Fútbol

1978. Rosario fue una fiesta

El camino de Argentina a la final pasaba por Rosario. La Selección de Menotti se fortalece en cada partido para ganar el grupo. La crónica y las fotos de los partidos con Polonia, Brasil y Perú.

El segundo del Matador frente a Polonia.

1978.Los partidos de segunda fase de Argentina en el Mundial.

Rosario fue una cuna de oro para la Selec­ción. La recibió con la máxima calidez y pareció potenciar la respuesta de los juga­dores a favor de un escenario más calien­te como el de Central, donde no hay espa­cios entre el terreno y el fervor popular. La ecuación era sencilla: para llegar a la final había que sumar más puntos que Polonia, Brasil y Perú, los tres rivales del Grupo A.

El anticipo de Kempes ya duerme en la red polaca. Es el 1 a 0 y, a la vez, el primer gol del Matador en el Mundial.

Como si regresar a un estadio tan queri­do le encendiera el alma, Mario Alberto Kempes, que no había adquirido gran relieve en la fase inicial, empezó a dejar su huella. Abrió la cuenta ante los polacos con un anticipo de cabeza. Voló como el mejor arquero para evitar el empate, cosa que tambié­n hizo Fillol al atajarle un penal determinante a Deyna. Y remachó la victo­ria por 2-0 luego de una excelente acción de Ardiles.

Argentina ganaba 1 a 0. Penal para Polonia. Lo ejecutó Deyna, un especialista, y lo contuvo el legendario Pato Fillol.

El segundo paso fue una igualdad en cero con un Brasil excesivamente belico­so. “Me preocupó que no hayamos res­pondido con fútbol a esa violencia”, dijo Menotti, que ya recitaba de memoria el equipo base: Fillol; Olguín, Luis Galván, Passarella, Tarantini; Ardiles, Gallego, Valencia; Bertoni, Luque y Kempes.

Alonso frente a Brasil. Fue 0 a 0 en un partido cerrado, trabado, muy luchado.

De acuerdo con los resultados registra­dos, el 21 de junio Argentina salió a la cancha sabiendo que necesitaba vencer a Perú por cuatro goles de diferencia para ser finalista. Caso contrario, pasaba Bra­sil. “Si en Lima ya les ganamos un amisto­so por tres goles, bien podemos hacerlo acá por cuatro”, se decían los mucha­chos argentinos en la concentración de Granadero Baigorria. Y la respuesta fut­bolística fue apabullante: 6-0 con goles de Kempes (2), Luque (2), Tarantini y Houseman. Sobre aquella victoria se tejie­ron conjeturas sombrías jamás compro­badas. “Arreglo” fue la palabra elegida para salpicar una conquista legítima, que incluso estuvo amenazada por un disparo de Muñante en el poste, con el marcador todavía en blanco. Se invocaron cuestio­nes políticas y hasta se dudó de la hono­rabilidad de Quiroga, arquero argentino nacionalizado peruano. Tiempo despué­s, habló la máxima figura del equipo incai­co, Teófilo Cubillas: “Es lamentable que se haya deformado lo ocurrido en aquel partido. La realidad es que llegamos con demasiados problemas: Chumpitaz afie­brado, Díaz y Navarro afuera por lesión, Muñante y yo golpeados… Nosotros andu­vimos mal, pero aquella noche Argentina le ganaba a cualquiera. Jugó un fútbol excepcional.”

El gol de la clasificación. Passarella la frentea desde el segundo palo y Luque, se tira en palomita para el 4 a 0 frente a Perú. Después vendrían dos más.