Fútbol

Kempes: orígenes del Matador

“-Oiga, pibe. ¿Usted cómo se llama? -Aguilera. Mario Aguilera.” Asi empezó su carrera en Instituto Mario Kempes. En 1975 El Gráfico indaga el origen de ese joven artillero que brillaba en Central.

Y EN ESA COMPUTADORA…

LA TECLA DEL GOL SE LLAMA KEMPES

- Oiga, pibe. ¿Usted cómo se llama?

- ¿Yo? Este… Aguilera. Mario Aguilera.

- ¿Seguro? ¿Usted no tiene nada que ver con un tal Kempes?- No señor. Mi nombre es Mario Aguilera…

- ¡Qué raro! Sos muy parecido a un chico que juega en el Bell de número cinco. Le hicieron fama de fenómeno y ahora lo quieren vender por tres millones de pesos. ¡Están locos! ¿Vos alguna vez jugaste de nueve?

- ¡Sí señor! Muchas veces, es el puesto que más me gusta…

(Para poder pasar a Instituto de Córdoba tuve que decir estas dos pequeñas mentiras porque era la única forma de que me probaran. Si no me veían jugar varias veces no iban a querer pagar los tres millones de pesos que les pedía el Bell por mí y yo quería que me vieran. Hay que tener en cuenta lo que eran tres millones en esa época, más por un chico de 17 años y entre dos clubes de provincia. Los de Instituto no querían saber nada. Al final me probaron con nombre cambiado y quedé, después se hizo el pase. Yo nunca había jugado de número nueve, a lo sumo fui diez en algunos partidos. Mi puesto hasta ese momento era de cinco, pero eran tantas las ganas que tenía de jugar que cuando me ofrecieron ser nueve acepté sin problemas…).

Mario Alberto Kempes en sus comienzos en Instituto. Hizo la friolera de 78 goles en 81 partidos por la Liga cordobesa.

Mario Alberto Kempes. Nació el 15 de julio de 1954 en Bell Ville, Córdoba. Tiene 21 años, mide 1.80; pesa 77 kilos. Zurdo. Goleador.

Hoy, casi cuatro años después, está aquí. Sentado en un sillón en el hall del Savoy Hotel. Contando, usando el rato libre que el plantel de Rosario Central tiene después de la cena para charlar. Contando, sorprendido por esta invitación que lo descubre detrás de su voz y su cara de niño. Contando…

“Mi primer equipo en el barrio fue Platense, después pasé a Talleres de Bell Ville, que tenía divisiones inferiores, y entré a la cuarta. De ahí al Bell y después a Instituto. Casi ninguno de los chicos que empezaron conmigo llegó a primera, pero de Bell Ville siempre salieron buenos jugadores. Véalo al Pancho Rivadero en Talleres de Córdoba o al mismo Hugo Curioni que fue figura en Boca y ahora anda por Francia. En Instituto de Córdoba debuté directamente en la primera en el 72 y de ahí pasé a Rosario Central en el 74. En su momento fue el record en las transferencias. Central pagó 130 millones de pesos…”

Central 3 - 0 N.O.B. Convirtiéndole el primero de sus dos goles que a Newell’s en un 3 a 0 del 75. Fue dos veces máximo artillero Nacional con Central: en el Nacional 74 y en el Metro 76.

Y cuando no cuenta, se calla. Mira tímidamente, como si ya lo hubiera dicho todo, casi sonrojándose.  Entonces, como no existe la excusa del café para abreviar los silencios, siempre hay que tener preguntas a mano. Ese es el único modo de abrirlo…

- ¿Qué recuerdos tenés de aquellos tiempos en Córdoba?

- Todos muy lindos, especialmente cuando pasé a Instituto. En ese momento teníamos un gran equipo y andábamos bien. Para mí fue una barbaridad el año 73, entramos al Nacional y yo hice un montón de goles. De ocho tenía a Ardiles y de diez a Beltrán, con ellos me entendía casi de memoria. También tuve la suerte de que me llamaran para la Selección juvenil que fue a Cannes y para la otra, la que se fue a jugar con Bolivia la clasificación para el mundial de Alemania. La de “Los fantasmas”. Aunque esa fue una experiencia un poco triste, me agoté física y mentalmente. Estuve un tiempo sin ganas de jugar, quería tener un descanso, bajé de peso y perdí el entusiasmo. Por eso la Selección ya no me enloquece como antes. No pienso tanto si me van a llamar o no. Para mí el 78 está muy lejos, yo vivo el presente. Ya sé bien cómo son las cosas de adentro, cómo se maneja la Selección, y me desanima.

- Después llegó tu pase a Rosario Central, otro medio, más exigencias.

- Claro, al principio me costó adaptarme, extrañaba a mi familia y a mis amigos. Por suerte al poco tiempo mis padres y mi hermano se fueron a vivir allá y me sentí mejor. El equipo también era diferente. Con Griguol aprendí un montón de cosas que no sabía. Especialmente a trabajar en la semana y durante el partido, en función de mi equipo y de mis compañeros. Físicamente empecé a mejorar muchísimo. Me acostumbré a correr a mis marcadores cuando se van arriba, a obstruir y a luchar.

- Hasta hace poco se habló de tu transferencia al exterior. ¿Te irías?

- No, si el pase es para un club argentino no me iría ni aunque fuera a River o a Boca. En Central estoy muy bien. Pero al exterior sí. Quisiera que me vendan si pagan lo que el club pide. Sé que hubo rumores pero a mí nunca me dijeron nada. Decían de Bélgica, de Italia o de Francia. Yo no tengo problemas, me da lo mismo cualquier país porque llevaré a mis padres conmigo. Hay que esperar que algún club quiera pagar un millón de dólares, creo que eso es lo que pide Central. Por eso tampoco pienso demasiado en esa posibilidad. Acá formamos un grupo sensacional. Yo integro “La perrada”, una especie de círculo dentro del plantel al que sólo entran los muy guasos: para los finos y delicados no hay lugar. Lástima que ya quedamos pocos, se nos fueron Mario Killer, Carril y Cabral. Vamos a tener que hacer otra conscripción de socios bien brutos…

1975. El grito del Matador en Rosario Central, casi calcado a los que pocos años después lo convertirían en una figura planetaria en la Selección Argentina en el Mundial 78.

- ¿Este ritmo de trabajo fue el que te obligó a dejar los estudios?

- Sí, un poco fue eso. Y otro poco porque yo no tenía mucho interés. Es una lástima, ya estaba anotado en la facultad de Ciencias Económicas, pero dejé de ir y ahora no podría volver a agarrar los libros.

Se calla, dice chau, gracias y se va. Sólo quedan estas definiciones sobre él para completar su imagne.

Profesor José De León, director técnico de Rosario Central: “Para mí, Kempes es un jugador de excepción, de esos que salen de tanto en tanto, a la altura de Morena o de cualquier otro goleador del mundo. Por eso tiene un poco más de libertad que los demás dentro del esquema…”

Francisco ErausquÍn, director técnico de las inferiores de Central: “La mayor virtud que tiene este chico es la de seguir siendo él mismo, sencillo, sin agrandarse nunca, aceptando los consejos, trabajando y aprendiendo cada vez más. Siempre con la misma corrección…”

Chau Kempes, gracias a vos.

(1975).