ARGENTINA EN LOS MUNDIALES

1962. El mundial del oscurantismo y la mentira

- por Redacción EG: 15/05/2018 -

En una editorial inflamada Dante Panzeri arremete contra la hipocresía de periodistas jugadores, técnicos y políticos después del Mundial de Chile de 1962. Hoy necesitamos, más que nunca, este tipo de periodistas.

CAMPEONATO MUNDIAL DEL OSCURANTISMO Y LA MENTIRA

Es difícil que haya habido un Campeonato Mundial de Fútbol con peor fútbol que el jugado en este de Chile.

Y con más mentiras que las echadas a correr en este de Chile.

Las hizo circular el cónclave de “los vestidos de azul”.

Ese cónclave que ante la derrota argumenta desobediencia a sus órdenes. En la victoria exalta el valor estratégico de sus planes.

España quedó eliminada. Helenio Herrera dice que España fue el mejor equipo de su núcleo.

No ignora que en el mismo hay cables que transmiten noticias, reproducen declaraciones, diarios que las recogen, público que las consume… y muchas veces las cree a pies juntillas. Hablando, se trabaja…

Argentina queda fuera de competencia, en estrecha relación con lo que Argentina es futbolísticamente en su casa. Entonces Lorenzo habla de 1966…

Hungría juega un vergonzoso partido defensivo contra Argentina. Baroti dice que Hungría pudo ganar, por dos situaciones de gol que se le escaparon. Y también que “lamenta” la no clasificación de Argentina.

La prensa chilena arma un lío de mil demonios contra lo que sea italiano. Presenta una ofensa a la dignidad nacional de Chile.

La ofensa cuenta mucho en la victoria de Chile sobre Italia.

Pero jugado el partido, la ofensa queda lavada. Reuniones entre periodistas de ambos países pro “paz”. Obsequio de la delegación italiana de una loba romana ante el Estadio Nacional repleto. La prensa recoge el gesto y habla de “los indestructibles lazos de amistad entre nuestros dos países”. Horas antes estaban destruídos. Ahora son indestructibles.

1962. Chile- Italia. Al italiano Mario David intentan reanimarlo después de la trompada que le pegó el chileno Leonel Sánchez. El jugador visitante sufrió fractura de tabique nasal.

Herberger manda un emisario a Riera a proponerle “un partido sin brusquedades”. Que es como anticipar que cuando los directores técnicos se lo propongan el fútbol tanto puede ser una batalla como resultar un monótono traspaso de la pelota entre los 22 protagonistas de un partido, con el recíproco compromiso de no hacer goles.

De esto ya hubo algo.

Al menos fueron muchos los equipos -¡incluso Brasil, campeón del mundo!- que llegaron a repetir muchas veces una jugada como ésta: Didí a Zito; éste hacia atrás a Nilton Santos; éste cruza a Dejalma; Dejalma entrega a Mauro. ¡Mauro entrega a Gilmar! Como recurso y defensa del balón puede ser un índice de inteligencia de los muchos que lo usaron. Falta aclarar que eso se hace estando el adversario atrincherado en su campo. Que es como decir: “el verde del semáforo indica retroceder, no avanzar”. ¡Fútbol moderno! “Aquí se desaprende, no se aprende”, nos dijo Di Stéfano.

Muchos periodistas y muchas “buenas fuentes” del fútbol brasileño aceptan en Chile que Didí ya es un jugador-museo (para exponerlo como “integrante del campeón del mundo 1958”). Que Garrincha es un GENIO con habilidad en el manejo de la pelota, pero negación como jugador de conjunto. Que Vavá dice lo que es con sólo recordar que ni en España pudo jugar. Que Zagallo es otra “obligación del mito Suecia”. Pero confiesan: no traer el equipo que ganó en 1958 era exponerse a la impopularidad. Si se pierde este Mundial nadie podrá decir que no se trajo lo que la mayoría deseaba. Apenas se atrevieron con Bellini…

Con el resto “no se puede”. Aunque ande mal. Hay que mantener el encanto de las frases hechas, tales como “un mismo equipo durante cuatro años” (aunque haya estado cuatro años sin jugar); “la ventaja de jugar mucho tiempo juntos”; “Brasil no improvisa nada…” La candidez universal gusta de esos slogans. Se convence de ellos, aunque nadie ignore la mentira del llamado “seleccionado permanente”.

Entonces en Brasil no sólo Didí, jugando de turista en una poltrona de medio campo; no sólo miente Garrincha, con la velocidad de sus personales intentos que el periodismo internacional difunde por el mundo como geniales; no sólo miente Vavá; no sólo miente Djalma Santos; ¡mienten y lo que es peor, a sabiendas, quienes dicen sostenerlos! Sucede que no los están sosteniendo. Los están usando para cubrirse. Si se gana… supieron mantener un equipo. Si se pierde… perdieron con el equipo que toda la opinión pública deseaba.

Pero la prensa mundial llenará esas páginas con el endiosamiento de la disciplina brasileña, de la seriedad, del pedicuro, del psiquiatra, del otorrinolaringólogo, del masajista-mascota, del inválido-mascota, del dietista, de lo que a Brasil se le ocurra hacer… si sale campeón.

Si no sale campeón… los elogios se destinarán a quien lo sea. Y veremos extraer conejos de las galeras. Sobre todo si llega a ser campeón un país que no haya tenido agentes publicitarios como el fútbol brasileño. Imaginemos, por caso, a Yugoslavia. ¡Qué problema publicitario sería con lo poco que se sabe de ellos! De los finalistas es el menos “sonado” en la orquestación de esta farsa destinada al consumo de un gran caudal de incautos universales. ¡Pero que Yugoslavia llegue a campeón, y veremos si no asoman todos los descubrimientos de aquel tipo!

De vez en cuando aparece alguien que tiene la osadía de decir lo que piensa. Entonces lo llaman “valiente”. Y aquí surge la mentira de la propia verdad. ¿Es valiente quién dice lo que piensa? No, son cobardes los que lo ocultan, pero aquel no es un valiente.

Por caso, Federico Vairo se arriesga a pronosticar públicamente en “Las últimas noticias”, antes de iniciarse el campeonato: “Hungría e Inglaterra están mejor que la Argentina. Bulgaria no puede jugar al fútbol”. Es franqueza. No es valentía.

Y uno respira “No todo es mentira”, piensa. Pero da vuelta la página o el dial y se encuentra con el ejercicio de la camaradería internacional matizada en la hipocresía: “Ojalá que gane Chile, como hermano de Chile lo deseo”. Y uno pregunta: “¿Este no decía allá que ganaría la Argentina, que había que tener fe en la Argentina?”

1962. Rusia - Yugoslavia . Edouard Doubinski caído, después que el yugoslavo Muhamed Mujic le partiera la tibia y el peroné. El ruso nunca pudo recuperarse, le amputaron la pierna y murió poco después.

¿Y los “espionajes”?

¿Y los cambios de última hora a sabiendas de un cambio de última hora en el adversario?

¿Y los entrenamientos hechos para despistar a los que están espiando¡

¿Y las consultas a los cerebros electrónicos?

¿Y los clavelitos italianos sobre sus zaheridos chilenos?

¿Y los aplausos chilenos a los calumniadores?

¿Y los castigos de la FIFA? (Una “amonestación severa” para un trompis).

¿Y las empalagosas declaraciones de hospitalidad precedidas de muy cautelosas confesiones de inhospitalidad?

Estas últimas… ¡vayan y pasen!

Las que no podemos pasar son las otras. Las tan frecuentes de Helenio Herrera, por ejemplo. Pero Juan Carlos Lorenzo superó su fútbol-oratorio. Veamos:

EL MERCURIO: “Nada hay que yo les pueda enseñar respecto al fútbol. Mi labor es hacer que desarrollen juego de conjunto y mantenerlos en un estado físico óptimo para cuando comience el campeonato”. “Contamos con los jugadores que por lo menos pueden llevarnos a cuartos de final”.

LA NACIÓN: “…lo primordial en un conjunto es mantener su constitución original por cuando los cambios, aun cuando los valores de reemplazo sean eficientes, es difícil mantener su fuerza colectiva porque el que entra debe comenzar de nuevo”. Tucho Méndez hace por su parte la apología de la disciplina, camaradería y amistad que hay en la delegación.

Eso. Antes del campeonato.

Después del partido con Bulgaria:

ÚLTIMA HORA: “La cancha, a pesar de que estaba seca, estaba blanda y pesada; por ello el equipo no pudo jugar con velocidad”.

Después del partido con Inglaterra:

ÚLTIMAS NOTICIAS: “Los jugadores no siguieron las instrucciones impartidas antes del match”. “La mayoría olvidó las instrucciones y se dejaron sorprender por sus rivales. “Enseñó a los periodistas una de las cartillas con directivas en la que pudo observarse que había anticipado a su destinatario que el jugador inglés a quien debía marcar acostumbraba a amagar con una pierna y tirar con la otra, cosa que efectivamente hizo y que tomó desprevenido al argentino. Se refería a Cap y Charlton”.

El técnico argentino en Chile 1962 fue Juan Carlos “Toto” Lorenzo.

REVISTA VEA: “Al término del encuentro con Inglaterra, el diminuto Pando –que no jugó- trató de “caradura” al entrenador Juan Carlos Lorenzo por haber incluido en la línea delantera a Rattín, dejando afuera a los dos entrealas (Pando y Abeledo)”.

Después del partido con Hungría:

ÚLTIMA HORA: “Los húngaros captan enseguida las características del rival, sin necesidad de que el entrenador ande a gritos, ni ande a carreras por todos lados o enviando mensajes con el aguatero”. “Lo ideal sería que la Argentina formara un elenco estable y que se acaben de una vez por todas las improvisaciones. Hoy día hemos salido a jugar con lo mejor (ERA EL TERCER PARTIDO) que disponíamos, pero siempre existe la incógnita de si podemos rendir más o si nos quedamos a mitad de camino cuando recién tomábamos la onda”. “Espero que la suerte nos acompañe y Bulgaria nos permita jugar en Viña del Mar” (¡la suerte!... ¡Bulgaria!)

ÚLTIMA HORA: “En el fútbol argentino se deben cambiar los dirigentes; que ocupen ese lugar hombres que sean capaces de encauzar el deporte por un nuevo camino”. “Nuestra próxima meta es Inglaterra en 1966. Allá iremos a decir “este es el verdadero fútbol argentino”.

Para cada fracaso, una nueva meta. ¿Suecia? ¡Chile! ¿Chile? ¡Londres!

Nunca oímos mentir tan descaradamente.

Esto no puede seguir así, porque si esto sigue, el fútbol no seguirá. Seguirá una comedia de fútbol. ¿Habrá espectadores para el fútbol sin jugadores, para el fútbol dialéctico de los “vestidos de azul”?

DANTE PANZERI (1962).

Por Redacción EG: 15/05/2018

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