LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

26 de mayo de 1938. Se inaugura el Monumental

- por Redacción EG: 26/05/2018 -

Hace ochenta años el club River Plate inaugura en el barrio de Nuñez su nuevo estadio, una mole de 32 metros monumental. La crónica de Chantecler y las fotos de un evento extraordinario.

 

 

RIVER INAUGURÓ SU ESTADIO

Resultó una grata fiesta destinada a exaltar la importancia del acontecimiento que significa para Buenos Aires, que por fin tiene el estadio digno de su importancia y la afición deportiva de sus habitantes.

El jueves 26 de mayo de 1938 será un día de alta significación en el deporte argentino y cualquiera fuese la suerte futura de éste, los niños de hoy cuando sean ancianos, recordarán la grata fecha en que el esfuerzo de un club brindó a Buenos Aires el estadio suntuoso y cómodo que le hacía falta y que tanto había clamado en vano a las autoridades de la nación y la comuna.

No voy a referir detalles estadísticos ya ampliamente difundidos acerca de la magna obra. Haré sólo una sucinta narración de la primera fiesta y una evocación sentimental.

Hace 37 años, entusiastas muchachos del barrio de la Boca fusionaron dos clubs y crearon el River Plate. Su primera cancha, algo mejor que un potrero, fue modestamente inaugurada en la dársena sur, tras las carboneras de Wilson. Más tarde, por mudanza forzosa, el club tuvo que trasladarse a Sarandí, cerca del arroyo del mismo nombre, y al volver al antiguo barrio Aristóbulo del Valle y Gaboto, una tribuna oficial de madera y pequeñas graderías populares fueron el testimonio fehaciente del constante progreso de la entidad que se iba abriendo camino hacia sus grandes destinos. Hasta 1922 la vieja barriada contempló orgullosa jalones de ese progreso, en aumento de graderías y mejoras en las instalaciones, que le procuraban la dedicación acendrada de sus dirigentes y la popularidad que el club iba adquiriendo por la bondad de sus grandes jugadores.

Mediados de los años 30. Construcción del estadio Monumental, en esa época uno de los mejores del mundo.

Por esa época los sueños de prosperidad del presidente Bacigaluppi provocaron una revolución sentimental en el club y con la protesta de la mayoría de los asociados de la primera hora, que no admitían que la cancha estuviera lejos del calor del antiguo barrio, la ambiciosa y entusiasta labor de don José y sus colaboradores de entonces levantó el estadio de Avenida Alvear y Tagle demasiado modesto para el suntuoso barrio, pero grande y admirable para lo que el club había sido hasta ese momento. La acción progresiva cobró un impulso gigantesco y no obstante las continuas mejoras que fue experimentando ese estadio, llegó a ser insuficiente para contener, en sus precarios medios, el número cada vez mayor de sus socios y las aspiraciones imperativas de su gran presidente.

El fallecimiento de este no dejó trunca la proyección de la obra. La semilla ambiciosa cayó en terreno fértil y hasta se le llegó a creer un deber de los directivos ejecutarla.

Todo favoreció los planes y mientras la incuria legislativa y edilicia postergaba en proyectos que nunca se intentaron realizar el estadio que Buenos Aires precisaba, seguía River Plate con firmeza trabajando constantemente en la majestuosa elaboración del suyo. Y he ahí que el milagro de la obra perseverante de progreso de un club tuvo su magnífica realización a través de 37 años de constantes esfuerzos y dedicación entusiasta.


EL ASPECTO DEL ESTADIO

El tiempo deseó prestar su indispensable concurso al magno acontecimiento de River Plate y un hermoso día presidió las fiestas inaugurales. El estadio, mole que se eleva a 32 metros, llamaba a la fiesta con su imponente masa de cemento armado y el estruendo de bombas de pirotecnia lanzadas desde su interior. Y los socios y aficionados acudieron sin reservas a brindar su homenaje al nuevo y más grande y lujoso templo de sus predilecciones deportivas. Las banderas flameaban al viento luciendo los patrios colores y los típicos de River Plate, mientras la densa caravana de vehículos y peatones llegaba presurosa y de diseminaba por los distintos sectores y escalinatas. El espectáculo era grato e imponente, digno del estadio que se inauguraba. La solemnidad del acto ponía una nota de emoción en todas las almas.

A las 13.30 comenzó la fiesta con un desfile encabezado por dos jóvenes abanderados: Santiago Hintze, conduciendo la bandera argentina, y Aurora Torrecilla, la de River Plate. Detrás, llevando horizontalmente una gran bandera, marchaban los ex presidentes y fundadores del club y otras autoridades; los seguían los teams de Peñarol y River Plate y los distintos equipos deportivos de este último club.

Los hinchas y vecinos colmaron las instalaciones del cómodo y moderno estadio.

LA ANTORCHA OLÍMPICA

Mientras se esperaba la llegada del atleta portador de la antorcha olímpica, entre los tributos a River Plate se destacó el obsequio de un artístico escudo con los colores del club, todo realizado con flores naturales y que fue colocado frente al palco oficial.

El acto más significativo y simbólico era, sin duda, el de la posta organizada por la escuela Carlos Pellegrini, de Pilar, que se adhería al homenaje estableciendo una posta de 75 atletas desde ese punto distante de 63 kilómetros, conduciendo la antorcha para encender la lámpara votiva.

Poco después de las 14.30 el clarín anunció la llegada del atleta portador de la antorcha, y el momento de profunda atención en las tribunas estalló en una cálida ovación cuando emergió del subterráneo la figura atlética de Ignacio Ovejero, último de la posta, conduciendo la encendida mecha, el que, seguido de sus restantes compañeros, en tren lento, dio una vuelta al estadio y depositó la antorcha en manos del edecán del presidente de la República, quien encendió la lámpara consagrada.

UNA EXHIBICIÓN DE GIMNASIA RÍTMICA

El mejor número del programa constituyó, por la cantidad de los ejecutantes y la admirable ordenación de su labor, la exhibición de gimnasia rítmica brindada por los atletas de los patronatos nacionales de menores, a las órdenes del líder Enrique Gismondi. Espectáculo novedoso para la mayoría de la concurrencia, gustó sin reticencias y nos hizo comprender cómo es posible que estén tan aficionados al mismo los países nórdicos, en particular Alemania, Checoslovaquia y Rusia.

Y nos imaginamos a través de la ejecución de los distintos movimientos iguales de 400 atletas, lo que será el espectáculo que pueden ofrecer 10 mil. Los menores comenzaron por realizar con notable prontitud letras con los nombres de Ortiz y River; siguieron con ejercicios de brazos y flexiones y terminaron con marchas y evoluciones, todo lo que hicieron con singular ajuste, provocando constantemente el aplauso de la multitud.

La fiesta de inauguración se cerró con un match entre River y Peñarol de Montevideo.

EL MATCH DE FÚTBOL

Sin duda el número principal lo constituía el match entre River Plate y Peñarol, de Montevideo, viejos y tradicionales adversarios del Río de la Plata, que cuentan en sus anales con luchas dignas de recordación. El partido se efectuó por la disputa de un hermoso trofeo challenger denominado Bacigaluppi-Sosa, como justo homenaje a la memoria de los dos activos presidentes de ambas instituciones. Dada la solemnidad del acto, el significado de la fiesta y el carácter exclusivamente amistoso de la competencia con la inmediata previsión de muy próximos compromisos oficiales de los dos teams, este encuentro careció de importancia y atractivos.

Los lectores me excusarán si no dedico al match más que unos párrafos. Fue una lucha que sólo alcanzó cierto colorido en algunos pasajes de la primera etapa, para diluirse en una pronunciada monotonía.

River Plate, de fuerzas evidentemente superiores, no necesitó esforzarse para triunfar y lo hizo con tres goals a uno, mediante los oficios de Peucelle en el primer período, entrando a velocidad ante un pase acertado de Ferreyra, con un potente shot bajo y cruzado, y en el segundo, por Ferreyra, de un fuerte shot alto, ejecutado desde cerca, y Moreno, de un certero cabezazo mientras que Young disminuía la ventaja en un ataque de los centrales que terminó con un recio tiro a media altura.

Fue Peucelle el mejor y más animoso de los forwards de River Plate a quien le cupo el honor de hacer el primer goal en el estadio, y de sus compañeros se destacaron Sirni y Vassini en la extrema defensa, Minella y Wergifker en la de halves, y Perdernera y Moreno en la de forwards.

De Peñarol, cuyo juego es vistoso pero lento y poco decidido, los mejores fueron Rivero, Barrada y Rodríguez, en la defensa, y Erico y Freire en el ataque.

Chantecler (1938)

Por Redacción EG: 26/05/2018

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