Fútbol

Julio Benavidez, jugaba a jugar

Cordobés ilustre. Eje de ataque del Instituto siete años campeón de sus pagos, después se consagró en Boca. Jugó una época generosa en el espectáculo. Puede decirse entonces que el “Negro” nació a tiempo.

Gran jugador. Indiscutiblemente habilísimo. Expresión concluyente de una época de fútbol artístico, fue considerado uno de los cinco maestros del fútbol cordobés: Benavidez, Romero, Fernández, Poletto y Biancotti. Hubo otros, sin dudas, pero en el recuerdo de los viejos aficionados los mencionados son los astros máximos, los componentes de una dinastía de consumados artistas de la pelota.

En una época de Boca donde sobresalían Varallo, Benitez Cáseres y Cherro, Benavidez tuvo pocas oportunidades. En el campeonato 1934 hizo 11 goles en 20 partidos.

Julio Benavidez (1906 - 1953) jugaba al fútbol. Era fútbol. Sereno, hábil, talentoso. Un tanto pesadote, lo que le faltaba en agilidad lo suplía con su arte y velocidad mental. Hacía siempre aquello que debía hacerse. O lo intentaba. Ningún secreto tenía el juego para él. Gambeteo, pase, cabezazo. Integró la línea inolvidable del famoso Instituto siete años campeón de sus pagos. Aunque con algunas variantes impuestas por las circunstancias, su composición tuvo como base la presencia de Benavidez y Bernardo Fernández, sus puntos vitales.

A los viejos aficionados cordobeses la mención le ha de traer emociones entonces gustadas. Benavidez era el eje delantero, el director obligado del ataque de su provincia en los campeonatos argentinos, cuando tuvo a Fernández de un lado y a Romero del otro.

Pasó por Nacional de Rosario, vino a Tigre y formó en Boca Juniors. Instituto y Boca constituyeron sus pasiones futbolísticas. El primero, por lo que significó en su crecimiento; el segundo, por su consagración. Fue también director técnico y han de recordarlo con cariño muchos banfileños. Volvió a su provincia y allá desparramó sus muchos conocimientos, que contribuyeron a moldear valores. Gustaba del fútbol y seguía brindándole lo mejor de sí.

Junto a Arturo Arrieta de San Lorenzo, surgido en Sportivo Barracas y campeón en Boedo en el 27 y 33. Benavidez fue campeón en Boca en el 34 y 35.

Quedó en nuestros recuerdos como expresión de una época generosa en el espectáculo; época en que los dos puntos valían menos que la exhibición y que contrasta con la actual, en la que el triunfo es imperativo absoluto, terminante. Julio Benavidez, jugaba para el juego más que para ganar. Realizaba el mayor esfuerzo en prosecución de la victoria, pero sin sacrificio del arte. En los días que corren sería pesadote, pero los tiempos suyos fueron otros tiempos. Puede decirse entonces que el “negro” nació a tiempo.

¡Qué lindo cuando bajaba la pelota, levantaba la cabeza, iniciaba un avance pleno de amagos que iban descolocando y abriendo brechas! Suave, alado, plástico. Amagaba hasta con un relumbrón pícaro en sus ojos, con una sonrisa traviesa en sus labios. La ablandaba, la peinaba, todo el diccionario futbolístico criollo entraba en la cancha grande de su dominio de la pelota. Si, el “Negro”, era un jugador clásico, uno de aquellos dotados que jugaron a jugar, que convirtieron el fútbol en un espectáculo coreográfico.

Falleció en la Córdoba de sus amores, en la nunca olvidada, y a la que volvió después de su paso triunfal por las canchas más cotizadas del fútbol profesional.

(1953).

Julio Benavidez como director técnico de Banfield y el preparador físico Enrique Lupiz. El “Negro” también dirigió a Boca.