LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

2002. KEMPES 100x100

- por Redacción EG: 18/09/2018 -

Hace 16 años El Gráfico le hacía 100 preguntas al cordobés Mario Alberto Kempes. Testimonios, anécdotas, confesiones y fotos históricas de un gitano del fútbol, de un Matador eterno.

1 Pa­ra la ma­yo­ría de la gen­te, El Ma­ta­dor es Sa­las y no vos. ¿Te mo­les­ta? No, pa­ra na­da, el chi­le­no aho­ra es­tá en vi­gen­cia y yo no jue­go más. Hay un tiem­po pa­ra to­dos, pa­ra Pe­lé, pa­ra Ma­ra­do­na, pa­ra Di Sté­fa­no.... Cada uno hi­zo lo que te­nía que ha­cer en su mo­men­to. Ade­más, a él no sé quién le pu­so el apo­do.

2 ¿Y a vos quién te lo pu­so? El Gor­do Mu­ñoz, el me­jor re­la­tor de to­dos los tiem­pos. Una vez, allá por 1975, me fue a re­la­tar a Ro­sa­rio y me re­pro­cha­ba por­que no ha­cía mu­chos go­les de vi­si­tan­te. Y me pro­me­tió que si conver­tía dos go­les de vi­si­tan­te en el par­ti­do si­guien­te me iba a po­ner un apo­do. Ju­ga­mos con­tra Ban­field, hi­ce 3 y ahí me ga­né el mote.

3 ¿Cuán­tos idio­mas se ne­ce­si­tan ha­blar pa­ra ser un tro­ta­mun­dos co­mo vos? Con el cas­te­lla­no es suficiente. Con el in­glés ape­nas me de­fien­do... En Aus­tria es­tu­ve seis años y me­dio, pe­ro de ale­mán sé po­co. O ju­ga­ba o me de­di­ca­ba a es­tu­diar. Con el ita­lia­no to­co de oí­do, pe­ro me sir­vió pa­ra di­ri­gir en Al­ba­nia.

4 ¿Es cier­to que no le dis­te la ma­no al pre­si­den­te Vi­de­la el día de la co­ro­na­ción del Mun­dial 78? Sí. Pe­ro no por na­da en es­pe­cial, si­no por el tu­mul­to que ha­bía. Yo era el úl­ti­mo en la fi­la. El des­bor­de era tal que no pude lle­gar has­ta don­de en­tre­ga­ban las me­da­llas... Si ni si­quie­ra to­qué la co­pa.

5 ¿Có­mo? ¿El hé­roe de la fi­nal no to­có la co­pa? No, ni esa no­che ni nun­ca. Por­que al día si­guien­te se la llevaron y no la vi­mos más. Era im­po­si­ble lle­gar a la co­pa, es­ta­ban to­dos de­ses­pe­ra­dos. La úni­ca co­pa que pu­de to­car fue una de cho­co­la­te que me man­da­ron de una con­fi­te­ría de Bell Vi­lle, una ré­pli­ca de la del Mun­dial…

6 ¿No le pe­dis­te a Pas­sa­re­lla que te la de­ja­ra al me­nos un se­gun­do? El Gau­cho no la lar­ga­ba por na­da del mundo. Era co­mo en la can­cha, un pe­rro de pre­sa...

La delantera de Instituto 1973: Saldaño, Ardiles, Mario, Beltrán y Willington.

7 ¿Al­gu­na vez sen­tis­te mie­do en una can­cha? Mie­do no, pe­ro una vez me asus­té. Fue en In­do­ne­sia, mi equi­po ju­ga­ba de vi­si­tan­te. Lle­vá­ba­mos un pun­to de ven­ta­ja y un par­ti­do me­nos. La can­cha era un her­vi­de­ro. Te­nía una pis­ta de atle­tis­mo y de re­pen­te la po­li­cía de­jó en­trar a la gen­te. Se ju­gó to­do el par­ti­do con la gen­te al la­do de la lí­nea. A los 15 mi­nu­tos ya per­día­mos 3-0 y así ter­mi­nó el par­ti­do. Nos ti­ra­ban pie­dras des­de la tri­bu­na. Allá son muy sal­va­jes. Yo era DT y ju­ga­dor, pe­ro ése lo vi de afue­ra, je.

8 ¿Y te po­nías en el equi­po? Po­co, y si me po­nía me sa­ca­ba en­se­gui­da. Ya no te­nía ga­nas de ju­gar. Me ocupaba más de en­tre­nar y de pre­pa­rar al equi­po fí­si­ca­men­te. Me lle­vé unos li­bros y apren­dí lo bá­si­co de la prepa­ra­ción.

9 ¿Qué fue lo más cu­rio­so que te pa­só en el ser­vi­cio mi­li­tar? Fue muy light, ya es­ta­ba en Cen­tral y en la Selec­ción. Ca­da vez que te­nía que ju­gar me de­ja­ban sa­lir, pe­ro una vez me die­ron cua­tro fe­chas de sus­pen­sión y no tu­ve ex­cu­sas. Has­ta me to­có ha­cer la guar­dia. Otra di­ver­ti­da fue cuan­do me pre­sen­té y me cor­ta­ron el pe­lo, pe­ro no ra­pa­do. Has­ta que un ca­bo me pre­gun­tó por qué lo te­nía tan lar­go y me obli­gó a cor­tár­me­lo al ras. Era ju­nio y ha­cía un frío im­pre­sio­nan­te. Des­pués me en­te­ré que to­do era por­que el ca­bo era fa­ná­ti­co de Ne­well’s.

10 ¿Por qué tu­vis­te que sa­lir a las co­rri­das de Al­ba­nia? To­do em­pe­zó con la fa­mo­sa pi­rá­mi­de, don­de la gen­te de­po­si­ta­ba 100 y des­pués le da­ban 200, y lue­go 400... Así la gen­te con­fia­ba el di­ne­ro a esos lu­ga­res y no al ban­co ofi­cial. Por lo tan­to el go­bier­no se em­pe­zó a que­dar sin pla­ta. In­ter­vi­nie­ron esos ban­cos y la gen­te se que­dó sin na­da. Di­je­ron que iban a de­vol­ver el 50%, pe­ro no cum­plie­ron y es­ta­lló to­do. Yo lle­va­ba dos par­ti­dos di­ri­gien­do y me tu­ve que ir por­que se ve­nía la gue­rra ci­vil. Me di­je­ron: “Ma­ña­na sa­le el úl­ti­mo avión, to­má­te­lo o no sa­lís más...” La gen­te se iba co­mo po­día, mu­chos se iban a Ita­lia en bal­sas y al­gu­nas se hun­die­ron en el ca­mi­no. El padre del pre­si­den­te del club era el due­ño de una de esas fi­nan­cie­ras... Yo me es­ca­pé a Ro­ma y des­de ahí a la Argen­ti­na.

11 ¿Se­guís so­ñan­do con los go­les del Mun­dial 78? Por des­gra­cia vi­vo la pu­ta rea­li­dad. No pue­do es­tar pensan­do siem­pre en lo que pa­só ha­ce 25 años... No me ol­vi­dé de na­da, lo ten­go to­do re­gis­tra­do, pe­ro no quiero vi­vir del re­cuer­do. No ten­go un so­lo vi­deo, na­da...

Quizas su foto más icónica, festejando uno de sus goles en la final del Mundial 78 frente a Holanda.

12 ¿Es cier­to que co­lec­cio­na­bas ca­mi­se­tas? Las cam­bia­ba y las guar­da­ba. Des­pués se hi­zo car­go mi her­ma­no Ser­gio, que las guar­da­ba en una va­li­ja en un de­par­ta­men­to. Pe­ro un día de­sa­pa­re­cie­ron mis­te­rio­sa­men­te... Igual no sir­ven, no le en­tran ni a las mu­ñe­cas de mis ne­nas. Na­da que ver con las de aho­ra. An­tes te­nías un po­co de pan­za y se te no­ta­ba.

13 ¿Y la que usas­te en la fi­nal? Me que­dé con la del pri­mer tiem­po. La otra se la lle­vó Pas­sa­re­lla... Ape­nas lle­ga­mos al ves­tua­rio, pa­só con una bol­sa gran­de, co­mo si fue­ra de ba­su­ra, y to­dos te­nía­mos que de­jar nuestra ro­pa. La ca­mi­se­ta, las me­dias, los pan­ta­lo­nes, los bo­ti­nes nue­vos, las ven­das... Era una pro­me­sa de algunos y le lle­va­ron las co­sas a la Vir­gen de Lu­ján.

14 ¿Te­nían per­mi­so pa­ra fu­mar en el Mun­dial 78? Per­mi­so no, pe­ro... Ba­ley fu­ma­ba co­mo un pes­ca­dor. Con él te­nía­mos una cá­ba­la. En el via­je de la con­cen­tra­ción al es­ta­dio nos íba­mos al úl­ti­mo asien­to del mi­cro y com­par­tía­mos un ci­ga­rri­llo. Era­mos mu­chos los que fu­má­ba­mos, pe­ro no más de diez por día...

15 ¿Por qué tu par­ti­do des­pe­di­da tu­vo tan po­co eco? Por­que fue en Va­len­cia, en 1994, y lo or­ga­ni­cé yo. Nadie me ayu­dó. Con­tra­té a los con­tro­les, a los em­plea­dos, a to­dos. Ju­gó el Va­len­cia con el PSV de Ro­ma­rio. El hi­zo tres go­les y yo otros tres. Yo que­ría que fue­ra la Se­lec­ción, y has­ta fui a ha­blar con Gron­do­na y Ba­si­le, pe­ro me di­je­ron que la Se­lec­ción te­nía por nor­ma no en­fren­tar a clu­bes. Me jo­dió, por­que des­pués ju­gó con­tra el Espan­yol de Bar­ce­lo­na...

16 ¿Die­go te in­vi­tó a su par­ti­do ho­me­na­je? Sí, pe­ro es­ta­ba en Ita­lia y no pu­de via­jar. De he­cho ni por televisión lo pu­de ver...

17 ¿Ma­ra­do­na nun­ca te des­per­tó ce­los? Has­ta su apa­ri­ción vos eras la gran es­tre­lla de la Se­lec­ción. Cuando apa­re­ció Ma­ra­do­na ta­pó a to­dos, in­clu­so a mí. Yo se­guía te­nien­do mi fa­ma... Pe­ro con él siem­pre hu­bo bue­na on­da. Cuan­do vi­ne de Es­pa­ña pa­ra ju­gar en Ri­ver, en 1981, Die­go es­ta­ba en Bo­ca. Sin em­bar­go, ape­nas lle­gué al país me fue a bus­car al ho­tel y me lle­vó con mi fa­mi­lia a co­mer a su ca­sa.

En España enfrentando a Maradona cuando jugaban para el Barcelona y el Valencia.

18 ¿Es cier­to que de chi­co le te­nías bron­ca a Bo­ca? Sí, por mi abue­lo, que era hin­cha fa­ná­ti­co y se aga­rra­ba unas bron­cas tre­men­das. Don Ca­mi­lo vi­vía en el cam­po, en Leo­nes, y se per­día en­tre los pas­ti­za­les con la ra­dio. Era la ho­ra de co­mer y no vol­vía de la ma­la san­gre que se ha­bía he­cho. Yo no po­día en­ten­der có­mo po­día pa­sar al­go así por el fút­bol...

19 ¿Có­mo fue tu ex­pe­rien­cia ac­to­ral en “Los bus­cas”? Hi­ce un pa­pe­li­to de ca­sua­li­dad. Es­ta­ba con Die­go en Cu­ba jus­to cuan­do lle­ga­ron sus hi­jas pa­ra gra­bar. Ese día sa­lía mi vue­lo, pe­ro im­pro­vi­sa­mos un par de es­ce­nas.

20 ¿Quién te con­ven­ció pa­ra vol­ver a ju­gar al fút­bol a los 42 años? Un ami­go. Yo vi­vía en Men­do­za y te­nía una es­cue­la de fút­bol. Me vie­ron ju­gar los de Fer­nán­dez Vial, de Chi­le. Al día si­guien­te vie­ne es­te ami­go con un di­ri­gen­te pa­ra con­tra­tar­me. “¿Es­tás lo­co?”, le pre­gun­té. “Ten­go 42 años...” Des­pués de tan­to ha­blar­me, al fi­nal les di­je: “Bue­no, ma­ña­na les con­tes­to” Y el do­min­go es­ta­ba ju­gan­do... No me cos­tó, ade­más des­pués del par­ti­do me vol­vía a Men­do­za y re­cién re­to­ma­ba el mar­tes.

21 ¿Te hu­bie­ras cor­ta­do el pe­lo pa­ra ju­gar en la Se­lec­ción? No só­lo el pe­lo. Por la Se­lec­ción me cor­ta­ría la cabe­za. Pe­ro lo de Pas­sa­re­lla pa­sa­ba por otro la­do. Ve­nía­mos del Mun­dial 94, don­de ca­da uno te­nía go­rri­tas con di­fe­ren­tes mar­cas. Los ju­ga­do­res pa­re­cían mo­de­los...

22 ¿Te con­si­de­rás un gi­ta­no del fút­bol? Sí, con to­do el res­pe­to de la pa­la­bra. Creo que me fal­ta un año o dos pa­ra can­sar­me de dar vuel­tas por el mun­do... Me gus­ta­ría asen­tar­me en al­gún lu­gar, pe­ro con una pro­fe­sión tan ines­ta­ble co­mo la de téc­ni­co es bas­tan­te di­fí­cil...

23 ¿Es cier­to que en el me­dio del Mun­dial 78 se fue­ron a pes­car con Ba­ley al río Pa­ra­ná? Sí, yo fui pa­ra no de­jar­lo so­lo al Ne­gro. A mí ni si­quie­ra me gus­ta pes­car. Des­pués de ga­nar­le a Pe­rú, a Ba­ley se le ocu­rrió que te­nía­mos que ir a pes­car. “¿Que­rés ve­nir?”, me pre­gun­tó. Me­not­ti nos di­jo que sí, pe­ro que a las diez de la mañana te­nía­mos que es­tar de vuel­ta pa­ra la prác­ti­ca. A las cin­co de la ma­dru­ga­da me des­per­tó. No sé có­mo hizo, pe­ro ha­bía con­se­gui­do ca­ñas, un equi­po de ma­te y fac­tu­ras... Un frío de mo­rir­se,  pe­ro vol­vi­mos con cua­tro pes­ca­di­tos, que des­pués le di­mos al co­ci­ne­ro pa­ra que los pre­pa­re pa­ra el al­muer­zo. Nues­tra me­sa, don­de además es­ta­ban Ta­ran­ti­ni y Ki­ller, tu­vo un me­nú es­pe­cial y to­dos se mo­rían de en­vi­dia.      

24 ¿Cuál fue la co­mi­da más ra­ra que co­mis­te? Uhhh... Una vez es­tá­ba­mos en un res­tau­ran­te de Pe­kín y yo pro­bé al­go que era co­mo una mi­la­ne­sa. Le pe­gué un ta­ras­cón y me gus­tó, así que se­guí co­mien­do. “¡Qué bue­no! ¿Qué es es­to?”, pre­gun­té. Era ser­pien­te. 

En Central dejó una huella imborrable. Fue ídolo.

25 ¿Có­mo fue­ron tus co­mien­zos co­mo car­pin­te­ro? Era un bu­rro en el co­le­gio y en el pri­mer año me lle­vé siete ma­te­rias a mar­zo. En­ton­ces mi vie­jo, que tra­ba­ja co­mo te­ne­dor de li­bros en una car­pin­te­ría, co­mo cas­ti­go me pu­so a tra­ba­jar ahí... Ha­cía de to­do, des­de po­ner ta­ru­gos en el par­qué has­ta agu­je­ri­tos.

26  ¿Es cier­to que el due­ño de la car­pin­te­ría fue tu pri­mer re­pre­sen­tan­te? En rea­li­dad, era ami­go del vicepre­si­den­te de Ins­ti­tu­to, así que me con­si­guió una prue­ba pa­ra un cua­dran­gu­lar que ha­cían en Cór­do­ba. “Si en los pri­me­ros 15 mi­nu­tos no con­vier­te dos go­les, ha­cé lo que quie­ras, pe­ro si los ha­ce lo te­nés que acep­tar”, le di­jo. Pe­se a que me die­ron la ca­mi­se­ta 9, no pu­de usar mi nom­bre por un te­ma con­trac­tual. Así que me pu­sie­ron Ma­rio Agui­le­ra. Me­tí 2 go­les an­tes de los 15 mi­nu­tos, Ins­ti­tu­to ga­nó el cua­dran­gu­lar y me con­tra­ta­ron. Eso sí, toda la glo­ria se la lle­vó Agui­le­ra.

27 ¿Cuán­to pa­gó Ins­ti­tu­to por tu pa­se? Ca­si na­da... Al Bell Vi­lle le die­ron un jue­go nue­vo de ca­mi­se­tas, arregla­ron la ilu­mi­na­ción y al­gu­nas otras co­si­tas del es­ta­dio...

28 ¿A quién se le ocu­rrió ins­cri­bir­te en la Fa­cul­tad de Cien­cias Eco­nó­mi­cas? A mi ma­má. Me ano­té en la Uni­ver­si­dad de Cór­do­ba, pe­ro no fui ca­si nun­ca. Un día pa­sé por la fa­cul­tad y me man­dé. Me me­tí en una cla­se, en un au­la enor­me, y es­tu­ve co­mo 10 mi­nu­tos es­cu­chan­do. No en­ten­día na­da... me le­van­té y me fui.

29 ¿Con qué ex com­pa­ñe­ros se­guís en con­tac­to? Con Ar­di­les, una vez por se­ma­na. Aho­ra vi­ve en Mar­be­lla. Hay ti­pos que no los vol­ví a ver, co­mo a Pag­na­ni­ni. Al Lo­co La­vol­pe lo veo por te­le, y cuan­do voy pa­ra allá me jun­to con Ba­ley y otros mu­cha­chos...

30 ¿No te vis­te me­dio ri­dí­cu­lo en la pro­pa­gan­da de Di­recTV? Pa­ra no­so­tros fue di­ver­ti­dí­si­mo, nos mea­mos de la ri­sa. Es­tu­vi­mos dos días en­sa­yan­do, pe­ro nos en­se­ña­ron unos pa­si­tos que eran im­po­si­bles de ha­cer...

31 ¿Fuis­te el Goy­co­chea del Mun­dial 78? To­das las mu­je­res te per­se­guían... No tan­to... yo soy muy tranquilo. Ade­más, ape­nas vol­ví a mi pue­blo me fui con unos ami­gos a la sie­rra du­ran­te tres días. Has­ta que alguien me des­cu­brió pes­can­do por ahí y em­pe­za­ron a ve­nir co­lec­ti­vos con es­tu­dian­tes, el pe­rio­dis­mo...

Su paso por River en 1981, jugando un superclásico.

32 ¿Al­gu­na vez te ana­li­zas­te? No, nun­ca. En esos tiem­pos no es­ta­ba de mo­da ir al psi­có­lo­go. No lo ne­ce­si­té. An­tes bas­ta­ba con cui­dar­se y dor­mir la sies­ta.

32 ¿Te arre­pen­tís de al­go? De na­da. Uno co­me­tió pe­que­ños erro­res, pe­ro na­da del otro mun­do. Una vez me pasó una co­sa ra­ra en Va­len­cia. Ju­gá­ba­mos con­tra el Cas­ti­lla por la Co­pa del Rey, de lo­cal. De vi­si­tan­te ha­bía­mos em­pa­ta­do 1-1 y no con­cen­trá­ba­mos pa­ra el par­ti­do de vuel­ta. Has­ta las ocho es­tu­ve en ca­sa, jus­to vi­no gen­te y  no tu­ve me­jor idea que to­mar un ver­mouth, un Gan­cia... Me hi­zo mal por­que no es­ta­ba acos­tum­bra­do. Y el equipo tam­bién fue un de­sas­tre. Per­di­mos, nos eli­mi­na­ron y el pú­bli­co nos sil­bó... Me sir­vió por­que no lo vol­ví hacer. 

 33 ¿Cuál es la anéc­do­ta más gra­cio­sa que re­cor­dás de Al­fre­do Di Sté­fa­no? El Vie­jo se pren­día a ju­gar con no­so­tros en la épo­ca de Ri­ver. Te­nía una cos­tum­bre, ca­da vez que Mer­lo lo sa­lía a cor­tar, Al­fre­do le ha­cía un caño. Mos­ta­za se la ban­có una, dos, tres... Pe­ro un día reac­cio­nó y le pe­gó un pa­ta­dón en el to­bi­llo. Di Sté­fa­no nun­ca más vol­vió a ju­gar con no­so­tros.

34 ¿Có­mo ha­cías pa­ra en­ten­der lo que de­cía Di Sté­fa­no? Ha­bla­ba en lun­far­do y en­ci­ma da­ba vuel­tas las pala­bras. Ni él se en­ten­día.

35 ¿A quién le atri­buís el fra­ca­so en Es­pa­ña 82? Nos equi­vo­ca­mos to­dos. Pen­sa­mos que con la ca­mi­se­ta se ga­na­ba. Ade­más de la ba­se cam­peo­na te­nía­mos a Die­go, Ra­món Díaz, Bar­bas... Pe­ro nos fal­tó con­cen­tra­ción. Esta­ba­mos cer­ca de la pla­ya, la fa­mi­lia muy pró­xi­ma al ho­tel, siem­pre ha­bía al­guien con un vi­ni­to, otro con una cer­ve­za... Te­nía­mos la ca­be­za en otra co­sa, en la es­po­sa, en la no­via, en el hi­jo...

36 ¿En al­gún mo­men­to pen­sa­ron en no ju­gar al­gún par­ti­do de Es­pa­ña 82 por la Gue­rra de las Mal­vi­nas? Era un te­ma de­li­ca­do, pe­ro ¿qué íba­mos a ha­cer? ¿Vol­ver­nos? Allá nos di­mos cuen­ta de la rea­li­dad. En la Argenti­na nos de­cían que íba­mos ga­nan­do 10-1 y al lle­gar a Es­pa­ña nos avi­va­mos que per­día­mos 7-0, que nos ha­bían es­ta­do min­tien­do.

37 ¿Cres­po o Ba­tis­tu­ta? Los dos. Pe­ro los van a po­ner jun­tos si Ar­gen­ti­na es­tá per­dien­do.

 38 ¿Quién es el me­jor de­lan­te­ro del mun­do? Van Nils­tel­rooy, del Man­ches­ter. Es com­ple­to. Y Sa­vio­la. Es tan pe­que­ño que de­se­qui­li­bra por aba­jo. Me ha­ce acor­dar a Ro­ma­rio.

39 ¿No fuis­te con plan­cha en la ju­ga­da del 2-1 a Ho­lan­da en 1978? Los tres fui­mos con plan­cha. Yo no iba a ba­jar el pie por­que los otros dos tam­bién lo te­nían arri­ba. Ade­más, ellos no pu­sie­ron la ca­be­za. Si el ár­bi­tro co­bra­ba foul, lo ma­tá­ba­mos... Igual yo pen­sé que no lle­ga­ba a la pe­lo­ta. La fui a pe­lear, pe­ro sin fe...

El 2 a 1 frente a Holanda " Los tres fuimos con plancha. Yo no iba a bajar el pie porque los otros dos también lo tenían arriba".

40 ¿Al­gu­na vez te vol­vis­te a en­con­trar a Ren­sen­brink, el que pe­gó un ti­ro en el pa­lo cuan­do iban 1-1? A él no, pe­ro sí a Krol y a los me­lli­zos Van der Ker­khof. Los vi va­rias ve­ces cuan­do ju­gá­ba­mos fút­bol-pla­ya. Ni se acuer­dan de la fi­nal del Mun­dial, eso ya es­tá en­te­rra­do.

41 Siem­pre ju­ga­bas con una cin­ta en la ro­di­lla, co­mo la que aho­ra usa Ve­rón. ¿Era una cá­ba­la? No. Dos se­ma­nas an­tes del Mun­dial 78 cho­qué con un ju­ga­dor del Gi­jón. Tra­bé mal y te­nía un do­lor te­rri­ble. En el club me di­je­ron que la úni­ca so­lu­ción era la ope­ra­ción y los mé­di­cos ya es­ta­ban afi­lan­do el cu­chi­llo... En­ton­ces fui a ver a un cu­ran­de­ro, un vie­ji­to. Me hi­zo unos ma­sa­jes, me dio esa ven­da pa­ra que aguan­te el mús­cu­lo y no me do­lió más...

42 ¿Cuál fue tu me­jor gol en el Mun­dial? El de ca­be­za a Po­lo­nia. Y por lo que sig­ni­fi­có, el se­gun­do a Ho­lan­da.

43 ¿Con qué ju­ga­dor te en­ten­días de me­mo­ria? Con Ar­di­les, por­que lo co­no­cía des­de siem­pre. Y con Ber­to­ni, por­que pa­re­cía que hu­bié­ra­mos ju­ga­do jun­tos to­da la vi­da.

44 ¿Qué ex­pe­rien­cia te de­jó la Se­lec­ción fan­tas­ma que fue a Bo­li­via a ju­gar­se la cla­si­fi­ca­ción pa­ra el Mun­dial 74? Fue te­rri­ble. Pri­me­ro nos man­da­ron 15 días a Til­ca­ra y re­cién des­pués fui­mos a Bo­li­via. Pe­ro la AFA se ol­vi­dó de no­so­tros y la pa­sa­mos mal en se­rio. Es­tá­ba­mos en un ho­tel de ma­la muer­te y no ha­bía ni pa­ra comer, no ha­bía pla­ta pa­ra com­prar la co­mi­da. Te­nía­mos pro­gra­ma­dos dos amis­to­sos y al fi­nal hi­ci­mos sie­te a cam­bio de al­go de pla­ta. Así com­prá­ba­mos las co­sas en el su­per­mer­ca­do y al­gu­nos ha­cían de co­mer. Yo vol­ví con 8 o 9 ki­los me­nos...

En la Selección "fantasma" en La Paz en 1973: Telch, Carnevali, Glaría, Ayala, Tagliani, Galván, Poy, Kempes, Fornari, Bargas, Cortés

45 ¿Qué sen­tis­te lue­go de ha­cer­le dos go­les a In­gla­te­rra en Wem­bley? Te­nía 18 años, eran otros tiem­pos. Ha­cías un gol y re­cién se en­te­ra­ban a la se­ma­na. Se­gún me di­je­ron, mi nom­bre es­tá en una pla­ca. No sé qué habrá pa­sa­do aho­ra que lo es­tán re­mo­de­lan­do...

46 ¿Hi­cis­te mu­cho di­ne­ro con el fút­bol? Nun­ca me que­jé, pe­ro tam­po­co hi­ce una for­tu­na. Hoy, con una so­la trans­fe­ren­cia po­dés vi­vir sin pro­ble­mas du­ran­te 30 o 40 años.

47 ¿Has­ta dón­de hu­bie­ras lle­ga­do con un re­pre­sen­tan­te co­mo Cop­po­la o Mas­car­di? No lo sé, por­que a mí me ma­ne­ja­ba mi vie­jo, to­do era más ama­teur. Con ti­pos co­mo el ren­go Cys­ter­pi­ler o Cop­po­la hu­bie­ra si­do diferen­te.

48 ¿Có­mo era el gru­po La Pe­rra­da que in­te­gra­bas cuan­do es­ta­bas en Cen­tral? Es­ta­ba el gru­po de los intelectua­les: So­la­ri, Ai­mar, Za­vag­no... Y otro, el nues­tro, don­de es­ta­ban los dos Ki­ller, Van Twy­ne, que siem­pre vol­vía­mos un po­qui­to más tar­de, nos fu­má­ba­mos un ci­ga­rri­to. Nos lla­má­ba­mos La Pe­rra­da o Los Gua­sos.

49 ¿Quién fue el téc­ni­co más im­por­tan­te de tu ca­rre­ra? Mu­chos creen que fue Me­not­ti, pe­ro al Fla­co lo tuve muy po­qui­to, só­lo en los Mun­dia­les. En rea­li­dad de to­dos se sa­ca al­go, sue­na a fra­se he­cha, pe­ro es así.

50 ¿Los mi­li­ta­res no te de­ja­ron po­ner­le Na­tas­ha a tu se­gun­da hi­ja? Fue en la épo­ca de Ri­ver, de­cían que ese nom­bre era ru­so. “¿Y qué tie­ne que ver?”, pre­gun­té. “No se pue­de”, me con­tes­ta­ron. Al fi­nal le pu­si­mos Maga­lí. Pe­ro aho­ra le pu­se Na­tas­ha a la úl­ti­ma que tu­ve.

Roberto Cabral y Mario Kempes después de la batalla. En el 74 entre los dos hicieron en Central 59 goles. Con Bóveda formaron una de las mejores delanteras Canallas de la historia.

51 ¿Por qué Ai­mar al prin­ci­pio no ren­día en el Va­len­cia? Por­que Cú­per no le dio la con­fian­za ne­ce­sa­ria y se no­ta­ba.

52 ¿Qué se sien­te ser go­lea­dor de Es­pa­ña por dos años con­se­cu­ti­vos? Or­gu­llo. Me di­je­ron que iba a te­ner que cam­biar las puer­tas de ca­sa, por­que el tro­feo era gran­dí­si­mo. Era una bro­ma, me die­ron los dos jun­tos y eran dos co­si­tas chi­qui­ti­tas. Un ju­gue­te, una ver­güen­za...

53 ¿Es cier­to que en un pro­gra­ma de la te­le­vi­sión es­pa­ño­la tu­vie­ron que ti­rar una com­pu­ta­do­ra por tu culpa? Sí. En Es­tu­dio Es­ta­dio ha­bían in­ven­ta­do una má­qui­na que pro­nos­ti­ca­ba los re­sul­ta­dos. Por ejem­plo, decían que el go­lea­dor iba a ser Diar­te, mi com­pa­ñe­ro del Va­len­cia, que por en­ton­ces te­nía 16 go­les. Yo te­nía 8 o 9. Al fi­nal Diar­te se que­dó en 16 y yo hi­ce 28. Tam­po­co acer­ta­ron con el equi­po cam­peón. Nun­ca la vol­vie­ron a usar.

54 ¿En Eu­ro­pa nun­ca te dis­te cuen­ta de las co­sas que pa­sa­ban en la Ar­gen­ti­na en los fi­nes de los 70? No, pa­ra na­da. Re­cién en el 82 se em­pe­zó a sa­ber bien...

55 ¿La Mo­na o Ro­dri­go? Los dos, aun­que la Mo­na es más de mi épo­ca. Me en­can­ta el cuar­te­to, aun­que también es­cu­cho al­go de fol­clo­re y al­gún tan­gui­to mien­tras pre­pa­ro el asa­do...

56 ¿De ver­dad pen­sa­ban que les po­dían ha­cer más de cua­tro go­les a Pe­rú? Sí, es­tá­ba­mos men­ta­li­za­dos, sa­bía­mos que Pe­rú ya no te­nía el rit­mo de la pri­me­ra ron­da. Al­gu­nos di­cen que fue una ven­ta­ja ju­gar des­pués de Bra­sil-Po­lo­nia, pe­ro a ve­ces la pre­sión jue­ga en con­tra. A la mis­ma ho­ra hu­bie­ra si­do más fá­cil.

57 ¿Cuán­tas ve­ces te pre­gun­ta­ron si en rea­li­dad ese par­ti­do con Pe­rú no es­ta­ba com­pra­do? Mi­les... Pe­ro ellos me­tie­ron dos ti­ros en los pa­los en cin­co mi­nu­tos. Obli­tas fue uno de los que ha­bló, pe­ro sus pro­pios compa­ñe­ros le ta­pa­ron la bo­ca, co­mo Teó­fi­lo Cu­bi­llas. En el sor­teo de Fran­cia 98 me in­vi­ta­ron a la te­vé pe­rua­na y ahí es­ta­ba Obli­tas. Le di­je que se ca­lla­ra, que se de­ja­ra de ha­blar ton­te­rías.

58 ¿Ar­gen­ti­na del 78 o Ar­gen­ti­na del 86? Los dos, pe­ro en el 78 se ini­ció to­do, una épo­ca glo­rio­sa pa­ra el fútbol ar­gen­ti­no. Gra­cias al 78 se lle­gó al 86. El pro­ce­so se ini­ció en 1974. An­tes el DT per­día dos par­ti­dos, lo echa­ban y se ve­nía la rui­na... Des­de en­ton­ces nun­ca echa­ron un téc­ni­co an­tes de tiem­po.

59 ¿Cuál era tu sue­ño de chi­co? To­dos que­ría­mos ser co­mo Cu­rio­ni, que tam­bién era de Bell Vi­lle y es­ta­ba en Bo­ca. Yo me pre­gun­ta­ba si al­gu­na vez al­gún chi­co iba a que­rer ser co­mo Kem­pes.

60 ¿Quién fue tu gran ído­lo? Pe­lé. Una vez lo vi en Bue­nos Ai­res. Me lo pre­sen­tó un ami­go y ha­bla­mos co­mo me­dia ho­ra. No en­tien­do por qué los ar­gen­ti­nos le tie­nen bron­ca. La ri­va­li­dad con Ma­ra­do­na no tie­ne sen­ti­do, los dos fue­ron gran­des en di­fe­ren­tes épo­cas.

En su rol de entrenador.

61 ¿Cuál es tu ob­je­ti­vo co­mo téc­ni­co? Di­ri­gir en la Pri­me­ra de Es­pa­ña o Ar­gen­ti­na pa­ra de­mos­trar­me a mí mis­mo que sir­vo pa­ra es­to.

62 ¿Por qué tu hi­jo no jue­ga? Ju­ga­ba cuan­do yo te­nía la es­cue­li­ta de fút­bol. No iba a ser un crack, pe­ro... Lue­go se fue a Es­pa­ña, su ma­dre no lo po­día lle­var a en­tre­nar y de­jó.

63 ¿En qué mo­men­to te ba­jo­neás? Cuan­do no ten­go la­bu­ro, no sé qué ha­cer.

64 Con la nue­va re­gla­men­ta­ción, ¿vol­ve­rías a ata­jar la pe­lo­ta co­mo lo hi­cis­te fren­te a Po­lo­nia? No lo sé, por­que eso es in­tui­ción. Uno no pien­sa, lo ha­ce. A mí ni si­quie­ra me sa­ca­ron ama­ri­lla. El te­ma es que hay una po­si­bi­li­dad más, ya que des­pués Fi­llol ata­jó el pe­nal.

65 ¿Có­mo es po­si­ble que nun­ca te ha­yan ex­pul­sa­do en to­da tu ca­rre­ra? Me sus­pen­die­ron, pe­ro ja­más me echa­ron. Una vez, cuan­do me es­ta­ba yen­do de la can­cha in­sul­té a un com­pa­ñe­ro, pe­ro el ár­bi­tro pen­só que era pa­ra él y me die­ron 4 fe­chas. Otra vez tam­bién me die­ron 4 por un co­da­zo. Gi­ré y le rom­pí la ca­ra a un ti­po. Fue sin que­rer, pe­ro el tri­bu­nal ac­tuó de ofi­cio. Igual el Fair Play es una men­ti­ra.

66 ¿Fuis­te dis­cri­mi­na­do en Es­pa­ña? Nun­ca. Na­da de su­da­ca y to­do eso. Siem­pre me tra­ta­ron con res­pe­to, pero sé que ha ha­bi­do ca­sos.

67 ¿Quién fue el de­fen­sor más du­ro que tu­vis­te que en­fren­tar? Uno era Ca­ma­cho, el DT de la Se­lec­ción de Es­pa­ña. Era du­rí­si­mo, aun­que no te­nía ma­la in­ten­ción. Eso sí, te res­pi­ra­ba en la nu­ca. De los lo­ca­les, Da­niel Killer, un gua­so pa­ra pe­gar. Te arran­ca­ba la ca­be­za...

68 ¿Cuál fue la pri­me­ra ima­gen que tu­vis­te cuan­do en­tras­te al Mo­nu­men­tal en la fi­nal del 78? Al principio era to­do blan­co, por la llu­via de pa­pe­li­tos. Des­pués, una vez que en­tra­mos, vi­mos to­do na­ran­ja...

69 ¿Cuál fue el es­ta­dio más im­pac­tan­te en que ju­gas­te? El Ma­ra­ca­ná es su­pe­rior a cual­quie­ra. Des­pués viene el Nou Camp, don­de la gen­te es­tá cer­qui­ta y es muy res­pe­tuo­sa. Si es­tu­vie­ras en la Ar­gen­ti­na ha­bría que bus­car ju­ga­do­res nue­vos to­dos los do­min­gos por­que la gen­te se los co­me­ría...

70 ¿Qué fal­tó pa­ra que ju­ga­ras en Bo­ca en 1973? La fir­ma de Al­ber­to J. Ar­man­do. Yo es­ta­ba en Ins­ti­tu­to y se de­cía que Bo­ca es­ta­ba in­te­re­sa­do, pe­ro Ar­man­do no qui­so. “Co­mo és­te te­ne­mos 100 en La Can­de­la”, di­jo. 

71 ¿En qué lu­gar del mun­do se vi­ve el fút­bol con más pa­sión? En la Ar­gen­ti­na, sin du­das. Por los pa­pe­li­tos, los can­tos. En Es­pa­ña los más osa­dos no pa­san de de­cir­le ca­brón al ar­que­ro.

72 ¿Qué fue lo más cu­rio­so que te pa­só en una can­cha? Con Cen­tral fui­mos a ju­gar un amis­to­so en Ja­kar­ta, In­do­ne­sia. Nos ha­bían di­cho que no po­día­mos to­car­le la ca­be­za a los ri­va­les. Se­gún sus cos­tum­bres re­li­gio­sas era una fal­ta de res­pe­to. Pe­ro al­guien se ol­vi­dó y cuan­do que­dó uno en el sue­lo le to­có la ca­be­za co­mo ges­to de discul­pa... Se ar­mó un lío bár­ba­ro y ter­mi­na­mos to­dos a las pi­ñas...

73 ¿Qué de­lan­te­ro ac­tual se pa­re­ce más a vos? Ba­tis­tu­ta, por po­ten­cia y gol. Pe­ro él tra­ba­ja más den­tro del área; yo ne­ce­si­ta­ba sa­lir, ve­nir des­de atrás. Y tam­bién Klui­vert.

74 ¿Por qué los cor­do­be­ses tie­nen el sen­ti­do del hu­mor más de­sa­rro­lla­do que el res­to de los ar­gen­ti­nos? Así co­mo el san­tia­gue­ño es tran­qui­lo y el por­te­ño es en­greí­do, no­so­tros so­mos así...

75 Te pro­pon­go un ping-pong de nom­bres: Ju­lio Gron­do­na. Le hi­zo mu­cho bien al fút­bol ar­gen­ti­no, aun­que mu­chos opi­nen lo con­tra­rio.

76 Da­niel Pas­sa­re­lla. El Gau­cho era el je­fe de 1978. Só­lo po­días pa­sar­lo si es­ta­ba muer­to...

77 Car­los Gri­guol. Un gran tra­ba­ja­dor, un gran ora­dor. Y tam­bién te­nía su ge­nio...

78 Die­go Ma­ra­do­na. To­da­vía no apa­re­ció na­die co­mo él, pro­ba­ble­men­te nun­ca apa­rez­ca.

79 Cé­sar Luis Me­not­ti. Se ga­nó a la gen­te cuan­do lle­vó a la Se­lec­ción al in­te­rior. Nun­ca  te gri­ta­ba, cal­ma­ba sus ner­vios co­mién­do­se los pa­que­tes de ci­ga­rri­llo.

En el 2002, cuando se realizó esta nota, con su hija Natasha, el nombre "ruso" que le prohibieron los militares.

80 Car­los Bi­lar­do. Sa­be mu­cho y vi­ve el fút­bol 25 ho­ras por día. Un ob­se­si­vo.

81 Os­val­do Ar­di­les. Un gran ami­go y un ti­po muy in­te­li­gen­te. Te­nía un fí­si­co chi­qui­to que ha­cía que na­die die­ra un cen­ta­vo por él. Y se equi­vo­ca­ban. La rom­pió has­ta en el Tot­ten­ham...

82 ¿Cuál fue la de­rro­ta que más te mar­có? Cual­quie­ra de las dos con­tra Ho­lan­da en 1974. Fue la de­ba­cle. Una ver­güen­za...

83 ¿Por qué creés que Va­len­cia per­dió dos fi­na­les se­gui­das de Cham­pions Lea­gue? Por­que Cú­per tie­ne pro­ble­mas con el par­ti­do úni­co. Cuan­do hay par­ti­do y re­van­cha le va me­jor... Al Real Ma­drid lo res­pe­tó mu­cho y con­tra el Ba­yern se equi­vo­có en sa­car a Ai­mar.

84 ¿En qué club te re­cuer­dan más? En Va­len­cia, Ins­ti­tu­to, Cen­tral... En Ri­ver es di­fe­ren­te. Es­tu­ve po­co y ahí so­bran los ído­los...

85 ¿Dón­de co­no­cis­te a Ju­lia, tu ac­tual mu­jer? En un bo­li­che de Ve­ne­zue­la. Un do­min­go sa­lía­mos con mi herma­no y el pre­si­den­te en Puer­to Or­daz... Ahí es­ta­ba ella. Era de Mi­ner­ven y yo di­ri­gía a Mi­ne­ros, la con­tra. Em­pe­za­mos a char­lar y nos fui­mos co­no­cien­do.

86 Una pe­lí­cu­la. Dr. Zhi­va­go. Ca­da vez que la dan por te­le­vi­sión me pren­do otra vez.

87 Un lu­gar en el mun­do. Es­tam­bul. Her­mo­sí­si­ma pa­ra ir de va­ca­cio­nes. No sé si pa­ra vi­vir.

88 ¿En Es­pa­ña los clu­bes tie­nen más res­pe­to por las vie­jas glo­rias? No te creas, pa­sa en los equi­pos gran­des co­mo el Real, Bar­ce­lo­na y Bil­bao... Pe­ro en otros la­dos te dan una pa­ta­da y ni las gra­cias. En la Ar­gen­ti­na no te dan una pa­ta­da, di­rec­ta­men­te te cie­rran las puer­tas.

89 ¿Es cier­to que ju­gás bien al te­nis? No, soy bas­tan­te ma­lo y en­ci­ma se me sa­le el hom­bro, una mar­ca que me de­jó el fút­bol.

90 ¿Cuál fue la ma­yor emo­ción de tu ca­rre­ra? El día que me­tí el gol con el que sa­lí go­lea­dor por pri­me­ra vez en Es­pa­ña. Era la úl­ti­ma fe­cha. Ma­ra­gon, del Es­pan­yol, te­nía 23 y yo 22. El ya ha­bía ju­ga­do y yo to­da­vía te­nía que ju­gar con el Atlé­ti­co, que ya era cam­peón. Hi­ce uno y lue­go el otro, el 24.  Fue es­pec­ta­cu­lar.

91 ¿Qué te apor­tó ha­ber ju­ga­do en Aus­tria? Gra­cias a eso apren­dí a ma­ne­jar en la nie­ve. Aus­tria es un lu­gar ideal pa­ra re­ti­rar­se, co­mo Es­ta­dos Uni­dos. Es el cuar­to de­por­te y a la ma­yo­ría de los par­ti­dos van só­lo los familia­res.

92 ¿Asa­do o piz­za? Asa­do, a muer­te. So­bre to­do si lo ha­go yo. 

93 ¿Con qué fre­cuen­cia ves a las hi­jas del ma­tri­mo­nio an­te­rior? Se­gui­do. Mi hi­jo es­tu­dia, Ma­ga­lí es mi­li­tar y la otra tra­ba­ja en la re­cep­ción de un ho­tel.

94 ¿Qué gol gri­tas­te más co­mo hin­cha? El de Die­go a In­gla­te­rra y el de Bu­rru­cha­ga a Ale­ma­nia, el ter­ce­ro. Esta­ba en Aus­tria.

95 ¿Cuál fue el me­jor gol de tu ca­rre­ra? Uno a Ri­ver, ju­gan­do pa­ra Cen­tral, cuan­do em­pa­ta­mos 2-2. Arran­qué des­de la mi­tad de can­cha y me lo lle­vé a la ras­tra a Per­fu­mo. Des­pués de­fi­ní an­te Fi­llol. El Pa­to se lo de­be acordar.

96 ¿Cuál fue el ar­que­ro más di­fí­cil? Da­niel Car­ne­va­li, en Las Pal­mas. Nun­ca le po­día ha­cer un gol, pe­ro creo que al­gu­na vez le hi­ce...

97 ¿Por qué a ído­los co­mo vos, Gat­ti, Alon­so y Bo­chi­ni no los lla­ma nin­gún club im­por­tan­te pa­ra di­ri­gir? Por­que es di­fí­cil en­trar en el cir­cui­to... Con el nom­bre no al­can­za y mu­cho me­nos con al­gu­nos di­rec­ti­vos que creen que la pe­lo­ta tie­ne for­ma de un te­le­vi­sor.

98 ¿Hu­bo gen­te que te dio la es­pal­da en mo­men­tos di­fí­ci­les? Ami­gos ten­go los de la in­fan­cia, más Ri­car­do Arias, de Va­len­cia. Y sí, hu­bo mu­chos que en la ma­la no los vi más.

99 ¿Por qué ha­ce po­co es­tu­vis­te dos me­ses en Es­pa­ña sin ha­cer na­da? Ha­bía arre­gla­do con el San Fernando, de la Se­gun­da B. Pe­ro no me de­ja­ron por­que de­cían que el equi­po no es pro­fe­sio­nal. Una men­ti­ra por­que si ad­mi­tían que era pro­fe­sio­nal te­nían que dar­le par­te de las ga­nan­cias de la lo­te­ría y eso sig­ni­fi­ca­ría un pe­lliz­co me­nos pa­ra los de arri­ba.

100 ¿A qué lu­gar no irías nun­ca a di­ri­gir? Yo voy a cual­quier la­do, bah, no iría a Af­ga­nis­tán... Una co­sa es un lu­gar exó­ti­co y otra es co­rrer pe­li­gro. Con lo de Al­ba­nia fue su­fi­cien­te.

 

CLAUDIO MARTÍNEZ (2002)

Por Redacción EG: 18/09/2018

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