LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

En la esquina siempre hubo un pibe como Carlitos

- por Redacción EG: 17/10/2018 -

Cuando Ardizzone hacia una entrevista a un “alma” cercana, entregaba invariablemente una pieza artística directa al corazón. Eso pasó con Carlos Squeo, un volante puro temperamento, pura alma de barrio.

La casa nueva. Está allí, en Bartolomé Mitre al mil cien. A cincuenta metros de la 9 de Julio. En medio de las luces de los neones. El rumor de los motores. El tránsito apretado e interminable de los peatones. El edificio moderno. El cuarto piso. El departamento nuevo de Carlitos. Porque, este tipo, con esa cara, siempre  tendrá que ser Carlitos. Con ese mechón rubio sobre la frente. Con la limpia expresión de los ojos claros. Con esa mansa cordialidad para someterse al interlocutor, para no aparecer nunca importante, ni en las actitudes, ni en el lenguaje. Porque este Carlitos, que siempre tendrá que ser Carlitos, resume más que candor, hasta pureza. Es lo que es, lo que se ve, sin artificios, sin postizos, sin adornos, sin de alguna manera, o en alguna medida. Pertenece a esa especie de los sinceros, de los que sólo saben de vivir de frente, en una de ésas, sin saberlo, porque no conocen esa dudosa frontera de lo que conviene, de lo que es aconsejable. Por eso, Carlitos, sin ser matón de oficio, se expone a una suspensión de seis fechas por una reacción violenta en un partido. Y, al poco tiempo, vuelve a sufrir la misma pena por reincidente. Porque fue fuerte a una pelota. Y el otro también fue fuerte. Y, como Carlitos no puede esconderse en una actitud solapada, como le cuesta dar el paso atrás para calcular y organizar la revancha, con la mediocridad de esos guapos que "esperan la oportunidad", claudica ante la reacción sincera del primer impulso. Por eso se casa a los veintitrés años, aunque los muchachos digan que para eso hay siempre tiempo. Porque la vida ofrece un montón de tentaciones más fáciles. Pero, Carlitos está enamorado desde los dieciocho y, entonces, se casa, Y Liliana Cristina, su mujer, es la primera novia. La Primenra muchacha que conoció. Y, a partir de ahí, ya no le pueden importar más las otras. Ya no le importa ni lo que conviene ni lo que es aconsejable. Sin de alguna manera o en alguna medida... Así como es ese Carlitos de la cancha.  Ese, que la agarre o no la agarre, no podrá nunca dudar en la entrega física y espiritual. Ese que siente pudor ante la derrota. Ese que a veces se pierde corriendo, sin pensar en lo que conviene o en qué es aconsejable. Porque siempre va a prevalecer la sinceridad por sobre toda especulación intelectual. Porque Carliitos está más allá del establecido reparto de responsabilidades... Como ocurre, más o menos, con Pachamé, cuando el Pacha comete "el error" de querer correrlos a todos... Es que a esta especie de "los sinceros" nunca los avergonzará el riesgo del fracaso..., porque antes está la necesidad de jugarse por algo más importante que "lo que conviene".

Dock Sud. El barrio de antes. La pinta y la expresión de Carlitos. La chapa y la madera. El almacén de la primera carambola. Allí empezó la historia.

* * *

La casa vieja. Esa que estaba allá, en Dock Sud. A unas cuantas cuadras del Riachuelo. En medio de ese gris de los suburbios. De la chapa y la madera. De las callejuelas sin nombre. De la febril  actividad de las chimeneas. De los atardeceres mansos y silenciosos.  La cinta maloliente y densa del río que divide. Y, del otro lado del puente, otra vida. Otra gente, otros pibes, donde el mensaje de la gran ciudad llega de a poco. Donde el confort llega más lentamente todavía. Donde la obligación de In escuela primaria apenas si es un hábito. Un hábito que, tal vez, se prolonga demasiado en los pibes, porque hay que salir a ganarse el peso prematuramente... Es que allí no hay tests. Allí no cuenta la orientación vocacional. Ahora, aquí en el departamento nuevo, ese del cuarto piso del edificio moderno, a cincuenta metros de la Nueve de Julio, Carlitos repasa la historia... Esa que escuchó en casa, en la vieja casa... El abuelo italiano, ese que abandonó un día el sur de su tierra para la aventura fascinante de aquella otra América... Y recaló en la Boca, allá donde llegaban todos los paisanos. En aquella Boca de los años viejos. De los conventillos, donde rumoreaban todos los dialectos. Desde el genovés hasta los de la Sicilia y la Calabria. Y el viejo Squeo se hizo pescador, pescador ambulante. De esos de las dos canastas que se balancean sobre los hombros. De esos del pregón antiguo. Después, los hijos. Y el padre de Carlitos. Y una madre corren tina. Y el Dock Sud. Porque apenas había que cruzar el Riachuelo para establecerse. Porque hasta el trabajo estaba bien cerca... Y ese mocoso del mechón rubio, de los ojos claros, que le va conociendo  las calles de tierra al barrio... Sexto grado a los empujones. Y, a cruzar el puente todas las mañanas para ir a ganarse el peso- Mandadero de una cafetería de la calle Almirante Brown, en la Boca... Y a sentirse hombre desde el arranque... A colaborar todos los fines de mes con su modesto tributo. Que la vida era dura entonces, como dice Carlitos ahora. Que la vida era dura entonces...

* * *

Jugando en Racing en su primera etapa, al año siguiente jugaría en Velez y volvería a Avellaneda en el 74.

Dicen que la pelota es inglesa... Al menos así lo certifica la historia. Lo refrendan los archivos, las fechas, los testimonios fehacientes. Aquel primer barco, a fines o a principios de siglo. Aquel que fondeó en la dársena Norte o en la Sur. Aquel primer grupo de marineros rubios, que una mañana o, tal vez, una tarde... Aquel primer partido entre los marineros ingleses. Que por algo se dice wing. Que por algo, se dice off-side. Que por algo se dice out-ball... Así, que debe ser cierto, como dicen, que la pelota es inglesa, pero lo fue hasta que se la encontró Carlitos. Este Carlitos que nada sabía del origen, Que no se había preocupado de la historia. Ni de los archivos, ni de las fechas, ni de los testimonios fehacientes, ni de los Brown ni de los Watson Hutton. Y, desde ese mismo momento en que lo conoció la hizo suya. ¿Qué inglesa? La hizo suya con esa encendida vocación que nada tenía que ver con los tests ni con las orientaciones de los especializados. Así, como dicen que el bandoneón es alemán. Pero, lo fue hasta que lo encontró al Gordo Troilo para acunado en sus rodillas. Hasta que el Gordo le encontró la ternura en el nácar de su teclado. La pelota es de Chirola Yazalde, de Rojitas, del pibe Alonso, Perfumo, Pelé, de todos esos purretes que un día se la encuentran para que ella les cambie la vida... La casa vieja de Carlitos. Y esta casa nueva. Este departamento del edificio moderno. . Y la pelota. Nada más que la pelota. Esa que empieza como juguete, como alegre diversión. La pelota es inglesa, pero fue al Dock Sur, fue al baldío de Carlitos, fue a buscarlo, a ofrecerse.. , Y, allí cerca, a apenas unas cuadras está la cancha de Dock Sud. Y el comienzo anónimo La sexta división en el año sesenta y dos, cuando recién alcanzaba los trece años... La figurita pequeña, delgada. El mechón rubio. Pero, el vigor del temperamento. La sinceridad en la entrega. Que allí en Primera B era necesario meter fuere para destacarse. Por eso ya, antes de los diecisiete está en la primera división ¿Qué se ganaba? Nada. Por eso entra a trabajar en un taller mecánico como recompensa especial del entonces presidente del club. Carlitos metalúrgico. Aprendiz de tuercas, remaches, tornos, fresadoras... Y en una de ésas, ése sería el destino definitivo. En una de ésas... Porque allí siempre estaba la pelota. Y, también en una de ésas. . Apenas había crecido. Los hombres seguían frágiles. Era siempre Carlitos, Por la expresión da la cara y por la estatura. El pibe que jugaba entre los mayores. En la Primera B de los mayores.

En 1974 fue parte del plantel de Argentina en el Mundial de Alemania. En 1977 jugó en Boca Juniors, en el 79 emigró al fútbol mexicano.

En la tarde de esos sábados tumultuosos, donde había que sentirse hombre para seguir en el equipo. Hasta que llegó el año sesenta y ocho. Alguien que lo lleva a Racing. Pero, para arrancar de nuevo. Para volver otra vez a comenzar en la tercera, cuando en Racing ya languidecía el prestigio del campeón del mundo. Y un año después, el primer partido en primera. Lo elige Pizzuti frente a Desamparados, allá en San Juan. , . Seguramente porque Pizzuti le vio la sinceridad. Le conoció el temperamento…, "¿Se imagina lo que representaba entrar en Racing en ese momento? ¡Yo en el puesto de Rulli! Es que todavía la gente de Racing no se resigna al cambio... Pesa la imagen, de aquel equipo, de jugadores como Roberto, el Coco Basile, Maschio, Rulli, Cejas... Pero, le di como siempre ¿vio? Cada uno sabe lo que es... Y yo sé que tengo mis limitaciones... Que no soy un jugador lujoso, como el ruso Adorno, como Benítez... Pero, me gusta salir de la cancha sin reprocharme nada. Por eso a veces reconozco que corro demasiado, que me pierdo en el campo... Pero, es mi temperamento ¿se da cuenta? Sé que me voy serenando cada vez más, que me paro mejor, solo que me cuesta controlarme cuando vea que un contrario se va con la pelota. Aunque sea una marca que no me corresponde... Así jugué siempre, desde muy pibe... Uno progresa todos los días en este juego. Hasta me ocurre a mí con el manejo, con la forma de pegarle a la pelota... Mire que hay gente que piensa que soy zurdo, porque hice un par de goles dándole con la izquierda... Pero, es que trabajo, trato de mejorar... y conseguí mucho. Pero, cada cual es como es... Por ejemplo, mi mejor ubicación es como último volante, delante de la línea de cuatro, como me ubicaba el señor Santiago, como ahora lo hace Víctor Rodriguez... Me reconozco que antes que nada soy volante de marca. En eso ando bien... Me voy lo mismo porque don Víctor no me lo prohíbe. Al contrario, me estimula para que pique y le dé al arco cuando la vea bien, pero yo sé cuál es ml capacidad… Pienso que un equipo llega a rendir mucho cuando cada hombre está bien ubicado y cuando cada uno sabe lo que puede. Así que se vaya Della Savia que tiene más claridad y más panorama que yo... En lo mío sé que voy a ser útil para el equipo. Marcando al volante más adelantado del equipo contrario, No tendré todavía el oficio de Rulo paro sé que lucho, que cada vez encuentro más la posición. Dígame... ¿usted no cree que es buena campaña ésta de Racing? La gente tiene que pensar que es un equipo casi nuevo... Y recién en la mitad del torneo nos llegamos a encontrar con una manera de !jugar definida... Calcule que subimos un grupo de pibes del club, llegaron Della Savia, Daniel Onega.. Todo de golpe. Daniel tenía que adaptarse a nosotros y nosotros al juego de Daniel. Y usted lo ve ahora. Que es un equipo que se mueve en el campo sabiendo lo que quiere... Y Racing sabe resolver un resultado... Así me parece a mí. ¿Usted no piensa lo mismo...? Tal vez andamos mejor en el contraataque por la influencia de Onega, que mete bien el pelotazo, pero en el rendimiento general se consiguió equipo... Ya le dije... Sé que no soy un fenómeno ni un jugador fino, así como Alonso. ¡Cómo juega ese pibe! No me gusta hablar de mí, pero cada cual a su manera. ¿Usted me hablaba antes de mi carácter? Pregúntele a mi mujer... Fuera de la cancha soy un pibe de lo más manso. Creo que nunca tuve una pelea... Pero, en la cancha, se me desata todo el temperamento... Por eso, por macanas, me tocaron dos suspensiones... Cosa del momento ¿vio? Después me arrepiento, y le aseguro que no me queda rencor ni ganas de revancha... De todos modos, no puedo quejarme ¿no es así? Sin ser estrella. Sin ganar mucho, este departamento lo compramos con el fútbol... Con sacrificio, apretando el peso, sacrificando diversiones, nos casamos... ¿no es cierto Liliana? Hace ya casi cinco meses y, si las cosas vienen bien, dentro de unos meses más tendremos un pibe...”

Carlitos dueño de casa. Liliana, la primera muchacha, la mujer, ahora... y de pronto el pibe que llega.

 Y la recatada vestimenta de Liliana denuncia el testimonio de Carlitos… ¿Dónde se conocieron? En la casa de ella, allá en Barracas... Hace como cinco años, cuando Liliana había cumplido los dieciséis y Carlitos recién salía de los dieciocho, .. Y, desde entonces, pensaron en esto. En este departamento, decorado con este sobrio buen gusto. Ahora, de este lado de la cinta turbia del Riachuelo… "Pero, voy siempre a visitar a los viejos, a mis hermanos y al abuelo... También ellos vienen aquí... Además, sé que me necesitan". Carlitos, con esa cara; Carlitos, con ese mechón rubio sobre la frente, con la limpieza de los ojos Claros, con esa frescura casi ingenua.. Carlitos casado. Inminente padre. Solicito dueño de casa... "¿Qué se va a servir? Siéntese, Póngase cómodo, .. Hace café, Liliana...” La pelota. Nada más que la pelota. Que dicen que fue inglesa... Y debe ser cierto, según el testimonio de los archivos.. Pero, se la encontró Carlitos. Se la encontró allá en el Dock Sud, allá al otro lado de la cinta maloliente y turbia del Riachuelo… Después, la sinceridad de Carlitos. Esa que uno le ve siempre en la cancha. Esa que no calcula, que no reflexiona, que no especula con lo que conviene o con lo que es aconsejable... Ni de alguna manera o en alguna medida... Después todo esto. Simplemente. todo esto…

OSVALDO ARDIZZONE (1972) Fotos: BIANCO

Por Redacción EG: 17/10/2018

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