Fútbol

Pichuco: tango con banda roja

“Su fueye gambeteaba a los violines, se apilaba al piano y le servía el tango al cantor”. Oscar del Priore revela, de primera mano, el fervor por River de Aníbal Troilo, el Bandoneón Mayor

Esta nota fue hecha a fines de 1975, a pocos meses del fallecimiento de Troilo y a pocos días de la consagración de River como campeón, tras 18 años de sequía.

Aníbal Troilo recibe en su casa a Roberto Perfumo, figura de River del 75.


 

Tango con banda roja

El 1° de julio de 1937 hacía su debut en el cabaret Marabú, en Maipú entre Corrientes y Sarmiento, una nueva orquesta típica. Su director era un joven bandoneonista de veintitrés años. Era el socio número 814 de River Plate y en el ambiente se lo conocía por su apodo familiar, Pichuco, más que por su nombre: Aníbal Troilo.

La orquesta del Gordo nacía cuando comenzaban las obras del Monumental, y en un año feliz para River: lograba su tercer campeonato profesional. Futbolero de alma, Troilo había formado con su orquesta un equipo, siempre listo para los desafíos de otros cabarets. Él jugaba de centroforward. Siempre estuvo vinculado Pichuco a River. Nunca disimuló su fervor por la banda roja. Era común ver junto a su orquesta a los cracks de River. Las noches de Tibidabo contaban a Troilo en la década del 40’ como animador permanente con sus tangos. Su fueye gambeteaba a los violines, se apilaba al piano y le servía el tango al cantor, que podía ser Fiorentino, o Marino, o Rivero. Allí iban a bailar Moreno, Pedernera, Labruna, Deambrosi… y muchas noches de sábados se hacían madrugada de domingo y ¡minga de concentración! La Máquina salía al Monumental con sueño pero con la música del Gordo en los oídos, y los aplausos a la variación de “Chiqué” se mezclaban con los que rubricaban las jugadas de lujo de Moreno, que eran inspiradoras como los rezongos de Pichuco…

Yunta Millonaria: Ángel Labruna, Pichuco y Félix Loustau.

Y cuando Labruna y Loustau se entreveraban en sus habituales combinaciones aterrando a la defensa contraria, parecía el Bandoneón Mayor en un contrapunto con el piano de Orlando Goñi… Y los gritos de Pipo Rossi eran como la voz del Gordo, en esos gemidos que le salían del alma cuando, embalado en alguno de sus tantos magistrales, daba indicaciones a sus músicos… Es que la orquesta de Pichuco era como un equipo de lujo… como aquel River, el inolvidable campeón…

Ahora Troilo estaba tocando en el Odeón… a cien metros del lugar de su debut inicial… a treinta y ocho años de aquella noche y a dieciocho años del último campeonato de River… Y el Gordo estaba contento… porque River había vuelto con todo, porque él había vuelto con su orquesta, que hacía tiempo que no se juntaba… Había vuelto con todo, como River. Era el nuevo debut de Pichuco, en el año de River. Era el retorno de los fervores porteños.

Años atrás Troilo no se perdía partido en que jugara River… hasta que se fue Paquito, su amigo, su hermano… Aquel hombre que le llevaba el fueye y que compartió con él las tardes domingueras. Cuando Paco murió, Pichuco dejó de ir a la cancha… Ahora Troilo estaba tocando en el Odeón y comentaba su deseo de volver a la cancha, de ver otra Vuelta Olímpica, que sería para el Gordo como escuchar una vez más a su orquesta completa, cuando cantaban Fiore, o Mariano, o Rivero… y cuando sus tangos los bailaban Moreno, Pedernera, Deambrosi…

Aníbal Carmelo Troilo, Pichuco (1914 - 1975), el Bandoneón Mayor.

Quería volver a la cancha, y no pudo ser. Sin embargo, Pichuco está en el Monumental, que nació junto a su orquesta. Está en todos sus rincones… en la alegría de los pibes que vuelven la pelota a la cancha… Y cuando el Beto Alonso se manda una jugada de lujo, es como un rezongo chamuyado del fueye del Gordo… y cuando el Mono Más deja atrás a media defensa contraria, parece que el Gordo se mandara la variación de “Quejas de Bandoneón”… ¡Pichuco! ¡Mirá que perderte todo esto! Mirá. Te espero. Escondete adentro de uno de tus tangos y venite para la Vuelta. Allí nos encontramos todos, en el Monumental… Vení, Gordo… Mirá que también va a estar Paquito esperando…

Por OSCAR DEL PRIORE (1975).


La despedida de Troilo a Perfumo en la puerta de su casa.