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Clay o Alí, modelo para idolatrar

Emblema único en la historia del boxeo, poeta, mezcla de rey y bufón, Cassius Clay convertido en Muhammad Alí, maravilló al mundo. “Cuando se es tan grande como yo, es imposible ser modesto”.

La historia empezó con una bicicleta robada. El pibe, llorando de impotencia, se metió a un gimnasio de boxeo: “Quiero agarrarlo al ladrón y darle una paliza”. La respuesta fue: “Está bien, pero para darle una paliza, tendrás que aprender a boxear”. 

El pibe nunca encontró al ladrón, pero se convirtió en el más grande de toda la historia. Cassius Marcellus Clay había nacido el 17 de enero de 1942 en Louisville, Kentucky. Hijo de una familia de clase media, sus padres afimaban que la primera palabra que dijo fue “Champ”. Sea como sea, luego de recibir de Joe Martin –un policía que enseñaba boxeo en sus ratos libres– media docena de clases, Cassius, que por entonces tenía 12 años, hizo su primera pelea y la ganó. 

Alí, cuando era Cassius Marcellus Clay, en el gimnasio: “Odié cada minuto del entrenamiento. Pero me dije: No abandones, entrena ahora y sé un campeón por el resto de tu vida”.

Para 1960, se consagraba campeón olímpico en Roma. Apenas bajó del avión, enfrentó a los periodistas y les leyó una poesía (escrita por él, claro) llamada “Cómo Cassius conquistó a Roma”. Tenía 18 años. Cuando debutó como rentado, sumaba 116 peleas con 8 derrotas. “Compró un Cadillac rosado clarito y firmó contrato para  realizar su primera pelea profesional. Su rival sería a 6 rounds con un oficial de policía llamado Tony Hunsaker. Se tenía fe, pero no por ello descuidó su entrenamiento. Tres días antes de esa pelea, Clay firmó contrato con un sindicato de once hombres de negocios de raza blanca –diez de Louisville y uno de Nueva York– de los que siete son millonarios. Los términos del contrato: 10.000 dólares de prima, 4.000 por año, todos los gastos pagos y la mitad de beneficios para cada parte”, explica una nota aparecida en El Gráfico en abril de 1963. Es que El Gráfico acompañó a Clay primero y Alí después en todas sus grandes peleas, sin contar con que, en el año 1979, cuando nuestra revista cumplió 60 años, Alí fue uno de los invitados de lujo para celebrar semejante acontecimiento...

25 de mayo de 1965. En Maine. Alí despacha a Sonny Liston en 1 minuto 49. Fue su segunda pelea y es recordada porque se definió el célebre “golpe fantasma” (foto: Neil Leifer).

Clay debutó como profesional, comenzó a anunciar en qué asalto definiría sus peleas y, naturalmente, llegó a pelear por la corona mundial. El 25 de febrero de 1964, en Miami, venció a Sonny Liston por KOT en 7 asaltos (Liston no salió a combatir por una lesión en un hombro) y contra todos los pronósticos, se consagró campeón del mundo. Se hizo la revancha, volvió a ganar Clay y sorprendió al mundo con su anuncio: se había convertido al islamismo y pasaba a llamarse Muhammad Alí, abandonando así lo que él consideraba “su apellido de esclavo”. 

Diciembre de 1970. Alí con el argentino Oscar Bonavena. Ringo le hizo pelea pero perdió en el 15° round.

Eran tiempos radicalizados en los Estados Unidos, tiempos de rebeldía y lucha, encabezados por Martín Luther King y Malcom X, los negros pedían ser considerados ciudadanos comunes, con igualdad de derechos y no ser discriminados por su color de piel. Clay-Alí , al ser el campeón mundial de todos los pesos, atrajo la mirada de propios y extraños. Los viejos periodistas lo rechazaron. Los nuevos, que entendían que el mundo estaba cambiando, lo admiraron.  George Plimpton lo bautizó “El quinto Beatle”. Y, cuando se negó a participar en la guerra de Vietnam, las alas radicalizadas de la derecha lo demonizaron. Le quitaron la corona mundial, lo mandaron a la cárcel, lo trataron de traidor. Estuvo inactivo a partir de 1967 y perdió tres de sus mejores años de su vida profesional. Alí ya no era Clay. Era  un hombre altivo y seguro de sus convicciones políticas y religiosas. Cuando regresó, en 1970, ya no era el mismo, sus piernas veloces ya no deslumbraban. A los 27, modificó su estilo, pero jamás calló su lengua, picante y provocadora. El 7 de diciembre de 1970 enfrentó a Oscar Ringo Bonavena en el Madison y aunque ganó en el 15° y último round, el argentino le hizo una gran pelea.

1974. Zaire. Alí derrota, contra todos los pronósticos, al joven George Foreman por KO en el 8vo round.

Pero la gran prueba de fuego vino el 8 de marzo de 1971, también en el Madison. Ante 20.455 espectadores, Alí se midió con Joe Frazier –por entonces el campeón del mundo– y perdió por puntos. Fue, sin duda, su gran rival. Hicieron dos combates más: el 28 de enero de 1974, también en el Madison, Alí se impuso por puntos. Y el 1° de octubre de 1975, en lo que ha sido para muchos la más  extraordinaria pelea de toda la historia, Alí le ganó a Frazier cuando estaba por sonar la campana del 15° round. Los dos estaban por abandonar. Pero Angelo Dundee –histórico rincón de Alí– le ordenó que, por lo menos, se pusiera de pie. Así lo hizo. Frazier se quedó sentado y ganó Alí, quien prácticamente se desvaneció unos segundos después. Aquella pelea de Quezon City, Filipinas, fue la mejor de su producción. Y eso que, en 1974, en Kinshasa, Zaire, le había ganado –también contra todos los pronósticos– a George Foreman por KO 8. Perdió su título ante Leon Spkins, pero en la revancha, el 15 de septiembre de 1978, en Nueva Orleáns, se consagró como el primero en lograr tres coronas mundiales de peso pesado, tras vencer por puntos.

1 de octubre de 1975. Manila Soberbia imagen de Alí –Joe Frazier en su tercer duelo, para muchos la pelea más apasionante de la historia del boxeo.

Ya no era el mismo. Sin embargo, siguió hasta el 81, cuando cayó ante Trevor Berbick, por puntos. Sumaba entonces 61 peleas, con 37 ganadas por KO y 19 por puntos. Sufrió 5 derrotas, sólo una antes del límite (ante Larry Holmes en 1980, cuando Dundee lo obligó a abandonar). 

1975. La trompada neta y potente ya impactó en la cara de Frazier. Pelearon tres veces: en el 71 fue victoria para Fraizer, en el 74 y 75 para “El más grande”.

En total, hizo 25 peleas de campeonato mundial. Con su 1,90 m y su peso promedio de 96 kilos, obligó al doctor Ferdie Pacheco –su médico de toda la vida–a decir: “Es el espécimen más perfecto de la raza humana”. Norman Mailer escribió un libro sobre su pelea con Foreman. Y nadie podrá olvidar aquellos tiempos en que, como Cassius Marcellus Clay, estremeció al mundo con sus piernas prodigiosas, sus poemas, sus anuncios del round en que ganaría la pelea y su verba impecable, que incluye aquella frase que lo pinta de cuerpo entero: “Cuando se es tan grande como yo, es imposible ser modesto”.

Carlos Irusta (2009).

Alí en un duelo desigual con Carlos Irusta de El Gráfico (autor de esta nota).