LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

Carlos Buttice (1942-2018)

- por Redacción EG: 03/08/2018 -

Nos dejó Carlos Buttice. Queremos recordarlo con una nota de 1968 donde el inolvidable arquero de los mitológicos Matadores de San Lorenzo le contaba a El Gráfico su vida. Con fotos inéditas.

UN ARQUERO SIN “ESCUELA”

El deporte fue para él como una diversión. Acaso una manera de explotar alegremente los atributos de su físico. No tenía pretensiones, ni ambiciones, ni preferencias. En las calles de Lomas de Zamora o en el patio enclaustrado de un colegio religioso siempre dispuesto a cualquier cosa. ¿Hay que hacer gimnasia en aparatos? ¡Vamos! ¿Hay que hacer un equipo de básquet? ¡Listo! ¿Hay un torneo de decatlón? ¡Voy!

La foto de la niñez. El abrigo de un poncho con flecos. Una mirada de asombro. Un flequillo para darle candor.

Buttice sentía el aliento vital de su contextura atlética y necesitaba desplegarla. Sin pensar en un futuro consagratorio; simplemente porque estaba dotado de esa facilidad casi mágica para practicar un deporte y poder destacarse. ¿Cómo se juega a esto? ¿Así? Bueno, lo aprendía y al poco tiempo ya lo dominaba.

De esa forma "bohemia" se fue conformando el virtuoso, pero todavía estaba muy lejos el arquero. Porque también el fútbol era una de las tantas formas que le permitían exhibir su habilidad. Por eso jugaba en el medio, tal vez buscando el luso de un túnel, la "bronca" de un choque fuerte, la alegría de ganar un pleito momentáneo. Nada más.

 En esa época de la niñez y hasta los primeros tiempos de su adolescencia no supo de ídolos, no soñaba con la fama ni se atormentaba por alcanzar la trascendencia de aquellos que con sus fotos y declaraciones llenaban páginas de diarios y revistas.

Hasta que de pronto una alucinante sucesión de episodios provocó este fenómeno actual. "Yo no tuve que escalar divisiones, no tuve maestros para que me fueran puliendo defectos. Todo fue repentino", dice ahora, sin pretender descalificar a los técnicos que luego en su juventud le transmitieron el rico valor de la experiencia.

Un día llegó a la tercera de Los Andes. Después, la reserva; después, la primera; después, la selección. Así fue el escalonamiento sorpresivo que dictaminó sil capacidad natural sin necesitar del paciente perfeccionamiento que da la "escuela" de las inferiores. La diversión entonces se convirtió en seria responsabilidad. Es el presente de un San Lorenzo que asombra. Es el hoy de un puesto en la selección nacional. Atrás quedan las calles de Lomas. El colegio religioso, las piruetas atléticas. Atrás queda el básquet, la gimnasia en aparatos, el decatlón. Atrás queda esto…

Mi infancia transcurrió por las calles de Lomas de Zamora, aunque mi nacimiento se produjo el 17 de diciembre de 1942 en Monte Grande. Nosotros vivíamos en la esquina de Paso y avenida Pavón con mis padres, Lorenzo José y Aurelia Nicolas, y mi hermana, María Ofelia, que muy pronto se va a recibir de abogada.

Los comienzos del fútbol en el equipo de Salto. Flanqueado por los mellizos Ávila. Ya apareció el arquero...

 En la escuela Belgrano de Témperley hice la primaria. Entonces el fútbol era para mí un pasatiempo como podía ser cualquier otro. Como nosotros vivíamos en el centro de Lomas siempre buscábamos algún potrero o directamente jugábamos en la calle. Formábamos equipos a los cuales siempre les cambiábamos de nombre: uno de ellos fue El Fortín de Paso. Recuerdo que gastaba un par de zapatillas por semana, pero eso no era problema porque ya en esa época mi viejo me empezó a apoyar y alentar en todo lo que hacía. El lugar de reunión con mis amigos de la infancia era el club Círculo Católico de Obreros, donde también practicaba mucho paleta, cosa que me sigue gustando.

Después de terminar el sexto grado fui como internado a un colegio privado de Salto Argentino. Eso ocurrió porque mi amigo el "inglés" Murphy me lo recomendó y cuando fui a ver cómo era pedí en mi casa que me mandaran. Una vez por mes tenía permiso para ir a Lomas y quedarme con mi familia dos o tres días. Aquello era muy lindo. Hacíamos una vida muy sana. Con el profesor Rivas hacíamos gimnasia con cajones, acrobacia, básquet... Y como al lado había un río y balneario los días de fiesta íbamos a nadar. Allí hice buenos amigos, como Tomasoni, el "sueco" Escalera y los hermanos Barras. Estos muchachos eran bolivianos y como no tenían dónde ir cuando nos daban libertad yo siempre los llevaba a casa. Una vez, como reconocimiento, el padre me invitó a ir al país de ellos y estuve durante dos meses recorriendo todo Bolivia. Eso fue allá por el 58 y hubo un lío de trámites porque sin autorización de mi padre no podía viajar. En aquel colegio dormía al lado mío Carlos Marincovich, que luego se convertiría en gran automovilista.

Por supuesto que también teníamos una cancha de fútbol y estaba el padre Antonino, un gordito muy simpático, que era el que hacía los partidos. Yo jugaba de delantero o de centrehalf, y el arquero era un compañero de apellido Casadebal. Se hacían desafíos entre las distintas divisiones y si no contra otros colegios. En uno de esos picados informales que hacíamos me sentí cansado y pedí jugar de arquero. Me gustó tanto que no abandoné más el puesto.

Tenía 16 años cuando me vieron jugar una gente del club San Martín de Salto y fueron a pedirle permiso al director del colegio, señor Flores -gran persona-, para que me permitiera ir los domingos a jugar para ellos. En esos equipos jugaban tipos grandes y yo era el más pibe de todos. Al poco tiempo ya integraba la selección de Salto, pero de cualquier manera el fútbol seguía siendo para mí un entretenimiento.

En Huracán. Cortando con el pie una entrada de Corbatta, mientras Ginarte va a cubrir.

En una de mis periódicas salidas estando en mi casa de Lomas le pedí el coche a mi suegro para dar una vuelta. Vi mucha gente por la calle, autos y camiones llenos de alegría. Cuando pregunté a qué se debía eso me contestaron que era porque Los Andes había ascendido a primera. Ni idea tenía yo de cómo andaban las cosas del fútbol. Al poco tiempo en la quinta que tenía mi viejo en Cañuelas se hizo una reunión donde fue mucha gente amiga. Entre ellos estaba "Panchito" Vázquez, quien al verme atajar en un picado que se jugó vino a preguntarme si no jugaba en ningún club. Como le dije que no me citó para que fuera el lunes a Los Andes. Me probaron contra aquella delantera del 61 que integraban Baiocco, Migone, Pedutto, Reynoso y Figueroa. Me llenaron de goles y salí dispuesto a no volver más, pero el director técnico, que era el señor Miller, me dijo que fuera otra vez. Así empecé a jugar; mi padre lo único que me pedía era que terminara el bachillerato. Por esa razón el quinto año lo hice en la escuela normal de Lomas, siendo jugador de la tercera. Sin embargo, todavía no había tomado el fútbol en serio. Pensaba inscribirme en medicina y continuar mi carrera. Iba poco a las prácticas por los estudios y porque ayudaba a mi padre en una estación de servicio YPF que él tenía.  Sentía vergüenza que me mantuvieran y trataba de colaborar.

Llegó a San Lorenzo en 1966 y tras tener muy buenas actuaciones, se convirtió como el guardameta de “Los Matadores”, aquel mítico equipo que se consagró campeón invicto por primera vez.

 Antes de comenzar la próxima temporada hice un viaje a Tierra del Fuego, donde estuve un mes, y al volver el club había contratado a otro arquero: Cambiasso. Es decir, yo ya quedaba como suplente del suplente. Eso fue lo que le dije al señor Palacios, dirigente de Los Andes. Mientras tanto Oscar Tomás López, el que actualmente juega en Deportivo Morón, lo había hablado a un pariente que estaba en la Comisión de Huracán. "Ustedes andan con problema de arqueros y yo les tengo la solución. Traten de contratar a Buttice". Claro, no le hicieron mucho caso porque no me conocía nadie, pero yo hablé con Palacios y esto inició las negociaciones. El técnico era "Tito" Cucchiaroni, que luego resultó que era amigo de mi padre, a quien conoció una noche en la cantina de Spadavecchia. Firmé un martes por 20 mil pesos mensuales; el jueves jugamos contra la reserva de Estudiantes, ganamos 3-1 y atajé un penal. Y el domingo fui a la cancha de Atlanta para volver a jugar en la reserva contra Platense. Cuando fui a buscar mi ropa no estaba; me llamó Cucchiaroni y me dijo: "Pibe, hoy vas a jugar en la primera". Nunca podré olvidar aquel momento, aquella emoción, aunque luego perdimos por 3-0. Pero antes de continuar con mí carrera futbolística quiero recordar un episodio importante de mi vida: el servicio militar. Al principio tuve que hacer instrucción como todo el mundo, y cuando el teniente coronel Bertone me dio un caballo le dije que sólo montaba en Córdoba durante las vacaciones.  Luego fui incorporado a Granaderos e integré la sección DAICES (Destrucción, Ataque, información, Capturas, Emboscadas y Sabotajes), reservada para los 20 conscriptos de mayor aptitud física. El escuadrón donde estaba se llamaba San Lorenzo, ¡qué casualidad!, y como habíamos ido de voluntarios a esa sección nos largaron en la primera baja.

Con el Bambino Veira después de un partido en el vestuario.

Luego de aquel debut nos tocó contra Boca. Nunca había jugado con tanta gente y eso me asustó. Estaba asustado y al principio cometí varios errores, hasta que Ginarte se dio vuelta y me dijo: "Carlitos, jugá tranquilo, que todos tenemos confianza en vos". Me fui afirmando y al final empatamos 2-2 y fui titular durante 29 partidos consecutivos. En esa temporada del 65 la gente de Huracán quedó bastante conforme porque habíamos superado -con un equipo sin figuras- lo realizado el año anterior.

 A todo esto yo estaba en Huracán sin cargo y sin opción. A los 2 meses ya querían contratarme definitivamente, pero Los Andes fue demorando la cosa hasta que a fin de año salió pidiendo 7 millones. Fue entonces cuando apareció San Lorenzo, aunque según los comentarios eran varios los clubes que me querían llegar. El pase se arregló en una confitería que está en la esquina del estadio. Estaba el señor Descole, presidente de Los Andes, y el tesorero; por San Lorenzo, los directivos Caminitti y Calfat. Estuvimos hasta las dos de la mañana y de allí nos fuimos directamente a la sede para firmar. Fue el 19 de febrero de 1966. Nunca podré olvidar esa fecha porque fue el día que me casé. Tuve permiso para ir una semana de luna de miel a Punta del Este, y a los dos días de volver empezaba el campeonato y a pesar de lo que yo presumía me hicieron jugar en la primera. Fue contra Independiente y también debutaron Varacka, Chaldú y Calics. Perdimos 1-0. ¡Siempre que debutaba perdía!

Dejó el club en 1970 para hacer carrera en Brasil: jugó en América de Río de Janeiro y Esporte Clube de Bahía, antes de convertirse en el primer extranjero que vistió la camiseta del Corinthians. Pelé nunca pudo batirlo en 15 partidos.

 Antes de comentar mi etapa de definitiva consagración quiero hacer otro paréntesis para recordar a quienes siempre fueron consecuentes conmigo. Mi tío Carlos -por ejemplo- me siguió desde que yo estaba en la tercera de Los Andes. Como yo quedaba en el banco de reserva durante el partido principal él por debajo del alambrado me pasaba un sandwich y una Coca Cola. Otro tío mío, "Cacho", fue mi inseparable compa-ñero en las salidas de caza, que antes podía hacer con más frecuencia que ahora.

El recibimiento que me hicieron en San Lorenzo fue sensacional. Enseguida me sentí como si hiciera muchos años que integrara el plantel. Existía una excelente muchachada y una camaradería ejemplar.

Cuando se estaba formando el equipo que nos representaría en el Sudamericano de Montevideo tuve el halago de ser citado por primera vez para la selección. No me tocó jugar pero de cualquier manera fue para mí una inmensa satisfacción. Mi debut con la selección argentina se produjo en Quito durante esa gira que luego se prolongó por Méjico y Europa. Ahora pienso seguir haciendo méritos para ganarme el puesto.

En los últimos años San Lorenzo recibió muchas críticas por su irregularidad y yo pienso que eso se debía a que a pesar de tener grandes jugadores había demasiada juventud. Faltaba experiencia.  Ahora la cosa es distinta y tenemos un director técnico como Tim, que sabe conducir al grupo y enseñar muchas cosas.

 Este San Lorenzo actual va a tener continuidad porque a pesar de que hemos tenido problemas y cada domingo se tuvo que formar un equipo distinto, nunca se resintió el funcionamiento. El que entra ya sabe cuál es la función del titular. Además, existe una moral enorme y una fe ganadora, que nos alienta para intentar cualquier hazaña.

Después de Brasil, su carrera después continuó en Atlanta, Gimnasia, Banfield, Colón y Peñarol de Mar del Plata.

 

7 SINÓNIMOS
Partido: "Aquel que le ganamos a Independiente, en Avellaneda, 2-1, con goles del «Bambino» Veira. Saqué pelotas por todos lados, e incluso le contuve un penal a Rolan."
Atajada: "También corresponde a ese mismo partido. Savoy me mandó un cabezazo bárbaro hacia abajo. Me tiré y conseguí manotear la pelota. Del rebote vino De la Mata y me la mandó al ángulo opuesto. Volví a volar y conseguí desviar el remate."
Triunfo: "El que tuvimos hace poco contra Estudiantes, en La Plata."
 Arquero: "El que más me impresionó de todos los que vi fue Yashin, aquella tarde que los soviéticos jugaron contra nuestra selección en la cancha de River. Pero también tengo mi reconocimiento para un hombre como Amadeo Carrizo, por su larga trayectoria."
Delantero: "Me preocupan todos y ninguno en especial. A los que más admiro es a los pícaros, como Luis Artime, por ejemplo. Una vez nos hizo un gol con la mano que lo vimos yo, dos o tres compañeros, y los fotógrafos que estaban cerca. Sin embargo, con su astucia consiguió que lo dieran como válido."
Ambición: "Salir Campeón del Mundo con San Lorenzo y estar incluido en el plantel que representará a la Argentina en el Mundial de México."
Hobby: "Mi casa, la caza y el automovilismo."

 

HÉCTOR  ONESIME (1968)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Redacción EG: 03/08/2018

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