Fútbol

1951. La tarde del León de Wembley

Argentina enfrenta a Inglaterra por primera vez en su historia. A pesar de la ajustada derrota, ese partido será recordado por la brillante actuación del arquero Miguel Rugilo. Registros fílmicos del encuentro y la crónica de Frascara publicada en El Gráfico.

“Supe que quién me puso León de Wembley fue Sojit, que trasmitió el partido. Parece que se la pasó dele repetir: ¡Rugilo, un verdadero león! y cosas por el estilo. De ahí nació el apodo”. Eso contaba años después de su consagratoria actuación con la selección frente a Inglaterra el arquero Miguel Rugilo. Compartimos la crónica del histórico partido que enfrentaba por primera vez a ambas selecciones, publicada en la edición 1658 de El Gráfico del 18 de mayo de 1951 escrita por el periodista Félix Daniel Frascara, junto al registro fílmico del partido y la llegada triunfal de la Selección al país.

Limpia justa deportiva

Perdido el match con Inglaterra ante un rival superior, se salió ganando en demostración de conducta y caballerosidad.


No tenemos por qué estar contentos, pero tampoco hay razón para que estemos tristes. Serenos, no más. Después de todo, lo que ocurrió era previsible. El seleccionado argentino fue a Inglaterra pleno de optimismo, con la esperanza de ganar, pero también imbuido de la responsabilidad grande que afrontaba y seguro de los valores que poseía el adversario, así como de las ventajas naturales que lo acompañaban.

Se jugó el partido y se perdió por 2 a 1. ¿Por qué se perdió? El relato radiotelefónico y las crónicas así como los comentarios periodísticos permiten responder en forma clara: se perdió porque el adversario jugó mejor.

1951. Inglaterra 2 - 1 Argentina

La presión inglesa, impuesta desde la primera pitada del árbitro, se estableció y asentó sobre la base de una apreciable diferencia de capacidad o más bien dicho, en la potencia ofensiva. A igualdad en los recursos defensivos, ellos tuvieron mejor ataque. Como consecuencia de lo mismo, debido a que los delanteros argentinos no lograron armonizar su acción, la defensa local pudo colocarse en el campo con aplomo y desenvoltura, cubriéndolo materialmente, con lo que el conjunto rojo fue en todo momento una maquinaria sólida. Los rechazos de la defensa argentina muy pocas veces llegaron a pies de sus compañeros de ataque. Por lo general los recibía un jugador inglés, de donde resultó que el asedio se hizo persistente.

Si durante la primera etapa la presión no fue tan continua y apremiante como en el segundo tiempo se debió solamente a que intentaron quebrar a la defensa argentina atacando por el centro, con el juego de los insiders, mientras que, avisados de la eficiencia con que se desempeñaban los nuestros en el "embudo", optaron luego, ya en el segundo período, por dar más juego a los punteros. Por ahí llegaron al triunfo, tardío pero merecido sin lugar a dudas.

Como último valuarte de una defensa aguerrida, el arquero realizó atajadas estupendas con las que evitó un score de cifras elevadas...

Si de algún modo podría definirse la fisonomía del match sería diciendo que los ingleses ganaron por cansancio. Obtuvieron dos tantos cuando ya los hombres de la defensa argentina no daban más, agotados al cabo de ochenta minutos de trabajo extenuante. Para esa defensa hubo muy contados momentos de respiro. Y ya se sabe lo que ocurre en el fútbol: una defensa "heroica" como la que hicieron nuestros jugadores, se va agrandando mientras transcurren los minutos (y juega más a medida que el asedio aumenta), hasta el extremo de que muchas veces se ha conseguido el premio de una victoria elaborada de esa manera. Pero existe un peligro y es el del agotamiento. 

Luego, abierta la brecha, quebrada la fuerza natural junto a la resistencia física, los goles pueden sucederse en cantidad. Desde tal punto de vista debemos darnos por satisfechos con que los ingleses hayan hecho sus dos goles en los minutos finales, porque si los hubieran conseguido al comienzo las cosas podrían haber sido mucho peor para el equipo albiceleste.

Consideramos que el cuadro argentino cayó con todos los honores. Y entendemos, además, que rindió en la medida que podía esperarse. No es justo decir que los delanteros fracasaron. Lo que corresponde es reconocer que en la actualidad el fútbol argentino carece de grandes valores en el ataque. Lo comprobamos aquí, domingo tras domingo, en el campeonato local.

A poco de terminar el partido Rugilo sufre el segundo gol inglés. Pareció que el jugador británico estaba fuera de juego, pero el árbitro señalo el centro del campo.

Los ingleses siguen siendo invencibles en su reducto. El fútbol argentino no ha logrado la enorme satisfacción de acreditarse una victoria que hubiera sido histórica.

Se ha perdido un match de fútbol, en buena ley, limpiamente. Y he aquí lo que merece destacarse: el triunfo de todos en la faz deportiva.

Félix Daniel Frascara (1951).