Fútbol

La noche del San Paolo

Mundial Italia 90. Argentina clasifica a la semifinal a los tumbos. Juega con Italia un lugar en la final y en su mejor partido del Mundial, lo vence por penales. Video, fotos y crónicas de una noche inolvidable.

Viví o reviví en video uno de los triunfos más increíbles de una Selección argentina en los mundiales. La salida, los inolvidables himnos, el gol de Cani, los heroicos penales de Goycochea y la notas después del triunfo argentino en semifinales frente a Italia, en su Mundial.

1990. Argentina deja afuera a Italia

Tras centro del Vasco Olarticoechea, Claudio Caniggia le gana en el salto al arquero Zenga, que venía con el arco invicto, y convierte el gol argentino.

Caniggia, Maradona, Burruchaga y los pobres tanos miran cómo la pelota entra al arco italiano tras el cabezazo del Pájaro que, por una tonta amarilla, se perdió la final del Mundial.

Nota publicada en la edición de El Gráfico posterior a la Semifinal con Italia.

EL VASCO VOLADOR

Amortiguaste con las manos el zurdazo sin esperanzas de Aldo Serena y lograste algo que sólo pueden los tocados por el soplo divino: hiciste feliz de un solo vuelo al pueblo entero, que se alzó desde sus llagas y sus broncas para gritar bien fuerte tu apodo, Vasco querido.

Habrá que creer nomás que papá José y mamá Ángela te hicieron el cuerpo con células ganadoras, de esas que no aflojan nunca, ni en las frías mañanas de Ezeiza de este otoño que se fue, cuando entrenabas casi sin horizonte y escuchando el cuchicheo en tus oídos: tercer arquero, tercer arquero…

Goycochea ataja su primer penal a Donadoni. La Selección argentina convertiría todos sus penales de la tanda (Maradona, Olarticoechea, Serrizuela y Burruchaga).

¿A quién puede importarle que los centros cruzados te duelan hasta el alma? ¿A quién algún rebote que queda por ahí y le paraliza el corazón a 33 millones de argentinos? Importa la conclusión a la que nos lleva la calentura del momento, sin mucho análisis comparativo, pero con la certeza de los sentimientos desplegados hacia el viento: de palo a palo y del piso al travesaño, sos el más grande atajador que el fútbol argentino haya alumbrado, del Pato Fillol en adelante. Además, ganador; además, suertudo de los que valen, esos que ayudan a la fortuna con su esfuerzo y no se quedan esperándola sentados en el cordón de la vereda; además, leal, como que esperaste a la sombra de ese otro grande que es Camello Pumpido, los años de los años.

Te acostaste sobre la pelota ya indefensa del penal decisivo y emprendiste la carrera. ¿Qué veías en la pantalla gigantesca del desde ahora entrañable estadio San Paolo? ¿Al pibe que iba a entrenar, en las tardecitas de Zárate, a la modesta canchita de Defensores Unidos? ¿A tu papá que, fiel a la cábala era apretado en ese mismo momento por sus compañeros de trabajo en la Central Nuclear de Atucha? ¿A tus hermanas mellizas, Silvia y Verónica, las primera shoteadoras de penales que tuviste en tu vida, allá en el patio arbolada de la casita de Lima? ¿Al debut en la primera de River, allá en La Plata, contra Estudiantes, la cancha preferida del tipo que te bancó cuando muchos desconfiaban? ¿A las noches de insomnio cuando decían que estabas enfermo, que te ibas a morir, que nunca más ibas a poder atajar? ¿A Ana Laura, la chica-mujer que te sacó del pozo y te bancó en el exilio colombiano, cuando apretaste los dientes y te propusiste volver?

El arquero argentino detiene el penal de Serena. Una atajada que vale una final del Mundo. Goycochea empezó como suplente, pero tras la fractura de Pumpido, ocupó el arco argentino.

Quizás no viste nada de eso, y tus ojos apenas rebotaban en las venas hinchadas de Diego, Burru, el Patón, el Checho, Boquita, el Gringo, el otro Vasco, el Nene, Caldera, Cani, el Galgo, el Moncho, Tiburcio, el Cabezón, Pedrito, Teresa, Simón, Lorenzo y el Pipa Fabbri, que venían a apretarte hasta dejarte sin aire.

¿Quién dijo que los penales son una lotería? ¿Acaso no te vieron en los miles de replay esperar hasta que el pateador le pega a la pelota, para recién entonces estirar tus ciento ochenta y seis centímetros en busca de la hazaña de dejar, a esta Argentina herida, en la vereda de los que siguen, mientras los demás se van?

El Vasco en los más alto en brazos de Monzón en el enloquecido festejo argentino. Se suman Olarticoechea, Batista, Simón, Balbo y Sensini (de espaldas).

Ahora hay que volver a Trigoria, Vasco, a relamerse las heridas y preparar el asalto final. Sin presiones de ninguna clase, cumpliste y cumplieron de sobra, borrando del mapa futbolístico dos paternidades que nos dolían en lo más hondo de nuestro orgullo de país futbolero. Pero igual, ¿para qué engañarte? En el país de los argentinos empieza a hacer camino el sueño del tricampeonato, nada menos que en Europa, con todos en contra y sólo ustedes a favor.

Sergio Javier Goycochea, a los 26 años. Goyco de Lima. Goyco de Buenos Aires y Argentina. Goyco Campeón. Dios lo permita.

ENRIQUE ROMERO.

(Enviado especial a Nápoles)