Fútbol

"Fui yo” por Borocotó

De la tradicional sección “Apiladas” que publicó la revista durante años, proviene este relato escrito por uno de los patriarcas de El Gráfico, el uruguayo Ricardo Lorenzo “Borocotó”.

En las veredas estaban instalados los arcos. Opuestos e idénticos: el árbol y la pared. Y en cada uno dos ojos chispeantes y un jopo que, al secarse, se habla desparramado frente abajo.

Era difícil llevar a la de trapo por los adoquines desparejos de la calleja de barrio y se necesitaba una gran habilidad para subirla a las veredas, que facilitaban el remate sobre las baldosas disfrazadas de ravioles. Tras la pelota iba el jadeo con pedidos y protestas; se los llevaba con ella, a la rastra De las sudorosas frentes catan perlas que se deshacían en el suelo.

 -INo me pegués!

-¡Si no te toqué!

La jugada peligrosa cortaba la discusión, y el juego proseguía. No era el caso, detenerse por un cortocircuito estallado en alguna canilla desnuda al momento, el machucón del puntazo o trazaba un sinuoso hilito hacia bajo.

- iPasá!... ¡pasá!...iNo te la comás! ... Estaba solo, estaba…-  el de la solicitud se detiene amargado y pica de nuevo rumbo al borbollón.

Todos los anhelos, las esperanzas, la vida misma convergen en esa pelota de trapo que va de un lado a otro; que la pisan, la aprietan, la acribillan a puntazos contra el cordón de la vereda. Unos quieren levantarla; otros, llevarla rumbo al medio de la calzada; triunfa uno que la aprisiona entre sus tacos y la levanta en un salto con los pies juntos. En cuanto la deja, la toma bien de empeine.

Estalla un vidrio con sonoridad alegre, musical, como el chispear con que inicia un pájaro su trino, como una lluvia de monedas. Se clavan en la ventana los ojos infantiles. Se produce una duda, de un segundo, como para dar tiempo al pensamiento que ordena la fuga, y la disparada es general. La calle queda desierta, en silencio. Todo fue tan veloz, tan rápido, que hasta parece que no sucedió.

Se abre la ventana, surge el rostro asombrado de una vecina; mira hacia las costados y apenas alcanza a ver la cola del último guardapolvo, Los otros van delante. No oculta su gesto de contrariedad. Mira el hueco dejado en el vidrio roto, vuelve los ojos al suelo y allí, entre fragmentos, ha quedado la pelota de trapo. Todavía fatigada, temerosa, como diciéndole a la vecina: "Fui yo".

Borocotó  (1935)