Fútbol

Que los jóvenes se miren en este espejo

1979. En plena forma se retira Jorge Carrascosa. El emblema de Central y Huracán le cuenta a El Gráfico las razones de una decisión sorpresiva: “elegí irme con dignidad”. APRENDAMOS DE SU EJEMPLO.

En el 70 llegó a Central proveniente de Banfield. En el 71 fue campeón en Rosario. Foto: Paganetti, de un Central vs NOB de 1972.

“Hay algo más profundo que es común a todos y está dentro de uno. Hay que saber encontrarlo, está en el cerebro y en el corazón. Yo lo encontré, o creo que lo encontré. Por eso tome esta decisión, porque el fútbol es limitado y el adiós tenía que producirse hoy, mañana o pasado. Y yo prefiero que sea hoy de esta manera, cuando todavía me siento físicamente entero, futbolísticamente bien. En definitiva, es un problema de sensibilidad: elegí irme con dignidad.

Jorge Carrascosa se abre a la confidencia. Su casa es un remanso. Adrogué una ciudad apacible que parece construida a imagen y semejanza de su temperamento.

—Hace tiempo que estoy preparado para esto: el fútbol,  para mí, es una etapa cumplida. La ambición en el hombre no puede ni debe volcarse solamente  a lo material. Llega un momento que uno tiene que pararse y pensar que  hay otras cosas que tienen tanto o más valor: la convivencia con los que uno quiere, la necesidad intelectual de adquirir más conocimientos, la espiritual de compartir los gustos, la necesidad física de practicar deportes recreativos que son los que verdaderamente te hacen sentir bien.

 Yo se que todo esto no es incompatible con el fútbol  pero exige un tiempo que hay que dárselo. Eso es lo que me propongo hacer. Tengo mi casa, un auto.,  ahora solo necesito trabajar para mantenerlo.

En 1973 llegó a Huracán y se consagra Campeón Metropolitano.

— ¿Seguirás ligado al fútbol?

 –Solo a través de mis amigos. Voy a seguir yendo a las canchas, por supuesto. Pero si seguir ligado es trabajar en algo vinculado a los clubes te digo que no. Por ahora no.

— ¿Te vas agradecido o desilusionado. . .?

 Me voy agradecido. Trece años en primera división me permitieron vivir un montón de experiencias que sirvieron para formar mi modo de pensar. En esos trece años conocí a todo tipo de gente. Viaje por el mundo y  en cada viaje que hice traté de asimilar lo mejor posible todo lo nuevo que veía. Yo elegí ese modo, ese tipo de vida y no me arrepiento. Para mi el jugador es simplemente un hombre que elige para vivir el fútbol. Esta subordinado a Io humano, al igual que cualquiera otra persona que vive de otro oficio,  de otra profesión. Y como todas las demás  tiene la obligación moral de mejorar como hombre. Esto no se logra sólo con palabras. Se logra con actitudes que las avalen.

 El futbolista que tiene,  por condiciones  y trayectoria, la suerte de llegar  debe utilizar esa posibilidad de ser popular para procurar mejorar como persona  y, a la vez,  servir de ejemplo a los demás.

— Eso fue, precisamente, lo que hiciste a lo largo de toda tu carrera. Tal vez por eso no resulta fácil comprender tu despedida del fútbol cuando, todavía. Tenés la posibilidad de estar entre los mejores por dos o tres años más…

Quizás  no resulte fácil para los demás pero yo tengo bien en claro el problema. Yo entiendo al deporte una competencia digna, leal, más allá de cualquier resultado o interés personal. Por eso no justifico las agresiones  o especulaciones que  a veces se  utilizan. Si mi equipo para salir campeón tiene que recurrir a la incentivación, al soborno o la aplicación de estimulantes yo me sentiría muy mal. Pienso que los triunfos así logrados carecen de sentido, no tienen ningún valor porque desvirtúan la esencia de lo que debe ser el deporte. Ante esta situación sólo tenés tres opciones: contar con suficiente poder como para cambiar todo eso; cerrar los ojos y someterte, transformándote en un cómplice, o alejarte. Yo elegí alejarme.

 — ¿Alguna vez recurriste a estimulantes?

—Nunca.

— ¿En ninguno de los equipos que integraste te exigieron o propusieron que recurrieses al doping?

No, jamás;  ese tipo de exigencia las desconozco por completo.

—  ¿Razones como las que ahora te impulsan a dejar el fútbol fueron las que en su momento te llevaron a renunciar a la selección?

—Claro. Quienes me conocen saben que siempre mantuve la misma coherencia

En enero de 1978 renunció a la Selección que saldría Campeón Mundial. Era el capitán. En la foto con Tarantini, Houseman y Gallego

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— ¿Nunca te arrepentiste de no haber jugado el Mundial, de no ser ahora campeón del mundo?

 —No  nunca

—Sí ahora,  en la hora del retiro,  te pidiesen que rescatases en un pantallazo los mejores momentos de tu carrera. ¿Cuáles elegirías?

—Mis grandes alegrías me las dieron siempre las personas a nivel humano,  nunca los éxitos deportivos por sí solos. Y entonces te diría que aparecen en primer plano Luis Alberto Fanesi y Carlos Babington, que son los grandes amigos que me dio el fútbol. Fanesi es un ser humano excepcional, inteligente, capaz. Carlitos, además de ser uno de los jugadores con más talento que vi en mi vida tiene infinidad de virtudes personales. Está mi etapa en la selección,  que por las circunstancias que me tocó vivir fue una etapa inolvidable. Con el tiempo se agranda, si hasta parece que alguien quiso que terminara todo de esa manera. Está Menotti. ¿Y qué puedo decir de Menotti que ya no esté dicho? Con él no necesito ni hablar. César es un tipo de tanta sensibilidad que con sólo mirarnos nos comprendemos y yo sé que cuando nos abrazamos abarcamos en ese abrazo todo lo que vivimos ¡untos. Está René Houseman,  un jugador excepcional,  el rival más difícil que me tocó marcar —por suerte sólo en entrenamientos—, un chico que siempre me escuchó. Leí los problemas que tuvo ahora en Necochea... Lo voy a ir a buscar porque quiero hablar con él…  ¡Tengo necesidad de hablar con René!  Y esta,  finalmente, el Huracán de 1973, el mejor equipo que vi.

 — ¿Cuál fue el mejor momento de tu carrera?

—No hubo un mejor momento. Mi rendimiento fue siempre parejo.

— ¿Goles?

—Hice pocos, pero uno inolvidable: el que convertí jugando para la selección nacional contra Alemania Oriental.

— ¿Cuántas veces te expulsaron?

—En trece años dos veces. Una  jugando para Rosario Central contra Independiente,  porque agarré a Bernao de la punta del pie cuando todo mi equipo estaba ya amonestado,  y la otra jugando para Huracán contra Unión, en Santa Fe. Esa tarde me tiraron una pelota y me agaché. El referí entendió que pretendía hacer tiempo y me echó.

— ¿El periodismo?

—Nunca me preocupó.  Conozco cómo se maneja la opinión pública y lo relativo que es todo eso.

***

El 2 de diciembre de 1979 jugó para Huracán ante River su último partido.

Ahí, en el living,  jugueteando con Carolina y Verónica —sus dos hijas— esta Jorge Carrascosa. El domingo 2 de diciembre de 1979 jugó para Huracán,  ante River, el último partido de una carrera que se había iniciado 18 años atrás cuando los señores Míguez y Fernández lo llevaron a la octava división de Banfield. Esa tarde desaparecía de las canchas argentinas el Lobo (“un apodo que me viene de le época de Rosario Central sin saber porque, aunque nunca me molestó porque no tiene intenciones ofensivas”. En Banfield llegó a primera en 1967 y jugo hasta 1969. En el /’70  pasó a Rosario Central,  equipo con el que fue campeón nacional en 1971. En 1973 fue transferido a Huracán y ese mismo año el equipo ganó el Campeonato Metropolitano. Cuando Menotti asumió la conducción de la selección  nacional —1974— lo convocó y lo distinguió otorgándole la capitanía,  designaciones a las que Carrascosa supo honrar hasta que, en enero de 1978,  renunció por las mismas razones que ahora lo inducen a poner fin a su carrera. "En realidad podría seguir. No falté a un solo partido en los últimos dos años. , tengo un régimen especial reconocido por los dirigentes, técnicos, y mis propios compañeros: soy el único jugador de Huracán que no hizo pretemporada, que no se concentra. Son privilegios que me gané con mi conducta a lo largo de los años. Pero ya te dije, si no era hoy iba ser mañana o pasado. Y prefiero que sea ahora y así”

Hoy y aquí  queda su ejemplo y este espejo para que se miren en él todos los jóvenes y hagan del deporte “una competencia digna y leal más allá de cualquier resultado".  

EDUARDO RAFAEL  (1980)