Fútbol

1934. No tan haragán, Zumelzú

Adolfo Zumelzú era uno de los mejores medios de su época. Pero tenía una manera particular de sentir el fútbol. Borocotó, disgustado con su actitud en un partido de la Selección, le escribe una carta histórica.

Adolfo Zumelzú (1902-1973) jugó en Tigre, Sportivo Palermo y brilló en el Rácing campeón invicto de 1925.

No tan haragán, Zumelzú

¿Te pusiste un día a pensar en lo que significa el vestir esa camiseta a rayas en los clásicos encuentros internacionales? Acaso si; pero si no sabes bien ese significado histórico, se lo podes preguntar a Juan Brown, a Olazar, a Isola, a cualquiera de los cracks ya retirados, que la han defendido como merecía en tiempos que pasaron a la historia, y después de preguntarle a ellos, si quieres saber más, nos pide una opinión a cualquiera de nosotros, a cualquier purrete hincha que lo desafía todo por verlas en las canchas, a cualquiera de los muchos miles de fracasados que soñamos con ser internacionales y nos retiramos de los fields con algunas huellas en las piernas y sin haber recibido la satisfacción de leer en los diarios cuatro líneas alusivas a nuestras actuaciones. Cuando se visten esos colores es para defenderlos con el alma, para cincharla de veras. Todos tenemos algo de vagos; todos cuando nacimos, bostezamos hondo y tratamos luego de sacarle el cuerpo al trabajo pesado; mas, si no pudimos ser millonarios, si la partera se equivocó de lugar y llevó la valijita a la casa pobre o a la pieza del conventillo, pudiendo conducirla hacia alguna cuna de bronce, nos resignamos con la mala suerte y nos abrimos cancha en el field de la vida, en la lucha por la conquista del sustento. Eso, en los fields de la vida, porque si fuera en los otros, en el de Independiente, por ejemplo, y hubiera que conquistar la copa Newton, dejamos en él hasta la última gota de nuestras energías, aunque al finalizar el match nos retiren en camilla. Nos dirás que existen diferencias de temperamentos. Estamos de acuerdo; pero es lamentable que por ser demasiado sebón no consigas acaparar todos los aplausos. Ya los hinchas comentan; dicen que te falta algo que le sobra a Monti. Y los parciales de San Lorenzo, que discuten su centro-half contra todos los habidos y por haber, te hacen una mala reclame. Para peor, cuando no consigues interceptar, la paras con la mano. Convén conmigo en que es un triste recurso que provoca comentarios condenatorios muy justos, porque el sentimiento del hincha es sumamente estimable por lo sincero.

Cuando saliste a la cancha, lo hiciste con paso cansado, y mientras la muchachada dio la vuelta al field saludando al público, tu corrías de atrás, dejando que otros hicieran el tren y buscando el lado de los palos para acortar la distancia. El Negro Seoane te acompañaba, lo que es disculpable en él, y no en ti, ya que tienes veinte kilos menos y debieras poseer más entusiasmo que el forward de Independiente, el cual ya dejó su paso anotado en la historia de nuestro football. Por ese paseo, imaginé que no estabas dispuesto a derrochar bríos; y durante el match, espere que te daría envidia el ver el centre-half uruguayo que, con menos clase, y frente a una línea delantera peligrosa, se defendía como gato entre la leña. Porque clase note falta; sabes lo que necesita un eje de línea media, sabes de colocación y de pases; solamente que te cuesta mover esas piernas que parecen ágiles y rápidas, y encuentran el freno de tu falta de voluntad. Es decir, acaso tengas voluntad, pero ella sea imaginativa, no de la efectiva, de esa que tiene el de Avenida La Plata, el cual no puede abrocharse la camiseta porque es demasiado grande el corazón y le rompe los ojales.

Curiosa foto de Zumelzú en un chequeo médico. Con la Selección Argentina obtuvo los Campeonatos Sudamericanos de 1927 y 1929 y fue subcampeón olímpico en 1928 y mundial en 1930.

Un poquito más de alma proletaria, Zumelzú. Si aquellos que soñamos ser internacionales y no conseguimos nunca las cuatro líneas de las cuales ya te hable, supiéramos jugar como tú puedes hacerlo, y nos vistieran alguna vez con esa camiseta rayada, no íbamos a fracasar por falta de sangre. Acuérdate de lo que hizo Calandra en aquel primer tiempo de la copa Lipton. Nadie creía en él; todos sentían tu ausencia; pero el platense, deseando demostrar que no había aceptado el puesto sin saber su importancia, quebró todas las combinaciones agotando en la primera etapa sus energías. Después lo pasaron…Pero tenía en contra tres centrales temibles; y lo pasaron con juego. Ya ves cuanto se puede hacer sin mucha clase.

Yo te voy a dar un consejo de buen amigo,. Con tres monedas de a diez, los sábados te tomas tres dosis de electricidad, y al domingo en las maquinitas de las “atracciones”. ¿Quién te dice que no haga efecto la electricidad, y al domingo entres en los fields haciendo “corto-circuitos” en el pasto?

Tuyo.

Borocotó (1934).