Fútbol

Príncipe, pero con rango de rey

Enzo Francescoli ganó 7 títulos con River y 3 con Uruguay. Talentoso, goleador y moderado en sus declaraciones, jugaba como un Príncipe. Maradona siempre lo admiró.

EN ANDAS, tributo al jugador que después de un flojo comienzo, se metió en el corazón de los riverplatenses a fuerza de talento.

En febrero de 1998, poco después de su retiro, El Gráfico produjo un especial de 114 páginas, enteramente dedicado a Enzo Francescoli. La obra se abre con su último gol a doble página: el cabezazo del 14 de diciembre del año anterior ante Colón. Fue su anotación 137 con la casaca millonaria. Una semana más tarde se retirará en cancha de Vélez: “River es campeón del Apertura luego de empatar con Argentinos”.

Nació y se crió en Montevideo, donde comenzó jugando al baby en el club Cadys Real Junior y en el Liceo Maturana. En marzo de 1980 debuta en Primera División con la camiseta de Wanderers ante Defensor Sporting por el torneo Colombes. Cuatro años más tarde recordará la importancia del director técnico de entonces: “Siempre trabajé en la definición. Y eso se lo debo a Castelnoble… me inculcó que cuanto más frío está uno dentro del área, más gana. Siempre me repetía que nervioso se tenía que poner el defensor, porque era el que más arriesgaba”. A medida que jugaba, su exquisita capacidad iba trascendiendo fronteras, al punto que el Milan y River muestran interés por contratarlo. Sin Alonso y con pobres campañas, River decide unirlo a su plantel. “No resultó sencillo conseguir sus servicios. Por segunda vez en sus ochenta años de historia, el club uruguayo necesitó convocar a dos asambleas de socios para aprobar la transferencia… finalmente, después de dos meses de agotadoras negociaciones, el 20 de abril de 1983 se transformó en jugador de River”.

VERDADERO MILLONARIO

Cuatro días más tarde debuta con la albirroja en el partido que River le gana 1-0 a Huracán. Le anulan un gol, Eduardo Rafael lo califica con un seis y sale en tapa. Sí, primer partido y portada, aunque con un título sugerente: “¿Es la solución que River esperaba?”. Y arrancó bien, porque tres días después “River enfrentó a Ferro en Caballito. Fue triunfo 1-0 con un gol convertido por Enzo, de penal, a los 50 minutos de juego”. Sin embargo, una huelga de jugadores profesionales en el club de Núñez (terminaría penúltimo en el torneo), que duró un mes y medio, más la adaptación a una enorme urbe como Buenos Aires, que vivía un año especial en la vuelta a la democracia, lo complicaron. Francescoli no convencía. Aunque en noviembre, casi con el cierre del campeonato local, se consagró en memorables partidos con la selección charrúa en las finales de la Copa América. El Gráfico, en la edición del día primero de ese mes, se pregunta en la tapa: “¿Cuál es el verdadero Francescoli? Fracaso en la Argentina. Idolo en Uruguay”.

“Entre 1984 y 1986 Enzo Francescoli vivió una etapa inolvidable. No le resultó sencillo escalar hasta la cima. Debió luchar contra los deseos de Luis Cubilla, que pretendió venderlo al América de Cali, como parte de pago de Roque Alfaro. Debió pelearle al destino, desde un puesto –el de número ocho– que nunca sintió. Durante el interinato de Adolfo Pedernera encontró la posición en el campo, desde la cual movería los hilos de todo el equipo. Fue campeón en el conjunto dirigido por el Bambino Veira. Fue goleador en dos oportunidades. Maravilló con sus gambetas, con su talento, con su electrizante chilena ante Polonia”. Es un apropiado resumen de Diego Borinsky para una carrera creciente. Casi gana con River el Nacional de 1984 en el que quedó segundo detrás de Ferro. En el Metropolitano asume como técnico Héctor Veira que afirma de Enzo: “¡Qué jugadorazo! Le tiran cualquier cosa, él la mata y sigue. Es un fenómeno”. Luego dirá que está a la altura de Platini y Maradona. A principios de 1985, El Gráfico lo cuenta en tapa como uno de los mejores deportistas del año pasado. Dos buenos torneos lo acreditarán para el Olimpia de plata del Círculo de Periodistas Deportivos. El 8 de febrero de 1986 convierte su gol más recordado: el 5-4 de chilena ante Polonia en un triangular en Mar del Plata. Ese año llegaría su primer título en River: el campeonato 85/86. “Enzo no fue fundamental solo por los goles. También fue importantísimo para nosotros los defensores, porque cuando llegaba un momento del partido en que no nos daban más las piernas, se la tirábamos a él y descansábamos”, comenta en 1998 su compañero de entonces Jorge Gordillo. El 13 de mayo la revista se lamentaba: “Qué pena, se nos va Francescoli”. Llegarán varios años en Europa, con menos lustre y prensa que lo esperado: hasta 1989 en el Matra Racing, un año después en el Olympique de Marsella, en Francia; tres en el Cagliari y en 1993/94 en el Torino, en el Calcio. En ese lapso vino a la Argentina –en 1987– para el partido despedida del Beto Alonso, donde fue ovacionado. En 1991, el Cagliari le ganó 2-0 a River en un cuadrangular en Italia. Marcó el segundo gol, pero no lo gritó.

GRAN SEGUNDO TIEMPO

Como tantas veces lo había expresado a El Gráfico y otros medios, cumplió su sueño de retornar a River. “Vuelve para ser tapa”, dice la premonitoria nota de la revista, cuando a los tres días visita la redacción. Su segundo debut fue un 7 de septiembre de 1994, por la Supercopa ante Nacional de Montevideo. Y anotó un gol de penal. Será eliminado por Boca de esta competencia, pero el equipo dirigido por Américo Gallego logrará el campeonato local invicto y Enzo estará, otra vez, en la cúspide de los artilleros y recibirá otro Olimpia de Plata. Como hacía una década, 1996 es un gran año para River: gana el Apertura y la Copa Libertadores; al año siguiente hará suyo también el Clausura y el Apertura, además de la Supercopa. Un verdadero cierre a toda orquesta como el Príncipe merecía. “Cumplió con todos”, dijo aquel legendario jugador uruguayo Juan Schiaffino. Y Maradona, en agosto de 1999, afirmó: “Un pecado que no fuera argentino”. Tan fuerte sigue siendo su figura y su opinión, que fue tapa de nuestra revista en agosto de 2008 con un jugoso 100x100 de once páginas.

Néstor Saavedra (2009).