ARGENTINA EN LOS MUNDIALES

1962. Otro nocaut en la primera vuelta

- por Redacción EG: 15/05/2018 -

Todavía aturdido por lo ocurrido en Suecia, el fútbol argentino experimentó una reacción insuficiente. En el Mundial de Chile no pasó la fase inicial, y las heridas quedaron en carne viva.

Preparación. Rattín, Marzolini y Sacchi encabezan la fila. El Toto Lorenzo no llevó preparador físico, aplicó su propia receta.

El mazazo de Suecia 58 fue difícil de digerir para el fútbol argentino. Debió descender del engreimiento sin fundamento al llano de la realidad, una tarea ciclópea que sumergió en un profundo mar de confusio­nes a toda la dirigencia, provocando lógicos coletazos en entrenadores y jugadores.

Tan devaluado quedó el futbolista local luego del “desastre de Suecia”, que los diri­gentes inauguraron un período bautizado como “fútbol espectá­culo”, en el que los principales clubes se nutrieron de figuras extranjeras para suplir las supuestas caren­cias de los criollos.

La primera derrota argentina de cara al Mundial 62 se produjo en los escritorios. En el congreso que la FI­FA celebró en Lis­boa, en 1956, perdió con Chile en la vota­ción para obtener la sede, lucha en la que también intervinieron los alemanes. Las convicciones expuestas por el joven diri­gente chileno Carlos Dittborn –dueño de la frase “porque nada tenemos, lo haremos todo”– fueron determinantes para la puja que se definió con claridad: 30 a 10, con 14 abstenciones.

El torneo traería algunas novedades deba­jo del brazo. No correrían má­s los partidos de desempate para dirimir los grupos, ya que se utilizaría como variable la diferencia de gol. Y Chile 62 marcaría el final de los “oriundos”. De allí en má­s, jugador que vis­tiera la camiseta de una selección no podría hacerlo con otra en el futuro.

Debut. Héctor Facundo de San Lorenzo, convierte el gol de la victoria argentina ante Bulgaria a los 3 minutos. Fue la única alegría del Mundial 62.

Para las eliminatorias se inscribieron 57 países. Argentina tuvo una llave accesible. Un mano a mano ante Ecuador que se liqui­dó por goleada: 6-3 en Guayaquil y 5-0 en la Bombonera. Con el boleto asegurado, volvieron los fantasmas de Suecia. ¿Segui­rían las diferencias físicas y futbolísticas con los europeos? Por eso la AFA organizó una serie de amistosos internacionales en 1961, con el equipo conducido por Victorio Spinetto. El periplo por Europa deparó una victoria ante Portugal, derrotas con Espa­ña e I­talia, y empates frente a Checoslovaquia, Unión Soviética e In­ter. La evaluación general resultó positiva, pero todo pareció derrumbarse a fin de año, cuando los sovié­ticos, con el arquero Lev Yashim como estandarte, pasaron por la cancha de River y ganaron con má­s holgura que el 2-1 final. Ese 1961 había marcado el regreso al país de Juan Carlos Lorenzo, tras 13 años de ausencia. En su currículum se sumaban innumerables cursos de entrenador en España, In­glaterra, I­talia y Francia, ademá­s de su propia experiencia como futbolista. Asumió en San Lorenzo, terminó segundo y se transformó en candidato para la Selec­ción.

La AFA, manejada por Raúl Colombo, pen­só que Spinetto necesitaba gente a su alre­dedor e imaginó un triunvirato con Ongaro y Lorenzo, que don Victorio no aceptó. Luego surgieron diferencias entre el Toto y Ongaro, hasta que la AFA definió la situa­ción en los primeros días de 1962: Lorenzo sería el técnico en Chile. Acto seguido, nom­bró un plantel de 44 futbolistas e informó que se entrenarían dos veces por sema­na hasta el 8 de abril, último día en que podrían integrar sus equipos de club, plazo que nadie respetó. Lorenzo quería cambiar muchas cosas, pero la Selección todavía no era prioridad para el fútbol argentino.

El sorteo no fue benévolo con Argentina: Bulgaria, In­glaterra y Hungría, tres euro­ peos de cuidado. Unión Soviética, que venía de obtener la Eurocopa en 1960, asomaba como candidato a pelearle el título a Brasil, acaso uno de los má­ximos exponentes del fútbol ofensivo. Pero nadie imaginaba que sería uno de los torneos má­s violentos de la historia, especialmente durante la fase inicial. Los partidos tuvieron un escaso nivel técnico, algo previsible luego de que sendos desgarros dejaran afuera a Alfredo

Di Stéfano, que ni siquiera llegó a debutar para España, y al mismísimo Pelé, out en el segundo compromiso. Claro que Brasil tuvo su cuota de suerte: lo reemplazó Amarildo, que fue figura, y contó con las fantasías de Garrincha, el jugador clave para que pudiera retener el título del mundo.

Debut. Marzolini intenta quebrar la nutrida defensa búlgara, en el debut argentino en Rancagua.

El método de Lorenzo no fue asimilado por los jugadores argentinos. En ese momento no parecía, pero quedó muy claro años má­s tarde, cuando El Grá­fico hizo un releva­ miento entre varios integrantes del plantel que venció 1-0 a Bulgaria, cayó 1-3 con In­glaterra e igualó 0-0 con Hungría, perdiendo la chance de pasar a cuar­tos de final por un gol de diferencia con In­glaterra…

“Esa Selección –señaló Ubaldo Rat­tÍn– fue la peor que integré en mi vida. Había jugadores de calidad, pero no existió ese clima de amis­tad tan necesario para armar un equipo. Fuimos al Mundial sin moti­vación, como una obligación que se cumple y nada má­s.”

“Ramos Delgado y yo –sostuvo Sanfi­lippo– fuimos los únicos que quedamos del plantel de Suecia, así que puedo com­parar: sale ganando lo que hizo Lorenzo, pero sólo en la parte organizativa. Conocía mucho a los de Europa, pero nada a los argentinos. Por eso se equivocó a la hora de elegir.”

“Pese a lo que había sucedido en Suecia –dijo Silvio Marzolini–, los rivales nos siguie­ron sorprendiendo tác­ticamente.”

“El Toto –siguió Rattin– complicó las cosas con sus rarezas. Un mediodía se mandó un operativo comando. Nos subió a un micro y aparecimos en un estadio donde practicaba Bulgaria. Nos metimos escondi­dos, saltando paredes, y cuando llegamos había como dos mil personas mirando… A los delanteros les ponía una cintita en los dedos para que, cada vez que se miraban la mano, recordaran que debían patear al arco…”

El Nene Sanfilippo toca al gol entre seis camisetas de Inglaterra. Es el honroso descuento argentino, en un partido dondeel gran talento de Bobby Charlton hizo la diferencia.

La Selección se instaló en el hotel Sauzal, a 14 kilómetros de Rancagua, nueve días antes del debut. A Bulgaria se le ganó 1-0 con gol de Facundo. La noche anterior, Lorenzo había reunido al grupo para dar una charla y comunicar la formación, en la que figuraba Pando como titular. Pero al final jugó Rossi, responsabilidad que muchos adjudicaron a una charla poste­rior entre el Toto y Sanfilippo (ver aparte). “Puse un equipo fuerte y aguerrido, porque el búlgaro es el fútbol má­s violento de Euro­pa”, fue la explicación de Lorenzo, que reali­zó cuatro cambios para enfrentar a In­glate­rra: Cap por Sainz, RattÍn por Rossi, Oleniak por Facundo y Sosa por Pagani. “Traté de formar un team bien alto para contrarres­tar el juego aéreo de ellos”, explicó el Toto. Pero pocos estuvieron de acuerdo con esas variantes, especialmente con las posiciones de Rattin y Cap. Y ni hablar después del 1-3. “Dos días antes –contó el Rata– me llama y me dice: ‘Usted va a jugar de ocho, para mar­car a Haynes’. Le pregunté si debía seguirlo a muerte y me contestó: ‘Usted lo marca cuando ellos tienen la pelota; cuando la tene­mos nosotros, juegue’. Me fue mal, cada vez que perdíamos la pelota me daba un traba­jo tremendo encontrarla. Esa noche le dije: ‘Ojo que yo cumplí lo que me pidió, así que no me incendie.’ Entonces le echó la culpa a Roma y lo sacó para el otro partido.”

“Yo jugué de cuatro –expresó Cap– porque la idea era tomarlo a Bobby Charlton en distintas zonas del campo, en tán­dem con RattÍn. No era mi puesto natural, así que lo sentí. El inglés arrancaba casi como tres y era muy difícil de parar, un gran jugador.” Tras esa derrota y los resultados en los demá­s partidos del grupo, Argentina debía vencer por una buena diferencia a Hungría, que pondría suplentes por estar clasificado, y esperar una caída de los ingleses. Loren­zo sorprendió con ¡ocho cambios! Pero no alcanzó. Pese a jugar mejor, la Selección no quebró el cero e In­glaterra, que también igualó, se quedó con la segunda plaza. Esta vez, los hinchas no reaccionaron con la misma agresividad que en 1958. Enten­dieron que Argentina cayó ante rivales superiores y nadie fue a Ezeiza para recibir al equipo. Ni a insultar ni a aplaudir. Argenti­na intentó maquillar los errores del pasado, pero lo hizo parcialmente. Debía profundi­zar su aprendizaje. No quedaba otra…

Por Redacción EG: 15/05/2018

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