Fútbol

1932. José Ribas, el canillita que conquistó al mundo

Ribas se transformó en fondista en el barrio de La Boca voceando el diario. El oficio le obligaba a correr. En 1932 marcó para la historia del atletismo argentino un récord del mundo: el de los 30 km.

En 1931 el argentino Juan Carlos Zabala estableció en Viena el record mundial de 30.000 metros, marca que superaría Ribas el 27-5-32 en el club GEBA en Buenos Aires.

FIGURAS INOLVIDABLES: JOSÉ RIBAS

Lo vemos en su puesto, en esa proa que forman las calles Almirante Brown y Pedro Mendoza, recostado a la pared del café "El Puente", que adorna con revistas y diarios. Allí está, junto al Riachuelo en cuyas márgenes jugara de niño, pues su infancia se alternó entre Avellaneda y la Boca. De noche, ya tarde., vuelve de su reparto de diarios que realiza con un trotecito todavía elástico, y apoyado en la pared se le escucha el abreviado pregón: "¡Dié!... ¡Dié!...". Eso quiere decir "diarios". A veces, a manera de concesión, le agrega un "¡Seeex-táaaa...!". Y vuelve a su "i dié... ¡dié ...!".

 Era canillita y campeón argentino en carreras de fondo. Sigue manteniendo su reparto de diarios y revistas y encuadrado en esa esquina en donde desde hace largos años conserva su parada, su negocio. Vino a nuestro país casi bebé. La circunstancia quiso que naciera en San Pablo en 1899. Pero sus primeros esquives al vigilante en los picados futbolísticos callejeros tuvieron a Avellaneda de escenario. Llegó a jugar por Sportivo Buenos Aires hasta que un día enrumbó al atletismo. ¿Por qué no probarse?... Training tenía... y de sobra. El oficio obligaba a correr. Podía considerarse algo así como un fondista cuyos records no se homologaban.

 

José Ribas en una de sus tantas triunfales llegadas, esta vez en la pista de Gimnasia y Esgrima, representando a Ferrocarril Oeste en una prueba de 10 km.

 Era por 1921 cuando tomó esa decisión y apareció en la pista de La Sportiva compitiendo en una carrera de 3.000 metros. Le significó debut triunfal. Ello le indujo a ingresar en el Club Pedestre Argentino, en donde halló en Paradiso el buen consejero, el guía, el que le enseñó a entrenarse y a correr. En 1922 ya era figura de primera fila. Quince años después lo seguía siendo. Campeón argentino de 3.000, 5.000, 10.000; sudamericano en estas dos últimas distancias, llegó a la marca mundial de los 30 kilómetros con 1h.40'57" y la de las dos horas con una distancia de 34.435 metros.

Figura realmente inolvidable esta del canillita que nos diera tantos triunfos, que nos brindara tan gratas emociones y que todavía vemos recostado a su vieja pared desde donde emite cortado y característico pregón: "iDié!... ¡dié!..."

(1945)