Fútbol

A la carta: Valeriano López

Alonso Muñoz nos pidió material sobre deportistas peruanos y elegimos algunas anécdotas de un personaje excéntrico, goleador y soberbio cabeceador, Valeriano López, que jugó en Huracán en los 50.

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29/06/1952. López entre Santiago Vernazza y Ángel Labruna de River. El peruano hizo los dos goles de Huracán, Vernazza y Labruna dos de los tres del Millonario FOTO: LEGARRETA

A principio de los años cincuenta,  Huracán importó un peruano alto, moreno, de gran físico, que fue y siguió siendo un personaje por sus excentricidades, en la cancha o fuera de ella. Se llamó Valeriano López. Tan personaje fue que diez años después de haber dejado de jugar decía cosas como éstas. "En mis tiempos fui mejor que Di Stefano. Muy lejos. Cuando él empezaba  destacarse, yo ya era estrella Y, sinceramente, creo que fui más espectacular en esos momentos que Pelé en su época. Aunque reconozco que el brasileño un extraordinario jugador “

Lo singular es que mientras decía esto estaba internado en el Hospital Carrión, de la ciudad de Callao, en Perú, por una afección a los riñones y mal nutrición. Y justificaba su "malaria" de la siguiente manera "Es por la fama que he tenido. Cuando caminaba por las calles, la gente me detenía. La mayoría de ellos me invitaba a tomar un trago. Yo no los podía despreciar. Luego venia otro y otro vaso. Hasta llegar a una verdadera borrachera”.  Eso ocurrió cuando también él se fue a Colombia, después de ser ídolo en Huracán. Saltaba tan alto y tenía tanta fuerza y coraje, que era casi imposible ganarle una pelota.

1957. Valeriano en 199 partidos hizo 207 goles, siendo uno de los jugadores de toda la historia del fútbol con mejor promedio de gol (1,04 por partido)

 En 1952, jugando contra Atlanta, lo marco Oscar Mantegari, quien al año siguiente paso a River. Mantegari ya pintaba para crack, pero esa tarde fue tanta su impotencia, que terminó pegándole una patada en el trasero como diciéndole "no te aguanto más". Y por supuesto, se fue expulsado.

Alfredo Di Stefano solía contar una anécdota del tiempo en que los dos estaban en Colombia. Decía que se la había relatado el negrito Vides Mosquera, que era compadre de Valeriano. Una noche, en  Cali (jugaba para el Deportivo), salieron los dos de copas. Cuando amanecía, pasaron por un boliche que solían frecuentar y ya estaba con las persianas bajas. El patrón, desde  adentro, gritó que estaba cerrado. Valeriano López,  cruzó la calle y desde la vereda de enfrente tomó carrera. Cuando estaba a tres metros,  se tiró en palomita. Atravesó la persiana y aterrizó al lado del patrón, que lo miraba despavorido apuntándole con un revólver. Habrá que creerle a este peruano parlanchín. Hazañas como esa nunca fueron capaces de hacerlas ni DiStefano ni Pelé.

EDUARDO RAFAEL