LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

Los hombres no hocican x Panzeri

- por Redacción EG: 09/02/2018 -

La crónica del encuentro que tuvo Dante Panzeri, junto a Carlos Peucelle, con un convaleciente Bernabé Ferreyra, uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Anécdotas, revelaciones históricas y fotos inéditas en un texto inmortal.

BERNABÉ EN LA GLORIA | BERNABÉ EN LA DERROTA |

SIEMPRE UN SOLO BERNABÉ:

“LOS HOMBRES NO HOCICAN”

El jugador de más impacto popular que haya producido en toda su historia el fútbol argentino, acaso el que más dinero ganó en relación con el valor contemporáneo de la moneda argentina (un dólar valía dos pesos), enfrenta la adversidad del tiempo vivido y de lo mucho vivido… con la resignación y altivez de los hombres íntegros. Así fue como triunfador en el deporte; así es como perdedor en la enfermedad.

Desde Santiago de Chile le van a hablar –dijo la voz femenina del teléfono.

Y desde Chile apareció la voz del presidente del Racing Club, señor Sisco, con quien no nos conocemos. Pero que informado de lo pormenores que teníamos acerca de la no contratación en el país de Carlos Peucelle, informado de la amistad (no de la representación ni de cosa que se parezca en sus actividades profesionales), nos pedía que intercediéramos ante él para que se aviniera a nuevas tratativas con Racing.

El señor Sisco quería reabrir el diálogo con Carlos Peucelle entendiendo que su aporte es vital para el encauzamiento de la escuela de fútbol que se propone crear el Racing Club.

Pocas veces el periodista sale con tanto gusto a la calle llevado por su profesión. ¿Profesión? Sí; está también dentro de la profesión, si en ella hay vocación, prestarse a que el fútbol del país recupere un valor didáctico como Carlos Peucelle, sin importar para qué camiseta, para qué club. UNICAMENTE nos importaba que Carlos Peucelle permaneciera enseñando en este país lo que él puede enseñar y corregir. Sobre todo corregir. Y por eso salimos a la calle, a medianoche, a ubicar a Carlos Peucelle “en algún lugar de la ciudad”.

Lo hallamos al día siguiente.

- Ya es tarde. Termino de cobrar 5.000 dólares que me mandó el Cali. Tengo los pasajes para mí y mi señora, he hecho adelantar el casamiento de mi hija. Ya no puedo volver atrás.

- Pero mirá, Carlos, Racing…

- Imposible. Ya di mi palabra en Cali. Vamos a ver al Ñato, que está enfermo. Pasemos media hora con él. Se merece que lo alegremos un poco. Vamos…

1928. La primera foto de Bernabé en Tigre. Era un chacarero recién llegado de Rufino que pateaba muy fuerte. Con él, dos figuras: Juan Carlos Haedo y Alberto Cuello.

Perú y Humberto I. Surcado su rostro por el arado del tiempo y de una vida muy intensamente jugada. Gastado sin duda por tanto baile que ya nadie le quita. Y, además, convaleciente en una silla. Convaleciente de una gran operación que sólo un gran temple – un temple como el de este conmovedor de multitudes- puede soportar con su sonrisa, sus bromas y su resignación. Ha sido operado de una enfermedad complicada: huesos “pegados” por inactividad del gran simpático. Dos extensos cortes a lo largo de sus muslos, partiendo de las caderas. Muletas en un rincón. Casi ni las usa. Se vale de una silla para transitar entre los dos puntos en que ahora transcurre su vida: el dormitorio y el living. Lleva dos meses en esa situación. Allí, los amigos, la radio, la esposa, sus hijos… ¡y los recuerdos! lo colocan en la calle, en el mundo, en la vida, para la que tan plenamente naciera y tan plenamente viviera. ¡Es Bernabé, “la Fiera”!

Blanquecinos sus cabellos, apergaminada su cara, siempre paisanote su hablar y un tanto espueleado su vocabulario. Siempre con el cigarrillo negro (interpretación muy generalizada de la hombría), impresionados acaso nosotros por el contraste entre aquel demonio que corría, picaba y agujereaba y este hombre fatigado en la mirada..., recibimos el impacto emocional que produce el enfrentamiento vivo con lo antagónico. Al mismo tiempo quisimos ubicar allí a un prócer. Y si se nos hubiera preguntado en ese momento qué sentíamos, hubiéramos contestado:

¡Estamos con Bernabé, “la Fiera”!

- Así que usted…

Bernabé Ferreyra quería bromear e insistía en hacerlo.

Gerónimo Díaz, Carlos Peucelle, Miguel Saiman, yo… no podíamos, así de primer momento, seguirle el tren. El único que bromeaba era Bernabé. Los demás simulábamos.

Por su cara parecía recién pasada la mano del escultor que le pone tiempo, lucha, sufrimiento y gloria a los hombres que la sociedad inmortaliza. Lo confieso: jamás en mi vida me había emocionado un encuentro en la posdata de la gloria, con una gloria del deporte. Ante Bernabé Ferreyra y ese rostro de ángulos rectos; ante esa figura de mosquetero de la quietud; ante esa humanidad de espadachín en la tregua… ¡perdí el uso corriente de la palabra! Estaba emocionado. ¿Por qué? Son cosas del tiempo y el espacio, la desgracia o el privilegio de la memoria.

Cuando varias horas después de “la media hora” de visita convenida abandonamos el domicilio del más sensacional de los futbolistas argentinos de toda la historia todos tomamos asiento en el automóvil con palabras que nada tenían que ver con lo que todos pensábamos. Carlos Peucelle se “borraba la cara” como es de su costumbre. Pero como insistiera en “borrársela” más y más, giramos la mirada hacia él. Carlos Peucelle lloraba. De alegría y de tristeza. Nos habíamos reído mucho, nos habíamos apenado mucho. Pero nadie había referido con las bromas, ni sufrido con la forzosa quietud del Ñato tanto como Carlos Peucelle y el muy avisado Ñato. Ninguno se lo confesó al otro. Los dos se transmitieron el mismo mensaje.

- ¿Qué estas escribiendo allí? –me preguntaba en un determinado momento Bernabé.

- Nada, cositas para acordarme…

- ¡Qué cositas ni cositas! Este papel no sale de aquí.

Y lo arrebaté.

Lo recuperamos sin que se diera cuenta que sus manos lo soltaban, preguntándole:

- Ñato, ¿en la vida se compensa lo amargo con lo bailado? ¿Es posible ganar este partido pensando en aquel otro que no se ganó?

Arrugó más el entrecejo de lo arrugado que lo tiene (“de tanto divisar malones a la distancia allá en Rufino”, diría el “mono” Deambrosi), endulzó sus ojos y sus labios y muy vacilante de voz, pero fuertemente convencido de alma, contestó así:

- Sí… claro que compensa… compensa, sí, sí,… ¡Ya lo creo!

Fue lo único que pudimos hablar en serio. Todo lo demás fue en broma. En broma, más que corrida, bombardeada. Carlos “le daba”; el Ñato le daba a Carlos.

El perfil de un prócer nacional. “Estoy viendo salir del bronce a un hombre de carne y hueso” escribió Dante Panzeri.

Algo más se habló en serio. Pero lejos del Ñato. En la cocina, con Juanita, su esposa, y los dos pibes (no porque lo sean sino porque son sus hijos). Fue Carlos con el pretexto de ayudarles a secar los platos. Era para preguntar “cómo andan de plata”. “Bien”, fue la respuesta. “No hay problemas. Con la jubilación de River, el trabajo de los muchachos, estamos bien. Nada falta. Lo único que necesita es un masajista que venga todas las tardes a casa. Se lo está mandando la mutual de Boca Juniors, pero el Ñato se sentiría más feliz viendo que es River el que lo manda”. (Por cierto que River no sabía nada, pero ya nos encargamos de que lo supiera). El Ñato no debe ser entonces girado a ningún cuadro de miseria, como sádicamente pareciera gustarse en estas circunstancias con los pasados ídolos. Lo operaron con la mejor de las atenciones, ha gustado de ver a River Plate y sus allegados preocupándose por su salud y sus finanzas y nadie está autorizado a pensar ni hablar de beneficios ni colectas. Bernabé Ferreyra no pide ni necesita de eso por el momento. Ojalá que nunca. La charla se interrumpió con el imperativo de un vozarrón que ordenaba, como antiguamente pidiendo la pelota:

- ¡Che… sirvan algo pa’ los muchacho, que ya se tomaron todo! ¡Y algo pa’ mí también!

La energía era la misma. El temple, el mismo. El hombre, el mismo. ¡Ni acorralada por la quietud se entrega “la Fiera”! Era para avergonzarnos de las veces que por un dolor cualquiera los hombres perdemos la sonrisa y nos hacemos los graves. “El Mortero de Rufino” le sigue poniendo la cara a la adversidad como el paisano al viento que lo azota sobre su montado, como aquella Fiera a las bravatas lícitas y no lícitas del área penal a la que entraba al grito de…

- ¡Dámela!

Bernabé Ferreyra sigue pidiendo la pelota para con ella seguir abriendo brecha por entre los obstáculos de los brazos que se le cerraban por su cintura, de los guadañazos que cruzaban sus piernas… ¡o de los mordiscones que recibían sus zapatos! Ahora lo hace para dar la gran lección titulada: “Cómo perder sin llorar”.

- ¿Te acordás del negro brasileño Jahú? ¿Sabés que era antropófago? ¡Claro que sí! ¡Antropófago! En un partido en San Pablo fui a sacar la pierna después de tirar al arco, la sentí agarrada, ¡y me veo con la boca del negro clavada en la punta del botín! ¡Me estaba mordiendo!

- ¡Suelte, antropófago, suelte, antropófago! –le gritaba el Ñato.

PEUCELLE: Vos sí que jugaste gracias a mí…

BERNABÉ: Andá… Yo te hice campeón. Si no vengo yo a River Plate todos ustedes eran unos desconocidos.

PEUCELLE: ¿Y por qué no saliste campeón en Tigre? ¿Te acordás la bronca que se armó con eso de que vos habías sacado campeón a River? ¡Tuviste que pedir disculpas a todos!

BERNABÉ: Qué disculpas, qué disculpas… Yo les enseñé a jugar a todos ustedes. Acordate cuando me decías: “vení loco, vení”.

PEUCELLE: ¡Si eras vos que me la pedías cortita!

BERNABÉ: Anda, jugador de tres rodillas…

La clásica postura de Bernabé Ferreyra disparando su cañonazo en River Plate.

A comienzos del campeonato de 1933, Bernabé Ferreyra, “primer ciudadano del país” en 1932, dijo rotundamente: “Si no me dan 20.000 pesos no sigo jugando”. Y parece que en medio de tanta exigencia (fundada en una promesa que le había hecho a River) dejó soltar alguna expresión que no gustó a sus compañeros: “yo gané el campeonato”. Se encaprichó River, se encaprichó Bernabé, se encapricharon todos sus compañeros. El Ñato se fue a Junín. Liberti se fue a Montevideo y trajo al uruguayo Ismael Martínez. El uruguayo no andaba. River andaba de peor en  peor. Entonces Carlos Peucelle tomó la iniciativa: “yo lo voy a buscar al loco”. Puecelle emprendía viaje con Alberto Anglese, y cuando estaba por partir lo encuentra a “Chelo” Julio Potus, hincha furioso de Boca, vendedor de diarios en la parada de Martín García y Patricios. “Chelo” jamás lo había tratado a Bernabé. Le gustó el convite de ir a Junín como una oportunidad de conocerlo… aunque fuera de  River. Allá llegaron. El Ñato los subió a todos en su automóvil y allí empezó Carlos su gestión. Pero ésta no iba dirigida al dinero ni a una invitación a bajar pretensiones para que River transigiera por menos dinero:

- “¡No! A mí no me interesaba ‘la guita’”, dice Carlos. “A mí me interesaba que el Ñato viniera a pedir perdón a todos sus compañeros por eso de que él había ganado el campeonato. Había una justa indignación contra él. ¿Por qué no lo había ganado en Tigre?” Eso fue a buscar Peucelle a Junín: el arreglo de Bernabé con sus compañeros. Que después se arreglaran River y Bernabé.

Empezaron a hablar. El Ñato manejaba tranquilo hasta el momento en que Carlos decía: “tenés que ir y pedir perdón a todos”. Allí el Ñato encontraba siempre una esquina para dar un violento viraje, que los desparramaba a todos dentro del auto. Menos a él. “Yo no sentía nada, yo me agarraba del volante”.

- “¡Manejá más despacio!”, gritaba Carlos. Dejaba de hablarle del perdón y renacía la calma. Insistía en que pidiera perdón y el Ñato se mandaba otro viraje de 90 grados. Desparramo. Protestas. Calma. Nueva gestión conciliatoria. Nuevo viraje. Terminó la gestión en un fracaso. “Andá a jugar para All Boys”, le dijo Peucelle con indignación.

Carlos y Anglese se fueron a tomar el tren de vuelta. “Chelo”, el desconocido del Ñato, se quedó con él. Y tuvo la increíble habilidad de lograr lo que Peucelle no pudo. Sentados los dos al borde de una cama, entró a domar a “la Fiera”. DE pronto el Ñato se entregó: “Bueno, hacé lo que vos quieras”. Se lo trajo, y los cuatro llegaron juntos de regreso.

Fueron a River, a la concentración del estadio de Avenida Alvear y Tagle. El encuentro con los jugadores era esperado por cientos de Socios de River, aglomerados en la puerta. Napoleón venía a pedirles perdón a sus soldados. “La Fiera” venía  a arrodillarse.

Carlos Peucelle apunta: “En realidad ya estaba perdonado con sólo presentarse, aunque no dijera una palabra”.

Pero “la Fiera” mantenía su orgullo. Estaba herida pero no vencida. Dañil salió a hacerle frente. Y “la Fiera” lo enfrentó a Dañil.

- ¿Qué pasa conmigo?

- Que vos sos el que ganó el campeonato… y nosotros somos…

- ¿Y qué hay con eso? ¿No lo pudiste haber dicho vos también? ¿Alguien no lo pudo decir estando solo? Bueno: ¡a mí se me escapó delante de ustedes! ¿Y qué hay con eso?

Eso bastó. Allí terminó la primera etapa del conflicto. “La Fiera” quedó perdonada y la amistad de todos a salvo. Ahora tenía que arreglar con los dirigentes. Ismael Martínez no era solución. “La Fiera” recibió el dinero que reclamaba…

***

Los compañeros del Ñato lo dicen a cada momento:

- “Loco”, pero muy buen compañero. No se guardaba ninguna. Lo que ganaba él lo decía: “andá y pedí tanto que yo arreglé por cuanto”.

Los adversarios lo reafirman:

- ¡Buenazo! Nunca protestó, nunca se enojó. Siempre jugó lealmente. Aguantando todas.

Y alguien llegó a decir, asombrado de la indiferencia de “la Fiera” a los hachazos.

- Le pegó, no me dice nada y no se achica.

Una sola vez en su vida fue expulsado de la cancha. Fue en un clásico con Boca. “Gomalaca” Martínez se había propuesto sacarlo de las casillas. Finalmente lo consiguió con una estupidez. Los dos afuera. Y además a la comisaría. Y hasta en la comisaría surgió el hombre:

- Vea, comisario; la culpa fue mía, suéltelo a Martínez –dijo Bernabé. Y toda la culpa era de Martínez… (Este episodio tiene el valor de habérnoslo aportado Ernesto Lazzatti, adversario de Bernabé en aquel partido).

Una tarde lo invitó a Peucelle a ir a Rufino, sus pagos. Fueron en avión. Bernabé había conseguido que los aviones hacia Chile bajaran en Rufino, aunque Rufino no fuera a escala regular de los vuelos. Pero el Ñato viajaba en avión… Del avión al bar “Condal”, de Rufino, donde estaban todos los amigos.

- ¿Te acordás de que nadie te daba la pelota y todos se arrimaron a mí? –le dice Carlos.

- Porque yo te quería hacer popular…

- Pero a vos te daba bronca que en tu pueblo me dieran bolilla a mí, no a vos.

- No… yo ya había pasado por esas cosas…

- ¡Si yo soy mayor que vos!

(Carlos es de 1908, Bernabé de 1909).

- Pero vos aprendiste algo de fútbol al lado mío. ¿Quién eras vos antes de llegar yo a River?

- ¿Y vos quién eras?

- ¿Yo? ¡Si yo nací completo!

Bernabé y Carlos se fueron de caza. Llevaban un perro muy bien enseñado.

- Mirá si sería completo mi pueblo que allí teníamos un perro para cada especialidad: uno para perdices, otro para martinetas, otro para liebres, otro para copetonas… ¡Y un millón de perdices! No es como en otras partes, donde a las perdices las cazan con cortaplumas y cierran los negocios cuando agarran una… Hacen fiesta.

Perro al frente, entraron a andar por el campo. De pronto el perro se echa, rastrea, se detiene, inquiere al cazador (Bernabé), levanta la perdiz y… ¡pum! La perdiz siguió viviendo.

Repiten la operación. Rastreo, detención, levantada, tiro al aire, animal con vida.

- Parece que no andas bien –le dice Carlos.

- No sé qué me pasa hoy –contesta Ñato.

Tercer intento. Otra vez en vano. El perro la levanta, Bernabé tira y yerra.

- ¿Y vos sos el cazador? –Le dijo Carlos.

Cuarto intento. El perro se arrastra, se detiene, anuncia la presa, mira a su cazador… ¡y de un mordisco se hace de la perdiz! El Ñato se indigna, arroja la escopeta sobre el perro y le dice al can:

- ¡Tomá, cazá vos y yo rastreo!

***

Aquello del perro queda empequeñecido cuando Carlos Peucelle le recuerda a Bernabé dos episodios del gordo Fiorini, “el dueño” de San Telmo, gran amigo común:

- Una vez un gato le comió un canario. ¡Lo esperó al gato, lo mató y se lo comió en venganza!

- Y esa no es nada –agrega Carlos-: otra vez a Fiorini lo mordió un perro. ¡Fiorini se le fue encima al perro y lo mordió él al perro!

Los protagonistas de la charla, Bernabé y otra leyenda de River, Carlos Peucelle, en 1947 en un partido de veteranos.

“Crítica” lo bautizó “la Fiera”. Pero es posible que pocos recuerden o sepan por qué. Fue a comienzos de 1932. Partido River-Ferro. Bernabé pateó de lejos al arco de Grimoldi y la clavó en el travesaño. Al momento repitió el shot y otra vez en el travesaño. Del rebote entró en juego Sciarra (puntero izquierdo de River) ¡y se encontró sin poder jugar: la había desinflado! Hubo que cambiar balón y nació “la Fiera.

***

Allá por el término de su campaña en River Plate, Bernabé acompañaba al equipo en sus giras por el interior más como “vedette” para la boletería que como jugador. Entraba 10 minutos y salía. Renato Cesarini estaba de entrenador. Fueron a jugar a Córdoba. Bernabé salió cumplida su cuota y se sentó en el banco con Cesarini y los suplentes. Al momento empezó a prepararlo a Cesarini:

- ¡No hay sangre! ¡No son hombres!

Cesarini empezó a aprobar las afirmaciones de Ñato. Cuando éste lo vio “dispuesto” tiró el anzuelo que Cesarini debía morder:

- ¿Y por qué no entrás vos? Yo creo que tenés que entrar… Entrá… Vestite…

Resultado: Cesarini se sacó el buzo y “se puso” el mismo. Y desde allí en más no cesó Bernabé en sus gritos, dirigidos a los cordobeses:

- ¡A ese! ¡A ese! ¡Leña a ese, que es el entrenador!

Cesarini salió de la cancha con las dos piernas deshechas a patadas…

- ¡Vos sí que tenés sangre! –le decía Bernabé.

- ¿No eras vos el que los iba a levantar en peso?

- ¿Y aquella vez en Río de Janeiro? –recuerda Carlos. Y la cuenta.

Habían salido con delegación a admirar las bellezas de la naturaleza carioca. Allá por el Corcovado o el Pan de Azúcar todos miraban extasiados y boquiabiertos esa obra de Dios. Entre ellos el impagable “Machín”, que con Bernabé a su lado exclamaba:

- Mirá… mirá… ¡mirá lo que hace la naturaleza!

Y Bernabé que en lugar de mirar el paisaje miraba la nariz de “Machín”, le contestaba muy serio:

- ¡Ya lo creo! ¡Ya lo creo! ¡Miren la tremenda y grosera nariz que hay hecho!

- ¿Y aquellos tres goles a San Lorenzo jugado para Tigre? –le preguntamos al Ñato.

Un trago de vermut le refresca la palabra y los recuerdos, el Ñato avanza con la historia.

- Preguntáselo a los 174.000 espectadores que tuvo el partido… ¿Vos sabés que todavía siguen apareciendo tipos que me hablan de ese partido y mis tres goles? ¡Y resulta que yo no me acuerdo que esa tarde hubiera en la cancha más de 500 personas! Pero lo más gracioso es que a veces aparece alguno que me dice: “Yo me acuerdo de aquellos tres goles suyos en cancha de San Lorenzo”. Y calculá: allí es cuando me levanto para sacarlo a patadas, diciéndole: “¡No sea mentiroso, que fue en la cancha de Boca y se habían ido todos, hasta el referee!”

***

Habíamos ido a la casa del Ñato alrededor de las 6 de la tarde. Habíamos ido por media hora. Salíamos y eran la una y media de la madrugada siguiente. “La Fiera” bostezaba. También las fieras duermen después de haber rugido. Don Bernabé Ferreyra, padre de dos hijos, jefe de un hogar, había rugido sus emociones bajo el disfraz de la broma a través de siete largas horas. Carlos Peucelle le había llevado la felicidad de poder decirle otra vez:

- Vení loco, dámela cortita, cortita…

Carlos Peucelle le había llevado la inmensa felicidad de oír que le dijera, como entonces:

- ¡Tomá tronco, pateá tronco!

Y él contestarle:

- Hasta que yo no llegué el fútbol ustedes pateaban y le pegaban al quepi con pinche de los vigilantes.

Carlos le retruca:

- Y vos volteabas las banderitas de los córners.

- ¡Pero ustedes fueron campeones por mí!

Solamente saliendo a la calle la charla toma seriedad. Es cuando Carlos dice:

- La gente cree que el Ñato no sabía otra cosa que patear. Te aseguro que sabía jugar. No la manejaba pero especialmente cuando empezó a encontrarla difícil dentro del área vieras qué bien se echaba atrás, buscaba por los costados y la pedía corta para arrancar buscando el perfil sobre su derechazo para darle con el mortero. Yo le sacaba obstáculos, trabando gente. Lago cuando anduvo bien se las ponía todas y de todas maneras, pero el Ñato se ubicaba muy bien para patear. Era inteligente y no era una estatua esperando. Era un shoteador que la buscaba, no un shoteador estático en un sector del campo. La buscaban en todas partes. Aquella vez que perdimos con Independiente 5-0 fue un ejemplo de tenacidad, compañerismo, de lucha, de hombría.

Aquel hombre que conmovió multitudes con su shot, conmueve en este momento el corazón de cualquier con el formidable mensaje que proyecta su resignación para sufrir, para enfrentar esta derrota del tiempo, de los años, de lo mucho y muy intensamente que vivió, porque todas, absolutamente todas, las vivió Bernabé. Con aquellas vividas construye su paliativo de las que a los 52 años ya no puede vivir:

- ¿Y quién me quita lo bailado?

O aquella otra:

- Compensa… compensa ya lo creo...

Escribió DANTE PANZERI.

El autor de la nota Dante Panzeri en uno de los innumerables viajes que hizo para El Gráfico

Por Redacción EG: 09/02/2018

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