Fútbol

El perro muerto

En estos momentos de incertidumbre, sentimos que esta nota publicada hace casi 60 años puede aportar para las más urgentes de las necesidades de nuestro fútbol: la recuperación moral.

“Perro tumbado en la nieve” del pintor alemán Franz Marc (1880-1916)

EL PERRO MUERTO

Jesús llegó una tarde a las puertas de una ciudad e hizo adelantarse a uno de sus discípulos para preparar la cena. Él, impelido al bien y a la caridad, internóse por las calles hasta la plaza del mercado. Allí vio en un rincón algunas personas agrupadas que contemplaban un objeto en el suelo, y acercóse para ver qué cosa podía llamarles la atención.

Era un perro muerto, atado al cuello por la cuerda que había servido para arrastrarlo por el lodo.

Jamás cosa más vil, más repugnante, más impura, se había ofrecido a los ojos de los hombres.

Y todos los que estaban en el grupo miraban hacia el suelo con desagrado.

-Esto emponzoñará el aire - dijo uno de los presentes -

-Este animal podrido estorbará la vía pública por mucho tiempo -agregó otro.

-Mirad su piel -dijo un tercero-: no hay un solo fragmento que pudiera aprovecharse para cortar unas sandalias.

 -Sus orejas —exclamó un cuarto-- son asquerosas y están llenas de sangre.

-Habrá sido ahorcado por ladrón -añadió otro.

Jesús los escuchó, y dirigiendo una mirada de compasión al animal inmundo dijo:

-¡Sus dientes son más blancos y más hermosos que las perlas!

Entonces el pueblo, admirado, volvióse hacia Él, exclamando:

- ¿Quién es éste? ¿Será Jesús de Nazaret? ¡Sólo Él podría encontrar de qué condolerse y hasta algo que alabar en un perro muerto...!

Y todos, avergonzados, siguieron su camino, prosternándose ante el Hijo de Dios.

LEON TOLSTOI

 

VAYA UNA BUENA POR TANTAS MALAS

La narración del conocido escritor ruso que reproducimos en recuadro nos permite establecer, naturalmente que salvando las distancias, su comparación con un hecho que atañe al vapuleado fútbol nuestro y que consideramos conveniente destacar.

Para ello necesitamos imaginar una reunión de gente de fútbol, de las que diariamente se realizan en cualquier parte. En esa presunta "mesa redonda" no nos podrían sorprender consideraciones más o menos de este tono:

"El fútbol va de mal en peor; cada día es menor el interés que despierta entre los aficionados. Se vive un estado de anarquía y de caos. Los dirigentes que serían basamento para solucionar sus problemas son quienes con sus desaciertos contribuyen a magnificarlos. El organismo fundamental de la A.F.A. (o lo que es lo mismo su asamblea) permitió una elección presidencial con procedimientos reñidos con la ética y concretó una  absurda amnistía general -ley del perdón que hace a nuestra idiosincrasia- que ha contribuido a desprestigiar a los diferentes cuerpos encargados de administrar Justicia, así como a los árbitros que en primera instancia la aplicaron". Hasta allí una opinión.

 Otro de los reunidos diría, siempre en nuestra suposición: "El presidente de la AFA  pretende perpetuarse en el puesto sin tener en cuenta el fracaso de su gestión. ¿Qué podemos esperar entonces? Ya nadie puede creer en él luego de haber permitido que se violaran las reglamentaciones en vigor durante su mandato, Y además, ¿quién podrá pensar en franqueza de su parte cuando -por cualquier motivo- vuelva a renunciar? El mal está en la cabeza. Por allí hay que empezar".

Un tercero podría asegurar: "El fútbol está cada día más bajo. Ni por asomo es el mismo de antes. Yo me aburro de ir a las canchas. Los jugadores carecen de calidad. La mayoría de los directores técnicos carecen de conocimientos y sólo son puestos para cuando el equipo no marche bien tener un responsable de las derrotas. Un cabeza de turco. Después lo echan y el que viene sigue el mismo camino...".

 Otro bien gustaría añadir: "Puede ocurrir cualquier cosa. El Tribunal de Penas no significa garantía alguna de ecuanimidad, como otros que supieron ganarse el respeto y la consideración general. Los grandes -cuando hay que resolver- se agrandan. Los chicos cada vez lo son más. Juegan las influencias. Lo prueba la no suspensión de Cardoso, como correspondía. Para administrar justicia, si se quiere y se sabe, la vara tiene un solo tamaño legal".

El último argumentaría: "Lo que pasó en San Telmo, donde golpearon salvajemente al árbitro y un juez de línea: el ambiente guerrero que se vivió en Nueva Chicago al terminar el partido con Témperley, el intento de agresión al juez del partido entre Banfield y Talleres, configuran un estado de descomposición general, del que nada bueno podemos esperar".

Pero si después de tantas críticas agrias y juicios contrarias a la conducción de nuestro fútbol -por cierto que se recogerían muchísimos más-  a cualquiera de esa reunión se le ocurriera relatar que el Club A. Lanús ha resuelto ofrecer un refrigerio a sus ocasionales rivales, después de cada partido que deban jugar en su cancha, con seguridad que todos los presentes estarían predispuestos a creer -a la manera del relato de Tolstoi- que a cambio de tantas cosas malas un solo gesto bueno -por inhabitual en esta época-  puede devolvernos la fe y la confianza para continuar empeñados en la recuperación moral, la más importante de todas, de nuestro fútbol.

El hecho, aparentemente pequeño e intrascendente, de que se tienda una mesa común para vencedores y vencidos, si es que los hay, luego de una competencia formal, crea o revive un clima de armonía, caballerosidad y comprensión que necesita imperiosamente tener muchos imitadores.

Aplaudamos el gesto de Lanús, siquiera sea para que contribuya sencillamente, sin alharacas, a todo lo bueno a que pretendemos llegar transitando por el áspero e ingrato camino de lo malo.

Laureano Villamañan (1959)