Fútbol

Los arqueros x Juvenal: Pibona Alterio

Julio César Pascuato, quien firmaba como Juvenal, nos cuenta anécdotas de uno de los arqueros más pintorescos de nuestra historia: Eduardo Alterio, el primero que hizo un gol en el profesionalismo.

Pibona Alterio vuela para una producción de El Gráfico de 1932. Tío del actor Héctor Alterio, por atajar un penal quedó sordo para siempre.

Eduardo Alterio. Lo llamaban Pibona y realizó casi toda su campaña en Chacarita. En el año de su despedida (1953) jugó para el clásico adversario de Villa Crespo, Atlanta, lo que no deja de ser una rareza. Y atajando para los bohemios, en uno de sus últimos partidos, se dio el gustazo de sacarle un penal a Bernabé Ferreyra. Hubo un juego mental previo de amagues y adivinanzas. Pibona se colocó hacia su izquierda, relojeando su palo derecho como si estuviera seguro de que Bernabé le iba a patear allí. Cuando La Fiera arrancó hacia la pelota, Alterio se movió hacia el medio del arco. Y Bernabé le tiró al sitio donde estaba Pibona, quien volvió sobre su movimiento inicial y rechazó el cañonazo bajo.

Fue una pequeña revancha de Pibona. Porque en 1932, jugando para Chacarita, Bernabé le había pateado otro penal. Alterio alcanzó a tocar la pelota y la fuerza del tiro le dobló los dedos. Por poco no tuvo que ir a sacar la mano de la red...

Por atajar un penal quedó sordo para siempre. Fue en 1926, contra Vélez Sarsfield. Le pateó Spraggón, atajó sin retener, cuando el ejecutor insistía se arrojó sobre la pelota y recibió el impacto en el oído.

Solía decir, como Hugo Gatti, que le tenía bronca al puesto de arquero y soñaba con jugar adelante y marcar goles. Fue de los primeros arqueros que salió a rechazar con los pies, cumpliendo en parte su vocación de delantero. Y es el único arquero que convirtió un penal en el profesionalismo. Fue en 1931. Jugaban Chacarita y Tigre. Sancionado el penal, pidió patearlo Pibona. El arquero de Tigre, Savarro, se apoyó contra un poste en señal de protesta y Alterio no tuvo dificultad en mandarla a la red.

Pero antes, en la época amateur, había pateado un penal contra Vélez, rechazó el pelado Caucia y Pibona se encontró ante un dilema: ¿insistía en meter el gol? Y si se producía un nuevo rebote, ¿cómo volvía al arco? Su instinto de arquero pudo más que su vocación de atacante y la tiró a la tribuna, bien lejos, mientras regresaba desesperadamente hacia sus tres palos...

(Texto Juvenal. El Gráfico 1972)