Fútbol

1950. Argentina campeón mundial de básquet

En Bs.As. el Seleccionado argentino vence en la final a un flojo EEUU y se adjudica el primer Campeonato Mundial de Básquet. Las crónicas y las fotos de un logro que conmovió a la afición del país.

Un pequeñísimo recuadro en el número del 25 de agosto de 1950, “Año del Libertador General San Martín”, señala: “En el curso de esta semana deben haberse acelerado los trabajos de la selección para el próximo Campeonato Mundial de Básquetbol que se realizará en Buenos Aires en el mes de octubre. A esa tarea de selección y entrenamiento nos referiremos en nuestro próximo número”. Mientras se construye el velódromo de la capital argentina, Fangio quema pistas en Europa y Gatica destruye rivales, El Gráfico encarga a su especialista, un joven Carlos Fontanarrosa, la cobertura del gran acontecimiento del baloncesto. Este no se muestra conforme con las bajas de Belli y Capece (de San Lorenzo), a quienes “se les ha visto innumerables veces ganar partidos contra los mejores”.

Todo el plantel campeón posando en la previa a la consagración.

El 8 de septiembre, trece fotos en tres páginas ilustran sobre la concentración argentina y las instalaciones en Ezeiza para las delegaciones extranjeras. Después de la práctica matutina, “en algunos grupos nace la charla, en otros una partida de billar o de los dados, algún dormilón se recuesta a leer… en la convivencia se comprenderán mejor, y seguro tendrán oportunidad de verse mutuamente en todas las facetas”. El 13 de octubre, luego de unas semanas de silencio al respecto, otro recuadro adelanta: “El Gráfico brindará a sus lectores amplias notas del Primer Campeonato Mundial, cuya disputa se iniciará el domingo 22 del corriente. Todos los partidos serán comentados textual y gráficamente”. El anuncio aparece en una nota de Fontanarrosa, que cuenta que “desde el año 1943 no gana nuestro país un torneo sudamericano… los  Sudamericanos tienen las mejores chances si nos atenemos a los resultados de Londres. Exceptuando, claro está, a los yanquis que, aunque no deben asustarnos, tienen lo suficiente para convertir en humildes las orgullosas pretensiones de cualquiera”.
 

EL TORNEO

En la última edición de octubre aparece en página 3 el equipo con saco y corbata: Borau (asistente del entrenador); Ricardo González (capitán); Lozano, Pérez Varela, Nuré, C. González, Trilla (otro asistente), Viau, Del Vecchio, Poletti, Bustos, Canavesi (entrenador), Monza,  Menini, Venturi, Alberto López, Uder, Contarbio, Furlong y Liva. Y la nota de apertura corresponde a “la primera noche de reunión en el Luna Park” que “no fue nada más que colorida”, pues quienes jugaron los dos partidos iniciales “no lo hicieron con precisión ni estilo”. Hoy, los marcadores nos sorprenden: Perú le ganó a Yugoslavia 33 a 27, y Egipto a Ecuador 42 a 37. Obviamente, como se había prometido, están  las detalladas síntesis. Un aviso de página muestra una carta de la Confederación Argentina de “Basketball” dirigida al gerente de la compañía Superball: “Como en todas las competencias que organiza esta Confederación, los encuentros a disputarse (en el Mundial) se harán con pelotas Superval. No hay errores de ortografía: la empresa de la calle Berro era Superball pero “la pelota argentina para todo el mundo” se llamaba Superval. “Argentina derrotó a Brasil por 40 a 35. El mayor mérito fue por la fulmínea reacción que tuvo que emprender, ya que Brasil sacó ventaja hasta de diez puntos”, dice la apertura del número del 3 de noviembre.

El Negro González con pelota dominada.

Y diez puntos con tan bajos tanteadores implica que fue un milagro de voluntad. Por algo titula el cronista: “Con esfuerzo y sin estilo”. Anteriormente, la Argentina le había ganado a Francia 56 a 40 con 14 puntos de Contarbio, pero por la distancia con este partido el comentario ocupa un lugar postrero en la revista y con nota sin firma, aunque del propio Fontarrosa.

El periodista prevé el final: “Después de haber visto jugar a todos los contendedores, nace con más fuerza la idea de que es el equipo local quien tiene aspiraciones muy serias para ser nada menos que el campeón mundial”. ¿Y Estados Unidos? “¿Por qué envió EE. UU. un equipo tan flojo, tan desproporcionadamente flojo, comparado con los que hemos visto antes? A esta pregunta no le encontramos respuesta”. Sin embargo, deja un hueco: “malo y todo tiene la suficiente capacidad como para disputar cualquier partido de igual a igual”.

El 10 de noviembre, llegan las notas de la consagración argentina. La página inicial muestra a “Ricardo González, capitán del equipo argentino, y Pillín Furlong, agotados y sostenidos únicamente por la alegría del triunfo”. En el sprint final, el equipo local había derrotado a Chile 62 a 41, con 15 tantos del susodicho capitán; nuevamente, a Francia por 66 a 41 con 12 puntos de Furlong; y a Egipto por 68 a 33 (13 de Ricardo González). “En la noche del 3 de noviembre, el equipo argentino de basketball obtuvo, limpia y brillantemente, el Campeonato Mundial. Conmovió el certamen a la afición del país”, dice el copete del artículo de cuatro páginas.

Después de la gran victoria ante los Estados Unidos, se celebró el primer título mundial como correspondía.

La fría síntesis marca una victoria 64 a 50 frente a Estados Unidos con veinte puntos de Furlong y 14 para Del Vecchio. Con cinco partidos ganados en la rueda final, el equipo celeste y blanco llegó a un curioso goleo: 300 tantos a favor y 200 en contra. Una doble página con la foto del cuadro y otra nota de cuatro páginas sin firma dan cuenta de la importancia del logro. “El equipo argentino es el que mejores figuras ha mostrado. En cualquier combinado irreal del mundo que uno se imagine debe intercalar a varios de los nuestros… Hemos visto un equipo argentino que simboliza a nuestro espíritu, que cuaja con el sentido creativo”.

Uno de los grandes protagonistas, Pillín Furlong, dejó la cancha exhausto, pero al rato ya estaba prendido en el emotivo festejo.

Una semana más tarde, Fontanarrosa desgrana opiniones, ya sin las emociones del partido final: “Furlong fue el mejor jugador del campeonato… el Negro González, de gran efectividad, no llegó a ser exactamente el jugador que conocemos y sabemos que es, ya que no será en la ubicación de winger donde más va a lucir… Menini jugó muchísimo y su bravura y la de Uder son ejemplares… Contarbio jugó prestando al equipo esa misma suficiencia física que él demuestra… Al jovencito Roberto Viau muy bien le corresponde la mención elogiosa; cubrió con exceso cualquier puesto y sorprendió con su dominio de la pelota y sus innumerables recursos bajo y lejos del tablero”. Y siguen los elogios para Del Vecchio, Alberto López, Monza, Bustos y Liva. “No fue suerte sino ciencia”, se titula la última nota de evaluación. “Es el triunfo del básquet argentino que no está pintado sólo con números sino que luce para la vista. Nunca hubo mejor agente de propaganda para un deporte que el accionar del team nacional”, dice Fontanarrosa. Y el gobierno de Juan Perón también lo sabía.

Nestor Saavedra (2009).