ARGENTINA EN LOS MUNDIALES

2006. La ilusión que no se concretó

- por Redacción EG: 09/06/2018 -

El equipo de Pekerman hizo una primera ronda impecable, dio una lección de entereza ante México pero se apagó ante Alemania en los cuartos: le faltó audacia y cayó en los penales.

Miles y miles de hinchas argentinos viajaron hasta Alemania.

De la ilusión del principio a la frustración anticipada. La sensación que dejó el equipo de José Pekerman en Alemania 2006 es que estaba para más, que podía haber llegado mucho más lejos que a los cuartos de final. Pero los mismos penales que habían dado tantas alegrías en Mundiales anteriores (contra Yugoslavia e Italia en 1990, contra Inglaterra en 1998) esta vez fueron esquivos. Argentina se fue de Alemania sin haber perdido, con tres victorias y dos empates. Jugó cinco partidos. Repetimos: la sensación es que estaba para jugar los siete.

¿Cómo llegaba el equipo de José al Mundial de Alemania? Con una alta aprobación en la gente y con casi todos los jugadores que los hinchas reclamaban. Estaban los históricos, como Roberto Ayala (quien no había podido jugar un solo minuto del Mundial anterior por lesión, Hernán Crespo y Juan Pablo Sorin, capitán como en Qatar 1995. 

Estaban también Juan Román Riquelme y Javier Saviola, los nombres largamente reclamados que Marcelo Bielsa había tenido borrados hasta el día de su renuncia, poco después de ganar los Juegos Olímpicos de Atenas 2006. A esto se sumaba la inquietante irrupción del chico que ya había enamorado a Barcelona y hacía hablar a buena parte del mundo: Lionel Messi. Con 18 años, Messi estaba disfrutando del Mundial que Maradona, con su misma edad, no había podido tener.

Crespo, Sorín y Maxi Rodríguez eran piezas fundamentales del equipo.

De los convocados por Pekerman, la única exclusión polémica fue la de Javier Zanetti, que había formado parte del equipo en las Eliminatorias: el técnico optó por la opción de Lionel Scaloni, más las alternativas de Coloccini y Burdisso para ocupar la franja. Pero como el capitán del Inter no se refirió al respecto públicamente, la controversia mediática llegó con la exclusión de Germán Lux y la convocatoria de Oscar Ustari como tercer arquero. Lux había sido el titular en la Copa de las Confederaciones de un año atrás.

“Roguemos para que Román siga como hasta ahora”, era la frase que Pekerman repetía con micrófonos abiertos y cerrados. El enganche, uno de sus favoritos desde aquel Sub 20 de Malasia, tenía como misión ser el líder futbolístico del equipo, que se plantó con una base de 4-3-1-2 para potenciar, precisamente, la expresión de Riquelme, quien públicamente admitía que un buen resultado era llegar entre los primeros cuatro.

Era un equipo que desde su constitución respetaba fielmente el sello Pekerman. De hecho, de la lista de 23, sólo Abbondanzieri, Ayala, Heinze, Luis González, Palacio, Crespo y Cruz no habían participado de ninguno de los procesos de la era de José al frente de los juveniles.

Desde el primer partido oficial luego de la ida de Bielsa, jugado en el Monumental ante Uruguay el 9 de octubre de 2004, el equipo de Pekerman mostró claramente sus intenciones: se paró 15 metros más atrás, con un esquema más tradicional de línea de 4, y una filosofía orientada a tener seguridad en el traslado y manejo de la pelota antes que a la necesidad de vértigo por el vértigo mismo. Fue victoria 4-2, con goles de Lucho González, dos de Figueroa y uno de Zanetti.

Messi debutó en los mundiales y le marcó a Serbia y Montenegro.

El tránsito por las Eliminatorias desde aquella fecha 9 fue tranquilo, incluyó una victoria importantísima en La Paz y se coronó, con una gran muestra de superioridad, en el 3-1 ante Brasil en el Monumental (Crespo, Riquelme y Crespo), que dejó a Argentina clasificada a un año del Mundial y tres fechas del cierre.

Sin embargo, poco tiempo después, en Alemania, los brasileños se vengaron con otra victoria (tan dolorosa como la de la final de la Copa América 2004) en la final de la Copa de las Confederaciones. El equipo de Pekerman, superado, cayó sin atenuantes 4-1. El único gol argentino de la final lo convirtió Aimar. El trayecto había dejado dos presagios para el Mundial: 1) ¡Qué rival duro es México! Fue victoria por penales, tras el 0-0 de los 90 minutos e ir perdiendo 1-0 el alargue. Empató Figueroa a 10 minutos del final. 2) ¡Qué rival duro es Alemania! En la fase previa, Argentina se enfrentó al anfitrión y estuvo dos veces abajo en el resultado: Riquelme puso el 1-1 y Cambiasso hizo el definitivo 2-2.

A pesar de la amargura de una nueva final perdida contra los brasileños, la Copa de las Confederaciones fue una experiencia positiva para el equipo. Sólo faltaba saber qué le depararía a la Selección en el sorteo de los grupos del Mundial. Gracias a un discutido sistema de rankings, Argentina se garantizó un cupo como cabeza de serie, pero ni así pudo respirar con tranquilidad.

Tras el fracaso estrepitoso de Corea-Japón, se sabía que cualquier grupo iba a ser considerado más difícil de la cuenta, pero lo cierto es que el que le tocó a la Selección fue verdaderamente difícil. Había que empezar contra los africanos de Costa de Marfil, liderados por el delantero del Chelsea Didier Drogba. Luego seguir por Serbia y Montenegro, que llegaba con los pergaminos de ser la mejor defensa europea de las eliminatorias, culpable de que España sufriera hasta último momento para entrar a la Copa. Y finalmente, había que concluir jugando contra Holanda, víctima argentina en la final del 78 pero verdugo en los Mundiales 74 y 98. Nada menos que el tercer y decisivo partido. En los papeles era el Grupo de la Muerte, sin dudas.

La Selección se instaló en la localidad de Herzogenaurach, una pequeña ciudad cerca de Nuremberg, 

que los periodistas tuvieron que aprender a pronunciar a duras penas.

Cambiasso, tras 25 pases, marca un gol argentino que hizo historia.

Empezar ganando fue una bendición para aliviar el terror post 2002. Y eso que Costa de Marfil fue un rival mucho más duro de lo que se pensaba. El segundo partido, contra Serbia y Montenegro, rápidamente se convirtió en un festival de fútbol y goles para el recuerdo. Sin dudas, el de Cambiasso, tras 25 toques en todos los sectores del campo, se transformó en un manual de cómo hacer circular la pelota para buscar los espacios, cambiar el ritmo a tiempo y lastimar a fondo. El partido contra los europeos también dejó un dato para la historia: hizo su debut Lionel Messi, que entró en el segundo tiempo y marcó el gol del 6-0. Como Holanda también había ganado los dos partidos, la tercera fecha fue sólo para cumplir. Ambos mecharon titulares y suplentes, pensando en la siguiente ronda, y no se sacaron ventajas.

La parada de los octavos fue contra México el 24 de junio, dirigido por el argentino Ricardo La Volpe. Y se planteó como undurísimo y friccionado partido donde se luchó más que lo que se jugó. Argentina empezó perdiendo por un gol de Rafa Márquez, pero un gol de Crespo (con participación de su marcador) dejó las cosas 1-1 a los 10 del primer tiempo. Desde allí se dio una verdadera batalla que recién se resolvió por una bomba salvadora de Maxi Rodríguez en el octavo minuto del alargue, cuando el partido parecía encaminarse rumbo a los penales. Fue un auténtico gol de oro, aunque la FIFA había eliminado esta modalidad en las definiciones.

Maxi Rodríguez celebra luego de marcarle un golazo a México.

Así llegó el cruce contra los dueños de casa en cuartos de final. Y Argentina se puso en ventaja en el segundo tiempo con una incursión de Ayala en un córner de Riquelme. Hasta que llegó el fatídico minuto 25 del segundo tiempo, cuando Abbondanzieri –de muy buen campeonato– salió a cortar un centro fácil y fue interceptado por Miroslav Klose. El Pato apenas pudo ponerse de pie pero volvió a caer, muy dolorido. Y pidió el cambio porque por el golpe no sentía la pierna. Entró Leo Franco. Un minuto después, una sustitución polémica de Pekerman: salió Riquelme y entró Cambiasso. Y seis minutos más tarde, a los 33, cuando el partido reclamaba el ingreso de Lio Messi para aprovechar a los centrales alemanes, Pekerman decidió mandar a la cancha a Julio Cruz por Crespo. Messi se quedó en el banco, masticando pasto de la bronca. A los 35 empató Klose.

Y así, el partido llegó hasta los penales. Sin Abbondanzieri, todo un especialista, y con Jens Lehmann, que recibió una ayudita de un colaborador del DT Jürgen Klinsmann: un papel con las puntas a las que le convenía tirarse ante los ejecutores argentinos. Franco, en cambio, no recibió ningún machete. Lehmann le atajó a Ayala y Cambiasso. Franco no atajó ninguno. Y el sueño argentino terminó imprevistamente.

Argentina quedó eliminada frente a el local, Alemania, por penales.

Fotos: Alejandro Del Bosco

Por Redacción EG: 09/06/2018

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