Fútbol

Los Locos del fútbol: Coudet

Los que lo conocieron en la época de jugador nunca se imaginaron que Eduardo Coudet podía ser entrenador. Pasen a ver las anécdotas de uno de los locos del fútbol más traviesos de la historia.

Cuando los hinchas de Rosario Central supieron que el Chacho iba a ser su técnico, se pusieron contentos porque lo aman, pero les costaba imaginarse en el rol de entrenador serio a uno de los tipos más divertidos del fútbol argentino. Ellos lo aman, y él ama a Central; su mujer tenía parto programado para el 17 de diciembre, pero insistió para que fuera dos días después: el 19, día de la famosa palomita de Poy y fecha en la que Central ganó la Copa Conmebol.

 Antes de un clásico rosarino, le contaron que Luciano Vello había declarado que se moría de ganas de enfrentarlo. “¿Vella? –preguntó-. ¿Qué es Vella, un shampoo?”, dio media vuelta y se fue.

 Empezó a pintarse el pelo cuando estaba en San Lorenzo. “Porque mi mujer estaba aburrida”, jura.

Fue parte de la banda de Platense en la que estuvo Dalla Líbera. Semanas después de su debut, se subió al micro del plantel y salió a dar una vuelta, pero luego no podía doblar ni meter marcha atrás: tuvieron que bajarse y volver a la concentración caminando.

 En River, Fuertes y Ameli le tiraron una bombita de agua. Para qué: Chacho agarró un matafuegos, abrió la puerta de la habitación de ellos y lo vació.

 En Central, contra Colón, le tiraron un cigarrillo encendido. Se lo puso en la boca y, mientras pitaba, sacó un lateral.

 Tras la suspensión de un partido contra Boca, los rivales se estaban yendo por la manga y lo cargaron. Él, caliente, le tiró una patada voladora... ¡a la manga! Fue informado y le dieron una fecha. “Me dijeron que no había antecedentes. ¡Patada voladora a una manga! No sabían cómo sancionarme...”.

 En un River-Racing, Merlo lo llamó a Chatruc; Coudet lo siguió y se escondió mientras Mostaza le daba indicaciones. Apenas terminó, al lado del técnico, el Chacho gritó: “¡Ledesma, cuidado, que Chatruc te va a buscar la espalda!”

Martín Estévez (2015).