LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

A la carta: Alberto Spencer

- por Redacción EG: 09/10/2018 -

Por un pedido desde Uruguay publicamos un reportaje de Ardizzone sobre Alberto Spencer, delantero ecuatoriano del glorioso Peñarol de los 60, héroe en final de la Libertadores de 1966 frente a River.

Desde Uruguay Eduardo Mario Gamboa Alassio nos solicitó un artículo sobre dos de los negros maravillosos de Peñarol en los gloriosos años 60: Juan Joya y Alberto Spencer.  Empezamos satisfaciendo el encargo con un reportaje único que le hizo Osvaldo Ardizzone al delantero ecuatoriano en Montevideo y un perfil de Spencer tras la final de desempate entre River y Peñarol, de la Copa Libertadores 1966.

Para pedidos de material de hechos o personajes de la historia dirigirse a: http://www.elgrafico.com.ar/contacto  

 

(Este reportaje  de El Gráfico se realizó entre las dos finales de la Copa Intercontinental de 1966 entre Peñarol y Real Madrid. El equipo de Uruguay ya había ganado el primer partido en el Centenario, con dos goles de Spencer. En la revancha en el Bernabeu,  los “Manyas” ganarían con idéntico score, con un gol del ecuatoriano y el otro de Pedro Rocha de penal, consagrándose Campeón Intercontinental por segunda vez en su historia.)

 

SPENCER: EL AMANECER DE UN MORENO

Con Peñarol fue campeón en Uruguay en los años 1959, 60, 61,62, 64, 65, 67 y 68, ganó 3 Libertadores (1960,61 y 66) y dos Intercontinentales (61 y 66).

La casa está allí, en Montevideo, a cincuenta metros del río, en la calle Tacuarí al 1300... Una construcción de un piso, con frente sin adornos. En la larga escalera de mármol un grupo de chiquilines turba el sosiego del mediodía...

—¿Busca a mi papá? ¿Van a sacarle fotos?... Por aquí, señor, por aquí.

El morenito apenas si se levanta medio metro del suelo... Pero es un torbellino devorando escalones mientras llama a los gritos a...

— ¡Papá! ¡Papá! Te vienen a sacar fotos, te vienen a sacar fotos....

Allá arriba asoma la piel más morena de Alberto Spencer y el brillo de una sonrisa que le ilumina toda la cara... Está vestido con una remera a rayas horizontales y calza unas zapatillas tropicales donde se confunden varios colores. Es enjuto, flexible, de hombros angostos, de cintura delgada...

 —Acomódense ustedes. Acomódense… Este es Carlos Alberto, el mayor... Tiene 4 años. ¡No!..., éste nació aquí, en Montevideo... Es una máquina hablando.. ¡Oye! Pórtate bien, ¿quieres?

 Pero Carlos Alberto sabe que es hijo de Alberto Spencer, Sabe que su padre es el hombre más famoso de Montevideo desde que decidió el primer partido frente al Real.

 —Yo solo no he ganado el partido... A mí me ha tocado empujarla allá dentro —dice la sonrisa de Spencer—. Lo que pasa es que a mí me parece que los partidos se resuelven con goles, y eso es lo quo más me gusta... —agrega mostrando más dientes blancos—. Dicen por allí que soy torpe, que no sé manejar bien la pelota, pero a mí me gustan los punteros que la levantan... ¿Cómo lo dicen? ¿A la olla? Pues a mí me gusta eso... Será porque soy alto y les gano a todos saltando…

 Es como opina Julio Abbadie. "¿Para qué vamos a jugar a otra cosa con un morocho como éste que las agarro todas?"

Spencer es un gran panamericanista... Nació en Ecuador, se casó con una chilena, tiene hijos uruguayos. Foto: Eduardo Forte

LA INFANCIA

Y lentamente Spencer retrocede hasta su origen, a una historia que empezó hace exactamente 27 años.

—Pues, sí... yo nací en Ancon, lo conoce? Es un pueblito del departamento de Guayas, allá por donde baja el río… Es un campamento minero, donde están los Ingleses de la Anglo, de la compañía petrolera. Y junto con muchos ingleses llegó mi padre... ¡Ah!, ¿ustedes no sabían? Sí, mi padre era inglés, y al poco tiempo de estar establecido conoció a mi madre.., Ecuatoriana, de allí, de Ancon, muy joven cuando se casó...

Spencer hace un gesto con los hombros como quien cuenta un hecho natural.

 —Pues..., se casaron y tuvieron hijos… ¡Yo solo no! ¿Sabe cuántos hermanos somos? Trece... Yo soy el penúltimo... Cuando estaba en el segundo año del Liceo empecé a jugar al fútbol más o menos en serio… ¡Ah, sí! Siempre con el número 10. Y lo elegí seguramente porque era para el hombre más adelantado... Pues yo tengo otro hermano jugador, ¿no oyó hablar de él? Se llama Marcos Spencer y jugó siempre por el Everest de Guayaquil... ¿Qué pasó? Que yo siempre marcaba goles en el campeonato estudiantil, y mucha gente le decía a Marcos: "Mira que tu hermanito juega bien, ¿por qué no lo traes a la Capital?" Y un día me llamaron desde Guayaquil para jugar por una selección… Tenía 14 años, y en ese partido marqué dos goles... Bueno, y seguí jugando... Ya me quedé allí y no volví a Ancon. .. Siempre marcaba goles y ya tenía un nombre… ¡Calcule que era tan alto como ahora! Allá es distinto que en la Argentina, que aquí en Uruguay... Los clubes son sociedades donde mandan cuatro o cinco señores que invierten el dinero y son los únicos que administran... La única época importante es cuando llegan los equipos extranjeros, cuando se hacen torneos con clubes de afuera... Y entonces se suele prestar a jugadores para reforzar el equipo de allí... Yo me acuerdo que jugué contra River Plate en 1956... Cumplía entonces 16 años, y jugué para el Emelec... En River estaban: Rossi, Labruna, y otros que no recuerdo... Gran equipo ése... Manejan muy bien la pelota los argentinos... Pero a mí me salieron muy bien las cosas... ¿Usted comprende? En esos encuentros es cuando uno consigue que lo conozcan, como pasó conmigo... Llegó el Palestino, de Chile, para llevarme, pero no hubo arreglo con los señores del Everest... —y Spencer se sonríe con picardía—, ¿sabe lo que me dijo el tesorero, que era mi patrón? "Mira, yo te pago y yo soy quien te vendo". Si, allá es así... Hay uno que le paga al arquero, otro al back... Quien me pagaba a mi era el tesorero... Los turcos son así, porque allá la mayoría de los dueños de clubes son turcos... A mí me pagaba el señor Isaías.

El ecuatoriano y su increíble capacidad para ir arriba

LA VENTA A PEÑAROL

La casa tiene ese clima apacible que trae la tregua del mediodía... Sólo se oye el parloteo de Carlos Alberto y el ruido de sus cabriolas sobre los sillones tapizados...

— ¡Papá! ¿Todavía estás hablando? ¿Cuándo sacamos las fotos?...

 Por una puerta interior aparece una mujer joven, de pelo rubio, que muestra las señales de un tocado cuidadoso... Es la mujer de Spencer. Chilena. La conoció en Santiago, en una gira que hizo Peñarol en el 62. , . Trae de la mano a una pequeña, también rubia, como su madre...

— Esta es Jacqueline Andrea... Cumplió apenas un año...

La mujer saluda y guarda un silencio discreto... El noviazgo, el matrimonio, se consumieron en un proceso breve, casi inmediato.

— No… yo no voy al fútbol... Lo conocí así…el fútbol no tuvo nada que ver...

Spencer es un gran panamericanista... Nació en Ecuador, se casó con una chilena, tiene hijos uruguayos, tres veces campeón de América, una vez campeón del Mundo...

—¿Ustedes quieren saber cómo llegué aquí? Yo viene a jugar una vez a Montevideo en el 59... Así que ya me conocían. Al poco tiempo se hizo un cuadrangular en mi tierra con Peñarol, Barcelona, el Emelec, y Huracán de ustedes... Bueno..., de allí salió el interés de los españoles... No se arreglaron con los turcos y me quedé varado, lleno de incertidumbre... Yo quiero mucho a mi tierra, pero quería ganar más, jugar en un profesionalismo donde haya más dinero... Hasta que un día me dijo un periodista de Guayaquil... "¿Sabes, Alberto, quién está aquí? El mismo presidente de Peñarol... Viene a comprarte". Yo sabía que todo se lo debía a Juan López, cuando fue a entrenar a la selección ecuatoriana... Hasta que me llamaron los turcos para decirme que la venta estaba hecha... Me acuerdo que volvieron a decirme lo mismo: "Yo te pago y yo te vendo". Bueno, Peñarol pagó por mi pase 13.000 dólares, algo así como 100.000 pesos uruguayos... Eso fue a fines de 1959. Jugué algunos partidos amistosos y debuté oficialmente justo en el clásico, en febrero de 1960, frente a Nacional... Un partido que ganamos dos a cero... Y ese día me erré como veinte goles, más o menos como esa tarde en River Plate cuando jugamos con el Santos... Y desde entonces estoy aquí, y van para siete años... Muy contento, muy agradable esta tierra, aunque a veces hace algo de frío para mí... A veces hay problemas cuando las cosas andan mal, pero, ¿qué va a hacer?

Alberto Pedro Spencer Herrera (1937-2006) es el máximo goleador en la historia de la Copa Libertadores con 54 goles. Foto: Eduardo Forte

LOS TEMORES

Y trabajosamente lo llevamos a ese comentario de su supuesto temor cuando hay que jugarse en un partido duro, de su falta de temperamento para superar una tarde sin éxito... — Mire..., yo sabía que usted iba a preguntarme eso... Pero no me molesta, créalo... ¡No!... Si ya lo oí decir muchas veces... Mire..., hace poco los dirigentes me llamaron porque Peñarol andaba mal... "¿Qué pasa, Spencer? —me dijeron—. Pues, ¿qué va a pasar?" les respondí yo—. "Que andamos todos mal... ¿Por qué me preguntan a mí solo?" Yo le voy a hacer a usted una pregunta... ¿Usted cree que un hombre que tiene dos operaciones en los meniscos, que tiene algunas puntadas en la cabeza, un jugador que como yo tiene que entrar siempre allí, que fue goleador en el 61, en el 62, puede tener miedo a poner la pierna? Es que yo no voy a salvar. al equipo cuando todos andamos mal... Por eso ayer, después del partido con el Real, quise hablar yo con los dirigentes... "¿Y ahora qué me dicen?" —les pregunté—. No lo gané yo el partido. Todos anduvimos bien... Le preguntamos por su incidente con Pachín, por esa caída simulada que le costó la expulsión al jugador español... Pero Spencer lo resume con pocas palabras, sin colocarse en pícaro ni en héroe...

EL TRIUNFADOR

No sé…. yo estoy en lo mío..., ¿me entiende? En el campo ni siquiera hablo, no me meto con los rivales... Pero el Real no me ha gustado... Yo no entiendo esa marcación donde un hombre corre a otro todo el partido... Al final no marcan a nadie, como ha pasado esta vez. Podíamos haber marcado varios goles más...

Suena el timbre... Abajo, en la puerta de calle hay más fotógrafos, más periodistas... Hay más motivos para que el morenito siga devorando escalones para avisarle a su padre que hay más fotografías, más oportunidades para que él salga en los diarios...

—¿El mejor jugador que yo he visto? Pues eso tiene respuesta inmediata... Pelé, no hay otro que Pelé. ¡Ese es un fenómeno! Ahora, de ustedes, me ha gustado mucho Ermindo Onega... ¡Buen jugador!

 Allá, a muchos kilómetros de Guayaquil, en el campamento minero de Ancon quedó la mamá negra con algunos herma-nos morenos... Alberto, aquél que nació penúltimo, aquél espigado, de cintura flexible, cambio su destino de petróleo por esta dorada fama, que ya brilla en el mundo tanto como su blanca dentadura de moreno… 

OSVALDO ARDIZZONE (1966)

En el desempate de la final de la Libertadores en Chile. Frente a Amadeo con quien tuvo un duelo personal, del que salió ampliamente triunfador.

La final de la Libertadores 1966 se definió con un partido de desempate entre River y Peñarol en Chile. En la primera final el equipo uruguayo se impusó en Montevideo 2 (Joya y Abbadie) a 0 , en la revancha en Buenos Aires  River ganó 3 (E. Onega -2-, Sarnari) a 2 (Rocha y Spencer). En el desempate en Chile River ganaba 2 a 0 con goles de Solari y Daniel Onega , pero Peñarol lo empató con tantos de Spencer y Abbadie, definiéndose en un alargue donde se impuso el equipo uruguayo, con goles de Pedro Rocha y otra vez Spencer. Fue una de las mayores hazañas en la historia de la Libertadores. El artículo siguiente se publicó en El Gráfico posterior a esa conquista.

 

EL HOMBRE QUE GANÓ LA COPA

Es el jugador que “no dice nada”...

Pero que cuando entra en juego "lo dice todo",.. 

Es el sprinter que sólo pica cuando llega. Pero cada vez que llega la alcanza… y cada vez que pica llega…

Es nada más que un velocista. Pero es el más veloz de los velocistas...

Es nada más  que un jugador de contraataque. Pero es uno de los mejores jugadores de contraataque…

Es nada más que fuerte arriba.. Pero es fuerte arriba y abajo. Porque de arriba "mata", porque hay muy pocos que saben elevarse con esa fuerza y muy pocos que pueden arrear gente con la potencia de su pique,

Y si todo eso no alcanza para elogiarlo como jugador importante, queda el de su actuación en este partido de Chile.  Fue "pescador", pero ¡cómo pesca! Cada vez que fue a la pelota generalmente ga nó. Cada vez que llegó a zona de remate complicó. Cada vez que fue a la disputa aérea mató. Y marcó dos goles. El primero , que originó la reacción de Peñarol, fue un golazo. Tomó de volea una pelota que aterrizaba con un zurdazo espectacular. Con un medio giro perfecto. Rodeado de defensores, en una superficie donde no era muy fácil sacar la pierna para el impulso.

Puso el 3-2 en el alargue con un cabezazo donde se hizo necesario ganarle a tres defensores. A Matosas, a Solari y Vieítez. Y llegó por casi una cabeza. Con el tiempo y el panorama adecuados para que la pelota llevara fuerza y dirección. Y fue problema constante, carta de triunfo, talismán ganador.

Amadeo lo sobra con un "muelle" y Spencer lo despoja del balón, acción que casi termina el gol

Todo sabe aprovecharlo. No bien un defensor deja botar la pelota ya se la robó Spencer. Esa tranquilidad que muestra en la cancha, esa falta de dinámica, adquiere una dinámica repentina no bien acecha la oportunidad o la ventaja. Entonces pasa a ser vértigo demoledor, entonces pasa a ser torbellino que pasa en un pique que puede prolongarse hasta cincuenta metros. Con una defensa física de la pelota extraordinaria.

Peñarol gana la Copa con una estrategia muy antigua. Es nada más que el pelotazo aéreo buscando la cabeza y el pique de "los dos pescadores morenos", pero adquiere eficacia, lo unge Campeón de América porque "con la caña”, esta Alberto Spencer… Apenas un sprinter, apenas un cabeceador, apenas un corredor, nada más que un punta de lanza…

Un jugador "que no dice nada..”

 Pero que cuando entra en juego "lo dice todo"…

¡Y con qué lenguaje!

El Gráfico 1966

 

Por Redacción EG: 09/10/2018

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