Fútbol

1981. Loma Negra

La fugaz historia en 1ra. de Loma Negra, un equipo barrial de Olavarría que, espoleado por la fortuna de Amalia Lacroze de Fortabat, llegó a disputar el Torneo Nacional con un plantel de estrellas.

EL EQUIPO BASE. Carlos Squeo, Osvaldo Mazo, Osvaldo Cristofanelli, Julio Barbieri, Norberto D’Angelo y Jorge Pellegrini, de pie. Agachados están Osvaldo Rinaldi, Félix Orte, Armando Husillos, José Luis Gaitán y Fernando Magallanes.

Un típico equipo barrial olvidado en algún pueblo del interior de pronto incorpora figuras de nivel mundial y se convierte en un gigante capaz de sorprender al todos con victorias inesperadas. La historia, llevada al cine, sería un cliché, un trillado desarrollo de película hollywoodense para ver de reojo, y desde la comodidad del sillón, un lluvioso domingo de invierno. Sin embargo, en este caso, la fantasía se hizo realidad, y Loma Negra de Olavarría, que fue fundado en 1929 para llenar con deporte el tiempo de ocio de los empleados fabriles, se convirtió, en la década del ochenta, en un sinónimo de pujanza, riqueza y poderío.

Los rumores de pasillo sobre el acercamiento de Amalia Lacroze de Fortabat al fútbol son varios, aunque el que más fuerte sopla es el que dice que la convenció el capricho de uno de sus sobrinos. Impulsada por el ejemplo de otros equipos de tierra adentro, decidió invertir en Loma Negra para llegar a disputar el Torneo Nacional.

Así fue que, a partir de 1980, llegaron Carlos Squeo desde el fútbol mexicano, Mario Husillos desde el Real Madrid Castilla, Carlos Carrió de Gimnasia de La Plata, Luis Barbieri y Jorge Vázquez de Atlanta, y Osvaldo Gutiérrez de Vélez. También, cuando el sueño del Dream Team no tenía techo, Loma Negra hizo un intento de contratar a Diego Maradona y a Ubaldo Matildo Fillol, que estaba en conflicto con River.

Con la base del nuevo equipo Loma Negra recorrió con un nivel fulgurante el Campeonato Regional de 1981. En el camino dejó a Olimpo, Huracán de Tres Arroyos, Santamarina de Tandil y Douglas Haig de Pergamino, además de San Martín de San Juan y General Mitre de General Baldissera. Así el equipo de la Dama del Cemento se ganó el derecho de participar del Nacional de ese año.

En el fútbol grande debutó en Olavarría con un 1-0 sobre Ferro Carril Oeste. En la segunda fecha derrotó 3-1 a Sarmiento en Junín, y continuó su periplo con sendos empates en cero ante Guaraní Antonio Franco de Misiones y River, además de superar a San Martín de Tucumán. En la sexta jornada logró un éxito inolvidable, al vencer 2-1 a Talleres en Córdoba. Sin embargo, en el estreno de la segunda ronda cayó 4-1 con Ferro y a partir de ahí el equipo se cayó. No obstante, finalizó tercero en la Zona A, sólo detrás de River y el conjunto de Caballito, que fueron los dos clasificados.

En 1982 Loma Negra no pudo ingresar al Nacional, pero sí alcanzó el mayor reconocimiento de su historia. Fue cuando Amalita, frustrada porque su equipo había perdido por goleada contra la Selección argentina, pagó los treinta mil dólares que exigía como cachet la Unión Soviética para presentarse en un amistoso y organizó el partido en Olavarría. La convocatoria, a pesar de ser un éxito de taquilla, no logró recuperar ni siquiera la mitad de la cifra desembolsada, pero ante esa selección, sinónimo de potencia mundial, Loma Negra ganó 1-0 con gol de de su figura, Armando Husillos, y se puso en boca del planeta. No era para menos. La URSS venía de empatar con Argentina y arrastraba un invicto de tres años y 17 partidos.

Con ese envión llegaron nuevos jugadores al equipo para el Regional de 1983. El más representativo de ese segundo pelotón fue Félix Orte, el delantero proveniente de Rosario Central  cuyo objetivo era reemplazar a Husillos, traspasado a San Lorenzo. En ese Nacional el conjunto olavarriense alcanzó los octavos de final, y esa gran actuación fue su despedida de la Primera División argentina.

Luego, con la crisis económica sobreviniente se acabaron las concesiones económicas y Loma Negra volvió a ser un equipo de barrio, que, sin embargo, ostenta en sus vitrinas el mayor promedio de puntos por partido en el profesionalismo, incluso por encima de los cinco grandes, con 39 unidades en 28 encuentros disputados.

Loma Negra fue un capricho fugaz. Una dulce caricia para un pueblo que se formó en torno a la fábrica de piedra caliza y que vio al equipo barrial codearse con los grandes. Un cuento de hadas que, a diferencia de los demás, fue demasiado real.

Por Matías Rodríguez