¡HABLA MEMORIA!

A la carta: MONO 100X100

- por Redacción EG: 28/07/2018 -

El Sr. Pablo Anglesi nos solicitó el picante reportaje publicado en EL GRÁFICO en 2007, a un arquero emblema de Boca: Carlos Fernando Navarro Montoya. 100 preguntas 100 respuestas. IMPERDIBLE

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MONO 100X100

Con 41 años recién cumplidos y 23 de trayectoria, el Mono asegura compartir el podio de los más grandes con Amadeo, Gatti y Fillol. Picante, sin eufemismos, afirma que nunca compitió con Chilavert, que en la Selección está censurado a pesar de la habilitación de la FIFA y que jamás pactó con ninguna barra.

 

1. ¿Quién te di­jo “Mo­no” por pri­me­ra vez? Adrián Cas­ti­llo, un com­pa­ñe­ro de in­fe­rio­res de Vé­lez, más que na­da por mi agi­li­dad, por­que era un ti­po in­quie­to. En Vé­lez era Mo­no o Lo­co, por mi pa­re­ci­do a Gat­ti, por­que me gus­ta­ba ata­jar co­mo él.

2. Pe­ro el apo­do te cal­za jus­to: más ca­ra de mo­no no po­dés te­ner. Se pue­de de­cir que el apo­do que­dó bien pues­to (ri­sas).

3. ¿En qué te sen­tís ar­gen­ti­no y en qué co­lom­bia­no? Soy co­lom­bia­no de na­ci­mien­to, por­que na­cí en Me­de­llín el 26 de fe­bre­ro de 1966 cuan­do mi vie­jo ata­ja­ba en el In­de­pen­dien­te de la ciu­dad, y lle­vo san­gre co­lom­bia­na, por­que mi ma­dre es de allí, pe­ro yo me sien­to cien por cien­to ar­gen­ti­no.

4. La ver­dad, ¿no te do­lió que te re­ci­bie­ran en la Bom­bo­ne­ra con con­so­la­do­res cuan­do fuis­te con In­de­pen­dien­te? No, por­que sé de dón­de ve­nían, de un gru­po, de La Do­ce, no de la gen­te co­mún. Y la ver­dad es que nun­ca con­ge­nié con ellos, nun­ca pac­té. Du­ran­te mu­chos años, La Do­ce can­ta­ba por los ju­ga­do­res de Bo­ca em­pe­zan­do por el nú­me­ro dos, has­ta que un día em­pe­za­ron por el ar­que­ro, qui­zás por­que les ga­né por can­san­cio, por mis bue­nas ac­tua­cio­nes.

5. ¿Fuis­te ar­que­ro por im­po­si­ción de tu vie­jo? Si hu­bo al­gu­na im­po­si­ción fue ge­né­ti­ca, por­que mi pa­dre nun­ca me obli­gó a na­da. Des­de que ten­go uso de ra­zón tu­ve cla­ro que que­ría ser ar­que­ro.

6. ¿Por qué sos tan cir­que­ro con los bu­zos? Pa­ra na­da cir­que­ro, po­drán ser co­lo­ri­dos. A mí me gus­ta em­pil­char bien. Y pa­ra mí, un par­ti­do de fút­bol es co­mo ir al tea­tro, te te­nés que po­ner la me­jor pil­cha. Yo, an­tes de un par­ti­do, me ba­ño, me afei­to y me em­pil­cho, no hay me­jor fies­ta pa­ra mí que un par­ti­do de fút­bol. Apar­te siem­pre di­go que el ar­que­ro se tie­ne que ver. Es bue­no que el de­lan­te­ro se­pa que el ar­que­ro es­tá, que lo vea. Si me ve, el de­lan­te­ro ya se preo­cu­pa.

7. ¿Pe­ro no vas a ne­gar que aquel bu­zo blan­co con el di­bu­ji­to tu­yo ma­ne­jan­do el ca­mión no se pa­re­cía a un pi­ya­ma? ¡¿Qué se va a pa­re­cer a un pi­ya­ma, por fa­vor?! Ese bu­zo creó una épo­ca. Lo di­se­ñé con la gen­te que ves­tía a Bo­ca en ese mo­men­to y nos pa­re­ció sim­pá­ti­co. Fue una gran pe­ga­da, uno de los bu­zos más ven­di­dos en Ar­gen­ti­na.

8. ¿Cuán­tas ve­ces te apun­ta­ron con un re­vól­ver? Unas cuan­tas. Una vez, en­tran­do a mi ca­sa en De­vo­to, me apun­ta­ron con tres pis­to­las en la ca­be­za al mis­mo tiem­po: una de ca­da la­do y otra de atrás. Cuan­do fui­mos a gra­bar el pro­gra­ma El Se­llo otra vez nos asal­ta­ron, pe­ro no eran vio­len­tos, sa­bían lo que ha­cían, así que tam­po­co me pu­se ner­vio­so. Y otra vez iba en mi au­to por la ca­lle, me gol­pea­ron el vi­drio, y cuan­do lo ba­jé te­nía a un pi­be apun­tán­do­me con un re­vól­ver. “¡Uy, Mo­ni­to, jus­to te ven­go a cho­rear a vos, no te pue­do creer, sos mi ído­lo!”, me di­jo, y se aga­rró la ca­ra. “¿En­ton­ces no me vas a sa­car el co­che, no?”, la se­guí yo. “Bue­no, da­me al­go pa­ra mor­far y lis­to”, la ter­mi­nó.

9. ¿Cuán­do in­tuis­te que el par­ti­do con Co­lo Co­lo del 91 ter­mi­na­ría mal? Cuan­do mi­ré a los al­can­za­pe­lo­tas y vi que te­nían bi­go­te (ri­sas).

10. ¿Esa no­che pe­gas­te más de lo que re­ci­bis­te o al re­vés? Pe­gué más de lo que re­ci­bí. En me­dio de la tri­ful­ca, por ins­tin­to sen­tí al­go atrás, me di vuel­ta y vi ve­nir al pe­rro, por eso no me aga­rró de lle­no, si­no de cos­ta­do y só­lo me tu­vie­ron que dar dos pun­tos.

11. ¿Re­cor­dás có­mo te di­jo Ba­si­le que ibas a de­bu­tar en la Pri­me­ra de Vé­lez, en 1984? “Pi­be, vas a ju­gar vos”. Así de sim­ple y di­rec­to co­mo es el Co­co, que ya te­nía su vo­za­rrón in­con­fun­di­ble ha­ce vein­ti­trés años. Ba­si­le me ayu­dó mu­cho, ésa era una épo­ca en que po­ner a un jo­ven era to­da una ra­re­za, no co­mo hoy que lo ex­tra­ño es ver a un ve­te­ra­no. Igual, yo ve­nía pre­pa­ra­do, por­que des­de ha­cía dos años me en­tre­na­ba con la Pri­me­ra. No ol­vi­de­mos que a los die­ci­séis años fui su­plen­te de Pum­pi­do con el To­to Lo­ren­zo de en­tre­na­dor.

12. ¿Es cier­to que el To­to te echó de una prác­ti­ca por imi­tar a Gat­ti? Sí, yo le ha­bía caí­do a una prác­ti­ca con unas ber­mu­das es­ti­lo Gat­ti, y el To­to me man­dó al ves­tua­rio a cam­biar­me: “Gat­ti hay uno so­lo, us­ted es Na­va­rro Mon­to­ya y va a ser uno de los me­jo­res ar­que­ros del fút­bol ar­gen­ti­no, pe­ro tie­ne que ser Na­va­rro Mon­to­ya, no Gat­ti”. Fui al ves­tua­rio y me cam­bié. Ha­bía en­ten­di­do per­fec­ta­men­te su men­sa­je.

13. Al­gu­na tra­ve­su­ra de ju­ven­tud. Me co­la­ba en el tren pa­ra ir a en­tre­nar­me a Vé­lez. Yo vi­vía en Flo­res­ta y pre­fe­ría guar­dar­me la pla­ta que me da­ban pa­ra el co­lec­ti­vo pa­ra com­prar­me el pan­cho y la co­ca. Des­pués, co­lar­se en el tren no era com­pli­ca­do.

14. ¿De quién eras hin­cha de pi­be? De Bo­ca, y bas­tan­te fa­ná­ti­co. Iba­mos con mi vie­jo y mi her­ma­no a la ban­de­ja del me­dio, con La Do­ce. Yo per­te­nez­co a la épo­ca en que el vie­ji­to Bu­si­co ven­día ca­ra­me­los en la po­pu­lar. Fui en­tre el 72 y el 81, cuan­do em­pe­cé en Vé­lez, de lo­cal y vi­si­tan­te. El ri­tual era co­mer­se un cho­ri­pán en lo de Qui­que, des­pués ver el par­ti­do, y vol­ver en el au­to tran­qui­los.

15. ¿Por qué aga­rras­te del co­go­te a Fan­ti­no en 1996? Cuan­do él lle­gó del cam­po, con el plan­tel le abri­mos to­das las puer­tas, ve­nía con no­so­tros a las pe­ñas, le en­se­ña­mos mu­chas co­sas. Y en un mo­men­to cri­ti­có con ma­la le­che, en­ton­ces des­pués de una ce­na, en Co­rrien­tes, lo pu­teé, lo aga­rré y ba­ja­mos a la pla­ya a pe­lear­nos. Al fi­nal no lo hi­ci­mos y con el tiem­po él acep­tó que ha­bía es­ta­do mal. El otro día fui a su pro­gra­ma de te­vé.

16. Tam­bién fuis­te a en­ca­rar a Lu­cho Avi­lés a Ca­nal 9. Sí, ha­bía di­cho una gran men­ti­ra que me per­ju­di­có en lo per­so­nal, que ha­bía es­ta­do con no sé quién, cuan­do ha­bía es­ta­do en mi ca­sa. Fui a la puer­ta de Ca­nal 9 y ape­nas apa­re­cí me di­jo: “Pe­ro, Mo­ni­to, si vos sos mi ído­lo”. Al día si­guien­te se rec­ti­fi­có en cá­ma­ra, por lo me­nos tu­vo ese ges­to.

En el 2007, el Mono atajaba en Nueva Chicago, el 12° club en su carrera. Foto: Jorge Dominelli

17. ¿Te sen­tís un po­co res­pon­sa­ble por la ida de Ta­ba­rez de Bo­ca en el 93? Pa­ra na­da.

18. ¿Qué te ge­ne­ran las pa­la­bras “hal­co­nes” y “pa­lo­mas”? Ri­sas. Se agran­dó to­do, por­que Bo­ca es así: se va al ex­tre­mo en el éxi­to y en la de­rro­ta. Aho­ra se vol­vió a ha­blar de hal­co­nes y pa­lo­mas cuan­do se per­dió el tí­tu­lo a fin de año, es así. Yo no co­noz­co un plan­tel del que se di­ga que es un gran gru­po si no sa­le cam­peón. Y es­toy can­sa­do de es­cu­char que los cam­peo­nes son to­dos un gran gru­po hu­ma­no. Men­ti­ra. Yo co­no­cí plan­te­les que no eran un gran gru­po y fue­ron cam­peo­nes. Por­que los mis­mos que fui­mos hal­co­nes y pa­lo­mas en el 93 ha­bía­mos si­do cam­peo­nes en el 92. Pa­sa en to­dos la­dos: un gru­po de 6 o 7 mu­cha­chos con más afi­ni­dad en­tre ellos, y otro gru­po por otro la­do.

19. Tu po­dio de los tres me­jo­res ar­que­ros ar­gen­ti­nos hoy. Ger­mán Mon­to­ya (Bel­gra­no), Car­los Klet­nic­ki (Gim­na­sia) y Leo Fran­co. De los de afue­ra, me gus­tan el ta­no Buf­fon y el ho­lan­dés Van der Saar.

20. ¿Vos no te po­nés? Ya es­toy por en­ci­ma de esas co­sas.

21. ¿Cuá­les son las prin­ci­pa­les fa­len­cias de los ar­que­ros ac­tua­les? La fal­ta de téc­ni­ca. ¿En qué se no­ta? En que se re­cha­za mu­cho y no se re­tie­ne, en la po­si­ción a la ho­ra de re­ci­bir un cen­tro y en que no se en­tre­ga bien la pe­lo­ta, en­ton­ces el ar­que­ro siem­pre ata­ja dos ve­ces. Por­que si co­mo in­di­ca la téc­ni­ca, el ar­que­ro fue­ra un ele­men­to más a la ho­ra de ju­gar, la pe­lo­ta es­ta­ría siem­pre pa­ra su equi­po, pe­ro co­mo en ge­ne­ral el ar­que­ro la di­vi­de, des­pués tie­ne que vol­ver a ata­jar. Se ve mu­cho que le pa­san la bo­la pa­ra atrás y el ar­que­ro la ti­ra a cual­quier la­do en vez de bus­car al com­pa­ñe­ro.

22. ¿No se tra­ba­ja la téc­ni­ca? Ca­da vez me­nos. La ma­yo­ría de los ejer­ci­cios es ten­dien­te a re­bo­tar la pe­lo­ta, se tra­ba­ja en lo fí­si­co, en la ve­lo­ci­dad, en la reac­ción de pier­nas, y to­dos im­pli­can no aga­rrar la pe­lo­ta.

23. ¿Por qué ca­da vez el ar­que­ro sa­le me­nos del ar­co a cor­tar un cen­tro? Por­que se cree que te­ner a los de­fen­so­res cer­ca es una ma­ne­ra de pro­te­ger­se y es to­do lo con­tra­rio, una ma­ne­ra de acen­tuar el pe­li­gro. En to­dos los equi­pos en los que es­tu­ve ha­bla­ba es­to con mis com­pa­ñe­ros y con el en­tre­na­dor pa­ra que no se me­tie­ran en el área. Es bá­si­co: si vos te­nés el área ro­dea­da de com­pa­ñe­ros y ri­va­les, no po­dés sa­lir. Por eso, los cen­tros que se pa­tean en­tre el bor­de del área gran­de y la lí­nea de fon­do son los más com­pli­ca­dos, ahí ine­vi­ta­ble­men­te el de­fen­sor tie­ne que ve­nir con el de­lan­te­ro, pe­ro si la pe­lo­ta pa­ra­da es des­de más le­jos y los de­fen­so­res se pa­ran en el bor­de del área gran­de, to­do el área pa­sa a ser del ar­que­ro. Y si vie­ne uno rom­pien­do de atrás, lo ves y po­dés ga­nar­le. Y si no lle­gás, le avi­sás a un com­pa­ñe­ro. A ve­ces el ar­que­ro no ata­ja con las ma­nos si­no con la bo­ca, con una in­di­ca­ción. Y eso se ha per­di­do por­que mu­chas ve­ces el ar­que­ro só­lo mi­ra la pe­lo­ta, y de­be mi­rar la pe­lo­ta y al ad­ver­sa­rio, por­que el que ha­ce el gol en ge­ne­ral es el que lle­ga, sal­vo un re­ma­te fran­co de le­jos.

24. La prin­ci­pal vir­tud que de­be te­ner un ar­que­ro, en­ton­ces, es la téc­ni­ca. Exac­to. La téc­ni­ca, tan­to pa­ra el ju­ga­dor co­mo pa­ra el ar­que­ro, es la lla­ve pa­ra abrir to­dos los pro­ble­mas del fút­bol ac­tual: la re­duc­ción de es­pa­cios, la pre­sión, la ve­lo­ci­dad de jue­go y la ve­lo­ci­dad de la pe­lo­ta. Las vir­tu­des téc­ni­cas en un ar­que­ro se­rían: sa­ber sa­lir, sa­ber po­si­cio­nar­se, ma­ne­jar bien la pe­lo­ta con los pies, te­ner lec­tu­ra del jue­go.

25. Fi­llol no te­nía una gran téc­ni­ca pe­ro fue un mons­truo. El Pa­to era un ar­que­ro fí­si­co, que se ba­sa­ba en su tre­men­da po­ten­cia de pier­nas. Por ahí no an­ti­ci­pa­ba, pe­ro por su ca­pa­ci­dad fí­si­ca so­lu­cio­na­ba los pro­ble­mas en se­gun­da ins­tan­cia.

26. ¿Cuál es el se­cre­to en el ma­no a ma­no? La zo­na más di­fí­cil pa­ra el ar­que­ro es aba­jo, por­que no lle­ga, por eso cuan­do sal­go, lo ha­go con las ma­nos cer­ca del pi­so, con los bra­zos pa­ra­le­los al cuer­po. Y la cla­ve es an­ti­ci­par la ju­ga­da: cuan­to más cer­ca es­té el de­lan­te­ro, me­jor. Por una cues­tión de án­gu­los, cuan­to más cer­ca es­tá el de­lan­te­ro del ar­que­ro, más le­jos es­tá del gol.

27. ¿En qué eta­pa de tu vi­da apren­dis­te más co­sas del pues­to? La eta­pa de apren­di­za­je aún no ter­mi­na, las in­no­va­cio­nes te obli­gan a se­guir apren­dien­do. Pe­ro el ti­po que más me en­se­ñó fue mi vie­jo, so­bre to­do en in­fe­rio­res. El siem­pre me ha­bló de la téc­ni­ca, de an­ti­ci­par, de sa­ber dón­de es­tá pa­ra­do el equi­po, de pen­sar en el con­tra­gol­pe. El ma­mó la es­cue­la de Ama­deo Ca­rri­zo, y es un po­co la que yo se­guí des­pués, coin­ci­dien­do en que tu­ve co­mo ído­lo a Gat­ti, que es de esa ra­ma. To­do con­flu­yó pa­ra que yo al fi­nal fue­ra un ar­que­ro de esas ca­rac­te­rís­ti­cas.

28. ¿Cuál fue el pe­lo­ta­zo más jo­di­do que te co­mis­te? Nin­gu­no en par­ti­cu­lar: la pe­lo­ta no las­ti­ma. El ar­que­ro nun­ca pue­de te­ner mie­do al pe­lo­ta­zo, de­be man­te­ner siem­pre los ojos abier­tos y mu­chas ve­ces no lo ha­ce. Eso se de­be a mu­chos en­tre­na­mien­tos ac­tua­les: se re­ma­ta sin sen­ti­do des­de muy cer­ca y ter­mi­na ge­ne­ran­do mie­do en el ar­que­ro. Hay ve­ces que el de­lan­te­ro te ter­mi­na pa­tean­do a dos me­tros. Eso no sir­ve.

29. Ju­gas­te en las dé­ca­das del 80, 90 y 2000. ¿Qué di­fe­ren­cias no­tás en el ju­ga­dor? El fut­bo­lis­ta de an­tes ama­ba más el fút­bol, lo vi­vía más: las char­las en los ves­tua­rios, en el ca­fé, eran más de fút­bol. Hoy en día no es así, los chi­cos tie­nen otras in­quie­tu­des, se ha­bla mu­cho me­nos de fút­bol de lo que a mí me gus­ta­ría, pe­ro es un re­fle­jo de la so­cie­dad. A fa­vor del ac­tual, hoy el fut­bo­lis­ta es­tá más pre­pa­ra­do so­cial­men­te. Y en re­la­ción con el jue­go, no ten­go du­das de que los fut­bo­lis­tas de an­tes, con su ca­pa­ci­dad téc­ni­ca, po­drían tran­qui­la­men­te ju­gar. Es mu­cho más fá­cil ad­qui­rir una ca­pa­ci­dad fí­si­ca que una téc­ni­ca.

30. ¿Por qué en los mun­dia­les re­cien­tes no se su­po quién iba a ser el ar­que­ro ti­tu­lar de Ar­gen­ti­na has­ta úl­ti­mo mo­men­to? Por­que no hu­bo un re­fe­ren­te, un in­dis­cu­ti­ble, co­mo en otras épo­cas. Creo que el úni­co in­dis­cu­ti­ble, de mu­chos años a es­ta par­te, soy yo, y to­dos sa­ben que hu­bo im­pe­di­men­tos, que hay im­pe­di­men­tos, que no me per­mi­ten ju­gar en la Se­lec­ción.

31. ¿Por qué de­cís que to­da­vía hay im­pe­di­men­tos? La his­to­ria es así: yo ju­gué dos par­ti­dos pa­ra Co­lom­bia en las eli­mi­na­to­rias del Mun­dial de Mé­xi­co 86 con die­ci­sie­te años, des­pués no me de­ja­ron re­pre­sen­tar a Ar­gen­ti­na, yo plan­teé un am­pa­ro en la Jus­ti­cia y en el 98 me die­ron la ra­zón. Pe­ro me fal­ta­ba el OK de la FI­FA, que me ha­bi­li­tó en el 2004. Igual, real­men­te du­do que a la FI­FA le agra­de que yo jue­gue en la Se­lec­ción Ar­gen­ti­na, sa­be­mos que la FI­FA es re­nuen­te a que se acu­da a la jus­ti­cia or­di­na­ria de un país. Sé que don Ju­lio hi­zo mu­chos es­fuer­zos pa­ra re­ci­bir la gra­cia de la FI­FA, que tie­ne un pues­to de pri­vi­le­gio allí, pe­ro no de­ci­de es­tas co­sas. Así que su­pues­ta­men­te yo es­toy ha­bi­li­ta­do, pe­ro en el fon­do creo que es­toy cen­su­ra­do.

32. ¿Siem­pre la tu­vis­te cla­ra o te lle­gas­te a ilu­sio­nar con ir a un Mun­dial? Yo siem­pre me ilu­sio­no, si les pre­gun­tás a to­dos si me­re­cía es­tar en­tre los tres ar­que­ros de ca­da plan­tel en los úl­ti­mos mun­dia­les, me pa­re­ce que no hay dis­cu­sión. Y pa­ra el úl­ti­mo, en Ale­ma­nia, real­men­te me sen­tía muy bien.

Atajó tres partidos para la Selección de Colombia en 1985, tenía 17 años. Abajo, el Pibe Valderrama.

33. ¿Te arre­pen­tís de ha­ber ju­ga­do pa­ra Co­lom­bia? Sí, me arre­pien­to, fue un pe­ca­do de ju­ven­tud, una de­ci­sión apre­su­ra­da. Te­nía die­ci­sie­te años, me lla­ma­ron pa­ra ju­gar el re­pe­cha­je de un Mun­dial, con­tra Pa­ra­guay, y di­je que sí de ca­be­za. Te­nía la ilu­sión de ir a un Mun­dial. Y per­di­mos.

34. ¿Y des­pués Co­lom­bia no te vol­vió a con­vo­car pa­ra otro Mun­dial? Lo que pa­sa es que a los die­cio­cho to­mé la na­cio­na­li­dad ar­gen­ti­na y per­dí la co­lom­bia­na. O sea que fut­bo­lís­ti­ca­men­te ha­blan­do yo soy un apá­tri­da: no pue­do ju­gar pa­ra Co­lom­bia por­que no ten­go más la ciu­da­da­nía ni pa­ra Ar­gen­ti­na por­que ju­gué dos par­ti­dos pa­ra Co­lom­bia. O sea: soy un bo... o co­mo quie­ras lla­mar­lo.

35. De no ha­ber ju­ga­do esos par­ti­dos, ¿creés que ten­drías un par de mun­dia­les en­ci­ma? Sí.

36. ¿Ju­gar un Mun­dial es la gran cuen­ta pen­dien­te de tu ca­rre­ra? Sin du­das.

37. ¿No te da bron­ca pen­sar que si a tu vie­jo no se le hu­bie­se ocu­rri­do ir a ju­gar a Co­lom­bia, ten­drías va­rios mun­dia­les so­bre el lo­mo? Pre­fie­ro pen­sar que si mi vie­jo no hu­bie­se ido a ju­gar a Co­lom­bia no ha­bría co­no­ci­do a mi vie­ja y yo no ha­bría na­ci­do.

38. ¿Creés que me­re­ce­rías aun­que sea un so­lo par­ti­do amis­to­so en la Se­lec­ción por to­do lo que lu­chas­te? Yo quie­ro al­go que sig­ni­fi­que com­pe­tir, no quie­ro un par­ti­do por­que lo me­rez­co, un pre­mio con­sue­lo. Si pue­do pe­lear un lu­gar y el téc­ni­co cree que es­toy ca­pa­ci­ta­do, bien; si no, na­da.

39. ¿Con Ba­si­le ha­blas­te úl­ti­ma­men­te? Ha­ce unos años. Des­de que es­tá en la Se­lec­ción, no tu­ve con­tac­to con él.

40. ¿El pe­nal que le ata­jas­te a Ma­ran­go­ni (Su­per­co­pa 89), a Her­nán Díaz (Aper­tu­ra 92) o a Ber­ti (Su­per­co­pa 94)? El de Ma­ra­go­ni. Fue mi pri­mer tí­tu­lo, el pri­me­ro de Bo­ca des­pués de ocho años, y en un Bo­ca que na­da tie­ne que ver con és­te, un Bo­ca que si no hu­bie­ra si­do por la apa­ri­ción de Ale­gre, He­ller y la Co­mi­sión Di­rec­ti­va, no sé si no de­sa­pa­re­cía. Ade­más, fue el cam­peo­na­to que me per­mi­tió dar la vuel­ta olím­pi­ca con mi her­ma­no Ed­gar, que po­co des­pués fa­lle­ció. Aque­lla no­che en que le ga­na­mos por pe­na­les a In­de­pen­dien­te fue mi día más fe­liz en el fút­bol.

41. ¿Y el más tris­te? El día que se mu­rió el Pa­to Pas­to­ri­za. Ha­bía­mos ido a en­tre­nar­nos, nos avi­sa­ron, na­die en­ten­día na­da...

42. ¿Se te va a pian­tar un la­gri­món cuan­do su­pe­ren tu ré­cord de 824 mi­nu­tos sin go­les en el ar­co de Bo­ca? No, esa mar­ca ya lle­va va­rios años (15) y ten­go asu­mi­do que los ré­cords es­tán pa­ra ba­tir­se.

Posan para El Gráfico disfrazados de los apodos que les dio la vida: el Ruso Siviski, El Mono, La Vieja Reinoso, el Maestro Bochini y el Indio Malvárez.

43. ¿Por qué per­die­ron el cam­peo­na­to con Gim­na­sia en 2005? ¿Arru­ga­ron? No arru­ga­mos, lo per­di­mos por­que em­pa­ta­mos dos par­ti­dos de lo­cal: con­tra Ti­ro por­que no fui­mos cla­ros, y con­tra Ne­well’s por­que Vi­llar tu­vo una gran tar­de.

44. ¿No se equi­vo­ca­ron en mos­trar­se tan triun­fa­lis­tas con las de­cla­ra­cio­nes? El cli­ma es el que sue­le ha­ber en esos ca­sos, pe­ro yo ten­go muy cla­ro que los cam­peo­nes son los que dan la vuel­ta olím­pi­ca.

45. ¿Creés ca­paz a Juan Jo­sé Mu­ñoz de ha­ber man­da­do a apre­tar a los ju­ga­do­res pa­ra que per­die­ran con Bo­ca? Mu­ñoz no es del am­bien­te, tie­ne un ca­rác­ter que lo ha­ce apre­su­rar­se en su dis­cur­so y en sus ac­tos, pe­ro tie­ne que ver con un apren­di­za­je que irá ga­nan­do. Des­pués si pa­só o no pa­só lo que se di­ce, no lo sé. Lo que es­tá cla­ro es que no se tie­nen que per­mi­tir ese ti­po de co­sas.

46. ¿Te pa­só al­gu­na vez? Sí. En In­de­pen­dien­te ju­gá­ba­mos la úl­ti­ma fe­cha con­tra Ne­well’s, y los je­fes de la ba­rra nos vi­nie­ron a pe­dir que per­dié­ra­mos por la amis­tad que ha­bía en­tre las hin­cha­das, pa­ra que sa­lie­ra cam­peón Ne­well’s. Les di­ji­mos que íba­mos a sa­lir a ga­nar, que la ca­mi­se­ta de In­de­pen­dien­te es­ta­ba por en­ci­ma de cual­quier co­sa. Dis­cu­ti­mos, con edu­ca­ción, ellos si­guie­ron en su pos­tu­ra y no­so­tros en la nues­tra. Y ga­na­mos 2-0. Si yo hu­bie­ra es­ta­do en Gim­na­sia, ha­bría ac­tua­do igual: de he­cho, Es­tu­dian­tes fue va­rias ve­ces cam­peón y los hin­chas del Lo­bo si­guie­ron sien­do del Lo­bo. En Bo­ca tam­bién hu­bo un pro­ble­ma cuan­do Ai­mar sa­có a Ma­ran­go­ni del equi­po pa­ra po­ner a Vi­lla­rreal, y La Do­ce vi­no a pe­dir que ju­ga­ra Ma­ran­go­ni. No­so­tros fi­ja­mos nues­tra pos­tu­ra. En es­tos ca­sos hay que ma­ne­jar­se con ho­nes­ti­dad.

47. ¿Nun­ca tu­vis­te mie­do? No hay que dar­les ca­bi­da y lis­to.

48. Si tu­vie­ras que de­cir uno, ¿cuál creés que es el hin­cha que más te quie­re? El de Bo­ca. Igual, yo vi­ví co­sas muy fuer­tes en In­de­pen­dien­te, en Gim­na­sia y en Cha­ca­ri­ta, me tra­ta­ron de­ma­sia­do bien, so­bre to­do vi­nien­do de Bo­ca, con la ri­va­li­dad que exis­te. A mí me ven en la ca­lle y me di­cen: “Ahí va el ar­que­ro de Bo­ca”, ¿en­ten­dés? Por eso siem­pre re­sal­to la gran­de­za de esa gen­te.

49. ¿Y el que me­nos te quie­re? El de Ra­cing. To­do em­pe­zó con aquel pro­ble­ma de los pe­tar­dos y bue­no, el hin­cha de Ra­cing es muy pa­sio­nal.

50. ¿En al­gún equi­po no ata­ja­rías, hoy? Y... en Ri­ver y en Ra­cing no po­dría ata­jar, tam­po­co creo que me bus­quen.

51. ¿Ri­ver te bus­có ofi­cial­men­te al­gu­na vez? En el 88, es­tan­do en Vé­lez, me bus­ca­ron de Ri­ver y de Bo­ca. In­clu­so lle­gué a ir a la ca­sa de San­ti­lli, pe­ro la ver­dad es que era de­ma­sia­do hin­cha de Bo­ca.

52. ¿Te­nés en men­te una fe­cha pa­ra el re­ti­ro? ¿Cuál es la se­ñal? No hay fe­cha de ven­ci­mien­to ni ten­go idea cuál pue­de ser la se­ñal.

53. ¿Cuál se­ría tu re­ti­ro ideal: en qué equi­po, en qué cir­cuns­tan­cia? Yo me voy a re­ti­rar co­mo lle­gué, ca­lla­do, ju­gan­do un par­ti­do de fút­bol, tran­qui­lo.

54. A Co­miz­zo, uno de los úl­ti­mos mo­hi­ca­nos, lo ter­mi­na­ron re­ti­ran­do, ¿no te­nés mie­do de que te pa­se lo mis­mo? No sé si lo re­ti­ra­ron, al Fla­co lo sa­ca­ron del equi­po, des­pués re­ci­bió pro­pues­tas, no las acep­tó y de­ci­dió re­ti­rar­se.

55. ¿Por qué se­guís ju­gan­do? Por­que amo el fút­bol, lo dis­fru­to. Les di­go a los chi­cos que va­lo­ren eso. Mi her­ma­no, cuan­do se en­te­ró de su leu­ce­mia, que­ría vi­vir pa­ra po­der ju­gar al fút­bol. Y no pu­do.

Con Edgar, su hermano fallecido, se enfrentó una vez.

56. ¿Có­mo so­bre­lle­vas­te la en­fer­me­dad de tu her­ma­no? Fue muy du­ro. El ju­ga­ba en Es­pa­ñol, un día se sin­tió mal, se des­ma­yó en una prác­ti­ca y le diag­nos­ti­ca­ron leu­ce­mia. Es­tu­vo un año y me­dio pe­leán­do­la. Yo dor­mía con él en la pie­za, des­pués me fui a dor­mir con él al hos­pi­tal. En ese mo­men­to la gen­te de Bo­ca me ban­có mu­chí­si­mo. Una vez, en el 89, nos en­fren­ta­mos, pe­ro él no en­tró, fue su­plen­te.

57. ¿Qué vas a ha­cer des­pués del re­ti­ro? Me gus­ta­ría tra­ba­jar en el pe­rio­dis­mo, en te­le­vi­sión, o ser di­rec­tor téc­ni­co.

58. Un téc­ni­co co­mo quién. Uno que ten­ga la cla­ri­dad de Me­not­ti, la con­fian­za que trans­mi­te Ba­si­le, la leal­tad al fut­bo­lis­ta de Pas­to­ri­za, la ma­ne­ra de ma­ne­jar­se de Bian­chi y el in­te­rés de Ta­bá­rez por la per­so­na. Un com­pen­dio de to­dos ellos.

59. ¿Por qué pre­ca­len­tás den­tro del cam­po? Lo ini­cié en Gim­na­sia por­que sen­tí la ne­ce­si­dad de ha­cer ejer­ci­cios en el cam­po: en un ves­tua­rio no te po­dés ti­rar al pi­so. Co­mo en tan­tas otras co­sas, en eso tam­bién fui pre­cur­sor. Hoy lo ha­cen va­rios.

60. ¿Tres des­cen­sos al hi­lo en Es­pa­ña no te ba­jo­nea­ron? No, re­pa­se­mos có­mo fue to­do. Al Ex­tre­ma­du­ra lle­gué al fi­nal de la pri­me­ra rue­da con el equi­po ya des­cen­di­do y en la se­gun­da rue­da ter­mi­na­mos cuar­tos y fui ele­gi­do pa­ra ju­gar el par­ti­do de las es­tre­llas. Con el Mé­ri­da ju­gué to­dos los par­ti­dos, pe­ro el Mé­ri­da es tra­di­cio­nal­men­te un equi­po de Se­gun­da, y fui ele­gi­do por la agen­cia EFE co­mo uno de los tres me­jo­res su­da­me­ri­ca­nos con Ro­ber­to Car­los y Ri­val­do. Y en el Te­ne­ri­fe me frac­tu­ré la ma­no al cho­car con el tra­ve­sa­ño y ju­gué 11 par­ti­dos na­da más.

61. Si ata­jas­te tan bien, ¿por qué no te bus­có un gran­de? Des­pués de Ex­tre­ma­du­ra es­tu­ve a pun­to de fir­mar pa­ra Va­len­cia, in­clu­so via­jé a la ciu­dad, pe­ro jus­to per­dió un par­ti­do y se fue Val­da­no del club.

62. ¿Qué te sor­pren­dió de Mot­ta y de Chi­ca­go? Mot­ta es uno de esos per­so­na­jes que son hi­jos de nues­tras tra­di­cio­nes fut­bo­lís­ti­cas, de la pi­car­día, un ti­po que le gus­ta el buen fút­bol, a pe­sar de que di­gan que es ul­tra­de­fen­si­vo, que ma­mó mu­cho de los Lo­ren­zo, los La­bru­na. Y con Chi­ca­go me pa­só lo mis­mo que con Cha­ca­ri­ta y Gim­na­sia: un equi­po que lle­va mu­cha gen­te pe­ro que por otro la­do te ha­ce vi­vir co­sas que no se dan en los gran­des, el hin­cha vie­ji­to que te vie­ne a ha­blar to­dos los días o que se sien­ta en la tri­bu­na pa­ra ver las prác­ti­cas, el hin­cha fol­cló­ri­co, esas co­sas son di­vi­nas.

Gatti es su ídolo y espejo: fue su suplente y después lo remplazó y lo retiró.

63. ¿No te do­lió ha­ber re­ti­ra­do a tu ído­lo? No lo re­ti­ré yo, se re­ti­ró él cuan­do de­ci­dió no se­guir ju­gan­do. Igual, el Lo­co es in­mor­tal.

64. ¿Re­cor­dás qué te di­jo Gat­ti ese día en que to­mas­te su pos­ta? No me di­jo na­da. Lo que yo res­ca­to es eso que te co­men­ta­ba de la leal­tad de Pas­to­ri­za. Cuan­do fui a Bo­ca to­dos de­cían que era pa­ra ser su­plen­te de Gat­ti y yo de­cía que iba a pe­lear el pues­to. Y lo ha­blé con el Pa­to: “Si yo le de­mues­tro que es­toy me­jor que el Lo­co, le pi­do que me dé una opor­tu­ni­dad”. Me di­jo que sí y cum­plió.

65. ¿Y có­mo fue el pri­mer día en una prác­ti­ca con tu ído­lo, en el 88? Fue muy lin­do. El ya sa­bía que lo te­nía de ído­lo, por­que lo ha­bía de­cla­ra­do en la pren­sa, in­clu­so ma­ni­fes­tó que yo era su su­ce­sor. Así que fui y lo sa­lu­dé. Es ra­ro, pe­ro aún hoy, con mis 41 años, ca­da vez que me acer­co al Lo­co me si­gue co­rrien­do al­go por aden­tro. Si­gue sien­do mi ído­lo.

66. Fuis­te al fút­bol co­lom­bia­no en 1986 y vol­vis­te en me­nos de dos años, ¿por qué? Lle­gué jo­ven a un me­dio que no era muy pro­fe­sio­nal y me cho­ca­ron mu­chas co­sas. En un par­ti­do, el ayu­dan­te del téc­ni­co del otro equi­po me ha­cía co­mo que me dis­pa­ra­ba con una pis­to­la. Yo de­cía: ¿dón­de es­toy me­ti­do? Des­pués, no ha­bía con­trol an­ti­do­ping, no es­ta­ba acos­tum­bra­do a ese ti­po de co­sas, me asus­té un po­co y me vol­ví.

67. ¿No te arre­pen­tís de ha­ber apo­ya­do a Me­nem? Al con­tra­rio: si­go pen­san­do que fue el po­lí­ti­co que más hi­zo por Ar­gen­ti­na y que hay un an­tes y un des­pués de Me­nem: mo­der­ni­zó al país co­mo na­die.

68. ¿Lo de­cís a pe­sar del efec­to del 1 a 1? Los efec­tos no fue­ron del 1 a 1 si­no de la Alian­za, hu­bo gen­te que dur­mió du­ran­te mu­cho tiem­po en la Alian­za, un in­som­nio ge­ne­ral. Pa­ra mí, el efec­to de la Alian­za fue de­vas­ta­dor pa­ra el país. Sí creo que Car­los se equi­vo­có en que­rer per­pe­tuar­se en el po­der.

69. ¿Me­nem qui­so lle­var­te a Ri­ver? El que­ría que ju­ga­ra en Ri­ver, y me lo de­cía.

70. ¿Bi­lar­do te lim­pió de Bo­ca por me­not­tis­ta? No, creo que hay que re­par­tir cul­pas: mi con­vic­ción y mi ma­ne­ra de pen­sar si­guen sien­do las mis­mas, pe­ro equi­vo­ca­mos el ca­mi­no, y los di­ri­gen­tes tu­vie­ron que to­mar la de­ci­sión po­lí­ti­ca­men­te co­rrec­ta, más en un ci­clo nue­vo: res­pal­dar al en­tre­na­dor. Con el tiem­po, de­bo re­co­no­cer que me equi­vo­qué en ha­cer pú­bli­ca una dis­cu­sión que ten­dría que ha­ber ter­mi­na­do en el ves­tua­rio. La dis­cu­sión fue por­que Car­los no se ma­ne­ja­ba bien con los ju­ga­do­res, no los tra­ta­ba bien.

71. Di­jis­te que te ha­bía pro­hi­bi­do “co­sas ton­tas”. ¿Cuá­les? Cam­biar una ca­mi­se­ta des­pués de un par­ti­do, es­tar cru­za­do de bra­zos en una prác­ti­ca. Me pa­re­cen ton­te­rías que no te ha­cen me­jor ni peor ju­ga­dor.

72. Pe­ro vos lo pro­vo­cas­te: no só­lo cam­bias­te tu bu­zo con Yor­no si­no que te lo pu­sis­te pa­ra ir a una prác­ti­ca de Bo­ca. Yo no pue­do ne­gar­le a un ex com­pa­ñe­ro y ami­go una ca­mi­se­ta. Y es una cos­tum­bre mía ir a en­tre­nar­me con las ca­mi­se­tas que me da­ban mis co­le­gas.

73. ¿No fue un error pe­dir­le a Bi­lar­do una nue­va opor­tu­ni­dad cuan­do ya te ha­bía di­cho que no te que­ría? El me di­jo que no me te­nía en cuen­ta y al día si­guien­te a las 3 de la ma­ña­na me lla­mó a mi ca­sa pa­ra de­cir­me que era un re­fe­ren­te y que que­ría que vol­vie­ra. Hu­bie­ra si­do un error vol­ver si yo cam­bia­ba mis con­vic­cio­nes, pe­ro no lo hi­ce y cho­ca­mos nue­va­men­te por­que man­tu­ve mis ideas.

74. Bi­lar­do siem­pre di­ce que hi­zo el tra­ba­jo su­cio y lim­pió el plan­tel, pa­ra que des­pués Bian­chi ga­na­ra to­do. ¿Coin­ci­dís? Eso es col­gar­se una me­da­lla que no le per­te­ne­ce, por­que él for­mó un equi­po nue­vo con más de vein­te re­fuer­zos. Des­pués vi­no el Bam­bi­no y ar­mó el nue­vo equi­po, que fue sub­cam­peón de un sú­per Ri­ver a un pun­to. Y la co­ro­nó Bian­chi con un gran tra­ba­jo.

75. Que ha­ya si­do San­dro Guz­mán el que te qui­tó el pues­to en Bo­ca, ¿no es una man­cha en tu cu­rrí­cu­lum? El no me qui­tó el pues­to, a mí me sa­có Bi­lar­do, y des­pués él pu­so a otro en mi lu­gar. En to­do ca­so, ha­bría que pre­gun­tar­le por esa de­ci­sión a Bi­lar­do.

Boca se preparaba para dar la vuelta en el Apertura 92: Márcico, el Mono y Cabañas.

76. Cuan­do Ta­bá­rez vol­vió a Bo­ca en 2002, ¿te ilu­sio­nas­te con tu re­gre­so? No, yo no me ilu­sio­no cuan­do ex en­tre­na­do­res míos asu­men en equi­pos nue­vos has­ta que el en­tre­na­dor me lla­ma y me di­ce que quie­ren con­tar con­mi­go, co­mo hi­zo el Pa­to cuan­do me lle­vó a In­de­pen­dien­te.

77. ¿No te mo­les­tó que el Maes­tro ha­ya ele­gi­do a Már­ci­co co­mo ayu­dan­te? Pa­re­ce que se que­dó con los Hal­co­nes. De­ja­te de jo­der, ya te lo ex­pli­qué: en to­do gru­po hay afi­ni­da­des, en to­do gru­po las hay.

78. ¿No te po­nés los pan­ta­lo­nes de­ma­sia­do arri­ba? Yo soy de la épo­ca en que se usa­ban así. Es por co­mo­di­dad. Igual, los gran­des mo­dis­tos di­cen que los pan­ta­lo­nes se usan así, bien arri­ba.

79. ¿Tu­vis­te re­pre­sen­tan­te al­gu­na vez? No, al prin­ci­pio me ma­ne­ja­ba mi vie­jo, des­pués hay gen­te ami­ga que me ayu­da. Tal vez, si hu­bie­ra te­ni­do re­pre­sen­tan­te, qui­zás es­ta­ría ju­gan­do en el Bar­ce­lo­na. En su mo­men­to me vi­nie­ron a bus­car del Bar­sa y He­ller me de­cla­ró in­trans­fe­ri­ble.

80. ¿Qué no te ban­cás del fút­bol ac­tual? La vio­len­cia. Aquí no se to­man las de­ci­sio­nes que se de­ben to­mar: se quie­re cu­rar el cán­cer con una as­pi­ri­na. Se po­nen cá­ma­ras, se le­van­tan alam­bres, se crean pul­mo­nes en las tri­bu­nas, pe­ro no se cum­plen las le­yes, no hay vo­lun­tad po­lí­ti­ca pa­ra ha­cer­lo. Hay con­ni­ven­cia, sin du­da, crea­ron un mouns­trui­to que se les fue de la ma­nos.

81. El me­jor ti­po que co­no­cis­te en el fút­bol. Un mon­tón, te nom­bro a mis ami­gos: So­ño­ra, Mus­la­di­ni, Vi­lla­rreal, Pas­to­riza.

82. ¿Nun­ca fuis­te a Sch­wa­nek por el te­ma del pe­lo? Sí, pe­ro no sa­lí en los dia­rios co­mo otros. Yo per­dí mu­cho pe­lo por los ner­vios cuan­do fue lo de mi her­ma­no, des­pués lo man­tu­ve. Igual, lo úni­co que de­tie­ne la caí­da del pe­lo es la re­sig­na­ción. Y el pi­so.

83. ¿Se­guís con la es­cue­la de fút­bol? Sí, son 80 chi­cos, los en­tre­no des­de un pun­to de vis­ta di­fe­ren­te. Pa­ra mí, la com­pe­ten­cia no sir­ve en los chi­cos, es no­ci­va. Bus­co que jue­guen y en el jue­go que va­yan apren­dien­do. Me lla­ma­ron de va­rios clu­bes pa­ra que man­de ju­ga­do­res por in­ter­cam­bio y di­je que no.

84. ¿Man­te­nés la idea de ser al­gún día pre­si­den­te de Bo­ca? Es­toy con­ven­ci­do de que los ju­ga­do­res te­ne­mos que in­vo­lu­crar­nos más en la par­te di­ri­gen­cial, en la to­ma de de­ci­sio­nes. Es una ten­den­cia que tie­ne su cu­na en el fút­bol ale­mán y se es­tá ex­pan­dien­do. Es una gran no­ti­cia lo de Pla­ti­ni en la UE­FA, lo de Vi­llar en Es­pa­ña....

85. ¿Ba­si­le, Pas­to­ri­za o Me­not­ti? El Pa­to.

86. A me­dia­dos del 2006 te men­cio­na­ron co­mo re­fuer­zo pa­ra Bo­ca, ¿te lle­gas­te a ilu­sio­nar? Sí, aun­que na­die ha­bía ha­bla­do con­mi­go, sa­bía que ha­bía gen­te en Bo­ca que que­ría que vol­vie­ra.

87. ¿Creés po­si­ble que te pue­das re­ti­rar en Bo­ca o ya fue? Creo que la chan­ce to­da­vía es­tá, de­pen­de de mí. Si es ver­dad que es­tu­ve en­tre los can­di­da­tos el año pa­sa­do, co­mo di­cen, ¿por qué no voy a es­tar si si­go man­te­nien­do el ni­vel?

88. ¿Qué es ser ca­ma­ri­lle­ro? No sé, ¿qué es ca­ma­ri­lla? Pa­ra mí no exis­te.

89. Ma­cri o He­ller, ¿a quién vo­tás? A Me­nem.

90. De­fi­ní a Car­los He­ller. Un gran di­ri­gen­te, que me fa­lló a mí por no fa­llar­le al club.

91. Di­jo que fuis­te “un pro­ta­go­nis­ta per­ver­so en la his­to­ria de los gru­pos”. ¿Qué pa­só? Lo de Car­los es muy sim­ple: me ha­bía pro­me­ti­do que si lle­ga­ba una ofer­ta por una de­ter­mi­na­da su­ma de di­ne­ro, me ven­día. Vi­no el Bar­ce­lo­na con esa pla­ta y me de­cla­ró in­trans­fe­ri­ble. Me fa­lló por­que si cum­plía su pa­la­bra, los hin­chas lo ma­ta­ban. Ahí se cor­tó la re­la­ción. Des­pués, cuan­do per­dió las elec­cio­nes con Ma­cri di­je que vol­ve­ría a ser un os­cu­ro di­ri­gen­te ban­ca­rio. No sé si es­tu­ve bien o mal, pe­ro es­ta­ba muy do­li­do, y él me res­pon­dió con to­do, ya es­tá­ba­mos en la gue­rra. Ya pa­só.

El Olimpia de la discordia (1994). Diego Lucero se lo da al Mono,y Chilavert aplaude.

92. Li­niers, 16/6/96, Vé­lez 5-Bo­ca 1, dos go­les de Chi­la­vert. En­trás al ves­tua­rio, ¿te que­rías me­ter en un po­zo y no sa­lir más? Yo es­ta­ba ca­lien­te por­que Cas­tri­lli nos ha­bía per­ju­di­ca­do: nos co­bró un gol que no fue, y un pe­nal que no fue.

93. Chi­la­vert te ver­du­guea­ba por los me­dios y te cla­vó dos go­les. No me di­gas que no te que­rías ba­lear en un rin­cón. Nun­ca com­pe­tí con Chi­la­vert. Yo es­ta­ba en Bo­ca, era el nú­me­ro uno, era nor­mal que él me qui­sie­ra ha­cer un gol, pe­ro a mí me era in­di­fe­ren­te. En­ci­ma, esa no­che me los me­tió un ar­que­ro que pa­tea­ba muy bien, no uno cual­quie­ra, una vir­tud de él. Por eso yo des­ta­co a Chi­la­vert, les da­ba un plus a sus equi­pos, no fue co­mo otros que por es­no­bis­mo em­pe­za­ron a pa­tear.

94. ¿Por qué creés que Chi­la te to­mó de pun­to a vos, si nun­ca le con­tes­tas­te? Por­que se creó un per­so­na­je que le sen­ta­ba bien y por­que yo era un re­fe­ren­te. Pa­sa­ron Goy­co­chea, Is­las, Chi­la­vert, Co­miz­zo, Gat­ti, con to­dos hu­bo una dis­pu­ta fut­bo­lís­ti­ca: era Na­va­rro Mon­to­ya y..., Na­va­rro Mon­to­ya y... Pa­sa­ron vein­ti­trés años y yo si­go es­tan­do.

95. ¿Nun­ca te mo­les­tó que Chi­la­vert te pro­vo­ca­ra? Pa­ra na­da, era su ma­ne­ra de ma­ne­jar­se. Yo ten­go otra.

96. ¿En qué pues­to te po­nés en el ran­king his­tó­ri­co de los ar­que­ros del fút­bol ar­gen­ti­no? En­tre los cua­tro me­jo­res, con Ama­deo, Gat­ti y Fi­llol. En­tre los cua­tro, no cuar­to, eh. Pue­do es­tar ter­ce­ro o se­gun­do. Pri­me­ro no, por­que ahí es­tá Gat­ti, el me­jor ar­que­ro que vi en mi vi­da. Fue un ade­lan­ta­do el Lo­co.

97. Sí, tan ade­lan­ta­do, que se co­mió un mon­tón de go­les de em­bo­qui­lla­da. ¿Y cuán­tos sal­vó?

98. ¿A Chi­la­vert en qué pues­to lo po­nés? Chi­la­vert fue un muy buen ar­que­ro, no un fe­nó­me­no. Des­pués, le agre­gó, jun­ta­men­te con Hi­gui­ta, la po­si­bi­li­dad de mar­car una di­fe­ren­cia con los ti­ros li­bres y pe­na­les. Fue un re­fe­ren­te, pe­ro pa­ra mí no es­tá en­tre los cua­tro me­jo­res. Pum­pi­do, por ejem­plo, fue me­jor ar­que­ro que Chi­la­vert. Ves, el de Nery es un ac­to de in­jus­ti­cia, qui­zás por­que no era ca­ris­má­ti­co, pe­ro él siem­pre te sal­va­ba la pe­lo­ta de gol y sa­ca­ba co­mo los dio­ses. Pa­ra mí es­tá en­tre los cin­co o seis me­jo­res de la his­to­ria.

99. ¿No que­da mal de­cir que es­tás en­tre los me­jo­res? ¿Por qué? Es una opi­nión co­mo otras. El Pa­to Fi­llol de­cía una gran ver­dad: que se en­tre­na­ba pa­ra ser el me­jor y que den­tro de la can­cha el ar­que­ro te­nía que sen­tir­se in­ven­ci­ble.

100. ¿No me re­co­men­dás tu psi­có­lo­go? Te­nés la au­toes­ti­ma por las nu­bes. Yo soy un ti­po con mis du­das tam­bién, con mis in­se­gu­ri­da­des, pe­ro al psi­có­lo­go no fui nun­ca, no creo en la psi­co­lo­gía .

 

DIEGO BORINSKY (2007)

Por Redacción EG: 28/07/2018

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El pequeño Jaime Lema

Un caso extraordinario fue el de Jaime Lema quien atajó en San Lorenzo en los años 20 y 30, siendo campeón en 1933. Medía 1.60 siendo, hasta hoy, el guardavalla más chico del profesionalismo. Su recuerdo.

1997. HUSAIN Hnos.

Claudio, volante, 22 años; Darío, delantero, 21. Fueron los protagonistas de un caso poco común en el fútbol argentino, el de dos hermanos que comparten la titularidad en un equipo de Primera, en el Vélez de Bielsa.

1986. Los dos grandes empezaron la copa

Boca y River se cruzaban por el Grupo 1 de la Primera Fase de Libertadores. Fue empate a 1, magro partido y con un fallido agasajo a los campeones del mundo de México, según José Luis Barrio. VIDEO

¡La Selección Femenina al Mundial!

Tras el empate frente a Panamá en 1, con la anotación de Florencia Bonsegundo, Argentina con un global de 5 a 1 supera el Repechaje y jugará el Mundial a disputarse en Francia en 2019.

14 de Noviembre de 1936, el premio “El Gráfico”

Omar Rodríguez fue ganador de la prueba ciclística promocionada por la publicación mientras que Julio Arrastía ocupó el segundo lugar del podio en una carrera con 110 competidores.

2011. SOLARI 100 X 100

Hace siete años, al poco tiempo de retirarse, Santiago Hernán Solari respondía a las 100 preguntas de El Gráfico. “El Indiecito” pensaba hacer el curso de entrenador, hoy es el técnico de Real Madrid.

El destino, la pelota y yo – Capítulo VIII

Por José Manuel Moreno. El integrante de “La Máquina” relata sus aventuras como soldado en el servicio militar, la promesa de la casa a sus padres, y también de su ilusión, finalmente trunca, del Mundial 1938.

Superliga en 90 segundos

Los goles de la jornada para completar la Fecha 12. Victoria de Tigre sobre Argentinos por 2 a 1, Huracán hizo lo mismo frente a Godoy Cruz, y un empate a 3 entre Patronato y San Martín de Tucumán.

1978. El fútbol de Boca quiere llenar otra copa

El campeón vigente, supera en el Monumental 2-0 a River, termina primero en el Grupo A y clasifica a su segunda final consecutiva de Libertadores. La crónica y las fotos de El Gráfico.