¡HABLA MEMORIA!

1930, 34 y 38. Tres mundiales y ni un grito

- por Redacción EG: 22/01/2018 -

En 1930, en Montevideo, Argentina fue subcampeón del primer torneo al perder la final con el local. Los dirigentes no apoyaron los dos siguientes: a Italia enviaron un equipo amateur, eliminado en el debut, y en Francia decidieron no participar.

EL CENTENARIO. Estadio emblema de Uruguay, hito mundialista.

La llamada “Década infame”, en nuestro país fue una “Década gloriosa” para Jules Rimet, el legendario presidente de la FIFA. En 1930, un año antes del inicio del profesionalismo en la Argentina, vio la concreción de su sueño: se disputó el primer Campeonato Mundial de Fútbol. El mérito de la Localia le cupo a Uruguay, por sus campeonatos olímpicos en 1924 y 1928. Las sedes se mudaron a Europa en 1934 (Italia) y 1938 (Francia), donde el equipo azzurro fue campeón en ambos torneos, hasta que la Segunda Guerra Mundial obligó a un largo paréntesis que recién se rompió otra vez en Sudamérica en 1950.

URUGUAY 1930

Contrariamente a lo que sucede en la actualidad, cuando los medios destinan gran cantidad de espacio a los Mundiales, El Gráfico solo presentó una nota de una página, titulada “Mañana en Montevideo se iniciará el Primer Campeonato del Mundo”. Era el sábado 12 de julio de 1930 y apenas le quedaban poco menos de dos meses a Hipólito Yrigoyen en la presidencia, antes de que comenzara en la Argentina la costumbre de los golpes de Estado. La tapa, blanco y negro y con el título en cursiva, mostraba a Angel Bosio, “la maravilla elástica”, el arquero elegido para defender la camiseta celeste y blanca allende el Plata, que alternó su puesto con Juan Bottaso, ambos de equipos que hoy militan en el ascenso muy lejos de las fragancias internacionales, Talleres de Remedios de Escalada y Argentino de Quilmes, respectivamente.

 “Es este, sin ningún género de dudas, el certamen más importante que se haya realizado jamás en América, y tendrá una trascendencia muy grande, que servirá para que estas jóvenes, pujantes y progresistas repúblicas americanas sean más conocidas y apreciadas en el mundo”. Sin embargo, el cronista anónimo reconoce que el campeonato no asume la verdadera importancia que debería tener, pues las naciones europeas –especialmente aquellas vinculadas a la Argentina por sus intereses y corrientes de sangre (Italia y España)– no estarán presentes.

UNA MULTITUD asistió a la inauguración de la gran cita futbolera.

De los equipos participantes destaca a Uruguay, el dueño de casa y campeón de las dos últimas Olimpíadas, y Argentina, “Subcampeón en Amsterdam y cuya eficiencia deportiva está a un mismo nivel de discutida supremacía con el Uruguay”. Incluye también a Bélgica, “campeón de la Olimpíada de Amberes en 1920” y que, en 1928, logró empatarle el partido a la celeste y blanca luego de estar tres goles abajo; y Estados Unidos “con players profesionales”; Brasil, varias veces campeón sudamericano, pero retirado desde 1925 de la Confederación Sudamericana, y en este Mundial sin los jugadores paulistas. Termina el artículo subrayando la calidad del estadio Centenario, “el más grandioso y moderno de Sudamérica”, con capacidad para setenta mil espectadores sentados, una torre de 65 metros de alto y un ancho foso de tres metros “para impedir molestias de los espectadores a los players y darles a estos seguridad y confianza”. La única ilustración: el afiche oficial, de claro estilo Monumentalista.

En el mismo número, un artículo de dos páginas describe nombre por nombre a los jugadores que disputarán la justa en tierras orientales. “Ni debemos ser muy exigentes ni pecar por optimistas. El team es bueno y está en condiciones de consagrarse campeón, pero no es tan poderoso y sin fallas posibles, como para afirmarlo en absoluto”, afirma el periodista.

Ya en pleno campeonato, los cronistas de El Gráfico se lucen: logran penetrar a una casa lindera al Parque Central y espiar y fotografiar una práctica de Uruguay, cuando “Nadie ni aún los periodistas podrá presenciar el entrenamiento de los olímpicos”. La palabra “nadie” no existía para los enviados especiales. La revista comienza a ofrecer un sensacional despliegue fotográfico, que alcanza su cumbre inicial para el primer partido que juega nuestra selección, y gana 1 a 0 a Francia con gol de Monti. Es también momento de la primera nota firmada. Alfredo Rossi, Chantecler, cuenta: “He trasladado mi insignificante humanidad a Montevideo, cuartel general de las actividades futbolistas que con algo de pompa llamamos Campeonato del Mundo. Donde hay ruido, allí estoy yo”. Como El Gráfico aparecía los sábados y la Argentina goleó a México 6 a 3 el sábado 19 de julio, hubo que esperar una semana para tener las secuencias gráficas y los textos de ese partido, y la victoria 3 a 1 ante Chile del martes 22. La aparición sabatina también provocó lo que hoy nos parece una gran dilación, pero que en esa época era de avanzada: en la revista del 2 de agosto se reseñan la semifinal jugada el sábado anterior (Argentina 6 EE. UU. 1) y la final (Uruguay 4 Argentina 2) disputada el día 30. La tapa se la gana Guillermo Stábile, “scorer del Campeonato Mundial”, con ocho tantos.

Borocotó refleja el partido entre argentinos y norteamericanos, utilizando un recurso típico de los guiones de radio o de teatro: coloca entre paréntesis y en bastardilla sus pensamientos colaterales, sus exabruptos, sus frases pasionales. Los norteños habían dicho que ganaban por media docena de goles. La realidad les resultó contraria. Y El Gráfico lo muestra con una foto de la hinchada argentina cuando gritaba el gol de Estados Unidos sobre la hora. El epígrafe sorprende: “Con un entusiamo que olía a cachada, los argentinos festejaron el goal obtenido por los norteamericanos”.

PLATEA DE LUJO. Stábile de impecable sobretodo y sombrero, sentado junto a otros players argentinos mirando un partido del Mundial.

“Fue una lástima que la final del Campeonato Mundial no se haya jugado en un field neutral, para que factores ajenos al juego mismo no hubiesen influido en su resultado y promovieran un desagrado que pone dudas en la legitimidad de la victoria y puede hacer pensar que el vencido no acepta la derrota con alto espíritu deportivo”, comenta en agosto Chantecler. Afirma luego que el local fue justo ganador, pero se queja del “recelo y malestar” creado a nuestro cuadro durante y después del match contra Francia, los anónimos amenazadores y los artículos de los diarios, que desmoralizaron a Monti; y del desacierto de los delegados argentinos, que hicieron ir a la fuerza a Monti a la cancha y eligieron a Varallo en inferioridad de condiciones sobre un Scopelli sano.” Y era 1930…

ITALIA 1934

“Por primera vez en Sudamérica se efectuarán transmisiones de football a través de miles de kilómetros”. Así se anunciaba, a toda página, un hecho histórico: la primera transmisión de un Mundial de Fútbol en nuestro país. Luis Elías Sojit relataría el 27 de mayo (los ochos partidos iniciales del campeonato se jugaron el mismo día) Argentina vs. Suecia a las 11, y por las ondas de Splendid y Rivadavia en simultáneo con emisoras del Interior y de Montevideo. Fue el primer partido de la Selección Nacional en el Mundial de Italia. Y el último. Porque, disputado por eliminación directa, quedó afuera al perder 3 a 2, resultado más que decoroso si se toma en cuenta que el elenco sudamericano estuvo integrado por jugadores amateurs de la Asociación Argentina de Football. “El Gráfico desea para los animosos futbolers una victoriosa actuación. Resuelta la concurrencia del fútbol nacional, pese a los obstáculos que se presentaron, corresponde depositar en los once jugadores la confianza unánime de que sabrán desempeñarse con el máximo de entusiasmo y de amor propio…”. Un pequeño párrafo de aliento, perdido en una columna de grageas deportivas en la misma edición que, con la foto de cada uno de los siete periodistas y cada uno de los siete fotógrafos, festeja los quince años de vida de El Gráfico.

¡QUE PINTA! Cherro, Evaristo y Monti, paseando por Montevideo.

El sábado 2 de junio, la eliminación del team criollo amerita un comentario editorial. Recuerda que “El Gráfico no se opone al envío de un team amateur porque lo crea falto de chance. Admitimos y deseamos que ese equipo consiga clasificarse campeón. El Gráfico se opone, porque entiende que para ser juzgado por todos los públicos en el certamen de máxima importancia, el cuadro que concurra debe constituir la genuina representación del estado actual del fútbol que mantiene, por suerte, su alto poderío… la verdadera expresión del fútbol argentino está en el campo profesional y que únicamente de ahí puede salir un equipo que –ganando y perdiendo– estaría por sí mismo autorizado a representarnos”. La revista lo había anticipado dos meses atrás.

Equilibradamente felicita a los jugadores, pese a la derrota, pero manifiesta “su completo desacuerdo con el proceder adoptado en esta oportunidad por los dirigentes de la Asociación Argentina… A costa de una amargura, hemos constatado el acierto de nuestra opinión. Es un precio demasiado caro para una satisfacción periodística; pero pudo haberse evitado tan desagradable experiencia”.

El equipo argentino, que perdió en Bologna se quedó unos días más en Italia y, según El Gráfico, debió jugar un partido contra un combinado juvenil de Italia, ¡“porque la Asociación Argentina contrajo una deuda con la Federación Italiana”! Italia se coronó campeón al vencer a Checoslovaquia 2 a 1. Tres jugadores argentinos (Monti, Guaita y Orsi) fueron titulares del elenco azzurro, con lo que “el fútbol argentino, o el rioplatense, más precisamente, sigue ocupando un lugar preponderante en el concierto mundial”. Poca repercusión del Mundial y solo se destaca que “la numerosa colectividad italiana de nuestro país ha celebrado ese triunfo con un júbilo al que tienen perfecto derecho”.

FRANCIA 1938

EUFORIA CELESTE. La hinchada celebra el gran título de Uruguay.

La Argentina desistió de concurrir al segundo Mundial, que se jugaba en tierras europeas. Precisamente en ello radicaba parte de su decisión: que los Mundiales no se disputaran alternadamente entre América y el Viejo Continente. En la misma línea, tampoco concurrió Uruguay. Y de Sudamérica solo estuvo presente Brasil que perdió 2 a 1 con el futuro campeón, Italia, en semifinales y luego ganó 4 a 2 a Suecia por el tercer puesto. El otro elenco del mundo occidental fue Cuba, que en Antibes fue derrotado catastróficamente 8 a 0 por Suecia. Pero El Gráfico también destaca una excusa a la que denomina “puritana” y que “los reputables dirigentes argentinos no estaban dispuestos a aceptar”: la Selección Nacional, que contaría con hombres de la talla de Moreno y Pedernera, debería disputar un partido eliminatorio en El Havre y eso no estaba a la altura del fútbol criollo. Se lo consideraba una afrenta. Había que ir directamente al Mundial. Entonces, prefirieron directamente no concurrir.

El Gráfico, en consecuencia, no le dio importancia al tercer Mundial de Fútbol. Dos semanas después de la final, Borocotó entrevista a Renato Cesarini para saber cómo titula su nota, “Por qué ganó Italia”. “El fútbol es un juego en el cual la armonía y la disciplina son factores importantísimos” fueron las primeras palabras del jugador de River, que defiende constantemente la preparación sobre la improvisación: “Si un equipo italiano gana, es porque el adversario es superior. El porcentaje de matches llamados de 'mala suerte' es muy pequeño. En general, triunfa la lógica. No me extraña, pues, que Italia haya ganado el Campeonato Mundial”.

Lo que sigue de la nota es un elogio hacia la dirigencia italiana, que en 1934 le había regalado treinta mil liras a cada jugador campeón del Mundo, y para 1938 hablaban de obsequiarles veinte mil liras y una casa luego de repetir la hazaña. “No hay club que resista al envío de sus players. Esto es inconcebible… Se cuida a los hombres en todos sus aspectos: el moral y el físico”. No sucedía lo mismo en la Argentina donde, en un partido de entrenamiento, si el entrenador quiere entrar a la cancha, el juez detiene el partido y lo expulsa. Y a Cesarini le da mucha bronca, porque en la Argentina “existe una madera de gran calidad, pero la dirección suele ser pésima. Falta orden, disciplina, organización, y la mayoría de los jugadores actúa merced a su inspiración, a sus maravillosas condiciones naturales”.

Poco antes de disputarse el Mundial en tierras galas, en nuestro país el fútbol tiene otros intereses: Platense empata 5 a 5 con Racing en Manuela Pedraza y Crámer luego de ir perdiendo 4 a 0, y River inaugura el 26 de mayo su nuevo estadio en Belgrano. Y ya con el torneo en marcha, en esa flamante cancha, la Selección Argentina le gana 1 a 0 a Uruguay por la copa Mignaburu con gol de José Manuel Moreno.

ITALIA BICAMPEON. El plantel azzurro que levantó en Francia la segunda Jules Rimet. Un equipo que mezcló buen fútbol con marca férrea.

Cuarenta años después del Mundial galo, El Gráfico entrevistó a Jean Eskenazi y Jacques de Ryswick, periodistas franceses, que coincidieron en que la sensación fue Brasil. De Ryswick señaló que el equipo sudamericano “tenía un fútbol maravilloso, alegre, creativo, novedoso, endiablado. Pudo haber ganado el título de no mediar un grueso error de su técnico, el muy barrigón Adhemar Pimenta. En la semifinal contra Italia, decidió jugar sin apelar a varios de sus titulares para poder usarlos en la final. Y Brasil terminó tercero. Recuerdo que entre los que no enfrentaron a Italia estaba esa maravilla de piernas esqueléticas llamado Leónidas, el Diamante Negro”. Y para reafirmar esa opinión, recuerdan el dramático cotejo entre Brasil y Polonia por los octavos de final:

“Once goles, algo inolvidable. Cuatro de Leónidas. Cuatro del polaco Willimowski. Brasil ganaba 3 a 1 en el primer tiempo y marcó el cuarto apenas comenzó el segundo. Era el triunfo. Nadie esperaba ese impresionante diluvio que transformó el campo de Estrasburgo en un pantano. Entonces desapareció la habilidad brasileña y comenzó a pesar la potencia polaca. Polonia se colocó 4 a 3 y, faltando un minuto, Pimenta y los suplentes agitaban las toallas marcando la victoria. Ya terminaba todo. No contaban con el increíble y desgraciado error de Zezé Procopio. Hizo un saque lateral cerca de su área y la pelota mojada se le escapó de las manos. Fue a caer a los pies de un polaco: 4 a 4 y al alargue.

Los polacos fueron a cambiarse la ropa empapada. Los brasileños se quedaron en el campo, destruidos anímicamente. Creo que solo el talento de Leónidas podía cambiar las cosas. Todo el estadio gritaba a favor de Polonia. Leónidas hizo dos goles más y Brasil se impuso 6 a 5. Inolvidable”.

En 1939, el planeta se paralizó: comenzaba la Segunda Guerra Mundial. Los mares se transformaron en peligrosos espacios para la navegación. Mientras en nuestro país brotaban jugadores de fútbol de primerísimo nivel, el mundo asistía a una de las contiendas bélicas más largas de la historia. ¿Quién no se resiste a pensar que sobraban jugadores para que la Argentina fuera campeón mundial en esa época? La Gran Guerra terminó en 1945, pero el orbe necesitaba tiempo para acomodarse luego de tan terrible sacudón. Recién los Mundiales volverían cinco años más tarde. En Brasil. Y otra vez sin la celeste y blanca.

Néstor Saavedra (2009).

Por Redacción EG: 22/01/2018

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