Fútbol

1986. El camino a México no fue un jardín de rosas

Bilardo sucede a Menotti al mando de la Selección y con Diego como capitán y estandarte, llegan a México después de un proceso tortuoso para conseguir lo que pocos creían: otra Copa del Mundo.

Maradona esquiva a Passarella en una práctica.

Hubo una tarde en que Argentina comenzó a ganar su segundo Mundial sin saberlo. Una tarde cualquiera, a prin­cipio de los ochenta, con los añosos sauces del predio de Ezeiza como cómplices y testigos, en la que el técnico Carlos Sal­vador Bilardo ensayó una de sus tantas jugadas maestras.

Las Eliminatorias para México 86 esta­ban por arrancar y el Narigón no pudo reprimir el deseo de concretar una charla imprescindible con Diego Armando Mara­dona. “¿Sabés quién va a ser el capitán de la Selección?”, le preguntó el entre­nador a un Diego con cara de sorpresa, confiado en que ese honor le seguiría per­teneciendo a Daniel Passarella.

Borghi, Ruggieri, Islas, Giusti, Echavarria, Madero, Grondona, Bilardo, Pachamé y Cucciuffo

“Yo quiero que el capitán seas vos, quiero que seas el dueño de la Selección”, completó Bilardo, y al Diez le explotó el pecho de orgullo. Desde ese instante, ambos conformaron una alianza indes­tructible, un tándem monolítico que soportó todo tipo de tempestades en el sinuoso camino a la gloria.

El tránsito hacia México fue poco menos que tortuoso. Un partido bien, otro mal, la mayoría regular. Un proce­so doloroso como las brusquedades impunes del peruano Luis Reyna a Diego, en Lima, como el triunfo angustian­te y apretado frente a los venezolanos, como la clasificación abrochada en el minuto 81 del partido decisivo con Perú en el Monumental, tras aquella corajeada mítica de Passarella que el Flaco Gareca empujó sobre la línea…

Aquel día, el 30 de junio de 1985, Mara­ dona y Bilardo se abrazaron bien fuerte en el vestuario. “Ahora va a ser distinto, Carlos. Ahora vamos a estar más tranqui­los”, le dijo Diego. Pero Bilardo descreía: “Nooo, qué tranquilos. Nos van a seguir matando. Pero ya estoy acostumbrado, nací para sufrir…”

El Narigón no se equivocó. Aquel pasa­ porte mundialista no redujo las críticas ni mucho menos. Desde varios sectores de la prensa se le reclamaba el escaso vuelo futbolístico del equipo y que no incluyera en sus planes a jugadores de gran rendimiento en Europa, como Ramón Díaz y el Beto Márcico. Una bola de nieve que creció insospechadamente, hasta transformarse en una suerte de golpe de estado.

¿Una exageración? No, para nada. “Esta­mos solos, ésta es una Selección perseguida”, repetía Diego. “Tengo un dato terri­ble: me quieren voltear”, le espetó Bilardo a Carlos Pachamé, su ayudante de campo, días después de una magra gira por Euro­pa. Pacha se resistía a creerlo, pero el téc­nico manejaba buena información.

En una charla informal, opinando como lo haría cualquier hincha, el presidente de la Nación, Raúl Alfonsín, había dado su parecer: “A mí no me gusta como juega la Selección.” Los interlocutores habían sido el secretario de Deportes, Rodolfo O’Reilly, y el subsecretario del área, Osvaldo Otero.

Días después, mientras participaba de una reunión de la FI­FA celebrada en Zurich, Julio Grondona recibió un llama­do telefónico de los funcionarios en cuestión: “Julio, ¿usted cómo ve un posible reemplazo de Bilardo? Porque las co…” El presidente de la AFA no los dejó terminar y les sacó la roja: “Es una barbaridad ina­ceptable desde todo punto de vista. Bilar­do sigue hasta el final, pase lo que pase.” Aquella alianza de dos, bajo los árboles de Ezeiza, sumaba un tercer mosquete­ ro. Con Bilardo, Maradona y Grondona tirando del mismo carro, cualquier hazaña era posible…

Pumpido y Diego en la utileria.

Aunque la confianza de Gron­dona era un aval más que tranquiliza­dor, Bilardo no quiso dejar ningún cabo suelto en la gira previa al Mundial, que incluía amistosos con Noruega e Is­rael. Y entonces concretó otra jugada maes­tra: “Hacemos Oslo, Tel Aviv y nos vamos derechito para México. A ver si volvemos para Buenos Aires y nos cortan el chorro…” Y al plantel le inoculó el virus de la responsabilidad con una cuota de humor: “Muchachos, en la valija pongan un traje y una sábana. El traje lo usamos cuando bajemos del avión con la Copa del Mundo. Pero tengamos a mano la sábana por si perdemos y nos tenemos que ir a vivir a Arabia, porque acá no vamos a poder.”

El lunes 5 de mayo, luego de caer 0-1 ante Noruega y golear 7-2 a Is­rael, el plantel argentino se instaló en el com­plejo deportivo del club América, uno de los más populares de México. Cuatro hectáreas y 1300 metros cuadrados de construcción situados a 40 minutos del centro del Distrito Federal y a 5 del Esta­dio Azteca, sede de la final.

A Maradona le tocó compartir la habita­ción 6 con Pedro Pablo Pasculli. Linda, sencilla, sin lujos: paredes sin revoque, velado­ res de acrílico, camas sin respaldo, baños austeros pero bien acondicionados…

El arranque de los entrenamientos fue demoledor. Jaqueados por la altura y el smog del DF, los jugadores ensayaron alguna queja, pero el profe Ricardo Eche­varría los contenía con ese tono paternal que lo transformó en un ser entrañable: “Ustedes sigan que yo los paro un minuto antes de que se mueran… Tranquilos, que la altura todavía no liquidó a nadie.” El hermetismo de aquella concentración le valió el bautismo de La Is­la, según la ocurrencia del volante Marcelo Trobbia­ni. Allí se formó y se consolidó el grupo, a reunión pura, a charlas cara a cara sin esconder nada. Muchas fueron importan­tes, pero ninguna como la celebrada en el hotel La Fontana, en el calor pegajoso de Barranquilla, el día anterior a empa­tar 0-0 con Junior en lo que sería el últi­mo amistoso previo al debut. De aquella charla participaron los jugadores y nadie más. Dos horas en las que Diego llevó la voz cantante: “Ahora nos tenemos que olvidar de todo: de nuestros clubes, de la familia, de la guita y de los problemas… Tenemos que pensar solamente en nosotros. No importa quién es titular y quién es suplente. Hay que hacerse carne y uña, romperse el alma para ayudar al compañero. Muchos esperan que perda­mos para terminar de despedazarnos. Y no les tenemos que dar el gusto…”

Al técnico sólo lo llamaron para hacer­ le una sugerencia: “No queremos jugar más amistosos. Preferimos volver a Méxi­co y entrenarnos con todo en la altura. Todos nos juegan a muerte y pueden las­ timar a alguno. Mejor volvamos y prepa­rémonos allá.”

La famosa foto de El Gráfico de los dos capitanes de Argentina Campeón del Mundo 78 y 86.

Poco a poco, La Is­la adquirió una mística inquebrantable, germinada en medio de una rutina fríamente calculada: práctica al mediodía, almuerzo a las dos de la tarde, siesta y otro entrenamiento a las cinco.

Días antes del debut, una de sus canchas fue escenario de una producción para El Gráfico, donde Maradona y Passarella – algo distanciados por el tema de la capita­nía– posaron con dos sombreros mexica­nos. “Esta foto me gusta porque en 1975, antes de ir al Torneo Esperanzas, de Tou­lon, me hice una igual con un sombrero como éste y salimos campeones. Por ahí, quién te dice que se repite la historia…”, comentó el Kaiser, desconociendo lo que le sucedería desde el fatídico jueves 22 de mayo. Amaneció con una severa ente­rocolitis y ni siquiera se pudo entrenar. Y los días posteriores fueron nefastos. La medicación no consiguió espantar el virus estomacal que lo aquejaba. Fue perdiendo kilos en forma vertiginosa. Y horas antes del debut con Corea del Sur tuvo un mano a mano con Bilardo, pen­sando en el bien de la Selección: “Estoy muerto, Carlos, no puedo levantar las piernas. Mejor que juegue otro, porque no le quiero fallar a nadie.” Era la hora de José Luis Brown, que se había entrenado a conciencia pese a que ni siquiera juga­ba en su club, Deportivo Español…

15

Luis Islas

Arquero

18

Nery Pumpido

Arquero

22

Héctor Zelada

Arquero

5

José Brown

Defensor

6

Daniel Passarella

Defensor

8

Néstor Clausen

Defensor

9

Jose Cuciuffo

Defensor

13

Oscar Garré

Defensor

16

Julio Olarticoechea

Defensor

19

Oscar Ruggeri

Defensor

2

Sergio Batista

Mediocampista

3

Ricardo Bochini

Mediocampista

4

Claudio Borghi

Mediocampista

7

Jorge Burruchaga

Mediocampista

10

Diego Maradona

Mediocampista

12

Héctor Enrique

Mediocampista

14

Ricardo Giusti

Mediocampista

20

Carlos Tapia

Mediocampista

21

Marcelo Trobbiani

Mediocampista

1

Sergio Almirón

Delantero

11

Jorge Valdano

Delantero

17

Pedro Pasculli

Delantero