Fútbol

El Negro, Hacha Brava y el burro

El uruguayo Tomas “Negro” Rolan lleva arriba de un burro al santiagueño Rubén Marino “Hacha Brava” Navarro, los dos defensores del glorioso Independiente de la primera mitad de los 60.

El oriental nacido en Rocha Tomas Rolan fue el lateral izquierdo titular en Independiente antes de la “era” de otro uruguayo,   Ricardo Pavoni.  Rolan fue campeón en 1963 y en  las Copas Libertadores 64 y 65.  En el partido por  la Intercontinental del 64, que ganará el Inter de Helenio Herrera , “El Negro” sufrió una grave lesión.

El nacido en La Banda  Rubén Marino Navarro, era la pesadilla de los delanteros rivales por eso el apodo “Hacha Brava”.  Fue uno de los mejores laterales derechos de la historia de Independiente, club donde se inició. "Hacha Brava" fue campeón argentino en 1960 y 1963 y campeón de la Copa Libertadores en 1965. Jugó en la selección nacional en el mundial de Chile 62 siendo también su capitán.

En la nota de 1987 en la que Julio Cesar Pascuato,( Juvenal)  repasaba sus 25 años como periodista en El Gráfico, le dedicaba una parte al querido “Hacha Brava”:

Quiero quedarme un rato en ese personaje de la historia de Independiente. Cuando reventaba la pelota y los rivales sin ningún miramiento, yo le bajaba la caña al comentario, hecho que, por supuesto, no le gustaba nada. Hasta que un día decidí ir a verlo a su casa de Lanús para ver qué había detrás de ese troglodita que se comía los chicos crudos y contárselo a los lectores. Me recibió con cara de foul a dos metros del área penal, de esos fouls que duelen. Finalmente, se ablandó. Y resultó un tipo encantador, cuyos ídolos eran dos exquisitos cultores de la técnica futbolística, la contrafigura de lo que era Rubén Marino Navarro dentro de la cancha: Félix Loustau y Amadeo Raúl Carrizo. De pibe era hincha de River.

Fue uno de los casos notables del fútbol, exactamente al revés de su ídolo-arquero: de pibe, Amadeo Carrizo era hincha de los rojos y desde el día de su debut enfrentando a Erico y De la Mata jugó sus mejores partidos contra Independiente. Pocos años después, en 1965, Carrizo impidió el triunfo de los rojos con una performance excepcional y cuando lo vi a Navarro en el vestuario, sin dejarme pronunciar palabra, exclamó: “¡Qué bestia, Amadeo! ¡No hubo ni habrá ninguno igual!”. Les había quitado la victoria, pero su amor por el ídolo seguía intacto.