Fútbol

1978. ¡Argentina campeón! El origen

Por primera vez, la dirigencia apuesta a un proyecto serio y lo respalda durante cuatro años. Conozca la gestación y desarrollo de la selección del 78, desde la llegada de Menotti hasta la lista de 22 convocados.

1973. Menotti con el plantel de Huracán campeón. El trabajo del técnico en El Globo fue decisivo para su nombramiento.

Mi misión no era para nada sencilla: era como buscar una novia para casarse. Mé­dico cirujano, David Bracuto fue desig­nado presidente de la AFA en 1974, luego de ejercer la vicepresidencia en represen­tación de Huracán, el club que conducía y que un año antes había obtenido su primer y único título. Antes de asumir el cargo máximo, había viajado a Alemania, en pleno Mundial, para charlar con el pre­sidente de la FI­FA, João Havelange, sobre detalles del campeonato que Argentina debía organizar en 1978. De allí se trajo una observación y una frase. La observación se relacionaba con el funcionamiento de la Selección: “Se trabajaba con irresponsabili­dad, los jugadores estaban amargados, los resultados no ayudaban, nadie se ponía de acuerdo.” Y la frase fue del propio Havelan­ge: “Ustedes, los dirigentes argentinos, son los mejores del mundo, pero necesitan con­tinuidad. Hoy hablo con usted, pero seguro que en la próxima reunión, dentro de un año, usted no está más.”

No le faltaría razón a don João, pero esa es otra historia… La lectura de Bracuto era correcta. Argentina necesitaba un plan de trabajo que se ejecutara con responsabili­dad y que se mantuviera en el tiempo. Y tenía al hombre indicado, aunque fuera en contra de sus intereses: “Enseguida pen­sé­ en Menotti. Para mí era bravo, porque Cé­sar estaba en Huracán y nos había saca­ do campeones. Contratarlo para la AFA era quitárselo a mi club, pero luego de ana­lizarlo llegué­ a la conclusión de que Menot­ti era irreemplazable. Una mañana fui a verlo y le ofrecí trabajo por cuatro años, hasta 1978. No era cuestión de quemarlo si perdía tres partidos seguidos.” El Flaco se asombró con la propuesta, no la esperaba. Y le respondió con una voz entrecortada por la emoción: “Es la ambi­ción de mi vida.”

El siguiente paso fue más complejo. Bra­cuto todavía no contaba con el aval de sus pares de Comité­ Ejecutivo, a quienes debía convencerlos de respetar el exigen­te borrador de condiciones acercado por Menotti. Nadie le objetó el nombre, era el téc­nico del momento. Pero varios explo­taron como petardos con algunas exigen­cias, sobre todo la que impedía vender al exterior a jugadores menores de 25 años. Costó, pero lo consiguió.

Menotti, que eligió como principales colaboradores a Rogelio Poncini y al preparador físico Rodolfo Pizzarotti, demostró una convicción firme desde el vamos. Y en sus primeros contactos con la prensa entregaba definiciones como és­tas…

  • “El Mundial de Alemania no me enseñó nada nuevo.”
  • “A nosotros nos falta convicción, desan­gustiarnos.”
  • “En lugar de perder tiempo con jugadas de laboratorio, prefiero trabajar sobre la idea futbolística.”

Y cuando los dirigentes aprobaron su plan, se destapó con una verdadera declaración de principios… :“Los que me ofrecen el cargo tendrán que venir conmigo ante un escribano público para que firmemos el contrato delante suyo. Esta es una empresa muy seria y hay que empezar bien. La idea es jerarquizar a la Selección, incentivar al jugador con par­tidos importantes y respaldarlo. Jugar con­tra todos y en todos lados, especialmente con aquellos que, por su estilo, más moles­tan al jugador argentino. No voy a aceptar ninguna traba para usar a los integrantes del plantel cuando lo considere necesario. El jugador argentino, cuando piensa no corre. Y cuando corre, no piensa. Hay que lograr precisión, velocidad y movilidad. No me interesa ganar 1 a 0 de tiro libre: quiero ganar por haber sido superior al rival.” Parecía, nomás, que el fútbol argentino se ponía los pantalones largos por primera vez en la historia en materia de Selección. Que se daba, por fin, el puntapié­ inicial a un ciclo teñido de seriedad, pensado para escaparle a las cié­nagas del pasado, para escribir la mejor parte del cuento.

El debut fue el 12 de octubre, con el 1-1 ante España. Rogel convirtió el tanto de un equi­po bastante diferente al que saldría campeón del mundo: Rubé­n Sánchez; Pernía, Paolino, Rogel, Carrascosa; Brindisi, Russo, Babington; Houseman, Di Meola, Ferrero. Sólo dos muchachos darían la vuelta en 1978: el Loco Houseman y un pibe que fue al banco, Alberto Tarantini.

1976. 20 de Marzo. Gatti en Kiev atajando en la selección de Menotti. Argentina le ganó a la URSS 1 a 0 con gol de Kempes. El golpe militar sorprendió al equipo de gira por Europa.

Antes de fin de año se jugó con Chile por la Copa Dittborn: 2-0 en Santiago y 1-1 en Buenos Aires. Menotti aún carecía de contrato y era téc­nico de Huracán, cargo que caducó en diciembre de 1974.

¿Por qué­? Porque Menotti se tomó hasta fin de año para elaborar el proyecto en pro­fundidad. “Nuestra tarea –diría luego el Flaco– necesitaba no menos de tres años. Había que estudiar el fútbol, competir, con­ seguir jerarquía y elegir el mejor equipo para el Mundial. Reconozco que mi contrato era hasta dictatorial, pero era la única manera de que se respetaran las pautas.” Menotti pergeñó el proyecto a partir de sus propias ideas, pero contó con el apor­te de algunos amigos y de una persona importantísima en su formación como entrenador: Rodolfo Kraly. In­migrante yugoslavo, llegó al país en 1934 para jugar en Ferro y luego desarrolló una loable carrera de jugador y entrenador. Aunque el fútbol los había cruzado en años ante­riores, Menotti lo trató con más profundi­dad desde 1972, cuando se inscribió en la Escuela de Téc­nicos de la AFA. Kraly le dic­taba la materia Téc­nica y Estrategia, pero lo más sustancioso ocurría en las charlas futboleras fuera de hora.

El día que lo confirmaron como téc­nico de la Selección, el Flaco fue a buscarlo a la Escuela. Kraly estaba a punto de entrar a clase. “Acepté­ con la condición de que me aceptaran el plan, quiero charlar con usted antes de elaborarlo”, le dijo. “Vení mañana a casa”, le respondió Kraly. Pero Menotti no podía esperar. El yugoslavo faltó a la cátedra de ese viernes, para cambiar ideas con su discípulo durante cuatro horas. Siguieron el sábado en la casa del maestro. Y continuaron el domingo. Al salir, Cé­sar vio unas maletas en el piso de abajo. Kraly se marchaba con la intención de radicarse en Estados Unidos. “No se puede ir, tene­mos que trabajar juntos para la Selección”, le dijo Menotti, antes de ofrecerle un cargo que podríamos enmarcar en las atribuciones de un secretario téc­nico.

Años despué­s, Kraly recordó el momento para El Gráfico: “Hicimos un plan de 70 pun­tos que se cumplió casi íntegramente. Buscamos integrar lo congé­nito de nuestros jugadores con el esfuerzo serio. Y elegimos jugadores que tuvieran aptitudes téc­nicas en alto grado y velocidad mental, con la finalidad de manejarnos con ideas básica­ mente ofensivas. Algunos se reían cuando empezamos a llamar jugadores: Gallego no era titular en Newell’s, Passarella no jugaba en River, Tarantini era un chico que recién debutaba en Boca… Pero esos chicos tenían un entusiasmo lírico, no pensaban en lucir­ se ni en ser vendidos al exterior.”

El ciclo enciende los motores a full a partir de febrero de 1975. La idea madre era utilizar ese año para la consolidación de los conceptos en la mente de los futbolistas. Y arrancar con la competencia fuerte desde 1976. Con el objetivo de armar la base más gruesa de una pirámide que finalizaría con la elección de los 22  jugadores que afrontarían el Mundial 78, llegaron a funcionar tres planteles paralelos: la Selección mayor, una preselección juvenil a cargo del maestro Ernesto Duchini y la selección del interior (integrada con nombres como Ardiles, Villa, Valencia, Felman, Oviedo, Ludueña, Luis Galván…), equipo pensado para competir en los Panamericanos de México y en un torneo internacional en Goias, Brasil, donde  finaliza en la tercera colocación. La primera señal alentadora  la aportan los juveniles, que obtuvieron el tradicional Torneo Esperanzas, en Toulon, Francia. Un equipo  integrado, entre otros, por Passarella, Tarantini, Gallego, Van Tuyne, Trobbia­ni, Valencia, Valdano…

Y el primer disgusto fue en la previa de un amistoso con Uruguay, en Montevideo. Boca y River no cedieron a sus jugadores para entrenar porque pretendían utilizar­los en el torneo local. Menotti le llevó la renuncia a Bracuto y le exigió que los diri­gentes tomaran una decisión: a favor o en contra del proyecto Selección. La movida, riesgosa, le salió bien. Los clubes fueron multados y se engendró el Estatuto de Selecciones Nacionales, que establecía, entre otras cosas, que un jugador citado no podía jugar por su club. Una frase se esparce por todo el país: “Selección Nacio­nal, prioridad número uno.”

Luque, Bertoni y Villa en la tapa del último número de El Gráfico de 1977.

Aquel partido con Uruguay terminó con victoria por 3-2, cortando una racha de 20 años sin sonrisas en el Centenario. Y a las tres Selecciones en vigencia se le agregó una cuarta, la de Rosario y Santa Fe, para enfrentar a Brasil y Venezuela en la clasificación para la Copa Amé­rica. Baley, Luque y Kempes eran tres de sus integrantes.

La temporada finaliza con un buen balan­ce. Además del título en Toulon, otro grupo de cracks incipientes termina tercero en el torneo Juventudes de Amé­rica; la Selec­ción del interior termina segunda en la Copa Ciudad de Mé­xico y se logra la meda­lla de bronce en los Panamericanos. Objeti­vo cumplido: cientos de jugadores habían pasado bajo la lupa del cuerpo téc­nico.

Un año duro. Así podría calificarse a 1976, mitad de camino hacia el Mundial. In­depen­dientemente de las cuestiones políticas –la irrupción de la dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla y su repercusión inter­na y externa–, arrecian varios nubarrones de crisis y arranca la deseada etapa de la competencia.

Un fusible saltó cerca del 25 de febrero. Ese día, Argentina tenía pautado un amis­toso con Paraguay en Asunción. Pero River y Estudiantes abrían su grupo de la Libertadores. Conclusión: los cinco convo­cados de River quedaron entre la espada y la pared. Eran nada menos que Fillol, Passarella, Alonso, Luque y Jota Jota López. Se sucedieron negociaciones clan­destinas, presiones de diversos calibres y amenazas veladas, hasta que cuatro de ellos –Fillol se recluyó en Monte sin decir ni mu– anunciaron que renunciaban a la Selección. “Fue un acuerdo entre los juga­dores y yo. Como sabía que querían jugar para la Selección, busqué­ la forma de no perjudicarlos. Quedamos en que los llama­ría más adelante.”

Argentina vence 3-2 a Paraguay y cae 1-2 ante Brasil, por la Copa del Atlántico. A la semana siguiente, el Flaco convoca a los cinco de River para un almuerzo privado. Van todos menos Jota Jota López. “Ahí perdió la prioridad. Era el primer ocho que había convocado, lo necesitaba para el equipo. Los casos de Alonso y Fillol –expli­caría Menotti– fueron diferentes. El Beto tenía a su esposa embarazada y necesi­taba quedarse, no podía ir a la gira. Y yo lo entendí: la Selección era importante, pero primero venía la familia. El Pato me planteó algunas diferencias con el plan de trabajo. Yo tenía cuatro arqueros –Baley, Gatti, Lavolpe y é­l– y pensaba alternarlos en las giras. Fillol no pedía titularidad, sino seguridad. Quería saber si era el uno o el dos. Al final nos pusimos de acuerdo y que­dó como cuarto arquero.”

Afuera de la cancha tambié­n hubo cam­bios. A pedido del gobierno, renuncia el Comité­ Ejecutivo de AFA. Se va Bracuto y asume Alfredo Cantilo.

El grupo que arrancó en José C. Paz: Passarella, Olguín, Larrosa, Luque, Menotti, Bertoni, Pagnanini, Oviedo. Medio: Villa, Bottaniz, Baley, Lavolpe, Fillol, Tarantini, Killer. Abajo: Bravo, Gallego, Ortiz, Ardiles, Houseman, R. Galván, Valencia y  L.Galván. Falta Maradona luego desafectado con  Bottaniz y Bravo. Kempes y Alonso se sumaron al final.

 

La gira sirvió para sumar. Se eslabonaron victorias contra la Unión Sovié­tica, en Kiev (90 minutos bajo la nieve, gran actuación de Gatti), y ante Polonia, derrotas ante Hungría y Hertha Berlín y un empate fren­te a Sevilla. Luego vinieron enfrentamientos con rivales sudamericanos (Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile y Perú) y una igualdad en cero frente a la Unión Sovié­ti­ca, en Buenos Aires.

“Fue el peor mom­ento, nadie creía en nosotros”, dijo Daniel Passarella al referirse a 1977, año de copiosa competencia internacional, debuts memorables, dudas varias no pocas críticas.

  • Osvaldo Ardiles, que sería engranaje clave, casi renuncia a la Selección, harto de los insultos y silbidos. Entre Villa, Passarella y los mates de la concentra­ción lo convencieron para que aguan­tara.
  • El equipo participa y gana la Copa de Oro, en Mar del Plata. Y en febrero recibe a Hungría, en la Bombonera, y golea 5-1. La fecha merece destacarse: 27 de febre­ro. ¿Por qué­? Sencillo: ese día, con la cami­seta 19, estuvo en el banco y jugó unos minutos un pibe llamado Diego Armando Maradona. Fue su debut en la mayor.
  • La mini-gira por España resulta frustran­te: 1-1 con I­rán y 0-1 con el Real Madrid. “Esto sí que es grave”, diagnosticaría el Flaco.
  • Entre el 29 de mayo y el 12 de julio se programan siete partidos en Buenos Aires. Según el rumor, “si no se suman nueve puntos de los catorce, echan a Menotti”. Y se sumaron nueve, contando dos por victo­ria: triunfos ante Polonia (3-1), Yugoslavia (1-0) y Alemania Democrática (2-0); empates frente a In­glaterra (1-1), Escocia (1-1) y Francia (0-0); y una derrota con Alemania Federal (1-3).
  • Hugo Gatti, hasta el momento titular, declara en El Gráfico que no está motiva­do. Y luego de una reunión con Menotti se decide su exclusión. “Yo no renuncié­, la rodilla me sacó del Mundial. Cuando le pedí a Cé­sar la licencia que no me dio, fue por ese tema, necesitaba descansar y curarme”, se descargaría el Loco. Esa baja le abrió el camino a la reconciliación con el Pato Fillol, carta de triunfo a la hora de la verdad.

El teatro General San Martín fue escenario del sorteo realizado el 14 de enero de 1978. El azar le reservó un grupo durísimo a Argentina, como si no gozara con nin­gún beneficio por ser anfitrión: Hungría, Francia e I­talia.En medio del acto, el dirigente alemán Her­mann Neuberger tuvo un diálogo premoni­torio con Alfredo Cantilo.

-Aquí le dejo la Copa hasta junio… –dijo el germano, que entregaba el trofeo que habían custodiado durante cuatro años.

-Déjela tranquilo, que en 1982 se la devol­vemos en España –le retrucó Cantilo, más que confiado con lo que podría hacer Argentina en el torneo.

En la recta final se encadenaron episodios insoslayables:

  • Jorge Carrascosa renunció a la Selec­ción por motivos personales, presumible­mente relacionado con sus convicciones políticas. El lateral de Huracán no quería jugar para un equipo que, probablemente, sería utilizado por la dictadura de Videla para acciones propagandísticas.
  • Reinsertado Fillol, el público y los medios periodísticos presionan en favor de la convocatoria de Norberto Alonso.
  • En abril, luego de una positiva serie en la Bombonera ante Bulgaria (3-1), Rumania (2-0) e Ir­landa (3-1), se integra al plantel el zaguero Osvaldo Piazza, quien rápidamen­te debe regresar a Francia, donde triunfa­ba en el Saint Etienne, a causa del accidente sufrido por su esposa.
  • Luego de un mar de especulaciones, Menotti llama a Alonso, que se presenta en la Bombonera convirtiendo un golazo en el 3-0 sobre Uruguay, último amistoso previo.
  • El 23 de mayo Menotti dio la lista defini­tiva y excluyó a tres de los 25 jugadores concentrados en la quinta de Natalio Salvatori, en José­ C. Paz. Dos de esos nombres no provocaron mayores objeciones: Lito Bottaniz y Humberto Bravo.
  • El tercero detonó una polé­mica imperecedera: Diego Armando Maradona, que a los 17 años ya insinuaba lo que sería. El pibe de Argenti­nos jamás encontraría consuelo, ni siquie­ra con las palabras que un grande como Enrique Omar Sívori le dijo en un encuen­tro propiciado por El Gráfico: “Tranquilo, Diego, que sos muy joven. Tené­s la verdad del fútbol adentro tuyo y toda la vida para demostrarlo.”

 

PLANTEL DEFINITIVO DE JUGADORES DE ARGENTINA MUNDIAL 1978

(LOS NÚMEROS DE LAS CAMISETAS SURGIERON POR EL ORDEN ALFABÉTICO DE LOS APELLIDOS)

 

3

Héctor Baley

Arquero

   

5

Ubaldo Fillol

Arquero

   

13

Ricardo La Volpe

Arquero

   

7

Luis Galván

Defensor

       

8

Rubén Galván

Defensor

       

11

Daniel Killer

Defensor

       

15

Jorge Olguín

Defensor

       

18

Rubén Pagnanini

Defensor

       

19

Daniel Passarella

Defensor

       

20

Alberto Tarantini

Defensor

       

1

Norberto Alonso

Mediocampista

       

2

Osvaldo Ardiles

Mediocampista

       

6

Américo Gallego

Mediocampista

       

9

Rene Houseman

Mediocampista

       

12

Omar Larrosa

Mediocampista

       

17

Miguel Oviedo

Mediocampista

       

21

José Valencia

Mediocampista

       

22

Ricardo Villa

Mediocampista

       

4

Daniel Bertoni

Delantero

       

10

Mario Kempes

Delantero

       

14

Leopoldo Luque

Delantero

       

16

Oscar Ortiz

Delantero