Fútbol

1982. Argentina busca revalidar el título

Con la base del equipo campeón del mundo más Diego Maradona, Argentina llega a España como favorito. Revivimos la crónica y las fotos de la primera ronda de la Selección en el Mundial 82.

Llega el Campeón, con Grondona y Menotti a la cabeza.

Recostado en su habitación del hotel El Montí­boli, en Villajoyosa, con una pos­tal del Mediterráneo pintada en esa ven­tana, Juan Barbas escuchó la preocupa­ción que envenenaba el pecho de Diego Maradona, el genio descartado para el Mundial 78, el pibe diplomado de maravi­lla en el Juvenil 79…

–Esto no me gusta para nada, Juan. Pare­ce que dié­ramos por descontado que les pasamos el trapo a todos y todaví­a no jugamos ni un minuto.

La intuición le funcionaba fenómeno a Diego… La Selección deambuló por el paraí­so en los tres años que siguieron al Mundial 78. El primer ciclo del Flaco Menotti habí­a demostrado que una polí­tica seria –“Selección Nacional, prioridad nú­mero uno”– y una tarea responsable de las famosas tres patas –jugadores, cuerpo téc­nico y dirigentes– eran el ú­nico camino para colocar al fút­bol argenti­no en un podio acorde con los jugadores angelizados que generó desde el princi­pio de los tiempos.

Un año despué­s del tí­tulo de mayores lle­gó la consagración en el Juvenil de Tokio 79. Aquel magní­fico trabajo iniciado por el maestro Ernesto Duchini derivó en un grupo de chiquilines que, dirigidos por Menotti, asombró al mundo con un fú­tbol ex­quisito que ofreció a Maradona y al Pelado Dí­az como má­ximas ex­presio­nes del talento.

Los mayores tampoco se quedaron quie­tos. Incluyendo el partido de celebración ante el Resto del Mundo por el primer aniversario del tí­tulo –golazo memora­ble de Diego para la victoria por 1 a 0– y la participación en el Mundialito 81 cele­brado en Montevideo, la Selección jugó 31 partidos. Una cifra que reafirmaba el camino del ciclo anterior.

PLANTEL ARGENTINO MUNDIAL ESPAÑA 1982

2

Héctor Baley

Arquero

7

Ubaldo Fillol

Arquero

16

Nery Pumpido

Arquero

8

Luis Galván

Defensor

13

Julio Olarticoechea

Defensor

14

Jorge Olguín

Defensor

15

Daniel Passarella

Defensor

18

Alberto Tarantini

Defensor

19

Enzo Trossero

Defensor

22

Jose Van Tuyne

Defensor

1

Osvaldo Ardiles

Mediocampista

3

Juan Barbas

Mediocampista

9

Américo Gallego

Mediocampista

10

Diego Maradona

Mediocampista

12

Patricio Hernández

Mediocampista

4

Daniel Bertoni

Delantero

5

Gabriel Calderón

Delantero

6

Ramón Díaz

Delantero

11

Mario Kempes

Delantero

17

Santiago Santamaría

Delantero

20

Jorge Valdano

Delantero

21

José Valencia

Delantero

 

Lógico: Argentina llegó a España como favorita. Así­ invitaba a pensar la mix­tura entre el plantel anterior y las figuras surgidas del Juvenil. Se dirí­a que pro­vocaba susto con sólo repasar los nombres: el coraje de Passarella, los reflejos increí­bles del Pato Fillol, la inteligencia táctica de Ardiles, la categorí­a de Olguí­n, los pulmones del Tolo Gallego, la personalidad del Conejo Tarantini, el gol hecho rayo en los pies de Ramón Dí­az y la magia infinita de Maradona, que lue­go de ser campeón con Boca acordaba su incorporación al Barcelona…

Ese, precisamente, era el favoritismo que a Diego le olí­a tan mal. Para colmo, no eran pocos los integrantes del plantel que consideraban desmedido el endio­samiento que el cuerpo téc­nico hací­a sobre el rendimiento de Bél­gica, rival en el partido inaugural. Pública o privada­mente, se hablaba de la dinámica colec­tiva y de sus rasgos individuales como si se tratara de Holanda del 74.

En consecuencia, fermentó un cóctel fatí­dico entre el ex­ceso de confianza de un grupo –aquellos que manejaban la convicción de que los rivales eran pan comido– y el desproporcionado respeto a los belgas de parte de otros. Resumien­do: aburguesamiento más temor.

Esta vez, era un problema del plantel, nada tení­an que ver los dirigentes. La AFA, ya en manos de Julio Grondona, habí­a hecho su parte a la perfección. Y nadie negaba la ex­istencia de un factor ex­terno que condicionaba el espí­ritu y se llevaba no pocas horas de charla en la concentración: la Guerra de Malvinas. Mientras ese plantel se alistaba para jugar un Mundial, millares de argentinos, tan jóvenes como ellos, empuñaban un fusil para defender a la patria en el cam­po de batalla. Una situación que detona­ba contradicciones entre los jugadores, varios de los cuales sostení­an que Argen­tina no debí­a jugar ese Mundial.

Jorge Valdano debuta en un Mundial contra Bélgica; fue derrota 1 a 0.

Bélgica sacó provecho de ese mapa de situación. No bien empezó a rodar la pelota, quedó claro que la cuesta serí­a difí­cil de remontar. Argentina lucí­a incone­xo. Se enchufaba de a ratos. Apenas si levantaba vuelo con alguna ráfaga de Diego, a quien le cometieron un penal evidente que el árbitro Christov pasó por alto. Pero sólo eso. Sin ser el cuco de los presagios iniciales, los belgas mostraron un bloque compac­to y solidario, astuto y generoso. Fueron superiores durante todo el desarrollo y clavaron el puñal de la diferencia con el gol de Vandenbergh.

El cachetazo de la derrota sirvió en un punto. Fue el despertador para los embriagados de exi­tismo. En la concentración hubo una descarnada reunión. Menotti habló largo y enér­gico. Dijeron lo suyo los ex­perimentados. Tuvieron voz y voto los más pibes. Y se generó un compromiso a partir de la arenga del entrenador: “Es hora de jugar como los verdaderos campeones del mundo.” Cuatro dí­as despué­s, esperaba Hungrí­a en el estadio José­ Rico Pé­rez, de Alican­te. Y Argentina fue una fiesta de fút­bol.

Gallego en el mejor partido de Argentina en el Mundial. 4 a 1 con Hungría.

Toque, circulación, audacia, gol. Todos los ingredientes que se le pueden recla­mar a un equipo vitaminizaron un 4-1 inolvidable. Que trajo como yapa los dos primeros goles de Diego Maradona en la historia de los Mundiales. Uno de palomi­ta, casi abajo del travesaño. El otro de afuera del área, de zurda.

La prensa internacional derramó cata­ratas de elogios para Diego. Y los juga­dores de El Salvador –úl­timo escollo del grupo– tomaron debida nota y lo transformaron en presa de su cacerí­a en el partido del 23 de junio, nuevamente en el calor sofocante de Alicante.

Argentina necesitaba ganar para clasifi­carse. Lo hizo por 2-0, pero retrocedió notoriamente en su rendimiento. Jugó un fút­bol lento e impreciso, plagado de desniveles. Y tuvo que lidiar contra la complacencia del árbitro Barrancos, exa­geradamente contemplativo ante el arsenal de brusquedades desplegadas por los centroamericanos.

Passarella convierte de penal el primero frente a El Salvador para ir sellando la clasificación a la segunda fase.

En la fase de grupos esperaba a la Selección de Menotti y Maradona dos equipos que ya conocían el sabor de la gloria mundial: Italia y Brasil.

1982. La primera ronda de Argentina en el Mundial de España