LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

1985. Argentinos de América

- por Redacción EG: 29/10/2018 -

Argentinos Juniors conquista la Libertadores. Natalio Gorín pone el foco de su crónica en los últimos penales, que definirían la Copa, y recorre a partir de allí los distintos momentos de la gran Final. Con fotos inéditas.

Lo veo a Vidallé, saltando, gritando su atajada. Tiró De Ávila, el arquero fue por quinta vez consecutiva a su derecha y se quedó con el penal, rechazó la pelota, tocó la victoria, la acarició… Entonces se equivocó el árbitro, el chileno Hernán Silva. Faltaba el quinto penal de Argentinos Juniors. Un gesto confuso, algunos invaden la cancha, un par de jugadores de Argentinos celebran por anticipado. Pensé que Silva marcaba una nueva ejecución del penal por infracción de Vidallé. ¿Se adelantó? Sí, puede ser. Todos los arqueros dan un paso al frente antes del remate. Pero el error de Silva era matemático, las cuentas no le daban. Tenía ganador a Argentinos y la realidad indicaba que estaban cuatro a cuatro y que faltaba el quinto penal, el que debía patear Videla...

El equipo Campeón. Arriba: Olguín, Domenech, Pavoni, Vidallé, Villalba, Batista. Abajo: Castro, Videla, Borghi, Comisso, Ereros. En el tercer encuentro jugaron Pellegrini y Corsi en lugar de Castro y Ereros.

Recuerdo y revivo ese par de minutos, ese intermezzo extraño, hasta que Silva volvió a sumar y ordenó desalojar la cancha. Lo veo al Panza Videla acomodando la pelota. Lo veo a Falcioni, hablándole por lo bajo, tratando de ponerlo nervioso. Lo veo a Vidallé, encarando a Falcioni. Debió ser un momento dramático para los tres, y a partir de ellos para todos: para Argentinos Juniors, para el cuadro colombiano…

Ese par de minutos. ¿Acaso tres, cuatro, cinco? Perdí el control del reloj. Por mi mente pasaron cosas, algunas verdaderamente insólitas. Recordé una charla con Hernán Barreto, ese gran árbitro uruguayo. Veníamos volando de Santa Cruz de la Sierra a Ezeiza. Él, Barreto, sin moverse de su butaca, aferrado a sus medallas religiosas (tiene una frase antológica: "Nunca vi un avión en el chapista"), me contó que su mayor papelón en una cancha de fútbol lo había sufrido contando mal una definición por penales. No sé si Silva es un gran árbitro, pero en la noche de Asunción estaba empañando una buena actuación por la misma causa...

Momento de tensión en la definición por penales para alcanzar el máximo logro de Argentinos Juniors en su historia.

Revivo ese par de minutos sin guardar nada, con el recuerdo insólito, y con una confesión que entrego sin rubores. Cuando el Panza Videla se paró frente a la pelota, invoqué a los dioses futboleros y les pedí justicia: "La tiene que meter, tiene que ser gol". . .

Nunca mezclo país y fútbol, el patrioterismo me repugna, los dioses futboleros son nada más que vivencias. Una calle de adoquines en Almagro, cuando todos pibes, en el desafío, repartíamos roles: 'Vos sos Pescia, vos Labruna, vos Musimessi, vos Amadeo Carrizo". Y los que no eran de Boca y River jugaban de Pontoni, Ernesto Grillo o Rubén Bravo. Los dioses futboleros le hacen un caño a las épocas.

Están, también, en la magia de Diego, en la vincha de Gatti, en la gambeta de Bochini, en el pecho de Francescoli, en el proyecto de Borghi, en el humo de los cigarrillos de Menotti, en los tipos como Griguol, en una cancha llena. . Están en ese estadio Pascual Guerrero, de Cali, en los 42.000 colombianos que gritaban por el América con toda pureza y que seguramente no merecen algunos de los dirigentes que dicen representarlos. El campeón de la Libertadores tenía que ser Argentinos Juniors por una estricta razón de justicia. Y los dioses futboleros no se equivocaron. El Panza Videla hizo "tac", como los que saben, y con un simple penal escribió un poema...

Vidallé gana la gran chance para Argentinos. Están como dice el tablero electrónico: 4-4. Tíra De Ávila, a la derecha del arquero, y el vuelo para acariciar la Copa Libertadores.

Vi la vuelta olímpica, la Copa Libertadores en alto, los abrazos, el llanto de Domenech sobre el pecho de su madre, en el medio de la cancha, pero nada me conmovió tanto como una escena del vestuario. Cuando llegó la Copa, cuando los jugadores quedaron prácticamente solos. En ese instante nació un grito espontáneo, de muy adentro, puro, absolutamente legítimo. Los jugadores se unieron para corear un "¡Dale campeón!" interminable, sonoro como un bombo, estremecedor. Un poster imborrable. Ellos, los campeones, festejaban con el amateurismo, la pasión, el candor y la vehemencia del hincha. Por eso el fútbol sigue viviendo, porque todavía lloramos, todavía reímos, todavía cantamos...

Lemme y Batista en primer plano, expectantes frente a una tanda de penales para el infarto.

El puño en alto de Vidallé, de Commiso. Los ojos de Olguín que brillan como la primera vez, justamente él, que fue campeón del mundo. La nobleza de un gran tipo como el Chivo Pavoni. La marcha ("Los muchachos peronistas") que Lemme y Batista cantaron cada vez que un colombiano iba a patear un penal y que para Lemme es algo así como un pasaporte al éxito. Los grandes del grupo y los más pibes (Corsi, Borghi, Mayor, Villalba). Están todos, hasta el Negro López, que no anda bien con el técnico, pero no traslada su conflicto al grupo y ahí muestra todo lo hombre que es. José Yudica no está en el vestuario. Hizo todo el viaje con su esposa, Antonia, y ahora se queda con ella, alejado de la fiesta. Quiere participar pero no puede dejarla sola. Entonces sale a buscarlo Videla, con la Copa, se la entrega y le dice: "Es suya, maestro". Y el Piojo afloja, y llegan más jugadores, y el técnico también canta: "¡Dale campeón!"...

El toque de Videla a la izquierda de Falcioni, el arquero jugado al otro palo.

Un caso extraño el de Argentinos Juniors, como para romper todas las teorías: el técnico y los jugadores no se llevan bien, algunos canales de comunicación están cerrados, pero así y todo la campaña es notable. Posiblemente Yudica tenga más adeptos entre los jóvenes, a excepción de Batista, pero ha sabido formalizar un "statu quo" con los demás; al fin y al cabo el plantel le reconoce sus convicciones. Se la jugó primero con Borghi, y en Asunción apostó una carta fuerte con Corsi. La convivencia es posible, aun con los choques de personalidades y de ideas. Olguín no quería ser volante en Asunción, pensaba que el puesto debía ocuparlo J.J. López o Lemme, los suplentes naturales, y lo planteó en la charla técnica. Los hechos posteriores están diciendo que el Piojo volvió a imponer su criterio: jugó Olguín en la mitad de la cancha para compensar con su manejo las ausencias de Castro y Ereros.

Todos los compañeros de Videla inician el festejo, y el gran contraste, en segundo plano, el gesto resignado de los hombres de América. Así es el fútbol…

"Yo lo entiendo a Olguín, piensa en los amigos, pero mí responsabilidad es más grande, no me puedo equivocar. Valdez y Peralta son muy pibes para jugar una final de la Copa Libertadores, y además necesitaba á Pellegrini para marcar el juego aéreo del América. Todo eso me obligó a cambiar en todas las líneas y estoy convencido de que el mejor equipo que podía formar es el que entró. ." (YUDICA).

Los dioses futboleros saben que Argentinos merecía el título. Llegó a la final con un currículum más importante que el de América. Había ganado varios partidos como visitante, había sido maltratado en el reparto de fechas cuando le tocó asumir las semifinales con Independiente y Blooming, y fundamentalmente porque le habla ganado a Independiente en Avellaneda, en lo que fue y tuvo todo el sabor de la verdadera final. Llegó el momento decisivo y comenzaron a suceder hechos llamativos. La dirigencia de Argentinos aceptó las fechas propuestas por los colombianos, incluido un desempate a las 48 horas en caso de tercer partido, en lugar de las 72 que marca el reglamento, siempre y cuando se sortearan las condiciones de local y visitante para los dos primeros encuentros. Teófilo Salinas, presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol, omitió este acuerdo y sorprendió con una resolución: primero se jugaba en Buenos Aires, después en Cali y en caso de tercer partido se debía viajar a Asunción. Hubo cierta ingenuidad de parte de los dirigentes argentinos, no hicieron respetar el acuerdo original, pero también es digna de analizar la actitud de Salinas. 1) Tomó una posición favorable a los colombianos. 2) Ignoró las dificultades que existen para jugar un tercer partido a las 48 horas en una sede tan distante: había que viajar de Cali a Asunción. Ninguno de los puntos habla bien de Salinas. Si quiso favorecer a alguien (América y el fútbol colombiano) con vistas a su reelección y cosecha de votos, no está honrando el cargo. Si se equivocó al designar la sede del desempate, como dirigente deja mucho que desear. La conducción de Argentinos también cometió el error de no explorar lo que era una posibilidad deportiva: tener que jugar el desempate. Todos parecían embarcados en la sensación triunfalista que emergía del plantel: "No hay tercer partido". Pero en Cali ganó América y asomó otra maniobra para perjudicar a Argentinos.

El llanto de Domenech sobre el pecho de su madre en el medio de la cancha luego del objetivo.

La manera regular de viajar a Asunción era tomando el vuelo 081 de Avianca que salía el miércoles 23 de octubre a las 9.30 desde el aeropuerto El Dorado de Bogotá. Ese vuelo, luego de hacer escala en Lima y Santiago de Chile, llegaba a Buenos Aires a las 20.55. Se debía hacer noche en Buenos Aires y arribar a Asunción, vía Líneas Aéreas Paraguayas, el mismo día del partido a las tres de la tarde. Un verdadero disparate por lo que estaba en juego. Pero surgió una posibilidad: América y la Selección de Colombia, ambos equipos dirigidos por Gabriel Ochoa Uribe (América proporciona siete jugadores), viajarían a las 11 desde Bogotá, pero en el vuelo 085 de Avianca, con destino regular a Río de Janeiro y que en esta ocasión haría una escala excepcional en Asunción, luego de volar apenas cuatro horas y media.

Roberto Petti, socio gerente de Rotamund S.R.L. operador aéreo de Argentinos, estaba al tanto de esa ventaja que dispensaba Avianca y en la medianoche del martes 22 de octubre, cuando el tercer partido era un hecho, obtuvo una formal promesa de León Londoño, el máximo dirigente del fútbol colombiano: "Ustedes viajan en ese avión", dilo Londoño en la habitación 640 del hotel Internacional de Cali.

La fiesta y toda la alegría de los jugadores, el cuerpo técnico y algunos dirigentes luego de la gran conquista.

Todo el mundo so fue a dormir, había que salir a las 7.15 desde Cali para empalmar con Bogotá con el vuelo directo a Asunción. Los tres equipos, la corte de dirigentes y periodistas fueron embarcados en la misma máquina, pero en Bogotá, en el momento de la conexión, se desató un verdadero escándalo. Sobre Londoño quedará una eterna sospecha: 1) Actuó de buena le y lo engañaron los dirigentes de América 2) O en caso contrario estaba en el complot mezquino y apostó a que los dirigentes de Argentinos cayeran en la trampa.

Fue todo muy evidente, en un mostrador especialmente habilitado, Álvaro Guerrero, gerente del América, despachó a su equipo, y Edgar García, presidente de la delegación colombiana, hizo lo mismo con la Selección. Cuando le llegó el turno a Petti, el jefe de operaciones de Avianca en El Dorado, Pacho Giménez, dijo tranquilamente: "Ustedes no tienen lugar en el vuelo, siguen abiertas las reservas para viajar en el 081 a Buenos Aíres". Guerrero y García bajaron la mirada, pusieron cara de circunstancia. Entonces Petti reaccionó, se convirtió en el verdadero conductor de la delegación, golpeó el mostrador, gritó: "Si no subimos al avión que va a Asunción, no hay tercer partido".

Vidallé no se despega de la Copa Libertadores de América.

Algún día la historia va a decir que esta explosión de Petti tiene mucho que ver con el título ganado. Los dirigentes de Argentinos parecían no darse cuenta de la gravedad de la situación. América estaba por sacar un día de ventaja en materia de descanso. El grupo argentino fue en busca de Teófilo Salinas, que ya estaba en el salón VIP esperando la salida del vuelo a Lima, el mismo que debía llevar a Argentinos según deseaban los colombianos Le informaron, lo apretaron. Don Teófilo puso cara de sorpresa, balbuceó unas palabras: "Pongan un télex a la Confederación, podemos jugar el viernes al mediodía". Y cuando dijo eso terminó toda la comedia. Carlos Quieto, argentino, allegado a Miguel Rodríguez, hombre fuerte del América, millonario (los mismos colombianos no se ponen de acuerdo sobre el origen de su fortuna), trasladó el ultimátum a la dirigencia del América, y en un segundo aparecieron los pasajes...

Batista y Borghi con la Copa Libertadores. En poco tiempo serían protagonistas de la consagración del Seleccionado en México.

Todos volarían juntos a Asunción. Jugar el viernes no le convenía a los colombianos, por el compromiso de la Selección, este domingo que pasó, también, en Asunción…

El Panza Videla hizo "tac" y convirtió el penal... Entonces Argentinos fue campeón, el legítimo campeón. Habían jugado tres partidos: Buenos Aires, Cali, Asunción. Los tres muy parecidos, con alguna atracción en contados instantes, acaso en el éxtasis de los goles, en un par de arranques de Borghi, en ciertos circuitos de juego colectivo de Argentinos, cada vez más espaciados a medida que transcurrían los minutos. América se mostró más entero físicamente, sin embargo, a la hora de la verdad esperó por los penales, pensó que tenía el as de espadas por el gran momento que atraviesa Falcioni y se encontró con otro arquero iluminado en esta Copa: Vidallé.

Y con un Panza Videla que en el instante cumbre hizo "tac", como querían los dioses futboleros. Por eso Argentinos es campeón. Porque era superior viéndolo desde el fútbol, porque su historia reciente tenía mejores pergaminos. Por eso, nada más, nada menos. . .

NATALIO GORIN

Fotos: RICARDO ALFIERI (hijo) y GERARDO HOROVITZ (Enviados especiales a Cali, Colombia, y Asunción, Paraguay)

Argentinos Juniors Campeón de la Libertadores, los penales

 

 

Por Redacción EG: 29/10/2018

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