LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

1924. El día de Tesorieri

- por Redacción EG: 17/09/2018 -
Esta fue la foto de tapa de El Gráfico del 8 de Noviembre de 1924

Una de las actuaciones más extraordinarias de un arquero argentino en la Selección fue la de Américo Tesorieri frente a Uruguay, en el Sudamericano 1924. La fotos de ese día y la palabra del mitológico guardavalla.

El 2 de Noviembre en el Sudamericano de 1924 el local, Uruguay (que sería el campeón)  y Argentina empatan en el último partido del Torneo 0 a 0 en Montevideo, con una actuación mitológica del arquero  argentino Américo Tesorieri. Tan increíble fue su performance que los propios jugadores uruguayos lo llevaron en andas hacia el lugar donde estaba ubicado el presidente de la República José Serrato. Además en todo el Sudamericano no recibió goles.

Compartimos las fotos publicadas en El Gráfico y el artículo con la palabra del arquero de Boca y la selección contando su vida a nuestra revista.

La tribuna oficial del Estadio Gran Parque Central, donde se disputó el torneo.

"HE GANADO LA BATALLA"

HABLA Tesorieri:

 —Siempre fui un crítico celoso de mi actuación como guardavalla. Mi escrupulosidad no me permitía perdonarme la más sencilla falta cometida en el arco. Mis exigencias constituían mi pesadilla después de jugar un match; esto o aquello causaba mi tribulación, al punto de que por varios días no lograba sobreponerme al desencanto que reinaba en mi espíritu. Confieso que he experimentado muchas decepciones a lo largo de mi carrera, debido al exceso de conciencia de mi parte. El domingo cesó la lucha conmigo mismo. ¡Por fin he ganado la batalla que sostuve ocho años para conseguir la perfección en el puesto que desempeño en el field!

Petrone toma de cabeza un medido centro de Romano, enviando la pelota directamente a la valla argentina, donde Tesorieri detiene en gran forma.

 Y Tesorieri lanza un suspiro profundo, para después contarnos.

Mi iniciación 

El bravo Américo ataja un cañonazo bajo.

—Mis recuerdos infantiles reflejan mis primeras luchas en el football. Mi pesimismo acaso se formó en ellas. Nacido y criado en la Boca, fui, como otros muchachos, jugador callejero, e hice goals en los vidrios de las ventanas del barrio. Era uno más. Me llamaban en aquella época Tesoriere. La e final de m i nombre demuestra que me encontraba bastante lejos de conquistar la fama, pues años más tarde mi actuación en los fields transformó aquél, y fui para todos: Tesorieri, como ahora me llama el público. Tesorieri encarna mi personalidad de jugador, si es que realmente la tengo. Yo no demostraba predisposición por el puesto de guardavalla y mis primeros esfuerzos los realicé como centre-forward. Me fatigaba en exceso, y .estuve a punto de dejar el foottball; hasta que la valla se ofreció a mil ojos como un porvenir. Los pibes del barrio fundamos «Coronel Brandsen», cuyas asambleas se desarrollaban en «la esquina» y los matches en el campo que nos deparaba la Providencia. Casi a la vez que «Coronel Brandsen», se constituyó el club «Aurora», por muchachos mayores que nosotros. Sentí tentaciones de sumarme a las filas de éstos, y... una tarde en que asistía como espectador, la casualidad quiso que no concurriese el arquero de «Aurora». «La había echado al abandono», como dice la canción, y fui invitado a substituirle; comportándome en el match con un acierto que me sorprendió a mí mismo. Disputé otros partidos con la suerte a mi favor, y ello me valió acreditarme como el más desenvuelto de los pibes que defendían arcos en la Boca. Y muy pronto surgió mi protector, y, resueltamente

Don Antonio

me propuso para formar parte de la Quinta división de Boca Juniors. Desde este momento empiezan mis peripecias. Ni mis prestigios de barrio, ni la influencia de ese buen don Antonio, cuyo apellido se ha borrado, desgraciadamente, de mi memoria, bastaron corno recomendación; y ambos sufrimos rechazo a nuestras pretensiones. Yo no sería nunca nada, a juzgar por mi apariencia raquítica, sólo apariencia, pues aunque delgado, siempre fui fuerte, e insistimos. Don Antonio gozaba de influencia en Boca Juniors, y mediante sabias maniobras me hizo camino, colocándome, de pronto, en el puesto de arquero de la segunda división. ¡Fue un triunfo! Respondí con todas mis energías al compromiso; no obstante, transcurrió algún tiempo para que asentara mi nombre definitivamente. El puesto me era holgado, tanto, como las responsabilidades que ofrecía, ¡Era siempre Tesoriere! Recuerdo que alguna vez se me confundió con un tesorero cualquiera. En oportunidad en que debía jugar un partido por los colores de Boca Juniors:

 — ¿Dónde va usted? ¿Qué quiere? — me dijo, atajándome, el portero del field.

 — ¡Soy Tesoriere!

—Tesorero... ¿Tesorero de qué?

El “artillero” Petrone...lanzó un tiro de los que hacen época... bajo y engañador, pero Tesorieri estaba en su puesto, con esa expresión de tigre acorralado, blanco como el papel, que no lo abandonó en todo el encuentro.

 Mi impopularidad en matches oficiales era manifiesta. ¿Qué se había hecho mi aureola de jugador de barrio? Calcule el lector el apasionamiento y el afán con que habré bregado para que el público no me confundiera con un tesorero sin tesoro y me llamase, ¡por fin!, Tesorieri. Yo era tímido. Mi flacura se conjuraba con mi timidez. Mi debut en matches de liga oficial fue el terror más grande de mí existencia. Debíamos medirnos contra Estudiantes de La Plata. Rogaba yo al cielo que no se realizara el encuentro y, ¡oh milagro!, fui escuchado. ¡El team adversario no se presentó! ... Yo debía ascender, pero por obra de la casualidad. Mis esfuerzos quedaban en el vacío. Mis méritos eran relativos o realmente no los tenía. Es el caso que mis progresos a las categorías superiores fueron obra de la fortuna que me procuraba ambiente para que revelase lo que yo era capaz de hacer en la valla. En 1917, en el match jugado por Boca Juniors contra Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, reemplacé al guardavalla es decir, que entré de «colado», de manera semejante a las de mi actuación pasada, en que figuraban como dioses tutelares míos don Antonio y los muchachos del «Aurora»)... Al siguiente año fui confirmado en la categoría de primera, por motivo de que no me conduje, a juicio de los dirigentes del club, tan mal como yo imaginaba. 

Tesorieri detiene un tiro rasante y esquinado del “artillero” en forma que le vale una estruendosa ovación.

Mi carrera de internacional

El Gráfico no me perdona excusas, en su deseo de que le refiera mis satisfacciones de jugador internacional. Ellas se concretan al reciente match contra nuestros hermanos los uruguayos, que ha sido el más fuerte, el más reñido y peligroso de cuantos he celebrado. Como internacional he visitado los países vecinos, merecí aplausos y felicitaciones; no obstante, consideraba que el momento culminante de mi carrera pertenecía al futuro. Creo que para muchos merecí la responsabilidad de la valla argentina en nuestros encuentros realizados en el extranjero; pero, como he dicho, íntimamente nunca me consideré triunfador. El football fue acicate para mi espíritu de lucha. Yo no he aprendido de nadie; cuanto realizo en el arco es experiencia, estudio, cálculos, horas perdidas en trazar croquis de jugadas frente a la valla, de medir mis me dios físicos, de pesarlos y comprobarlos, tras de lo que adquiría uns enseñanza para la suma de conocimientos que exige la defensa del goal. En mi trabajo de guardavalla no se admira elegancia, ni esos rasgos genuinos que vienen a ser como el clasicismo del juego en dicho puesto. La forma en que llevan la pelota los forwards, la colocación  de mis backs, por ejemplo, me brindan anticipadamente la trayectoria que seguirá la pelota a fin de que mis manos estén siempre listas para alcanzarla. El estado de ánimo de los míos o de los rivales es un anuncio que percibo admirablemente. No basta ver jugar. Hay que estar en los nervios y en el corazón de los jugadores, y prever las amenazas de catástrofe para el arco. A la observación de la mecánica del juego debe unirse cierta delicadeza para sentir lo que pasa por los jugadores, para anticiparse al desconcierto inminente, y salir del arco entonces, duplicadas sus energías y atrapar la pelota en el aire y lazarla lejos, como del fuego.

El Gráfico , 8 de Noviembre de 1924

Barlocco, a la izquierda, reemplazante de Héctor Scarone, cruza la pelota facilitándole una cortada a Petrone, mas el “inglés” sale del arco y rechaza.

Petrone y Cea solos y a dos metros de la valla argentina tampoco pudieron vencer al gran goalkeeper, quien, con acción felina, desvió el tiro.

Otra feliz “corazonada” de Tesorieri, después de un shot de Cea, que arremete embistiéndolo maliciosamente.

Terminado el partido, los jugadores uruguayos Romano y Zibechi, en un hermoso gesto deportivo, levantan en hombros a Tesorieri y van a presentárselo al presidente de la República. Tesorieri, extenuado pide un descanso durante la marcha .

Reanudando el camino hacia el palco presidencial.

Por Redacción EG: 17/09/2018

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