¡HABLA MEMORIA!

1998-2008. La Boca, reino de Copas

- por Redacción EG: 09/03/2018 -

Como se contó en las páginas de El Gráfico la década más ganadora de la historia de Boca: seis torneos locales y once copas internacionales. Además, una impresionante colección de fotos a puro festejo.

Una cosa que empieza con "B" 

Como ya lo había hecho cuando salió campeón con Vélez, Carlos Bianchi escribe en primera persona “Así armé al Boca campeón”, que abarca “desde aquella fría tarde del 2 de julio de 1998 en que asumí en la ciudad de Tandil hasta el día en que ma-te-má-ti-ca-men-te pudimos pronunciar la palabra bendita y deseada”. Había llegado al equipo capitalino luego de un paso intrascendente por la Roma y tras una conversación con Mauricio Macri en Madrid. Sin embargo, había estado a punto de firmar para Boca en 1995 cuando, luego de charlar con el vicepresidente Carlos Heller, las autoridades prefirieron contratar a un hombre de la casa como Silvio Marzolini. 

No bien llegó “puso la casa en orden”, cuidando hasta los más pequeños detalles como cuestiones de utilería, multas “a los que llegaban tarde con el pago del asado de los viernes” o que no usaran los celulares en las comidas o los vestuarios. La exitosa campaña es narrada partido por partido con la participación en recuadros de dirigentes, ex jugadores y conspicuos hinchas de Boca. En nota especial se destacan los futbolistas: Cagna, Córdoba, Ibarra, Palermo, Samuel, Arruabarrena, Bermúdez, Guillermo Barros Schelotto, Adrián Guillermo, Traverso, Juan Román Riquelme, Matellán, Basualdo, Navas, Christian Giménez, Barijho, Serna, Abbondancieri y La Paglia. 

Carlos Bianchi debutó en Boca como DT ante Vélez en 1998. Además, debutó como jugador de Vélez enfrentando a Boca en 1967. Y se despidió también contra Boca en 1984.

La última página es profética: “Esta historia recién comienza”. No se equivoca, pues le seguirían diecisiete copas en poco más de una década, récord para el fútbol profesional argentino. La primera, inmediatamente: Clausura 1999. Una nueva edición especial, con mucho de la anterior, pero un nuevo título en ambos sentidos: “Así ganamos el bicampeonato”. Otra vez arrasa con todos los rivales. Ya campeón, en el último partido pierde ante Independiente 4-0 y cierra el invicto más largo en Primera División en el profesionalismo, con cuarenta partidos sin conocer lo que es la derrota. Magnífico.

Boca había ganado en noviembre de 1978 su segunda y última Copa Libertadores. Veintidós años más tarde volverá a conquistarla y será el puntapié inicial para una serie inigualable de logros, que lo llevará a desplazar a Independiente en su trono de “rey de copas”. 

El torneo internacional más importante de América jugado en el 2000 tuvo su definición en el Morumbí, de San Pablo, la misma cancha en la que Bianchi había gritado campeón con la ve azulada seis años antes. Elías Perugino, enviado especial de El Gráfico, junto a los fotógrafos Juan Mabromata y Gerardo Horovitz, comenta: “La fórmula para la hazaña fue una combinación pareja de inteligencia y coraje. La frutilla al aguante la puso el colombiano Oscar Córdoba, que con dos penales atajados en la definición, decretó el delirio corrido”. Además de la figura del guardavallas destaca el juego de Bermúdez, Traverso y el mellizo Guillermo. El festejo loco, pero, como siempre, a volver para concentrarse para la Copa Intercontinental y el torneo local. Ambos compromisos los asume con pocos días de diferencia: La primera gran alegría llega con los dos goles prematuros de Palermo al Real Madrid en Japón (“La gloria en 6 minutos”, se titula la reseña fotográfica) y la segunda, con un gol de Matías Arce ante Estudiantes. Fue “un campéon incuestionable” dice en la nota analítica Gonzalo Bonadeo. 

2000. La primera Libertadores del nuevo ciclo. Desde 1978 que no se paladeaba un logro así. Puntapié inicial de una década sublime.

En junio de 2001, otra edición especial festeja una nueva Copa Libertadores con Román en tapa. “El arquero colombiano volvió a ser el hombre clave en la conquista… De las tres definiciones por penales en las que intervino, Boca fue protagonista excluyente y se retiró victorioso” escribe Diego Borinsky hablando de Córdoba, héroe en la serie de penales ante el Cruz Azul. Un ejemplar similar se publica en julio de 2003, cuando llegue otra nueva Libertadores, esta vez con el capitán Cagna en la portada. La victoria 3-1 ante el Santos en el Morumbí corona nuevas figuras, como Abbondanzieri (ya con zeta) y Carlos Tevez que, “en cuatro años pasó de descoserla en las Inferiores, a romperla en la Selección juvenil, y ganarse un lugar en el podio de la idolatría xeneize. Su fútbol fue vital para la conquista de América” (Perugino).

A final de año ganará otro doblete inolvidable: el Apertura y la Intercontinental. “Solidez, contundencia y brillo individual fueron los principales argumentos de Boca para obtener su vigésimo título local” (Perugino, en la nota central de un nuevo extra, luego de ganarle a Arsenal y dar otra vuelta olímpica). A Japón, viaja Perugino para una infartante definición por penales frente al Milan, donde el Pato se luce frente a Pirlo y Costacurta. Lo más curioso del nuevo especial: una producción sobre la vida de Bianchi con históricas fotos del gran conductor. 

Japón 2000. Boca gana su segunda copa Intercontinental frente al Real Madrid.

El anuario de 2004, aparecido en enero del año siguiente, incluye el editorial de Carlos Poggi “Con la Copa en la Boca”; señala sobre la Sudamericana: “El equipo argentino cerró el año con otro trofeo relevante. En las dos ediciones anteriores no le había dado la importancia que sí le dio a esta definición frente a Bolívar. Tevez se despidió con brillo en su chapa internacional y Palermo ratificó su estirpe goleadora… Fue el primer título de la era Macri sin la potestad de Carlos Bianchi. El Chino Benítez se colgó la medalla”. 

El año del centenario (2005) no podía ser mejor: “Boca campeón de la Recopa, del torneo Apertura, de la Sudamericana, de todo ¿Qué más ‘xe’ puede pedir?”, dice la crónica en enero de 2006, número en cuya tapa se presentan dos de las joyas boquenses: Fernando Gago y Rodrigo Palacio. Pocos meses más tarde, una foto a doble página del plantel lleva este epígrafe: “En San Pablo, Boca logró la Recopa Sudamericana, que significó el trofeo número 16 en la historia del club. Para Alfio Basile, fue la despedida ideal”. En junio ya había ganado el Clausura.

Román reza en la definición por penales. La final de la Libertadores 2001 frente al Cruz Azul fue un parto.

Ro, ro, Roman...

El 2007 lo premia con otra Libertadores bajo la batuta de Miguel Angel Russo. Nota de Perugino con énfasis en Riquelme, que marca ocho goles en once presentaciones con un promedio envidiable. Su decimoctava conquista internacional, que lo sitúa en lo más alto del mundo con el Milan (18 títulos), llega en el 2008, cuando se adjudica la Recopa Sudamericana ante Arsenal de Sarandí. Por eso, Poggi lo bautiza “conquistador insaciable”, en el editorial del número especial de agosto. Sin Palermo, a punto de ser operado, se recuerda el récord de Sebastián Battaglia, que consigue quince títulos con la misma camiseta, y “superó a Abbondanzieri y quedó a uno solo de Guillermo Barros Schelotto, que lidera el historial con 16”.

Al final de ese año, pese a perder con Tigre 1-0, gana el Apertura y una revista especial invade los quioscos. La única nota triste, “Desde el cielo te voy a alentar”, recuerda la súbita muerte del presidente Pedro Pompilio el 30 de octubre.

Los números de las estadístas de Roberto Glucksmann son elocuentes: de 48 torneos disputados desde la llegada de Bianchi, Boca ganó 17 y en otras 16 estuvo en el podio. Llueven títulos, sobran copas, hay coherencia conductora institucional y la gente responde con frecuentes asociados, peñas por aquí y allá, y un fanatismo que todo lo pinta de azul y oro.

Libertadores 2003. Tévez y Delgado liquidaron al Santos en el Morumbí.


El ídolo

A finales de 1996, Leo Burgueño escribe una nota sobre un jugador tan poco conocido, que la titula “¿Quién?”. La bajada explica el por qué de esta página, que lleva una gran foto del protagonista tomada por Eduardo Forte: “Boca gastó 20 palos verdes pero zafó por el pibe Riquelme”. Para contar a los lectores la feliz irrupción del jugador, relata: “Nació en la víspera del primer hito histórico del fútbol argentino: el título del mundo de 1978. Ese sábado anterior a la conquista, María Ana dio a luz un bebé en una clínica de San Fernando. El pibe se llamaba Juan Román Riquelme, creció en la villa de Don Torcuato y fue pasando por los clubes del barrio: Belgrano, La Carpita y Sapito. Hasta que su padre Ernesto y un entrenador de Argentinos Juniors, Jorge Rodríguez, lo llevaron a La Paternal. Empezó a codearse con los chicos de su edad y se convirtió en primera figura entre los suyos. 

Tokio 2003. La "pileta" para celebrar el mundialazo ante Milan.

Por último, la nueva dirigencia de Boca se fijó en él por recomendación de Griffa. Primero su nombre sonaba en un paquete que incluía a Esteban Cambiasso, pero cuando el zurdo se fue al Real Madrid, Riquelme se quedaba sin la ilusión de jugar en el equipo del cual es hincha. Al final, el chico con edad de quinta llegó a Boca. El pase costó 800.000 dólares. Tuvo que esperar tres meses hasta que Bilardo le dijo: ‘Vos tenés que jugar igual que en las prácticas, aprovechá esta chance’. Y vaya si lo hizo. Por eso recibió su premio, que comenzó en murmullo a los 27 minutos del segundo tiempo. El grito sonó extraño, hasta casi sin ritmo: ‘Ri/queeel/me’. Quizá él ni lo haya escuchado. Eso sí, cuando terminó el partido, ya se sumó todo el estadio. No había dudas: el pibe de 18 años, con 182 centímetros y 74 kilos, era el centro de una tarde que había terminado en un feliz domingo para Boca”. Y pensar que River se lo había querido llevar también, pero él prefirió al club de sus amores. 

Tévez con kimono, vincha y copa junto a su hija Flor. 2003, regreso feliz.

Fabián Mauri lo retrata con sus ocho hermanos y sus padres, poco después de jugar contra River en marzo de 1997. A Matías Aldao le cuenta: “Este fue mi primer clásico oficial y, aunque el triunfo se nos escapó al final, siempre lo llevaré en la memoria. Enfrentar a Francescoli fue otra experiencia importante”. Y cuando le pregunta cuál es su ídolo, contesta: “Maradona, por lo que le dio a nuestra elección… el jugador que más me sorprende es la Brujita Verón, un maestro con un estilo tremendo”. Con la celeste y blanca de los juveniles de Pekerman, especialmente en el Sudamericano de Chile y el Mundial de Malasia (ambos de 1997), Román se muestra al mundo en toda su plenitud. Sin embargo, en Boca, la mano no viene fácil: “acosado por una interna empresarial que bloquea su pase al Parma, las críticas de Veira, la desconfianza de los dirigentes y un entorno familiar complicado por las necesidades”, dice Miguel Angel Rubio que aprovecha otra de las fotos tomadas por Mauri en el barrio San Jorge de Don Torcuato. Con Bianchi, en junio de 1998, vendrá la ratificación y será basal para la obtención del Apertura. “Está en un proceso de maduración como persona y el más favorecido es Boca, que usufructúa su talento y habilidad”, señala Maximiliano Nóbili en octubre, luego del partidazo que jugó ante Platense con gol incluido.

Tiren papelitos. Euforia sin límites en el plantel de Coco que ganó la Sudamericana 2005.

En el siguiente verano será el gran protagonista de los torneos estivales: “Carlos Bianchi le propuso un desafío para el 99: hacerse más protagonista. Y Román lo está cumpliendo con la receta que más le gusta, la de la pelota siempre dormida debajo de la suela”, comenta Aldao. Su gran campaña de ese año se corona con una producción especial, cuando visita la redacción en junio y cuando recibe el balón de oro del Centro de Periodistas Acreditados en AFA, en noviembre. La vidriera internacional de Boca a partir del 2000 comienza a tentar a los clubes europeos que manifiestan intenciones de contratarlo: Pirri, por ejemplo, afirma que para el Real Madrid puede ser más que Rivaldo. También es el inicio de roces con los di rigentes por cuestiones económicas, al punto que deja de jugar y le buscan reemplazante. Hasta que decide volver, “cansado de esperar un aumento de sueldo y temeroso de que los hinchas creyeran que era un engrupido” (Perugino en agosto). La conjunción con Palermo los transforma en “Los dos fantásticos”, “la dupla más ganadora del fútbol argentino, adentro y afuera de la cancha” (Perugino en diciembre). 

En el 2001 se acrecientan las negociaciones para venderlo a Europa. Que sí, que no, como en La Parrala. Y ya que de pasodoble hablamos, la pulseada la ganará el Barcelona de España. Mientras tanto, Poggi sigue “disfrutando a Riquelme” como reza su editorial de noviembre del 2001: “Para quienes amamos el deporte colectivo más hermoso del mundo, ver en acción a Riquelme es una satisfacción que puede ser comparable a los movimientos de un excelso bailarín o las pinceladas de un genial artista plástico”.

Palacio y Dátolo festejando con la Recopa Sudamericana 2006.



Pronto ya en el Barcelona será nota de tapa de El Gráfico. Elías Perugino escribe en la ocasión “Resiste Román” en diciembre del 2002 y resume: “Dueño del corazón de los hinchas del Barca, Riquelme le está ganando la pulseada al técnico Van Gaal. Cómo vive, qué piensa, cómo se lleva con sus compañeros, qué cosas extraña, sus contactos con Bianchi. Toda la intimidad”. Había debutado en julio en Cataluña, pero pronto comienzan los roces con el técnico holandés y, a principios del 2003, con los conductores reemplazantes, Antic y Rikjaard. Por eso, en agosto es transferido al Villarreal. En esta tapa con el submarino amarillo, confiesa en enero del 2004: “Extraño a Boca, soy un hincha más… Ojalá pueda volver a jugar en la Bombonera”. Y pudo, pero antes José Pekerman, director técnico de la Selección Nacional, determina que “el equipo girará en torno de la sabiduría de Román”, que “jugó todos los minutos de la Copa de las Confederaciones y reafirmó un estilo que seduce y entusiasma” (Perugino, con un informe de Claudio Martínez, desde Alemania en julio del 2005). Será su primer mundial y, por eso, se lo entrevista en junio anticipando “la hora señalada” (título de la nota).

Román y su amiga. El titiritero de Boca llevando la pelota frente a River (Apertura 08).

La derrota por penales en cuartos ante el local deja fuera de carrera al elenco criollo. Encima, Román había sido sustituido un ratito antes del empate germano, cuando faltaban diez minutos para el final y, por tanto, no intervino en la definición por penales. En octubre renuncia a la Selección por la salud de su madre. Vuelve en febrero de 2007 a jugar en su Boca querido, donde obtiene una nueva Copa Libertadores y en junio retorna a la Selección mayor de Alfio Basile para disputar la Copa América. Otra vez en Boca en el Clausura 2008 y Sergio Batista le dará la capitanía del equipo campeón de los Juegos Olímpicos de Beijing. De retorno, conquista la Sudamericana con Boca ante Arsenal y el Apertura 2008. Lo que se dice un ganador nato. Con razón le dijo a Borinsky, en marzo del 2007: “Extraño ganar, porque desde que salí de Boca no tuve la oportunidad de lograr ningún título. Y cuando uno se acostumbra a ganar se hace difícil”. Un ciclo brillante, un jugador exclusivo. Boca y Riquelme, tal para cual.

Néstor Saavedra (2009).

Por Redacción EG: 09/03/2018

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