Fútbol

1968. El récord que conmovió al país

Hace 50 años Amadeo Carrizo (41) batía el récord nacional con el arco invicto, Carlitos Bianchi (18) le hace un gol y deja la marca en 769 minutos. La crónica de Osvaldo Ardizzone y el recuerdo del Virrey.

¡Qué día ese! (por Carlos Bianchi)
“Cuando Amadeo, mi ídolo de pibe, superó el record, todo el estadio sacó pañuelos blancos y se puso a gritar ¡Amadeo. Amadeo!..fue la ovación más grande que escuche en mi vida. Carrizo saludaba con su gorra y lloraba; yo lo miré y también me puse a llorar. Un rato después le hacía el gol”

Hoy Armani superó el record de mas minutos sin recibir goles en el arco de River, marca que poseía Amadeo Carrizo, quien había establecido un record nacional con 769 minutos con el arco invicto..

El 14 de julio de 1968, jugaban Vélez y River y  el destino unió para siempre en la historia a dos de los más grandes jugadores que dio el  fútbol argentino.

Por un lado  el arquero de River,  Amadeo Carrizo de 41 años.  Con él en el arco los Millonarios  ganaron los campeonatos de 1945, 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957.

Por otro Carlos Bianchi, delantero suplente de Vélez de 18 años. Hacía muy poco había anotado su primer gol en primera. Al final de su carrera anotaría 369.

Antes del partido, Amadeo  llevaba la valla invicta en los últimos 8 partidos (Central, Tigre, Huracán, Chacarita, Argentinos, Boca, Gimnasia e Independiente) y le faltaba solo 21 minutos para superar el record de imbatibilidad nacional que poseía Antonio Roma. Finalmente Carrizo superaría el record y Carlos Bianchi seria el verdugo que dejaría la  marca en 769 minutos, con un gol de cabeza para el empate  del conjunto de Liniers que finalmente ganaría el encuentro.

 

Tras una serie de rebotes Bianchi, de cabeza, marca el empate de Vélez. Carrizo mira en el piso.

Transcribimos las palabras que le dedico Osvaldo Ardizzone, cronista de El Gráfico en ese partido, en la edición de la revista:

 

EL RÉCORD QUE CONMOVIÓ AL PAÍS

Una coincidencia plena. Una reacción que se hizo simultánea cuando el reloj, cuando todos los relojes del estadio, y tal vez del país, señalaron los veintitrés minutos de juego en el partido que Amadeo jugaba en Liniers. Ninguna orden. Ningún convenio previo. Todas las tribunas vestidas con pañuelos blancos. Todas las tribunas asociadas en un aplauso cálido, sin frenesí, sin pasión… La admiración colectiva hacia ese arquero excepcional, hacia ese hombre singular que todavía siente afecto por su gloria, que todavía quiere prolongarla con esta nueva hazaña para su larga e interminable historia… En ese momento apenas si interesaba el trámite de juego. Las dos tribunas, las dos banderas que identificaban los dos sectores, coincidieron en el mismo homenaje… Amadeo, un arquero que ya es nacional, sintió el peso de ese tributo. Inclinó la cabeza. Después levantó los brazos, los dos brazos, en un saludo que llevaba miles de destinatarios… Y en su emocionado agradecimiento sintió la necesidad de despojarse de su gorra… Nadie permaneció indiferente. Nadie pudo sustraerse de la magnitud de ese minuto. Tal vez hubiese sido necesario un estadio mucho más inmenso, tan inmenso como la historia de este vicioso de la hazaña, de este eterno ¡Amadeo! que ya está mucho más allá del color de una casaca… ¡Hasta la próxima hazaña, Amadeo!

OSVALDO ARDIZZONE (1968)