Fútbol

Bianchi: historias de potrero

Carlitos Bianchi sabe que le fútbol está ligado a las alegrías más grandes de su vida. Pero también le reconoce las tristezas más profundas. A principios del 70 le contaba a El Gráfico recuerdos de sus comienzos.

Un joven Carlos Bianchi, en su primera etapa en Vélez, posa en el barrio de La Boca.

HISTORIAS DE POTRERO

- Mi cuadro de chico se llamaba “Unión y Paz”. ¡Mirá vos! “Unión y Paz” y terminábamos siempre a las patadas… Lo organizaba el Coco Melli, un peticito que tenía cerca de treinta años. Con el Coco éramos inseparables, porque nos juntábamos con los pibes los martes y los jueves para practicar en el potrero. Y el día antes de cualquier desafío recorríamos el barrio en bicicleta para buscar a los jugadores casa por casa. El coco siempre andaba en bicicleta. Y a mí me llevaba en el portaequipaje. Me acuerdo que para un veinticinco de mayo habíamos conseguido desafío, y el día anterior me pasó a buscar por casa. Yo todavía estaba en la primaria, no tenía ganas de ir con él y le puse cualquier excusa: “No Coquito, mirá: tengo que hacer los deberes”. El veinticinco me estaba preparando para ir al acto del colegio. Serías las nueve de la mañana y mi mamá conversaba con una vecina en la calle. En la casa de antes, en Tinogasta y Bruselas, la ventana de mi pieza daba a la calle. La vecina le contaba: “¿Vio que se murió ese muchacho bajito, que le dicen Coco?”. ¡Cómo me cayó! Estuve tres días que no sabía qué hacer. ¡Y los demás pibes! Llorábamos todos como locos. Lo cazó un 47 en Nogoyá y Bruselas y le desvió la bicicleta. Pero la macana vino porque se pegó la cabeza con el cordón de la vereda…

Aunque el Coco Melli era el delegado, “Unión y Paz” siguió existiendo porque apareció otro amigo, Roque, que armaba cuadritos al otro lado de la General Paz.

- ¡Roque se pasó! Él era muy amigo del Coco y, cuando se enteró, adelante de la barra dijo: “Acá, viejo, mientras viva Roque el cuadro va a seguir lo mismo”.

1968. Carlitos Bianchi festejando su primer campeonato en Liniers.

Cuando Carlitos engranó en Vélez (goleaba en quinta y cuarta) no dispuso de más tiempo para jugar en “Unión y Paz”, porque entre las inferiores y los diarios en San Martín le acaparaban el día entero.

- Hace poco, a la salida de la cancha, lo volví a ver a Roque. ¡Hacía como ocho años que no lo veía! Está un poco más gordo, pero es el mismo Roque de siempre. Con él íbamos a buscar a los jugadores por José Ingenieros, montados en un caballo de esos que usaban los lecheros. No soy viejo (tengo 22 años), pero en ese tiempo las calles de Ingenieros eran de tierra. Y cuando había barro la recorrida era terrible… pero los sábados a la mañana los siete del cuadro estábamos firmes en la esquina de Porcel de Peralta. Teníamos camisetas negras y amarillas. Roque se desesperaba porque no se ensuciaran mucho. Un sábado de barro, antes de empezar el partido, nos fuimos tirando uno por uno a un charco, para que no llorara más…

El mayor orgullo futbolístico de Roque es haber sido técnico de Bianchi. Pero en los cafés de Ingenieros no lo creían.

- Cuando lo vi a la salida de la cancha me pidió un juego de camisetas para el “Unión y Paz” de ahora. Yo quedé en contestarle: “Mañana voy a tu casa a confirmarte si las puedo conseguir o no”.

Cuando Carlitos llegó al día siguiente, toda la cuadra de Roque lo estaba esperando. Roque lo saludó:

- ¡Qué hacés, pibe!

Y cuando se abrazaron todo el barrio aplaudió, Roque estaba orgulloso:

- ¡VIERON GILES QUE ERA CIERTO! ¿ERA MENTIRA QUE JUGÓ PARA MÍ?

El Gráfico (1971).