SUPERCLáSICOS EN LIBERTADORES

1966. Se olvidaron de la clasificación ¡Fue a muerte! …y Boca “mató”

- por Redacción EG: 02/11/2018 -

Por Osvaldo Ardizzone. El segundo superclásico en Libertadores. Cerrando el Grupo 1 de la Primera Fase, el local se impuso con fuerza y juego para finalizar con una victoria por 2 a 0 por los goles del "Tanque" Rojas

No hubo ningún cálculo. No se insinuó ni la más mínima cuota de la especulación "conformista" que auguraban los eternos videntes de intenciones... Boca y River jugaron su partido con todos los condimentos de su tradicional antagonismo. Es posible que no hayamos visto fútbol pulido. Admitimos que faltó la perfección en las maniobras. Que el matiz eminentemente técnico no alcanzó mucho brillo. Pero al margen de la falta de algunos nombres "célebres" en los dos equipos, el partido nos gustó. Porque transmitió intensidad. Calor de disputa, ganas de poner la pierna y una vehemencia espiritual y física que llegó a todos los rincones del estadio. Esta versión Boca-River, presumiblemente ociosa porque sólo entraba en el terreno del compromiso de fixture, alcanzó para los hombres que salieron al campo la misma trascendencia de las confrontaciones habituales. Ni "quedo". Ni cortesía. Ni buena voluntad. Insistimos en ese aspecto porque para nosotros fue la nota más destacada del espectáculo...

LA GRAN DIFERENCIA: VARIEDAD DE RECURSOS

Boca ganó porque fue mucho más equipo. Porque jugó mejor a lo largo de los noventa minutos. Porque ocupó mejor la cancha. Porque contó con el atributo de un funcionamiento más completo, porque fue conjunto con todas las virtudes que supone esa virtud. Contó con mayores recursos en todos los aspectos. En el ofensivo y en el defensivo. En la zona del fondo, en la media cancha y en la llegada.

Boca mostró ductilidad. Adaptación. Capacidad para mostrar varias modalidades.

River volvió a ser la agrupación de una sola fisonomía. Volvió a ser el equipo aferrado a una única manera de jugar. Tanto defensiva como ofensivamente. Volvió a ejecutar la misma melodía, la única con que cuenta en su repertorio. Retroceso acelerado cuando el equipo rival se apodera de la pelota. Y pelotazo y pique desesperado cuando la pelota pasa a ser controlada por sus hombres del fondo, de media cancha.

Boca ocupó y usó la cancha poniendo en práctica el mejor antídoto que necesita la repetida fórmula ofensiva de River. No volvió a cometer el error de dejar desiertos esos 40 metros que regaló frente al mismo River, en el partido de Núñez. En el fondo Magdalena y Sufraniazuk apretaron siempre a la espalda de los volantes, sin dar nunca ventaja ni a Onega ni a Prospitti. Nunca hubo lugar para que el pelotazo aterrizara en los claros. Porque Boca no los ofreció en ningún sector. Todos esos "cambios y esos envíos con 40 metros" de trayectoria que lanzaban Matosas, Vieitez o Sarnari nunca encontraban receptores destapados. Esta vez Boca fue bloque. Fue una sociedad entre volantes y "línea del fondo". Y esta vez contó con un medio juego de gran despliegue físico y de gran sentido de marca. Zarich, el mejor jugador del campo, y Sacchi constituyeron la zona más rica del ganador. Por ubicación, por control y administración de la pelota. Por más potencia para trabar. Para obstruir. Zarich volvió a demostrar su importancia cuando no está atado al solo cumplimiento de una obligación, a residir en un espacio reducido o en la marca de un hombre. Esta vez volvió a correr la cancha con su gran generosidad física y temperamental llegando a todas las situaciones. Desde el área de Boca hasta los tres cuartos de cancha rivales. Sin trasladar la pelota. Manejando el ritmo. Tocando y destapándose permanentemente. Pero lo mismo que Sacchi, con un destacado aporte de recuperación para volver a ocupar posiciones  defensivas. No fue el medio juego tibio, de entregas laterales, de subida lenta. En esto especialmente sucumbió River. Porque River puede sorprender con "su acordeón" al equipo con volantes que llegan "llenos", arriesgando lejos. Zarich y Sacchi jugaron de volantes con gran sentido defensivo, controlando la subida y preocupándose por el regreso. Y aquí un detalle. Hace muy poco tiempo algunos hombres de este mismo River, justamente después del triunfo en Núñez en el primer partido por la Copa, nos decían que "era lindo jugar contra Federico como volante". Pero esta versión de este Sacchi es justamente la contrafigura de aquel de aquella noche. Y la disposición táctica de Boca también fue la antagónica de aquélla. El medio campo de Boca tuvo presencia física y trato adecuado de la pelota. Crearon siempre. Crearon siempre y defendieron siempre. Boca no mostró las líneas de un 4-2-4 escalonado y dibujado. Fue bloque. Se movió como bloque, pero con la importancia de que su achique se hizo siempre de atrás hacia adelante, con el gran sentido de anticipo e interceptación de Magdalena, lo mismo que de Zufraniazuk (éste más en la segunda etapa), ante envíos largos que llegaban de frente y normalmente por arriba.

La entrada incontenible de Rojas apenas comenzado el segundo tiempo... y su remate imparable. El primero de Boca.

RIVER: RETROCEDE PERO NO MARCA

En cambio River practica su publicitada "contracción y dilatación" en sentido contrario. El único que intentó el anticipo en muchas oportunidades fue Matosas, que salió a buscar a Ángel Rojas en el mismo arranque. Pero en cambio Guzmán vivió en continuo retroceso, sin ensayar nunca un cruce a las espaldas de Sainz, olvidándose totalmente de la marca. Ese es el gran problema. River retrocede pero no marca. Y entonces, como también Zywica retrocede, como Sarnari ensaya diez, quince veces por partido su ya reiterado pique al ataque sin pelota, ocurre que también vuelve sin pelota, y, lo peor, detrás de ella. Y entonces Zywica queda en el dos contra uno y es fácilmente superado. No sé si ese chico será el jugador que insinuaba o que pronosticaba Carlos Peucelle (según Don Carlos era mejor que Pipo Rossi a la misma edad), pero aunque opino que está muy lejos de Pipo Rossi, con esa disposición en el campo está condenado a ver pasar la gente, y, para peor, correr a todos los que pasan. O concurrir al lugar donde está la pelota, que es la afición más enfermiza que puede practicar un volante de media cancha. Y a tanto llegaron la ofuscación Y la confusión de Zywica que terminó por ser expulsado después de meter mal la pierna varias veces con Rojitas, ante la impotencia para detenerlo una vez que el hombre de Boca recibía y arrancaba armado.

Y para peor esta vez Sainz quiso demostrar que sabe irse al ataque y quedó pagando todos los noventa minutos, lo mismo que Vieitez. Los dos marcadores de punta de River fueron dos eternas imágenes que siempre atravesaban el campo pero de vuelta, después de haber partido con la pelota. Justamente contrariando las disposiciones rígidas que en ese aspecto propugna Cesarini. "Jugador que se me va con la pelota y recorre treinta metros con ella es un irresponsable que me fabrica un contraataque". Que es justamente lo que River pretende de sus rivales. Que lleguen con la pelota hasta "sus 18" para que parta el pelotazo y los delanteros de River o el N° 8 de Sarnari aparezcan en zona de remate tomando a los defensores a pierna cambiada. . . Y eso quedó postergado cuando hubo necesidad de buscar el empate...

UNA SOLA: EL CONTRAATAQUE

Y entonces, muerto el recurso del contraataque, no queda nada. Porque River quiere vivir de eso sólo. Porque llama la atención su sectarismo, tan exagerado que ya no se ve un toque de menos de 20 metros. Porque Matosas la cambia para Cubilla y Cubilla la cambia para Delem. Y Simeone llega antes. O llega antes Marzolini. A tanto llegó la improductividad de esa comunicación que la única llegada que le anoté a River con alguna claridad fue el toque de Onega para Cubilla a los 33 minutos de la segunda etapa, a raíz de una pelota que Zarich demoró en desventaja numérica y que terminó en una gran contención de Pérez. Fuera de eso, nada. Y cuando Onega bajó a buscarla porque no llegaba nunca, y las que llegaban eran aéreas, demostró su poca predisposición para el arranque y su poca importancia en el juego agrupado. Un tipo de juego que River tiene abolido porque el único culto que se practica es "la larga". Y todas son largas. Aunque contra eso queda un solo saldo: que el único que fue ofensivo en River se llamó Cubilla. Quizá cometiendo errores, quizá abusando del dribbling, de la confusión, de la jugada complicada. Pero al menos poniendo la pelota en el piso. Haciéndola correr contra el césped. Aunque después se olvidó de la punta. Aunque se fue a jugar de centro delantero. Pero al menos preocupó. Obligó. Y mientras permaneció en la punta impidió que Marzolini se divirtiera en la raya. Prospitti estuvo ausente. Y después del penal errado, más ausente todavía. Viendo a este River, a este equipo con vértigo, llega a la mente la gran importancia de la pausa. ¡Qué velocidad tiene la pausa cuando todos corren! Boca la usó. La usó Zarich. La usó Sacchi. La usaron Rojitas, Rojas, Magdalena. En cambio vi una cualidad muy original en el pibe Onega. Arranca. Toca al costado y sale picando. ¿A qué? ¿A taparse? ¿A ubicarse detrás de los defensores? ¿A esperarla por arriba? ¡Humm!...

Boca no alcanzó a gravitar mucho ofensivamente. Pero también fue más en ese aspecto. Sólo Roberto Matosas volvió a ser el único obstáculo. Guzmán fue importante en los primeros 15 minutos cuando los dos Rojas se pegaron a las marcas, estacionados muy arriba. Cuando bajaron los 20 metros, cuando se juntaron más con Sacchi y Zarich, Guzmán se hizo "líbero"... Un "líbero" en permanente retroceso que nunca se mueve para los costados…

Boca no alcanzó a rendir una gran actuación. Pero fue muy superior. Infinitamente superior. Y para mí la diferencia estuvo en eso. En eso que provocó la diferencia entre los dos equipos. BOCA SE MOVIO CON MUCHOS RECURSOS. RIVER CON UNO SOLO. CON EL MISMO QUE QUIERE IMPONER, AU-QUE MUCHOS HOMBRES DESNUDEN OTRA CONVICCION, OTRA MANERA DE INTERPRETAR EL FUTBOL. Helenio Herrera me dijo hace justamente un año en Milán: …"Yo no juego el contraataque porque tengo hombres veloces. Tengo los más veloces del mundo". Eran Mazzola y Peiró. Pero además el Inter tiene a Luis Suárez. Y también a Corso. Y esos dos no sólo corren. También saben hacer la pausa... En River, ¿quién la hace?

El otro gol del "Tanque", El cabezazo espectacular que hizo recordar a una zambullida de Severino Varela... Gatti sólo pudo verla pasar.

 

Treinta segundos de juego le bastaron a Hugo Marcos Zarich para hacerse dueño del partido. Los 89 minutos y medio restantes no hicieron más que confirmar su hegemonía técnica y táctica por sobre el resto de los participantes de la lucha, hasta redondear la imagen del MEJOR JUGADOR DE LA CANCHA. Hurgando en su performance con el bisturí, podemos encontrarle un instante de flaqueza a los 78 minutos de juego. Fue cuando entretuvo una pelota a las puertas de su área penal sin necesidad, la defendió mal de la carga de Onega, Tito se la quitó y la entregó en bandeja para la entrada franca de Cubilla, cuyo remate abajo y a la izquierda fue admirablemente contenido por Osvaldo Pérez. Fue el único error de Zarich y la llegada más neta de River. Antes y después, lo suyo fue impecable. Atrás, adelante. Tapando, conteniendo, llevando, armando, acompañando. No fue el mediocampista de rutina que "trabaja" en su parcela de 30 por 40 y se exime de toda responsabilidad más allá de los límites de su zona asignada. Zarich USO TODA LA CANCHA. PIDIO TODA LA CANCHA. Y la caminó con la seguridad y el criterio futbolístico del hombre que domina el tema. Siempre ubicado, siempre sobre la jugada, siempre tapando la salida franca y la progresión fácil de River, cuando la pelota era de River. Defendiendo en serio. Interceptando con intuición y “calzando" al hombre que entraba para entregárselo servido a los de atrás, en esa tarea deslucida pero importante, que luce poco pero que rinde mucho, que la tribuna no ve, pero el equipo aprecia y agradece. Cuando la pelota era de Boca la usó con sobriedad y justeza. Tocando y yendo a buscar a un nuevo sitio libre. Sin estacionarse. Sin detenerse a contemplar el avance de los demás.

El penal errado por Prospitti parte 1. El arquero jugado, la pelota al otro rincón. Momento de tensión en la Bombonera

Admitamos que la media cancha rival estaba fácil. Que River defensa y River ataque, divididos en piezas sueltas de un rompecabezas que en vano intentaba armarse a fuerza de pelotazos, era el adversario ideal para que un jugador con oficio, con limpieza de toque, con certeza de manejo, se hiciera propietario de la manija técnica del partido. Pero ya lo hemos dicho otras veces y la redundancia no daña: SE SABE O NO SE SABE. Y Zarich demostró que sabe.

Además, exhibió calidad humana. Virtud nada despreciable en un fútbol donde todo se está supeditando al fin, sin reparar en los medios. Varias veces en el primer tiempo Sarnari le dio con todo. Sarnari, con quien alguna vez discutió la casaca del N° 8 en River, le discutía ahora la posesión del medio juego. Y como Sarnari perdía, porque Zarich estaba en su noche y a veces lo tomaban entre dos y tres camisetas de Boca, al arrimarse Federico Sacchi o retrogradarse uno de los Rojas, Sarnari iba al foul. Zarich no se enojó. No reaccionó. NO LLORO. Siguió en lo suyo: JUGAR FUTBOL. CREAR FUTBOL. PRODUCIR FUTBOL.

Su fútbol le dio consistencia y densidad al trabajo colectivo de Boca. Su fútbol le otorgó jerarquía a un encuentro que, por lucha y por técnica, fue superior a lo esperado, visto lo poco que se estaban jugando los clásicos rivales, ya asegurada su clasificación para las semifinales de la Copa. Aparte, claro está, de lo que siempre se juegan Boca y River cuando les toca enfrentarse. Aunque sea en un partido de bochas...

EL GOLAZO DE "DON ALFREDO"

El penal tirado afuera por Prospitti, parte 2. La gran oportunidad perdida. El alborozo de Sacchi… La desesperación del delantero. A partir de allí River bajó la guardia.

Empezó mal. "Escondido" entre los zagueros centrales de River, sin encontrarse con la pelota. Embistiendo como un toro, en tanto Matosas tocaba la pelota con la punta del pie, sacaba el cuerpo y lo hacía pasar de largo, como si fuera un torero. A los 20 minutos, comprendiendo que así no iban a ningún lado, empezó a salir. A juntarse con los que venían trayendo la pelota. Sin sumarse a la circulación, porque no tiene la medida del toque que se precisa para darle fluidez al traslado en grupo. Pero ofreciendo desahogo a los volantes. Asegurándoles superioridad numérica. Acompañando el trabajo del conjunto, como no podía hacerlo estacionado allá arriba. Creándole complicaciones a la defensa de River. Y para coronar ese mayor aporte de transpiración e inteligencia (no siempre los más hábiles son los más inteligentes), estuvo en los dos goles.

En el primero, vimos offside. No entró de atrás, como lo hiciera frente a Banfield en el tanto que costó la expulsión de Arean y estuvo a punto de provocar el retiro de la cancha del equipo del Sur. La estaba esperando adentro. Matosas no acertó con la recuperación que exigía esa situación de peligro extremo. Gatti se adelantó a tapar, pero no "atoró" con la decisión que requería el momento. De todos modos, Alfredo la jugó con serenidad y certeza. La mató, la dejó caer y la colocó.

El segundo fue excepcional. Por la forma en que le entró a la pelota, la potencia con que la proyectó y la justeza con que la clavó. Sacchi ejecutó un tito libro desde la izquierda de su equipo, muy cerca de la raya lateral de las 18 yardas, toque corto y retrasado para Marzolini. El N° 3 la cruzó fuerte al medio del área. Alfredo Rojas se zambulló en "palomita" (mejor dicho en "palomaza", porque su vuelo tuvo la fuerza de un proyectil antes que la grácil armonía de un ave) y conectó un cabezazo seco, rotundo, que se incrustó en le red, a unos 40 centímetros del caño de sostén, dejando inmóvil a Gatti. "LE PEGO CON LA TAPA DEL TANQUE...", dijo Piri García a nuestro lado. Lo pegó corno le pegaban José Manuel Moreno o Arsenio Erico. Y ¡ojo! que aquí no estamos comparando calidades de jugadores, sino CALIDADES DE CABEZAZOS...

Algo más sobre "el tanque Don Alfredo", como reza el estribillo que canta con toda la voz que tiene "el jugador N° 12".

La forma en que ha sabido ganarle a una tribuna tan exigente (y máxime teniendo que desarraigar del corazón de la multitud a un ídolo como Paulo Valentim) pondera su dimensión de hombre que se brinda. Con generosidad física. Con entereza espiritual. Yendo siempre al frente.  Aunque a veces exagere y embista como un toro…

GATTI: "YO TAMBIEN SE VOLAR..."

El penal errado por Prospitti parte 3. “Nunca en mi vida erré uno y justo me pasa esto contra Boca. ¿Contra Boca me tenía que pasar?”.

Otro interesante caso de fuerza espiritual. En un puesto donde la menor falla cuesta muy cara. Donde no hay revancha. Donde está siempre latente el peligro de que la moral se venga al suelo a medida que los delanteros se enfrentan solos frente al arco y la pelota aparece seguido en la red.

Fue a ocupar su valla —con el sector más agresivo do la tribuna boquense a sus espaldas—, y lo recibieron como suelo recibirse a un arquero de River en cancha de Boca. Como para que pida reemplazante en el acto… Gatti saludó levantando la mano. Total... si a él lo silba y lo insulta la hinchada de River... ¿qué pueden hacerle unos silbidos y unos insultos más de una hinchada contraria?... Comenzó el partido. Y él comenzó a ATAJAR. No a salir, a tapar, a achicar, a anticipar. A ATAJAR. Como un arquero DE ANTES. De antes del achique, de la bisectriz, de la entrega de pelota veloz y segura, de la intelectualización de un oficio que siempre fue para "arrojados", "maravillas elásticas" y "suicidas"...

Gatti se zambulló. Gatti voló. Gatti se ensució la ropa. Gatti salió lo justo. GATTI FUE ARQUERO. Seguro, ágil, arrojado, resuelto. El arquero que niegan las tribunas pero RECONOCEN SUS COMPAÑEROS DE EQUIPO.

LOS DOS URUGUAYOS

Todo River no caía. Pero los dos uruguayos seguían allí. Imponiendo un par de presencias riverplatenses en medio de un aluvión do casacas azules y amarillas que mostraban la pelota, la escondían, la volvían a mostrar y la volvían a esconder...

Roberto Matosas había sido la gran figura de River durante la media hora inicial que lo vio pasear su calidad por la "Bombonera". Matando pelotas con la cara interior del pie o a la altura del diafragma. Poniéndola a dos metros o a cincuenta, de zurda o de derecha, con la precisión de un décimo de milímetro... Después, cuando quedó desarmado y sin la pelota en la exigencia de varias trabadas fuertes, cuando admitió estático que Rojas recibiera, bajara y marcara el primer gol de Boca, se desdibujó. Y reapareció al final. Cuando River se rendía al toque dirigido por Ángel Rojas y nadie quería salirle al diestro delantero boquense. Matosas salió a enfrentarlo. Y algunas veces le ganó. Tuvo el coraje futbolístico que faltó en otros compañeros a quienes se reconoce como “más fuertes": el coraje de exponerse a "quedar pagando", do exponerse a "pasar calor" ante la fascinante movilidad de la cintura de Rojitas...

Cubilla llegó a ser importante entre los 20 y los 40 minutos, cuando a fuerza de arranques individuales hábiles y valientes había dominado a uno de los mejores valores que tiene Boca actualmente: a Silvio Marzolini. Después del 2 a O, después del penal errado, cuando River era la imagen de la impotencia y el desaliento, Cubilla siguió luchando solo. Ganando en el duelo de habilidad con dos y hasta tres adversarios, allí donde cualquier jugador de River perdía en el mano a mano con cualquier jugador de Boca... Jugando por adentro. Buscando pelotas. Tocándolas. Pidiéndolas de vuelta. Arriesgando en jugadas personales que, en su mayor parte, murieron por gravitación de una inferioridad numérica evidente. Pero dejando la clara sensación de que Cubilla no era uno más entre los que perdían. Porque Cubilla NO QUERIA PERDER...

EL MITO DE LA FUERZA

14 minutos, Magdalena va a cortar un centro, choca con Minoián y el arquero cae sentido. Deja la cancha. Entra Osvaldo Pérez... Minoián se recuperó bien.

O la fuerza del mito. Desde chico me crie futbolísticamente oyendo y leyendo frases hechas: "EL ENTUSIASMO DE LANUS PUDO MAS QUE LA CIENCIA DE RIVER". Y en la cancha, según yo lo había vivido, Lanús ya había "hecho trapo"... “LA GARRA DE BOCA OTRA VEZ AIROSA". Y la garra de Boca que ya había visto, era Vacca descolgando pelotas de todos los rincones, Lazzati metido entre Marante y Dezorzi, y los tres sacando pelotas a cualquier lado… Hoy, el mito ha "decretado” que "BOCA ES FUERZA SIN FUTBOL, y RIVER, FUTBOL SIN FUERZA".

Terminemos de una buena vez con los slogans. Eso va bien para publicidad. Para comentar fútbol, es absurdo y llega a ser nocivo. Como todo lo que no tiene AUTENTICIDAD. Este Boca actual puede ganar por fuerza. PERO TIENE FUTBOL. El fútbol que antes tenía River y que hoy a River le falta. La nutrición boquense de esta hora tiene fuentes típicamente riverplatenses. Adentro y afuera de la cancha. Adolfo Pedernera, Néstor Rossi, todos los domingos "Beto" Menéndez, la noche del jueves Hugo Marcos Zarich. Boca ganó POR FUTBOL, NO POR FUERZA. Por agrupación de hombres coordinados en defensa y en ataque. Por toque de pelota. Por habilidad de manejo. River quiso poner FUERZA. De dientes apretados, de pierna fuerte y agresiva (a Zywika lo echaron con el foul N° 15 o 16...), de pelotazo, carrera y choque. Pero no tuvo FUTBOL.

Dentro de un partido con "clima" de Boca-River, pero sin trascendencia para ganar o perder una clasificación, esa fue la mejor moraleja: QUE BOCA GANO PORQUE JUGO MEJOR AL FUTBOL. No porque RIVER TIENE MAS TECNICA, PERO BOCA ES MAS FUERTE. Los mitos, a la mitología. Si hacemos crítica de fútbol, hagámosla con seriedad. En profundidad. Manejemos conceptos. No frases hechas. Son muy bonitas, pero tienen muy poco que ver con la verdad...

OSVALDO ARDIZZONE (1966)

Fotos: Alfieri, Legarreta, Speranza y Carreño.

 

¡PASEN, PASEN! GANO BOCA. . .(EN LOS VESTUARIOS)

— ¡Che, Silvio! ¿Con qué le diste? ¿De chanfle?

—Sí.

—Justo como quería darle yo. Así, por arriba, para la entrada de Alfredo.

Sacchi y Marzolini en el diálogo, ya fuera de las duchas. Alguien pregunta:

—Pero. ¿quién pateó el tiro libre?

—Federico me la tocó y yo la metí allá adentro. Es una jugada de pizarrón, la entrenamos siempre... Y Sacchi contesta sin ver el guiño de ojo derecho del 3:

—Sí, es la número 41.

La sonrisa burlona se funde en la risa del triunfo.

***

Otro rubio feliz: Magdalena.

— ¡Ahora que hagan conmigo lo que quieran! Yo ya me tomé el desquite. Quería demostrar que todavía sirvo, que soy útil. Ahora que me saquen, que me vendan, que me regalen...

—La única macana fue el penal.

— ¡Pero yo no le metí la mano! La pelota me pegó aquí (cadera) y luego me saltó al brazo. Además se iba para afuera. Y se lo dije a Coerezza: "Le juro por mi madre que fue sin intención". Pero el referí se pasó. ¿Sabe qué me contestó? "Discúlpeme Magdalena. Pero yo vi que la pelota le recorrió el brazo y para mí fue penal. Además, ya lo cobré". ¡Un fenómeno!

***

Minoián fue el primero en dejar el vestuario. Estaba cambiado desde una hora antes. "El golpe fue en la cabeza, del lado derecho. La verdad es que podía haber vuelto a jugar. Pero el médico no me dejó"...

En el pasillo ya marchaban, cabizbajos, los jugadores de River. Matosas, con un bolso en la izquierda y la guitarra en la derecha. Prospitti, renqueando y mascullando amargura: " Fue una patada en el tobillo! ¿El Penal? ¡Qué sé yo! Nunca en mi vida erré uno y justo me pasa esto contra Boca. ¿Contra Boca me tenía que pasar? Le quise dar al otro rincón. ¿No vio cómo el arquero se tiró al otro costado? ¡Y me salió para cualquier lado! ¡Que sé yo!... Daniel Bayo los estaba esperando. "Si, muchos me preguntaron porque no me metieron antes de los 44 minutos. Pero es que tengo que jugar el domingo contra Platense. Ni estaba en la lista de suplentes. Lallana y yo aparecimos en la cancha con buzo para poder ver el partido".

***

Los dos Rojas en un costado. Ángel ventilándose con la toalla. Alfredo todavía transpirado, con las telas adhesivas vendándole los tobillos, en suspensores, con una naranjada en la mano y los auriculares de una radio apretándole su pelo revuelto.

El Gráfico: ¿Qué protestaron los de River en el primer gol? ¿Offside?

Alfredo: No sé. Yo seguí la jugada y la puse en la red.

Ángel: Sí..., ¡el segundo también fue offside!

El Gráfico: ¿Fue el mejor gol de cabeza?

Alfredo: Mire... Este creo que me salió bárbaro. Le juro que Gatti ni la vio. Pero tengo uno mejor en la cancha de Gimnasia, desde fuera del área, jugando contra Racing. Ese pienso que fue todavía mejor.

Ángel: Yo de ése no sé nada. Pero el de hoy fue un golazo impresionante. ¡Qué barbaridad!

***

Armando en rueda. Casualmente con periodistas...

— ¿Por qué Boca insiste por Ginarte teniendo a Magdalena y Sufraniazuk?

—Eso es invento de los diarios. Si queremos, lo tenemos regalado. No tenemos interés. ¿Para qué precisamos un fullback que esté siempre por el suelo? Magdalena se queda. A Sufraniazuk quizá lo demos por un año a Chacarita, si es que nos dan el millón y medio por el préstamo. Como lo dio Colón por Errea y lo va a dar seguramente Newell's por Menotti (o quizá también Colón). A estos muchachos es conveniente darlos por un año. Miren el caso de Aimonetti, fíjense qué buen jugador nos devolvieron. Boca no compra a nadie. Vende, presta o da pase en blanco, como se lo vamos a dar a Ayres Moraes porque no quiere seguir jugando más aquí. ¿Para qué queremos más jugadores? Tenemos un plantel de 38. ¿Falta alguien más?

ALGUNOS APUNTES

ZARICH: Lo mejor del campo. Y va destacado aparte.

SACCHI: Muy bien. No le gusta ser volante, pero lo fue. Fue defensivo. Marcó. Interceptó. Y usó bien la pelota. Físicamente, un cincuenta por ciento arriba de su producción habitual. Lo que sabe no está nunca en juicio...

MAGDALENA: Bien. La única duda fue en la jugada que le costó la lesión a Minoián. Fuera de eso, sin fallas. Con gran sentido de distancia para regular el anticipo. Incluso bien arriba. Y las de River generalmente tienen esa particularidad.

PEREZ: Entró en lugar de Minoián. Y anduvo bien. Al margen del penal de Prospitti desviado y el tiro libre de Cubilla que dio en el palo y picó afuera. Pero cortó muy bien el shot de Delem en la primera etapa y el tiro de Cubilla a los 33' de la segunda.

MATOSAS: Otra vez lo mejor de River. El único que vio la media cancha vacía y salió a achicar, a tomar a Rojitas en el arranque. Fue el único que más se atrevió a ganarle a los amagues del malabarista de Boca. Y muchas veces ganó. Casi siempre. Además, seriedad. Responsabilidad. Y la única posibilidad de salida, aunque le vemos alguna reiteración en los envíos de larga distancia a pesar de esa enorme precisión que siempre le elogiamos.

CUBILLA: La buscó por todas partes. Y muchas veces la usó bien. Y cuando fue toque de Boca, en los últimos diez minutos, fue a peleada, con vergüenza, con decisión. El delantero más ofensivo.

PROSPITTI: Bajo. Muy bajo. Decididamente "no entra" en este funcionamiento de River. Y lo peor es que tampoco le sale la que a él le gusta. Y lo peor es que erró el penal.

ANGEL ROJAS: Empezó equivocado. Se creyó que estaba Beto Menéndez y se fue allá arriba. Y siempre se lo vio tapado. Agrandando a Guzmán y a Matosas. Sin darles salida a Zarich y a Sacchi. Después bajó, junto con Alfredo, y si no alcanzó la contundencia en el gol fue importante en el arranque de Boca. Pero saliendo desde la media cancha, pierde fuerza.

ALFREDO ROJAS: Lo mismo que Ángel. Después de los 15 minutos alcanzó a gravitar. Y con los dos goles pasó al frente.

SAINZ-VIEITEZ: Lo peor del fondo de River. Los dos con los mismos errores. Irse de viaje con la pelota y volver persiguiéndola. Si Boca ocupa la espalda de Sáinz, pudo golear.

GATTI: Bien. Los dos goles no cuentan. En el primero pudo influir la sensación de offside. En el segundo no influyó nada. Fue un golazo.

DANIEL ONEGA: No pudo explotar su mejor cualidad: el pique y el remate. Se vio obligado a bajar, a salir desde la media cancha. Y en eso no anda. Lo mejor: bajó cuatro pelotas hacia atrás matándolas con la frente.

MARZOLINI: Quince minutos muy comprometidos en la marca de Cubilla. Después rue parejo. Y después prevaleció. Cuando el oriental dejó la punta terminó ganando.

Por Redacción EG: 02/11/2018

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