LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

1938. El trampolín invisible, Erico por Chantecler

- por Redacción EG: 29/01/2018 -

Alfredo E. Rossi “Chantecler”, un paladín de avanzada, un educador esencialmente técnico en la percepción del fútbol por las masas. Desde El Gráfico fue maestro de maestros de periodistas. En esta crónica habla de Arsenio Erico, el inolvidable goleador paraguayo.

EL TRAMPOLÍN INVISIBLE

Por Chantecler

Morocho, de figura atrayente, alto y delgado, pero fuerte, flexible como un junco, lo vimos hace cinco años integrando un team paraguayo, cuyo objetivo financiero tenía el laudable propósito de reunir fondos para la Cruz Roja de su país. 

Era un muchachito -hoy tiene 23 años- y militaba ya en el primer equipo de Nacional de Asunción. Actuó frente a un combinado y contra River Plate en ésta, y luego en Montevideo y Bahía Blanca. El team de la Cruz Roja impresionó bien, y mejor aún su ágil eje ofensivo. Llamó la atención porque era de la clase de los famosos paraguayitos que nos asombraron en 1921, cuando hicieron su exitoso bautismo de fuego en las lides internacionales. Tenía la pasta de los Rivas, Fleitas Solich, Brizuela, González y Benítez Cáceres, de esos cracks que el viejo Laguna decía con orgullo. "Son mis poyos"... 

River se interesó por él, pero luego desistió: lo tenía a Bernabé en pleno apogeo. Casi escapa de las redes sutiles del fútbol porteño, pero fue a parar al campamento de los jugadores paraguayos en Merlo y allí un socio de Independiente -Garat- tentó la conquista del paraguayito e interesó a su club. Estaba la guerra del Chaco en su apogeo y debieron entablarse largas gestiones para lograr al futuro crack ante la Cruz Roja y el Departamento General de Guerra Paraguayo con intervención del cónsul argentino don Conrado L. Menchaca. Las negociaciones comenzaron en febrero del '34 y terminaron en abril. Así el fútbol argentino sustrajo una posible víctima de la guerra. Fue una conquista feliz la del prestigioso club de Avellaneda. Feliz y a precio de liquidación: una donación de 2.000 pesos a la Cruz Roja Paraguaya y 2.500 al jugador por dos años en concepto de prima. Después costó más; el segundo contrato por otros dos años elevó la prima a 13.000 pesos y el último, que termina el 2 de mayo de 1940, 10.000. Por 6 años de actuación, un total de pesos 27.500, para un crack de tanto fuste, es como si fuera de balde... 



Su actuación 

Su primer match en Independiente fue el 5 de mayo de 1934, frente a Boca Juniors. Tuvo un desempeño discreto, ni bueno ni malo; demostraba condiciones, pero aún no se entendía con sus compañeros. Jugó tres o cuatro partidos más y luego permaneció en prolongada relache, a causa de una maligna infección. Su actuación fue accidentada al año siguiente, en que sufrió dos fracturas de brazo, casi consecutivas. Reapareció con mayor fortuna a fines de 1935 y su fama se consolidó en el primer campeonato nocturno de los "grandes", que Independiente ganó invicto, con más goles a favor y menos en contra, como este año. 

En 1936 fue, en la temporada oficial, una figura brillante por su acción espectacular y estuvo entre los primeros goleadores. En 1937 fue el scorer de la temporada, con 45 goles, "record" de nuestro profesionalismo que tenía Bernabé Ferreyra con 43, y este año ha vuelto a ser el máximo scorer. 

El hombre del trampolín invisible 

La cualidad más asombrosa de este forward de "goma" es su agilidad para el salto, que no se arredró en emplear, a pesar de las dos fracturas de brazo. Da la sensación de que saltara con trampolín. No importa que sus rivales sean altos o ágiles; Erico los sobrará por medio metro. Cuando él salta, hasta Ricardo Riestra tiene que mirar para arriba si quiere verlo. Ha marcado goles cabeceando por encima de las manos extendidas en alto por los arqueros. Mister Caswell lo ha comparado con Dean, el famoso centre forward inglés. Nosotros recordamos a la antigua figura de Watson Hutton. El entrenador francés Bosveconny, a un saltarín maravilloso como nunca vio Europa, y los chicos tienen el recuerdo más fresco: del clown que da el salto mortal en el circo... 

Erico reemplazó en Independiente a un verdadero diablo rojo, a Luis Ravaschino, al que llevaba atada la redonda con una piolita y apilaba y seguía apilando rivales. Al centre forward del arabesco a ras de suelo, sucedió el que la borda en el aire. Después del automovilista, el aviador. Luego del que la acariciaba contra el pasto, el que la agasaja y domina en el aire. Rabanito y Trampolín. Características dispares, pero digna sucesión. Diablo por diablo, aquél empleaba los pies o la cola y este otro las alas... y también la cola. Hemos tenido muchos jugadores de juego brillante pero escasamente positivos que daban y dan gusto a la visual, pero no satisfacen porque los matches se ganan cn goles y no con firuletes. Con buen juego se puede conquistar la emoción de la belleza, pero no hay satisfacción sin victoria. Por eso gustó y se endiosó a Bernabé, acción sobria y simple, pero goles fulminantes. Mejor obras que buenas palabras. Por eso Ferreyra duró menos que Sastre o Zito, pero llegó más alto. 

1944. Fernando Walter, el arquero Fernando “Tarzán” Bello y Arsenio Erico justo el día que el Rojo le ganó a Boca 4 a 0.

Críticos, aficionados y dirigentes nos habríamos engolfado en la eterna discusión sobre si debía preponderar el arte de la gambeta o la ciencia del gol, cuando Erico, a la manera de Colón al parar el histórico huevo, ha venido a darnos la respuesta perogrullesca. Entre el hombre de la gambeta y del espectáculo y el goleador, es preferible el que reúna las dos cosas a la vez. 

Y esto es Erico: el hombre completo; el que domina la pelota en lo alto y lo bajo, el que maneja la cabeza como una mano y los pies como cucharas; que acaricia el cuero, lo atrae o lo despide, en un paso calculado y preciso o en un shot in­tencionado o potente, que la peina en alto o la sacude con fuerza, siempre con la directa proyección de obligar al guardavalla rival el esfuerzo supremo o la desesperación de tener que buscarla en el fondo de la red. Si es pesadilla de arqueros, no lo es menos de halves y backs, cuyo desasosiego consiste en que no saben por dónde ha de venir la carga de ese general caprichoso, casi siempre original, certero y fulminante. En los corners, se le juntan contrarios como abejas en racimo y cuando salta... no salta: hay diez manos nerviosas que prueban la resistencia de su camiseta. Sin embargo, no es ahí tan peligroso, cuando está parado, ni en los free-kicks o penales que ejecute. Con pelota inmóvil no sabe marcar goles. Necesita movimiento, rapidez: una ball que viene hendiendo el aire, un magnífico salto en plena carrera, el cálculo exacto del tiempo y la distancia y el choque de su cabeza y la pelota que, impulsada sabiamente, produce el gol fulminante. 

Cuando recoge un pase de bajo, frente a dos o tres rivales, con su cuerpo y pies en movimientos raros, provoca el desconcierto de los que le ponen obstáculos, y por donde menos esperan surge victorioso en pleno rush que provoca la inminente caída del arco contrario o se desplaza con velocidad inalcanzable sin perder su serenidad frente al arquero, venciéndolo por los ángulos, o si abandona el arco realiza la maniobra necesaria que lo dejará fuera de acción. 

El cincuenta por ciento de sus goles no pertenecen a la categoría standard; llevan su marca de fábrica, su sello de originalidad, producto de la sutil elaboración de las circunstancias y la inspiración del momento. Así le vimos recoger de aire y pasar la redonda por sobre la cabeza de uno y otro back para alcanzarla finalmente otra vez de aire y marcar el gol de cuchara. O bien lanzarse a la carga y dentro del área penal adelantar la pelota y pegar el salto ante la estirada del back para volver a alcanzar aquella y destinarla a la red. Hacer fintas hacia izquierda o derecha frente a dos backs y, cuando se abren, filtrarse rápidamente por el centro, llevar la pelota de costado, jugarla con el talón, bordarla, peinarla, conversarla... Emplear agilidad, maestría, astucia y redondear la poesía de la jugada con el verso final del gol impecable. 

Eso y mucho más es Erico, el hombre del trampolín invisible, el artista de la pelota y el artesano del gol.

Chantecler (1938).

Por Redacción EG: 29/01/2018

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