LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

1965. Basile: un rebelde en la “cueva”

- por Redacción EG: 23/04/2018 -

Hacía menos de un año que había debutado en primera y el joven n° 6 de Racing sobresalía por su físico, marca y ambición ofensiva. Esta es la primera nota que le hizo El Gráfico a Alfio Basile, el “Coco”.

1965. Basile: un rebelde en la “cueva”

 

Perfumo detuvo el tenedor que llevaba a su boca. Meditó la respuesta. Y afirmándose en un gesto serio dijo: “Y… la verdad que jugar de 2 no me entusiasmaba mucho. ¿Qué iba a pasar cuando volvieran Anido y Vázquez? Además, Basile de 6 va a andar muy bien… Me podía quedar sin puesto…”

La mesa siguió el diálogo.

Las palabras de Perfumo quedaron flotando en una interpelación ambigua. Entre una modestia cargada de sinceridad y un elogio “elegante” para su compañero.

Seguimos a Basile con intención crítica. Cuando tuvimos los elementos necesarios para una conclusión penetramos en la intimidad que conformó esta nota.

1965. Basile saliendo del fondo, detrás, su socio en la zaga Roberto Perfumo. En el futuro serían los primeros campeones intercontinentales de Argentina con el equipo de José.

PRIMER TIEMPO: BIOGRAFÍA


“Nombre al club Bella Vista. En Bahía Blanca no nos perdonaría que olvidáramos esa mención. ¿Sabe cuántos Gráficos van a vender allá…?”. La recomendación del padre nos ubicaba en el primer hito biográfico.

Bahía Blanca, tradición futbolística que encadena nombres como los de Lazzatti, Borello, Marrapodi… Aporte permanente para el fútbol argentino. Allí, un 1° de noviembre de 1943, nació Alfio Basile. Fue creciendo atrapado por una vocación que por vía paterna lo llevaba al potrero.

A los 15 años rumbo a Buenos Aires. Y Basile sigue el relato: “Un socio me llevó a probar en Racing. En esa época estaba Peucelle. Empecé a jugar en la séptima. Después seguí ascendiendo divisiones. Siempre como n°5. El año pasado Dellatorre me hizo debutar oficialmente en la primera. Fue en la última fecha, en un partido nocturno contra Huracán. Me puso de 6”.

En esta corta trayectoria está la síntesis. Con grandes alegrías, como esa gira del 63, viajando durante 50 días por el Pacífico. Que encierra la anecdótica emoción de su primer partido en primera: un amistosos con Nacional, en Santiago de Chile. Con algunas tristezas. Como el frustrado viaje a Tokio con el Juvenil. Imposibilitado por el servicio militar y la tremenda carga de sus 92kg (“con Morales y Perfumo andábamos fenómeno”).

Alfio, en sus primeros tiempos en la primera de Racing “conversando amablemente”, con otro rebelde, Toscano Rendo de San Lorenzo.

SEGUNDO TIEMPO: EL HOMBRE


Donde Juan Bautista Alberdi trata de meterse en Mataderos. Allá por el 4200, vive Basile. En un departamento antiguo modernizado sin afectación, sin presuntuosidad. Sus padres, Alfio (52 años) y Filomena Moreno (50) lo envuelven con una aureola de idolatría. Desatando el orgullo en cada gesto, en cada palabra, en cada mirada.

Carabobo y Rivadavia es la esquina de la cita. El lugar donde la barra “planifica” sus charlas, sus salidas…

La exuberancia de su físico se junta con una índole joven de gustos comunes. Habla sin complicarse. El tema excluyente es el fútbol. Admira a Federico Sacchi “por algunas cosas”. Expresión que se traduce en la elegancia, en la manera de pegarle a la pelota, en la personalidad de Federico. Pero no olvida la importancia que tiene la fuerza de Albrecht o de Roberto (Roberto siempre quiere decir Perfumo).

Destaca la ductilidad de Rulli. “Como defensor anda una barbaridad. ¿Lo vio cuando tuvo que bajar de 3 o de 4? Quita, corre, sale jugando, es fuerte…”. Analiza a los pibes de la tercera. Nos da un nombre para recordar: Vicente. “Está para crack. Es hábil, tiene dos piernas, baja y llega arriba…”. Villanoba, “el monito” Ruiz, el “panadero” Díaz.

 

TERCER TIEMPO: EL JUGADOR


Partimos de una definición nuestra. Estructurada con las conclusiones que sacamos de sus últimos partidos. Un n°6 con responsabilidad en la marca cuando debe ubicarse en la última línea. Que se proyecta en diagonal para cubrir las espaldas del 5. Que se va al ataque con oportunidad. Que busca la posibilidad de su potencia en la entrada para el cabezazo. Que entrega sin complicarse. Que tiene vitalidad y rapidez para el retorno. Que sabe hacer sentir el peso de su físico. Es decir, partimos de la suma de sus atributos fundamentales. De sus virtudes. Cosa que no excluye defectos (falta de perfil izquierdo, de pique corto, de gran manejo). Sobre esa base buscamos una respuesta que explique y enriquezca nuestros conceptos.

1965. “Pegada” al pie contra el Boca de otro caudillo: el “Rata” Rattín (foto N. J. González).

La tenemos: “Bueno, hay algo que es esencial. Recién ahora me puse ‘al pelo’ en el estado físico. Lo otro fue una coincidencia con Pizzuti. A mí no me gusta jugar en la ‘cueva’. Él tampoco quería. Cuando no tengo marca debo salir. Trabajo en zona sin hombre específico. Y si salgo mucho, Rulli o Pentrelli hacen el relevo. Pero siempre que me voy trato de hacerlo con sentido. Para ir al gol o para cubrir a Pastoriza. En el cabezazo me tengo mucha confianza, por eso cuando hay un córner o un tiro libre voy a buscar y si fallo, atrás mío entra Pastoriza para el remate. Es una jugada que practicamos mucho. A veces sale…”.

El análisis termina con un “¡me tengo una fe bárbara!”. Consecuencia del aporte anímico que significó la incorporación de Pizzuti. Causa importante –según Basile- del gran repunte de Racing. “Nos hacía falta un director técnico. Alguien que ordenara con seriedad. Pizzuti controla la disciplina, respaldando al jugador”.

Basile es un rebelde de la “cueva”, en la que se enquistaron muchos n°6. Acaso por su estilo pueda ser calificado como un revolucionario o un renovador del puesto. Un término medio entre el “viajero” irresponsable y el cómodo marcador.

Ya se olvidó del n°5. Quiere seguir ahí porque le gusta más y porque confiesa que es más fácil. Seguirá dándole con la izquierda en los entrenamientos. Seguirá buscando el pique corto y mejor manejo.

- Adiós, Basile. Y el domingo juegue bien.

- ¿El domingo? ¡Todos los domingos! ¡Me tengo una fe bárbara!


Por HÉCTOR ONESIME (1965)

Por Redacción EG: 23/04/2018

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