Fútbol

Vilas, revolución por la izquierda

En la Argentina, el tenis tiene un antes y un después de Guillermo Vilas. El zurdo de la vincha se inició en la década del 60, pero entre 1974 y 1982 alcanzó la cima. Es la era de sus victorias en Australia, París, Nueva York y el Abierto de los Estados Unidos.

Héroe en Buenos Aires: Guillermo en andas de su gente.

Podríamos escribir un tomo entero sobre el fenómeno Vilas. No solo por su alcance estrictamente competitivo, que todos festejamos, sino también por sus connotaciones sociales, ya que popularizó el tenis y generó un movimiento en derredor de este deporte que nunca antes había tenido: desde la construcción de canchas en los barrios hasta la difusión extraordinaria de ropa, raquetas y pelotas. Al marplatense (que solo nació en Buenos Aires pero vivió en la costa desde los dos días) le debemos eso y una nota en esta evocación. Vamos pagando.
 

NOTABLE CARRERA
 

En 1968 y 1969 gana el Orange Bowl, sus primeros torneos internacionales. Ya en 1970 está en el equipo de Copa Davis. A Luis A. Hernández (cronista de El Gráfico que cubrirá muchos de sus grandes logros) le confesará en septiembre de 1973: “Dame dos años más para seguir aprendiendo”. Tenía veintiuno y llevaba seis meses en Europa. A los sesenta días gana su primer torneo: en la Argentina y a un joven Björn Borg. El mismo periodista escribe: “Con un tenis sólido, agresivo, que progresa cada día más… en el tenis se vive la era Vilas”.

El 21 de agosto de 1974 se sella el primer romance entre El Gráfico y Guillermo Vilas: la tapa de un joven muchacho ganador del Torneo de Toronto. Es el quinto de los más de sesenta campeonatos que obtendrá en su carrera. Una década de victorias. Cada cual más resonante. Y todas, de una manera u otra, contadas por El Gráfico. En 1974 ocupará el quinto lugar en el ranking ATP. “El deporte argentino tiene un nuevo ídolo” dice una doble página con fotos del 11 de septiembre. Otra portada más lo califica como “Maestro de maestros”. Es la del 18 de diciembre, cuando gana el Abierto de Australia: “El jugador más exitoso del año, con seis torneos ganados… Todo lo superó con la constancia que solo tienen los elegidos”. Al año siguiente, trepará hasta el segundo puesto.

Con dieciséis títulos ganados (récord para cualquier jugador ese año), 1977 será su consagración. En junio escribe para El Gráfico (lo que sucede con frecuencia): “Así llegué a la cumbre”. Osvaldo Orcasitas (O.R.O.) y Aldo Abaca viajan a París para cubrir el gran acontecimiento: “Esta es la alegría más grande que me dio el tenis. Yo ya había ganado el Masters en 1974, pero esto es muy diferente… El Masters llegó solo. Roland Garros, en cambio, fue lo que siempre quise ganar y ahora por suerte lo pude conseguir”, dice Willy. “La cumbre, la deseada cumbre, estaba bajo su pies” dice O.R.O.

Astor Piazzolla, otro zurdo marplatense, vive en Europa en 1977. Doce años más tarde, cuenta: “En esos años Vilas hizo por los argentinos mucho más de lo que todos suponen. En esa época, la Argentina era muy mal vista y por lo menos Vilas nos representaba dignamente con el tenis. Jamás me perdí sus partidos en París. Era mi descanso diario, un paréntesis en la música”.

El 11 de septiembre gana el torneo de Forest Hills en una final en cuatro sets contra Jimmy Connors (luego lo vencerá en dos finales más, Rotterdam y Milan, con diferencia de una semana en 1982). El último punto lo “obtiene” su entrenador Ion Tiriac que, ante la duda de una pelota que había sido buena para el estadounidense, dio un salto y comenzó a festejar inclinando la decisión del árbitro y cerrando el partido. Cuenta Vilas: “Yo buscaba desesperadamente a alguien para darle mi remera, porque la quería guardar de recuerdo.

De pronto, lo veo a Constancio Vigil y se la tiré a él”. El Gráfico devuelve gentilezas merecidas con la tapa y trece páginas con Hernández y Abaca en Nueva York. “Ya llegué donde quería. Soy el número uno del mundo aunque, como no soy ni sueco ni europeo ni americano va a haber muchos que digan que no”, les cuenta. Ese año logra una serie impresionante de 46 partidos invictos consecutivos (más 4 de exhibición en Harrison) y lleva a la Argentina a la semifinal (perdió con el futuro campeón, Australia) de la Copa Davis luego de vencer a Brasil, Chile y Estados Unidos (en match memorable contra Gottfried). En 1980, perderá la semifinal ante Checoslovaquia (luego de ganarle un partido muy bueno a John McEnroe y eliminar a Estados Unidos en el Lawn Tennis) y en 1981, la final  frente a Estados Unidos. Vuelve al segundo lugar del ranking ATP, ubicación de privilegio que nunca más alcanzará aunque se va a mantener entre los diez primeros hasta 1982 (cuarto ese último año).

La zurda que hizo historia. Horas y horas de trabajo constante moldearon a un tenista que fue número uno del mundo, no reconocido oficialmente. Vilas, un ejemplo a seguir.

OPINIONES DE PESO
 

Cuando se retira de la actividad, El Gráfico le dedica una larga nota en junio de 1989; el cuerpo central del texto, a cargo de Lucho Hernández (que, además, escribió entre diciembre de 1992 y enero de 1993, la serie de tres notas “Vilas con todos”) y la producción de César Litvak son un resumen de quien “era, a los 36 años, el jugador más viejo del circuito profesional”. Fue el número uno extraoficial porque la ATP no lo reconoció así y no pudo ganar Wimbledon, pero fue el más grande tenista argentino de todos los tiempos sin ninguna duda. Y para valorarlo, leamos lo que opinaban por entonces acerca del marplatense otros famosos tenistas. “Solamente alguien con la capacidad de trabajo, la concentración y la inteligencia de Guillermo podía llevar a  cabo todo lo que pensábamos. Hicimos una pareja ideal, pero siempre fue él quien puso mucho más que yo. Fue uno de los más grandes estrategas del tenis moderno. Sabía exactamente qué le convenía hacer y en qué momento. Podía dar vuelta un partido simplemente pensando” (Ion Tiriac).

“Parecía un toro que estaba siempre dispuesto a arrasar con uno. Cualquier ventaja la aprovechaba y, cuando estaba herido, era más peligroso” (Jimmy Connors). “Pocas veces vi un profesional con su contracción y seriedad. Era capaz de estudiar un partido hasta la última pelota” (Adriano Panatta). “No tenía miedo y era dueño de una inmensa calidad para definir cada momento. Vivió hasta su retiro pensando y mejorando su tenis, y eso lo hace todavía más grande” (Manuel Orantes).

Néstor Saavedra (2009).

Superhéroe en Forest Hills, cuando venció a Jimmy Connors en la final del US Open. Guillermo Vilas revolucionó el tenis argentino y le dio lustre a nivel internacional.