Fútbol

Seguía el juego x Borocotó

“Al purrete se le inundaron las pupilas; no por su ida preso, sino que de lástima por el vigilante sin niñez…”. Este y otros textos de Borocotó aparecidos en El Gráfico, fueron la base para el guión del film “Pelota de Trapo”..

Seguía el juego...

 

Sintió su muñeca oprimida. Sin mirar, ya sabía quién imprevistamente la había apretado. Los gestos de asombro de sus compañeros de juego y la escapada eran por demás elocuentes. Y hasta la pelota olvidada parecía decirle:

-Vas en cana…

Miró hacia abajo y vio las botas. Subió un poquito con la mirada y llegó al borde del capote. Luego, observó aquella mano tosca que se había adueñado de su muñeca. Y echó a andar.

Ni le preocupaba saber qué vigilante era quien conducía. Ni se atrevió a implorar libertad. La mano ruda y su continuada opresión le decían de un policía inconmovible.

Cabizbajo iba andando. ¡Qué diría la vieja! Otro disgusto más. Paciencia. Y molestado por la idea de entristecer a su madre, cambió de pensamiento. Se dirigió al match interrumpido. Estaban dos a cero. Iban ganando ellos. Un goal lo había hecho Comeuñas y otro Dulceleche. Él había errado uno en la puerta del arco. Calculó mal el voleo y no lo agarró. Ante el recuerdo, olvidó la muñeca oprimida y amagó el shot. La respuesta fue un tirón seguido de estas palabras:

-En el calabozo vas a seguir jugando.

Era una voz ronca, la que por fuerza debía de corresponder a aquella mano tosca. El pibe dibujó en sus labios una sonrisa de pena. El calabozo. Daba frío esa palabra. Y se puso a pensar. Tenía piso de baldosas a cuadraditos y paredes de portland. Cuando la interrumpían sus matches de fútbol y lo llevaban a meditar en el calabozo, solía escribir en una pared. DE pronto, en su cabeza, las paredes comenzaron a andar y el calabozo se fue haciendo grande, muy grande, y se convirtió en una cancha de fútbol. Era como un garaje sin coches. Allí ubicó mentalmente a sus amigos y siguió el match. Estaban dos a cero.

De pronto, el Turquito se corrió por el wing y tiró un centro. Comeuñas la iba a cabecear, pero él gritó: “¡Mía!” y ejecutó el voleo.

Volvió a sentir un tirón en la mano y las palabras anteriores:

-En el calabozo vas a jugar.

El pibe se atrevió a subir la mirada. Fue saltando sobre los botones de metal y llegó a la cabeza. La cara de aquel vigilante debía haber nacido así. Nunca habría sido iluminada por un gesto infantil, por una sonrisa traviesa. Aquel policía habría nacido ya grande.

Al purrete se le inundaron las pupilas; no por su ida preso, sino que de lástima por el vigilante sin niñez.

Y siguió jugando mentalmente.

Borocotó (1934).


“Policía reprendiendo”. La pintura pertenece al pintor español Miguel Jaume y Bosch (1844 - 1900) que vivió gran parte de su vida en Montevideo, Uruguay. Este maestro de pintores realizó un trabajo extraordinario sobre los tipos humanos de la capital uruguaya de fines de siglo XIX.