Fútbol

Los locos del fútbol: Gatti

Hugo Gatti. Fue un arquero único e irrepetible y además un rayado hermoso que hizo del fútbol un espectáculo más divertido. Pasen y vean las locuras y las fotos del loco más cuerdo del fútbol.

El “Loco” y el barro. Foto por Norberto Mosteirin.

Hugo Orlando Gatti nació en Carlos Tejedor, provincia de Buenos Aires. Hizo las inferiores y llegó a la primera de Atlanta. Después vinieron River, Gimnasia La Plata, Unión de Santa Fe y Boca, donde tuvo su etapa más recordada y exitosa conquistando seis títulos: dos Metropolitanos (76 y 81), un Nacional (76), dos Libertadores (77 y 78) y la Copa Intercontinental de 1977. Además fue el arquero de la Selección Argentina formando parte del plantel que disputó el Mundial de Inglaterra 1966. Fue un gran atajador de penales y uno de los jugadores con más partidos de la historia. Jugó hasta los 44 años y todavía se lo extraña.

Uno de los mejores arqueros argentinos de todos los tiempos del fútbol nacional pero, además, el prototipo de rayado que contribuyó a hacer más alegre la vida al hacer del fútbol un espectáculo más divertido, quitándole asperezas, tensiones, dientes apretados y ceños fruncidos.

Juvenal, periodista de El Gráfico, le preguntó a principios de los '70 por qué hacía locuras si jugando serio era el mejor jugador argentino, lejos. Y le contestó: “Es que el fútbol que se le ofrece al público es muy triste y me siento en la obligación de alegrarlo haciendo algunas cosas raras que al público lo divierten...”

El Loco Gatti haciendo jueguito sentado en el travesaño de GELP.

Jugando en Atlanta, sacó del arco haciendo rebotar la pelota contra el travesaño. Lo suspendieron una semana.

Era un salidor del área compulsivo que provocaba ataques de risa y de histeria en la misma proporción. Alguna vez confesó que se hizo el firme propósito de jugar más en la raya, sin salir tanto del arco: “Pero de pronto siento como si un enano me empujara a salir, a mezclarme en el partido".

Una tarde jugaban Gimnasia y Boca (Gatti todavía jugaba para el Lobo) y nos cuenta: “Había salido a pelear una pelota lejos del arco y la pelota se fue por el costado. Era saque para Boca, pero si lo hacían rápido, me agarraban a mitad de camino, sin tiempo para volver al arco. Entonces, preferí forcejear con el jugador de Boca que iba a ponerla en juego y sacarla yo lo más lejos posible. Había que repetir el saque y mientras venía la pelota de vuelta y los de Boca protestaban, sucedió lo que yo pensaba: que la mitad del público se reía y la otra mitad me insultaba... Pero me daban tiempo para volver al arco...”

“Además, jugar de arquero es muy bobo. Estar allí, esperando que vengan dos pelotas perdidas y una sea gol, para que las tribunas le griten de todo al arquero... Y sin embargo, jugar al arco me enloquece. Pero no volar, tirarme de palo a palo, sacarla angustiosamente con la punta de los dedos. Eso es para que aplaudan los que no saben nada. Me gusta jugar adivinando que cuando saca el arquero contrario y se la da al marcador de punta para que la saque jugando se la van a meter al claro al wing derecho. Y ya estar saliendo hacia el sitio donde van a meter el pase cuando recién la recibió el marcador de punta de manos de su arquero... Cuando veo la sorpresa del wing porque yo estaba antes, me siento en la gloria...”

Jugando para River en la Bombonera, desde la hinchada le tiraron una escoba, Gatti la agarró y se puso a barrer el área.

Según Daniel Onega, además de ser el más loco era el más amarrete: “Hugo usaba los pantalones sin bolsillo para no llevar plata y no pagar nunca nada... Cuando caza unos mangos, se compra una vaca. ¡Y le decimos loco...!”

Un pajarito que sabía de fútbol no se quiere perder ninguna locura del loco cuando jugaba en GELP. Foto alucinante del archivo de El Gráfico.

En una nota de El Gráfico que compartió con otros dos monstruos del arco xeneize, el Mono Navarro Montoya y Oscar Córdoba, el Loco confesaba: “Contra los rusos jugué en pedo”.

“…Unos vinitos hacen muy bien. Yo siempre tomé antes de los partidos. Me sacaba el cagazo. Porque aquel que dice que nunca sintió cagazo, miente. Y el vino me daba swing…

…Tomaba  más o menos medio litrito. Pero la medida del cagómetro depende de cada uno. El vino me soltaba. Me liberaba. Me hacía perder el miedo. Pero tomá, Oscar. Dale, vení que te sirvo. No te hagas el jugador europeo ni el fino conmigo, que te conozco bien. A vos te gusta la caña. Y me acuerdo cómo le dabas a la caña con el negro Asprilla. Entre los dos se bajaban una botella...

Le pregunta Córdoba: “Hugo, contá lo de la petaca de whisky que tenías dentro del arco en el partido frente a la Unión Soviética en el 76 (en la Selección Argentina).

- Es que en Kiev hacía un frío que te asesinaba. Por la nieve la cancha parecía una pista de hielo. Y yo con la petaquita. Cada tanto, un traguito. Por eso debe haber sido que contra los rusos la rompí. Si estaba en pedo... Pero no fue sólo en ese partido: en todos con la petaca. Contra Polonia, Hungría... La verdad, muy bueno.

El Loco con Juan Carlos Lorenzo. Fue tomada después de conquistar, gracias a su penal atajado, la primera Copa Libertadores para el club de la Ribera en su historia.

Firma Gatti Hugo porque sostiene: “El apellido es lo más importante que me dio mi padre y por eso debe ir primero que nada...”