun­que po­cos se lo re­co­noz­can.

SUEÑO: un año antes del Mundial 78, soñó que hacia un gol en la final del Mundo.

37 ¿El fút­bol de an­tes era me­jor que el de aho­ra? El fút­bol fue cam­bian­do. Hoy es más fí­si­co que téc­ni­co. Se han des­vir­tua­do co­sas des­de el po­tre­ro. No hay ju­ga­do­res tan vir­tuo­sos. An­tes el mar­ca­dor de pun­ta, o un cen­tral co­mo Vi­lla­ver­de, Tros­se­ro, Per­fu­mo u Ol­guín, te­nían una téc­ni­ca es­pec­ta­cu­lar. Lo fí­si­co ta­pó la téc­ni­ca.

38 ¿Y en cuan­to a la ma­la le­che o la bo­to­nea­da? An­tes se ha­bla­ba mu­cho, pe­ro no se ha­cían ges­tos co­mo aho­ra. Era de bo­tón. Aho­ra pi­den la tar­je­ta, te man­dan al fren­te con la gen­te. Si uno te ha­cía un ges­to, sea ri­val o com­pa­ñe­ro, po­día ter­mi­nar a las pi­ñas en el ves­tua­rio. Era un có­di­go que te­nía­mos. Es una ver­güen­za que le­van­ten la ma­no, igual que en­trar de ma­la le­che pa­ra rom­per a un co­le­ga, aun­que eso pa­só en to­dos los tiem­pos.

39 ¿Qué ju­ga­dor de hoy tie­ne más co­sas tu­yas? Ro­dri­go Pa­la­cio. Yo ju­ga­ba bien de aden­tro ha­cia afue­ra o de afue­ra ha­cia aden­tro, co­mo ha­ce él. Me­te dia­go­na­les, usa las dos pier­nas, es go­lea­dor co­mo yo. Fí­si­ca­men­te so­mos dis­tin­tos, pe­ro nos pa­re­ce­mos en ve­lo­ci­dad y ha­bi­li­dad. De­vuel­ve bien las pa­re­des. Pes­ca den­tro del área, se mue­ve bien en la lí­nea del off si­de. Lás­ti­ma que va a du­rar po­co en el fút­bol ar­gen­ti­no, es crack. Es­pe­re­mos que lo pue­da de­mos­trar in­ter­na­cio­nal­men­te, por­que en el Mun­dial le die­ron po­cas po­si­bi­li­da­des. Igual tie­ne que es­tar tran­qui­lo, no mor­ti­fi­car­se. En el 74 yo que­dé afue­ra a úl­ti­mo mo­men­to y des­pués sa­lí cam­peón, tu­ve la re­van­cha. Pa­la­cio ten­drá su re­van­cha en el 2010.

40 Co­mo de­lan­te­ro, ¿el es­ti­lo de Ro­nal­do o el de Ba­tis­tu­ta? Los dos vá­li­dos. Ro­nal­do tie­ne más ha­bi­li­dad y otra mar­cha, pe­ro Ba­ti tam­bién te­nía quin­ta. Ro­nal­do es ha­bi­li­dad y po­ten­cia, Ba­ti era po­len­ta y re­ma­te al ar­co.

41 Die­go pa­ten­tó la fra­se “la pe­lo­ta no se man­cha”. ¿En el úl­ti­mo tiem­po se la en­su­ció de­ma­sia­do? A la pe­lo­ta la han man­cha­do siem­pre, no só­lo en es­ta épo­ca. Si mi­ra­mos pa­ra atrás, so­bran los ejem­plos. Tra­ta­ron de man­char­la y de des­truir­la.

42 Aho­ra pa­re­ce que to­das las par­tes se es­tán po­nien­do de acuer­do pa­ra sal­var al fút­bol ar­gen­ti­no de una bue­na vez. Oja­lá. El pro­ble­ma es que la so­cie­dad ar­gen­ti­na es­tá en­fer­ma, no só­lo el fút­bol. Es un te­ma de edu­ca­ción. A los di­ri­gen­tes po­lí­ti­cos les con­vie­ne la ig­no­ran­cia y no la edu­ca­ción. Y to­do es­to se trans­mi­te a otros ám­bi­tos, por eso el fút­bol es­tá co­mo es­tá.

43 ¿Cam­bia­rías el sis­te­ma de los tor­neos? Sí, lo ha­ría pa­ra evi­tar las sus­pi­ca­cias. Y si se sus­pen­de un par­ti­do por cual­quier ra­zón, de­be ju­gar­se en el trans­cur­so de esa se­ma­na. Na­da de dos me­ses des­pués.

Su tercer gol en la final frente a Holanda por el Mundial 1978.

44 ¿Y las ba­rras? Es un pro­ble­ma de país. A las ba­rras se las uti­li­za pa­ra to­do: en los clu­bes, po­lí­ti­ca y sin­di­cal­men­te. Es­te te­ma de­be cam­biar­se de raíz. No creo que se so­lu­cio­ne de la no­che a la ma­ña­na. Hay que co­piar la re­ce­ta de In­gla­te­rra: te­ner los da­tos de to­dos los que con­cu­rren a las can­chas y ser im­pla­ca­bles. A Fran­kens­tein lo de­ja­ron cre­cer de­ma­sia­do, aho­ra va a ser di­fí­cil ma­tar­lo.

45 Con­tá la his­to­ria de la fo­to an­tes del Mun­dial 78. El Grá­fi­co me lle­vó al Mo­nu­men­tal cuan­do lo es­ta­ban re­mo­de­lan­do, ves­ti­do de ju­ga­dor. So­ña­ba con ha­cer el úl­ti­mo gol del Mun­dial y se dio. Hi­ce el ter­ce­ro an­te Ho­lan­da y sa­li­mos cam­peo­nes. Soy muy ca­tó­li­co y creo que fue la ayu­da de Dios. En el 77, du­ran­te la se­rie in­ter­na­cio­nal, yo era ti­tu­lar ina­mo­vi­ble. Pe­ro me le­sio­né y es­tu­ve en du­da has­ta po­cos días an­tes del de­but. Al fi­nal le ga­né el pues­to a Re­né Hou­se­man, uno de los más gran­des des­pués de Ma­ra­do­na, lo cual fue un or­gu­llo. Dor­mía­mos en la mis­ma ha­bi­ta­ción, pe­ro no com­pe­tía­mos, nos apo­yá­ba­mos el uno al otro. 

46 ¿Te da bron­ca que esa con­quis­ta del 78 se ha­ya man­cha­do? Sí. Se man­chó por el par­ti­do con Pe­rú, que ga­na­mos con la mis­ma fa­ci­li­dad con que me­ses an­tes lo ha­bía­mos he­cho en Li­ma. Pe­ro es­toy tran­qui­lo por­que no­so­tros sa­be­mos lo que tra­ba­ja­mos pa­ra ser cam­peo­nes. Ade­más, no éra­mos fa­vo­ri­tos. Siem­pre re­leo El Grá­fi­co de aque­llos tiem­pos y los can­di­da­tos eran otros: Ale­ma­nia, Ho­lan­da, Ita­lia, el mis­mo Bra­sil. Ar­gen­ti­na no te­nía his­to­ria en mun­dia­les. Pe­ro re­sul­ta que de­ja­mos en el ca­mi­no a tres eu­ro­peos en la pri­me­ra ron­da, a una Po­lo­nia ex­cep­cio­nal, a Bra­sil, a un gran Pe­rú y a Ho­lan­da. ¿Qué más quie­ren? Ju­ga­mos con­tra equi­pa­zos y fui­mos los me­jo­res. Sus­pi­ca­cias hay siem­pre. ¿O ya se ol­vi­da­ron del pe­nal que le die­ron a Ita­lia con­tra Aus­tra­lia en el úl­ti­mo Mun­dial? 

REALIDAD. El festejo verdadero, el que un año antes le había contado a nuestra revista.

47 Vos de­cís “no éra­mos fa­vo­ri­tos”. ¿Us­te­des cómo se veían? Te­nía­mos una fe bár­ba­ra. Ca­da en­tre­na­mien­to de fút­bol era una fi­nal a muer­te. To­dos que­ría­mos ga­nar­nos el pues­to. Ima­gi­na­te que yo em­pe­cé de su­plen­te y com­par­tía equi­po con Alon­so, Ma­ra­do­na, Or­tiz... Ju­gá­ba­mos con­tra los ti­tu­la­res y a ve­ces los bai­lá­ba­mos. Si has­ta Me­not­ti me qui­so echar en un en­tre­na­mien­to de Mar del Pla­ta... Fui­mos a pro­bar el cés­ped del nue­vo es­ta­dio y le me­tí un go­la­zo de em­bo­qui­lla­da al Pa­to Fi­llol. Lo gri­té de­ma­sia­do y los al­ba­ñi­les tam­bién lo fes­te­ja­ron. El Fla­co se pu­so co­mo lo­co y que­ría ra­jar­me, lo pa­ra­ron en­tre Lu­que y Pas­sa­re­lla. El gri­to me sa­lió de aden­tro por­que que­ría ser ti­tu­lar, igual que el res­to.

48 ¿Por qué nos fue mal en el 82? Fa­lla­mos, nos equi­vo­ca­mos to­dos. Fui­mos co­mo cam­peo­nes del mun­do pen­san­do que con eso so­lo al­can­za­ba pa­ra re­va­li­dar­lo. Pe­ro no se re­va­li­da con la cha­pa, hay que de­mos­trar­lo aden­tro de la can­cha. Era­mos me­jor equi­po que en el 78, se ha­bían su­ma­do Ra­món Díaz, Cal­de­rón, Ma­ra­do­na... Pe­ro nos equi­vo­ca­mos feo. Y en­ci­ma nos to­có la zo­na de la muer­te, con Ita­lia y Bra­sil. Esa sí que fue la zo­na de la muer­te, no la del 2002, que era fa­ci­lí­si­ma y no la pu­di­mos pa­sar. 

49 ¿Có­mo fue ju­gar un Mun­dial en me­dio de una gue­rra co­mo la de Mal­vi­nas? Di­fí­cil... Mi ge­ne­ra­ción fue re­pri­mi­da en mu­chos as­pec­tos. Pa­sa­mos mo­men­tos du­ros, co­mo la gue­rra en­tre Mon­to­ne­ros y mi­li­ta­res, los pro­ce­di­mien­tos del Ejér­ci­to a cual­quier ho­ra, ya sea en tu ca­sa o cuan­do te pa­ra­ban con el au­to. A los ar­gen­ti­nos de esa épo­ca nos pa­ra­li­za­ba el mie­do. Si se pu­die­ra vol­ver el tiem­po atrás, no hu­bie­ra ju­ga­do ese Mun­dial. Ar­gen­ti­na de­bió re­ti­rar­se de la com­pe­ten­cia. Lo ten­dría­mos que ha­ber de­ci­di­do en­tre la AFA y no­so­tros, por­que al go­bier­no le con­ve­nía que ju­gá­ra­mos pa­ra dis­traer al pue­blo. Se es­ta­ba mu­rien­do gen­te ino­cen­te que lu­cha­ba por no­so­tros. Y fui­mos a ju­gar. Una ver­güen­za.

50 ¿Qué re­cor­dás de tu pa­so por el as­cen­so? Fue un or­gu­llo ju­gar pa­ra aquel Quil­mes. De­bu­té a los 16, y el Fla­co Mot­ta, aho­ra téc­ni­co de Chi­ca­go, le de­cía a Itu­rrie­ta “po­ne­lo a ese pi­be que es un fe­nó­me­no, te va a sal­var”. Me te­nía vis­to de la Ter­ce­ra. Mot­ta siem­pre me lo re­cuer­da: “Da­niel, te hi­ce po­ner yo”.

51 Na­cis­te en Ba­hía Blan­ca, pe­ro te crias­te en Quil­mes, ¿no? Sí. Mi pa­pá tra­ba­ja­ba en la ba­se de Puer­to Bel­gra­no, era le­che­ro. Que­ría pro­gre­sar y un tío mío lo lla­mó pa­ra tra­ba­jar de ca­mio­ne­ro en un co­rra­lón de ma­te­ria­les de Quil­mes. Yo te­nía un año. Era otra épo­ca: aun­que al­qui­lá­ba­mos, mi vie­jo nos man­te­nía y has­ta íba­mos de va­ca­cio­nes al cam­po. Hi­ce la pri­ma­ria, lue­go el in­dus­trial en el Mos­co­ni. Era un alum­no va­go, es­tu­dia­ba cuan­do que­ría. Pe­ro me cul­ti­vé, tan bu­rro no soy. Mis vie­jos nos en­se­ña­ron có­di­gos de vi­da y de fa­mi­lia. Có­di­gos de res­pe­to. En la épo­ca mía es­tu­diar en la es­cue­la del Es­ta­do era me­jor que en la pri­va­da, don­de iban los de gui­ta pa­ra no re­pe­tir, por­que pa­ga­ban y pa­sa­ban.

52 ¿Ju­gas­te tor­neos por pla­ta en la vi­lla? Mi­llo­nes. In­clu­so cuan­do es­ta­ba en la Ter­ce­ra de Quil­mes y ya en­tre­na­ba con la Pri­me­ra. Un ami­go, Ca­ro­zo, te­nía una am­bu­lan­cia vie­ja y me pa­sa­ba a bus­car. Iba­mos to­can­do la si­re­na por Cal­cha­quí pa­ra abrir pa­so. Se ar­ma­ba ca­da qui­lom­bo... Me me­tían en la am­bu­lan­cia pa­ra que no me vie­ra mi vie­jo. Iba­mos a una vi­lla de So­la­no, a otra cer­ca del río... Las ve­ces que ha­bre­mos de­ja­do la pil­cha por­que no que­da­ba otra que sa­lir co­rrien­do... Ga­ná­ba­mos ca­si siem­pre, yo era co­mo el as de es­pa­das pa­ra los ti­pos.

53 ¿Cuán­to co­bra­ban? Chi­ro­las. Pa­ra com­prar ca­mi­se­tas, bo­ti­nes y pe­lo­tas. Y pa­ra ha­cer un lunch con sánd­wi­ches y cer­ve­za. Yo no me lle­va­ba un man­go. Ju­ga­ba pa­ra ellos. Era un pi­bi­to, te­nía 14 años. Por eso me pro­te­gían. “Si hay pi­ñas, vos que­da­te a un cos­ta­do que nos arre­gla­mos no­so­tros”, me de­cían, y se fa­ja­ban de lo lin­do.

54 ¿Qué ex­tra­ñás de tu épo­ca de ju­ga­dor? To­do. El fút­bol es mi gran pa­sión. El pri­mer gran amor. Me dio to­do co­mo per­so­na, co­mo pa­dre, her­ma­no e hi­jo.

55 ¿No te lle­na se­guir vin­cu­la­do co­mo pa­ne­lis­ta de te­le o en­tre­na­dor? Mi tra­ba­jo ac­tual me man­tie­ne ac­ti­vo, en con­tac­to con la gen­te del fút­bol, que es mi gen­te. Pe­ro me gus­ta­ría di­ri­gir. Te­ner la re­van­cha co­mo téc­ni­co. Me que­dó una es­pi­na. Es­ta­ba ha­cien­do las co­sas bien en In­de­pen­dien­te, lás­ti­ma que me to­có una co­mi­sión de fút­bol de las peo­res que ha te­ni­do el club en su his­to­ria, una co­mi­sión de­sas­tro­sa. Y así le fue a In­de­pen­dien­te en los úl­ti­mos años, in­clu­so eco­nó­mi­ca­men­te. Lo sal­vó la ven­ta de Agüe­ro, si no po­dría ha­ber ido a la quie­bra.

56 ¿Con­fiás en que se va a re­cu­pe­rar? La ilu­sión siem­pre es­tá. Aun­que él si­ga en deu­da con­mi­go, le ten­go con­fian­za a Com­pa­ra­da. Sé que quie­re ha­cer las co­sas bien. Oja­lá las ha­ga.

Copas le sobran. Con el Rojo ganó tres Libertadores, la Intercontinental y la Interamericana.,

57 La prin­ci­pal en­se­ñan­za que te de­ja­ron tus vie­jos. Prin­ci­pios de vi­da, ho­nes­ti­dad, edu­ca­ción. La ca­lle tam­bién me dio edu­ca­ción, por más que di­gan que pue­de lle­var por mal ca­mi­no. Los mu­cha­chos de an­tes nos da­ban con­se­jos, có­di­gos de edu­ca­ción y res­pe­to. Hoy no se pue­de es­tar, hay otra ca­lle. La ca­lle de an­tes te en­se­ña­ba, la de hoy te pier­de.

58 ¿Una ma­la per­so­na pue­de ser un gran fut­bo­lis­ta? Sí. Co­noz­co va­rios ejem­plos, pe­ro no voy a ha­cer nom­bres. Hay bue­nas y ma­las per­so­nas que lle­ga­ron a gran­des fut­bo­lis­tas. La ma­la per­so­na es ca­paz de ha­cer de to­do por lle­gar. Y la bue­na lle­ga por pro­pias con­di­cio­nes y sa­cri­fi­cio.

59 ¿Te­nés al­gu­na asig­na­tu­ra pen­dien­te co­mo ju­ga­dor? No me pue­do que­jar: fui cam­peón del mun­do, ju­gué en el equi­po de mis amo­res, es­tu­ve nue­ve años en Eu­ro­pa y en dos mun­dia­les, pa­sé por otro amor co­mo Quil­mes. Me fal­tó un scu­det­to, pe­ro ten­go el or­gu­llo de ha­ber abier­to la fron­te­ra cuan­do per­mi­tían un ex­tran­je­ro por equi­po y só­lo se lle­va­ban a los me­jo­res, no co­mo aho­ra, que se van en ma­sa. Es una me­da­lla que lle­vo so­bre el pe­cho.

60 ¿Qué te apor­tó vi­vir en Eu­ro­pa? Cul­tu­ra y edu­ca­ción, aun­que edu­ca­ción ya traía de mis pa­dres.

61 La can­cha más pe­sa­da en la que ju­gas­te. San Tel­mo, Ta­lle­res de Es­ca­la­da, to­das las de la B eran pe­sa­das, igual que la de Es­tu­dian­tes en Pri­me­ra, por­que ha­bía una pi­ca gran­de con In­de­pen­dien­te. En La Pla­ta nos re­ci­bían con las es­tu­fas pren­di­das aun­que fue­ra ve­ra­no. Aba­jo del te­cho de cha­pa ha­cía mil gra­dos de ca­lor. En­ci­ma te ti­ra­ban ga­me­xa­ne en­tre los es­ca­lo­nes de ma­de­ra... Ojo, en la can­cha sa­lían par­ti­da­zos.

62 Con­tá la his­to­ria de los 1000 pe­sos. Se­rían cin­cuen­ta pe­sos de los ac­tua­les. Mi vie­jo me los da­ba pa­ra que fue­ra al bai­le, pe­ro yo me que­da­ba y se los da­ba a mi her­ma­no, a los ami­gos. Pe­ga­ba una vuel­ta y vol­vía a dor­mir. Creo que lle­gué por­que era cons­cien­te de que de­bía cui­dar­me.

63 ¿Esa con­vic­ción te la trans­mi­tió tu vie­jo? No, me en­lo­que­cía el fút­bol. Lle­ga­ba de la es­cue­la y me iba al po­tre­ro to­do el día, o ju­ga­ba so­lo en un pa­si­llo de mi ca­sa, re­la­tan­do las ju­ga­das y to­do. Le da­ba de zur­da y de de­re­cha con­tra la pa­red, por eso fui dúc­til con las dos.

64 ¿Por dón­de em­pe­zás a leer el dia­rio? Por la sec­ción De­por­tes. La po­lí­ti­ca ya no me in­te­re­sa, me pu­drió. Só­lo De­por­tes, y has­ta ahí no­más, se­gún lo que sea. Al chus­me­río lo pa­so de lar­go.

65 ¿Te iden­ti­fi­cás con al­gún téc­ni­co ac­tual? No, ten­go mis ideas. Fui uno de los pri­me­ros que pu­so do­ble cin­co con el 4-4-2 en el fút­bol ar­gen­ti­no. Siem­pre me lo di­ce Ga­lle­go: “Em­pe­zas­te vos y na­die te lo re­co­no­ce”.

66 ¿Tu­vis­te mu­chas frus­tra­cio­nes en tu ca­rre­ra?  No ha­ber ido a dos mun­dia­les en los que tu­ve chan­ce: Ale­ma­nia 74 y Mé­xi­co 86. Pe­ro fui a dos y sa­lí cam­peón en uno, no me que­jo.

67 ¿El día que más dis­fru­tas­te? Ca­da vez que ga­né un tí­tu­lo. Son sen­sa­cio­nes muy in­ten­sas, in­com­pa­ra­bles.

68 ¿Te acor­dás del día que co­no­cis­te a Bo­chi­ni? Fue en la can­cha de Ri­ver, du­ran­te una prác­ti­ca del ju­ve­nil di­ri­gi­da por Ig­no­mi­rie­llo. Se pu­so esos pan­ta­lo­nes de an­tes, sin elás­ti­co, y unas me­dias grue­sas, to­do le que­da­ba gran­de. “Có­mo ju­ga­rá és­te”, de­cía yo, por­que no te­nía pin­ta de na­da. En la pri­me­ra pe­lo­ta fui­mos ti­ran­do pa­re­des has­ta el otro ar­co, hi­ci­mos un go­la­zo.

69 ¿Có­mo ves el pro­yec­to de Ba­si­le pa­ra la Se­lec­ción? Me gus­ta que en­tre­ne con los mu­cha­chos de acá. Fi­ja­te que Dun­ga lo es­tá ha­cien­do en Bra­sil, con­vo­ca ju­ga­do­res por re­gio­nes. Es lo que im­pu­so Me­not­ti con la Se­lec­ción del In­te­rior an­tes del 78. Yo ha­ría dos: una de la pro­vin­cia de Bue­nos Ai­res y otra del res­to. Y de ahí sa­ca­ría un lin­do equi­po. Es­tá bue­no que en­tre­ne acá, así van aga­rrán­do­le la ma­no al sis­te­ma. Jun­tán­do­se dos días an­tes no po­dés ti­rar mu­chos con­cep­tos, con­fun­dís a los mu­cha­chos.

70 ¿Creés que los di­ri­gen­tes van a ce­der­le los ju­ga­do­res? Eso es­pe­ro. Ar­gen­ti­na de­be re­cu­pe­rar el pro­ta­go­nis­mo. Ya pa­sa­ron vein­te años del úl­ti­mo tí­tu­lo. De­ma­sia­do tiem­po.

71 ¿Por qué nos su­ce­dió eso? Por­que se ven­den ju­ga­do­res cons­tan­te­men­te y el téc­ni­co de­jó de ser en­tre­na­dor pa­ra trans­for­mar­se en se­lec­cio­na­dor, eli­ge ju­ga­do­res a los que po­cas ve­ces pue­de en­tre­nar. Guar­da: tam­po­co sa­lie­ron ju­ga­do­res de eli­te, dis­tin­tos de ver­dad, co­mo en Bra­sil.

72 ¿Te­nés pa­sión por otro de­por­te? Sí, me gus­tan to­dos. Co­mo vi­vo en la zo­na nor­te, veo mu­cho rugby, soy hin­cha del SIC, el me­jor. Mi­ro to­do: vó­ley, na­ta­ción,  te­nis, bás­quet...

73 ¿Cuál fue tu peor mo­men­to en el fút­bol? Tu­ve va­rios. El año de la co­lim­ba, 1975, lo ten­go mar­ca­do mal. No po­día en­tre­nar­me a fon­do, da­ba ven­ta­jas fí­si­cas y se no­ta­ba en el jue­go. Tam­bién me aga­rra­ron ba­jo­nes en Ita­lia y Es­pa­ña, pe­ro tu­ve ca­rác­ter pa­ra sa­lir.

74 ¿Cuán­to val­dría Ber­to­ni en el mer­ca­do ac­tual? No, de­já, pa­so... Se­ría feo de­cir­lo. No sé.

75 ¿Te gus­ta el In­de­pen­dien­te de Bu­rru­cha­ga? Con al­gu­nos re­to­ques pue­de ser cam­peón. Cuan­do di­go re­to­ques me re­fie­ro a un par de re­fuer­zos. Me pa­re­ce que Bu­rru fue co­rri­gien­do. Al prin­ci­pio del tor­neo me­tía un gol y se­guía ata­can­do co­mo si no lo hu­bie­ra he­cho, re­ga­la­ba de­ma­sia­dos es­pa­cios. Aho­ra lo me­te, re­tro­ce­de unos me­tros, pa­ra dos lí­neas de cua­tro y con­tra­gol­pea bien. Usa el es­pa­cio a fa­vor.

76 ¿Có­mo ca­li­fi­ca­rías el ni­vel del tor­neo ar­gen­ti­no? Me­dio­cre. Veo po­cas fi­gu­ras de ni­vel. Sin en­trar en de­ta­lles, y con to­do res­pe­to, al­gu­nos equi­pos de Pri­me­ra tie­nen ni­vel de Na­cio­nal B.

77 ¿Te preo­cu­pan los ar­bi­tra­jes? Pa­ra na­da. Mi­ra­lo a Eli­zon­do. Acá le ve­mos de­fec­tos, pe­ro cuan­do sa­lió del país no le vi­mos nin­gu­no y se trans­for­mó en el me­jor del mun­do. Ja­más le tu­ve mie­do al ar­bi­tra­je ar­gen­ti­no. Es­tá en­tre los me­jo­res.

En Florencia, una de sus ciudades preferidas, dejó una huella. Fue ídolo de Fiorentina.

78 ¿Te pa­re­ce tan te­rri­ble que los ju­ga­do­res de hoy se pa­sen to­da la con­cen­tra­ción ju­gan­do al PlayS­ta­tion? Sí, yo lo vi­ví en In­de­pen­dien­te. Es muy ma­lo. Yo les de­cía “ojo que es­tán pa­san­do Ra­cing-Vé­lez”, y la res­pues­ta era “ya los co­no­ce­mos”. Men­ti­ra. Es con­tra­pro­du­cen­te que el ju­ga­dor no mi­re fút­bol, de­be co­no­cer a los ri­va­les. Si no, el téc­ni­co pier­de tiem­po ex­pli­can­do cues­tio­nes que se­rían sen­ci­llas si ellos ya las tu­vie­ran asi­mi­la­das. Al téc­ni­co de hoy le cues­ta ho­rro­res ha­cér­se­los en­ten­der. Y no siem­pre pue­de.

79 ¿Có­mo eran las con­cen­tra­cio­nes de tu épo­ca? Tran­qui­lí­si­mas. Ha­bía cua­tro ca­na­les, pe­ro no te­nía­mos te­le­vi­sión en las ha­bi­ta­cio­nes del Cons­ti­tu­ción Pa­la­ce. A ve­ces nos lle­vá­ba­mos una te­le chi­qui­ta pa­ra ver al­gu­na pe­lea o un par­ti­do im­por­tan­te. Hoy tie­nen to­do y no lo mi­ran. Es­tán en­vi­cia­dos con el PlayS­ta­tion, en vez de pen­sar en su pro­fe­sión.

80 ¿Es­tás a fa­vor de que en la Se­lec­ción jue­guen jun­tos los ha­bi­li­do­sos ba­ji­tos? No. El fút­bol per­dió téc­ni­ca y se vol­vió muy fí­si­co. Ne­ce­si­tás mu­cha­chos do­ta­dos fí­si­ca­men­te pa­ra lle­gar le­jos. Hoy mar­can la di­fe­ren­cia los ju­ga­do­res que, ade­más de há­bi­les, son ve­lo­ces y po­ten­tes.

81 ¿Es cier­to que en un con­gre­so de téc­ni­cos es­cu­chas­te a Bi­lar­do des­me­re­cien­do el lo­gro del Mun­dial 78 y te le­van­tas­te y te fuis­te? No. Bi­lar­do di­jo al­go que no me gus­tó, pe­ro en­ten­dí que lo hi­zo pa­ra pe­gar­le a Me­not­ti, no pa­ra ofen­der a los ju­ga­do­res. El Fla­co lo ha­bía ata­ca­do un día an­tes, en­ton­ces Car­los le de­vol­vió la gen­ti­le­za. Y me que­dé, no me fui.

82 ¿Por qué creés que a los dos úl­ti­mos téc­ni­cos de la Se­lec­ción, Biel­sa y Pe­ker­man, se los tra­gó la tie­rra des­pués de re­nun­ciar?  Son có­di­gos. Se han ale­ja­do por­que el fút­bol ha si­do in­gra­to con ellos. Jo­sé le dio una enor­mi­dad a Ar­gen­ti­na en el pla­no ju­ve­nil. Y Mar­ce­lo es uno de los me­jo­res téc­ni­cos que vi, nos hi­zo ga­nar la me­da­lla olím­pi­ca. To­do el am­bien­te se por­tó mal con ellos, no só­lo el pe­rio­dís­ti­co. Fue­ron ho­nes­tos, tra­ba­ja­ron bien.

83 ¿Hay mu­cho chan­ta dan­do vuel­tas por el am­bien­te del fút­bol? La ma­yo­ría. Va­rios ti­pos que no son del pa­lo han he­cho un va­gón de gui­ta con el fút­bol. Pe­ro co­mo tie­nen ca­pi­tal, se me­ten y sa­can pro­ve­cho.

84 ¿Los em­pre­sa­rios son un mal ne­ce­sa­rio? No, son un mal in­ne­ce­sa­rio. Y si no que me lo ex­pli­quen. En­tre Par­que Pa­tri­cios y la Bo­ca hay diez mi­nu­tos de au­to, en­ton­ces no com­pren­do por qué ha­ce fal­ta un em­pre­sa­rio pa­ra lle­var un ju­ga­dor de Hu­ra­cán a Bo­ca. ¿Por qué no lo arre­glan los di­ri­gen­tes cuan­do se en­cuen­tran en la reu­nión del Co­mi­té Eje­cu­ti­vo? Esas co­sas sí que des­pier­tan sus­pi­ca­cias.

85 ¿Cam­bia­rías el des­cen­so por pro­me­dio? Sí, pre­fie­ro el sis­te­ma an­ti­guo: que ba­jen los dos o tres úl­ti­mos. Así es en las prin­ci­pa­les li­gas del mun­do.

86 ¿Me­not­ti te qui­so lle­var a Bo­ca y a Ri­ver? Sí, pe­ro no se dio. Cuan­do me lla­mó pa­ra Ri­ver ha­bía de­ja­do de ju­gar y no me la sen­tí (sic). Un día me le­van­té, vi to­do nu­bla­do y no me die­ron ga­nas. En­ton­ces lo lla­mé y se lo di­je, por­que eso ha­bía­mos con­ve­ni­do. Pa­ra vol­ver, ne­ce­si­ta­ba las ga­nas del pri­mer día, co­mo me acon­se­jó el Pa­to Fi­llol. Una vez me lla­mó Ba­si­le pa­ra ir a Ra­cing: “Ma­ña­na te es­pe­ro, via­ja­mos a Su­dá­fri­ca”. Era aquel equi­pa­zo de Ru­bén Paz. Es­ta­ba en la can­cha de Ra­cing y le di­je “no sé qué ha­go acá, si mi can­cha es la de en­fren­te”. Ojo, con res­pe­to, por­que a Ra­cing siem­pre lo res­pe­té co­mo ri­val e ins­ti­tu­ción.

87 ¿En Udi­ne­se lar­gas­te por­que te dio bron­ca que les sa­ca­ran nue­ve pun­tos? Hi­ci­mos 26, jus­to pa­ra sal­var­nos, pe­ro con ese des­cuen­to nos fui­mos al des­cen­so. Pe­ro pa­ra el re­ti­ro tam­bién in­flu­yó la opi­nión de mi mu­jer. El pre­si­den­te que­ría re­te­ner­me pa­ra ju­gar en la B, pe­ro ella me de­cía “¿te pa­re­ce? Si vos siem­pre ju­gas­te en el pri­mer ni­vel”. Me con­ven­ció, aun­que des­pués me arre­pen­tí. Hu­bie­ra si­do lin­do ju­gar­lo, es un tor­neo du­rí­si­mo. Los nue­ve pun­tos fue­ron por una sos­pe­cha de arre­glo en un Na­po­li-Udi­ne­se an­te­rior a mi lle­ga­da al club.

1977. Con Villa y Luque, y un deseo común para 1978: salir campeón mundial...

88 Si fue­ras di­ri­gen­te, ¿en qué ju­ga­dor de los nue­vos in­ver­ti­rías? En Núñez, el pi­be de Ar­gen­ti­nos, que tie­ne co­sas pa­re­ci­das a mí: po­ten­cia, gam­be­ta, le da con las dos. Y otro que me en­lo­que­ce es Die­go To­rres, de Quil­mes.

89 ¿Al­gu­na vez te sen­tis­te dis­cri­mi­na­do por ser ar­gen­ti­no? Siem­pre te ha­cen sen­tir que sos ex­tran­je­ro, y mi­rá que lo di­ce un des­cen­dien­te de ita­lia­nos. Cuan­do ga­ná­ba­mos, ga­na­ba el equi­po, por más que a uno lo elo­gia­ran por ha­ber si­do fi­gu­ra. Pe­ro cuan­do per­día­mos, per­día el ex­tran­je­ro. Te lo ha­cían sen­tir.

90 Un ami­go que te de­jó el fút­bol. Va­rios: Bo­chi­ni, el Grin­go Scot­ta, Tros­se­ro, An­tog­no­ni, Hou­se­man, el To­lo Ga­lle­go.

91 El gol más lin­do que hi­cis­te. Uno a Gat­ti por arri­ba de la ca­be­za, fal­tan­do un mi­nu­to, por pa­se lar­go de Tros­se­ro. Ga­né la po­si­ción y le di de ai­re. Sir­vió pa­ra ga­nar. El Grá­fi­co tie­ne la fo­to.

92 ¿Y el más im­por­tan­te? Por to­do lo que va­lió, el ter­ce­ro a Ho­lan­da en la fi­nal del Mun­dial 78. Pe­ro tam­bién fue cla­ve el que le me­tí a Hun­gría en la pri­me­ra ron­da. Sir­vió pa­ra lo­grar la cla­si­fi­ca­ción en una zo­na du­rí­si­ma.

93 ¿A qué téc­ni­co jo­ven le ves más pas­ta? Los téc­ni­cos son im­por­tan­tes, pe­ro de­ci­den los ju­ga­do­res. El buen en­tre­na­dor de­be sa­ber ele­gir los ju­ga­do­res y ar­mar el gru­po. Les veo fu­tu­ro al Cho­lo Si­meo­ne, Bu­rru­cha­ga y Rus­so.

94 Re­cor­dá aquel 2-2 con Ta­lle­res, que los con­sa­gró cam­peo­nes del Na­cio­nal 77. Ese día no só­lo se ju­ga­ba la fi­nal In­de­pen­dien­te-Ta­lle­res, si­no el fu­tu­ro del fút­bol ar­gen­ti­no. Si ga­ná­ba­mos no­so­tros, Ju­lio Gron­do­na, que era nues­tro pre­si­den­te, se po­si­cio­na­ba bien pa­ra que­dar al fren­te de la AFA. Si ga­na­ba Ta­lle­res, pa­sa­ba lo mis­mo con Ama­deo Nuc­ce­te­lli.

95 ¿Pa­ra tan­to? Sí, no ten­gas du­das. En Cór­do­ba es­ta­ba la fies­ta pre­pa­ra­da: cho­ri­cea­da pa­ra los hin­chas, los dia­rios lo­ca­les ha­bían ce­rra­do la edi­ción con el tí­tu­lo “Ta­lle­res cam­peón”...  Pe­ro siem­pre de­fi­nen los ju­ga­do­res, y no­so­tros, con una gran ju­ga­da en­tre Bo­chi­ni, Bion­di y yo, em­pa­ta­mos y sa­li­mos cam­peo­nes por el do­ble gol de vi­si­tan­te. Nos echa­ron tres ju­ga­do­res, nos hi­cie­ron un gol con la ma­no y les die­ron un pe­nal por un foul afue­ra del área. Yo sa­lí en el ban­co, ve­nía de una le­sión. Cuan­do nos hi­zo en­trar a Bion­di y a mí, con el re­sul­ta­do aba­jo, Pas­to­ri­za nos di­jo “ha­gan lo de siem­pre, si te­ne­mos que mo­rir, va­mos a mo­rir con la nues­tra”. Y nos sa­lió esa ju­ga­da im­pre­sio­nan­te. Fue una ha­za­ña inol­vi­da­ble.

96 ¿Se­guís sien­do de­vo­to de la Vir­gen Mi­la­gro­sa? Siem­pre lo se­ré. Me mar­có mu­cho la muer­te por leu­ce­mia de un chi­qui­to, hi­jo del her­ma­no de un ami­go. Con el Bo­cha fui­mos a ver­lo an­tes de que Dios se lo lle­va­ra. Y la ma­má me re­ga­ló la me­da­lla de la Mi­la­gro­sa que ese ne­ne te­nía. To­da­vía la con­ser­vo. Y ten­go otra me­da­lla en el lla­ve­ro del au­to.

97 ¿Re­cor­dás al­gún con­se­jo del Fla­co Me­not­ti? Mu­chos, lo con­si­de­ro un maes­tro. Cuan­do vi­ne de Ita­lia pa­ra la Se­lec­ción, me la pa­sa­ba cam­bian­do de fren­te, co­sa que ha­cen mu­cho allá. “Pi­be, pa­re un po­co con eso que pa­re­ce ita­lia­no, jue­gue cor­ti­to y por aba­jo”, me de­cía. Te­nía ra­zón.

98 ¿Es cier­to que en una gi­ra por Cen­troa­mé­ri­ca lo res­ca­tas­te de la de­pre­sión a Bo­chi­ni, que se que­ría ma­tar? El Bo­cha era de de­pri­mir­se. En una épo­ca creía que te­nía cán­cer, que se iba  mo­rir pron­to. To­do psi­co­ló­gi­co, ¿vis­te? Siem­pre tu­vo ba­jo­nes. Y en esa gi­ra le aga­rró un ba­jón gran­de y nos asus­ta­mos, así que le es­tu­vi­mos muy en­ci­ma Sag­gio­ra­to, el Ne­gro Gal­ván, el Pa­ti­to Brí­tez y yo. En vez de pen­sar en los par­ti­dos, an­dá­ba­mos atrás del Bo­cha.

99 ¿Nun­ca se dio la po­si­bi­li­dad de vol­ver a In­de­pen­dien­te pa­ra el re­ti­ro? Se dio, pe­ro yo en­tra­ba por una puer­ta y por la otra sa­lía Ve­nan­cio Ra­mos, que ha­bía arre­gla­do. Ahí di­je bas­ta. Lo sen­tí co­mo una trai­ción. Es una his­to­ria do­lo­ro­sa que pre­fie­ro no ahon­dar.

100 ¿Qué le pe­di­rías al ge­nio de la lám­pa­ra? So­lu­cio­nar el te­ma de la vio­len­cia, mo­di­fi­car el sis­te­ma del cam­peo­na­to y re­flo­tar el Tor­neo Na­cio­nal, que era her­mo­so y unía al país en­te­ro .

por Elias Perugino  (1.12. 2006) 

 

Por Redacción EG: 05/11/2018

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