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Lewis Hamilton, ¿cuál será su límite?

- por Redacción EG: 19/12/2017 -

Insaciable, con el triunfo entre ceja y ceja, el moreno piloto británico parece no tener techo, y cada vez su figura se eleva más. Sus asombrosos números lo ubican entre los más grandes de la F1, aunque no siempre eso se refleja en la consideración de sus pares. ¿Hasta dónde será capaz de llegar?

La danza de la victoria entre Hamilton y su amigo Usain Bolt, tras imponerse en Estados Unidos.

Cuando salía de una discoteca en plena madrugada, no tuvo inconvenientes en extender su dedo medio al paparazzi que lo enfocaba. Si bien él es un deportista de elite, le gusta divertirse y no tiene problema en declarar que su vida no se circunscribe solo a una pista y desafiar la velocidad. Más allá que desde bien pequeño su juego fue precisamente ese, el de ser cada día más veloz y dejar atrás rivales.

Esa condición natural de ser rápido al volante, a pesar de su corta edad, lo catapultó a la escuela de McLaren, y los cazadores de talentos posaron sus ojos sobre el talentoso morenito que aceleraba y aceleraba con una llamativa destreza.

Hoy, 11 años después de su debut en la F1, está sentado a la mesa de las leyendas, con una estadística asombrosa que deja boquiabierto al más exigente de los fanáticos. Con 3 títulos y un cuarto al caer, ya se prueba el traje de los tetracampeones Alain Prost y Sebastian Vettel, dejando atrás nada menos que a cinco históricos como Jack Brabham, Jackie Stewart, Niki Lauda, Nelson Piquet y Ayrton Senna, que tienen 3 campeonatos conquistados en su haber.      

En cuanto a victorias en el historial, Michael Schumacher es el cómodo líder en solitario con 91, pero Hamilton es precisamente quien se ubica segundo con 62, y luego figuran Prost (51), Vettel (46) y Senna (41). Curiosamente, en su triunfo del 27 de agosto último en Spa, Bélgica, el inglés ganó en su carrera N° 200 en la F1, coincidencia que también lograron Jenson Button (Hungría, en 2011), Fernando Alonso (China, en 2013) y Nico Rosberg (Singapur, en 2016).

Si bien son 29 triunfos de diferencia, a los 32 años y con algunas temporadas más en su esplendor, Hamilton puede acortar esa brecha, aunque parezca imposible dar el certero zarpazo. Por supuesto, que eso dependerá sobremanera, de que él y su Mercedes no flaqueen en la hegemonía que nos tienen acostumbrados en los últimos años. Por eso, si nos centramos en lo que vemos hoy, cualquier cálculo a futuro en su favor puede ser factible, sustentado en la evolución que experimentó esa escudería, la cual, vale reconocer, está íntimamente relacionada con la percepción y perspicacia que tuvo Hamilton. Tal vez ayudado por un sabio consejo o simplemente por propia iniciativa, el inglés, a pesar de ser una genuina creación de McLaren de la mano de Ron Dennis, con quien había sido subcampeón en 2007 y campeón en 2008, pegó el volantazo en 2013 y se convertirtió en un fiel creyente de este proyecto, que, en corto tiempo, se convirtió en el amplio dominador que es hoy.

Cuando Hamilton tomó la decisión, McLaren se veía como aspirante al título y Mercedes era una total incertidumbre, aunque con el aval de un gigantesco imperio automovilístico con ganas de dar pelea en el Gran Circo. Y fue apenas cuestión de tiempo, hasta que lograron acomodar las piezas del rompecabezas, desarrollar el producto confiable y contar con el mejor material humano disponible en el mercado.                

En este 2017, la amplia diferencia en las clasificaciones refleja claramente la superioridad de Mercedes. En el Mundial de Pilotos, por ejemplo, Hamilton y Valtteri Bottas se mantuvieron expectantes primero y tercero, respectivamente, con Vettel en la segunda posición como el único capaz de inquietar. Y en cuanto a Constructores, la escudería alemana sacó una ventaja considerable de puntos, con lo cual todo se viene perfilando como para que ese generoso margen con el que se definieron las últimas tres temporadas se vuelva a repetir en ambos campeonatos.

Hay equipo: los integrantes del Mercedes AMG Petronas desbordantes de alegría en la máxima.

A diferencia de otros años, la pareja al volante de los Mercedes solo consiguió el 1-2 en tres oportunidades en las 17 carreras iniciales, situación que con Hamilton/Rosberg era más reiterativa. Esa sociedad contribuye enormemente en la fortaleza del equipo, más allá de que para alzarse con la victoria en un Gran Premio de F1 se tienen que sincronizar múltiples detalles humanos, técnicos y de logística. La relación entre los pilotos puede acrecentar o disminuir el potencial en pista. En un ambiente tan competitivo como este, que el inglés exprese que “Valtteri es un auténtico jugador de equipo” es un indicio de camaradería. Al parecer, los dos comprenden que tiran para el mismo lado.

Una de las premisas dentro de Mercedes apunta a nunca relajarse, ya que cuando los resultados son tan favorables y todo sale tan redondo, la excesiva confianza puede ser contraproducente. Así, tanto en las fábricas radicadas en el Reino Unido en Brackley como en la sede central en Alemania en Stuttgart, se impulsa el concepto de no detener la evolución. No es una tarea sencilla, pero hasta el momento, la escudería completa lo ha cumplido sin objeciones.

Esto también se extiende a los pilotos, quienes no necesitan de registro de tiempos de rivales para intentar mejorar el propio. Ellos están concientizados de que compiten contra otros, pero a la vez con ellos mismos en el afán de no resignar centímetro alguno de la ventaja que han sacado.

Y un ejemplo de todo ello se refleja en que el salto de una temporada a otra fue positivo, a pesar de que es una empresa difícil mejorar un producto que de por sí ya era sumamente competitivo. En los test de comienzos de año se recuerda que los Mercedes se mostraron prudentes y no fueron los que registraron los tiempos que más entusiasmaban. Ellos se guardaron para arrancar con todo en Australia, donde, aunque no ganaron, subieron sus dos autos al podio. Ahora, con solo noviembre para cerrar la temporada, el 12 será la cita de Brasil y el 26 la de Abu Dhabi, ambas competencias que en el 2016 lo tuvieron a Hamilton como vencedor. 

Así que el desafío de Mercedes será cómo continuar en ascenso aunque ya se encuentra en la punta de la cima. Seguramente lo beneficiaría que Ferrari, Red Bull, McLaren o Williams crecieran en su potencial, porque eso obligaría a autoexigirse y no habría margen para el relax. Ya lo había anticipado Toto Wolff, director ejecutivo del equipo de la estrella: “Nuestra clave pasa por evitar el conformismo. En ningún deporte te puedes quedar parado, más aún en la F1, porque los rivales también apuestan con sólidos argumentos por la victoria”. Un objetivo claro que hasta el momento le ha dado muy buenos resultados.

Hamilton tiene contrato con Mercedes hasta fines de 2018, por el que trascendió que percibe unos 56 millones de euros anuales. Lo llamativo es que él suele recordar que Mercedes-Benz comenzó a apoyarlo en 1998, cuando apenas tenía 13 años y formaba parte del Programa de Jóvenes Pilotos de Mercedes/McLaren, con lo cual, en la próxima temporada, él cumpliría 20 años con la marca. Y no resultó extraño que dijese que en el caso de no prolongar su continuidad en Mercedes, él pensaría seriamente en el retiro.

La flecha de Plata N°44 de Hamilton se encamina a otro lucido triunfo. Y van...

Indudablemente son momentos dulces para Mercedes y sus pilotos, con muchas más alegrías que sinsabores. Sus flechazos están más certeros que nunca, pero son conscientes de que es más difícil extender la admiración que provocarla. 

En lo anecdótico quedaron las barreras que debió sortear en sus comienzos Hamilton en la F1. Y eso, sin dudas, fue producto de su avasallante talento conductivo. El tratarse del primer piloto de raza negra en llegar con posibilidades de victoria a la máxima categoría sorprendió en el inicio, pero rápidamente se empezó a hablar de él por su extraordinaria calidad competitiva, que hasta casi se consagra como el primer campeón en su temporada de estreno. Lo suyo fue meteórico, hilvanó un subcampeonato en el 2007 y el título de 2008, quebrando en ese momento el récord de campeón más joven, con 23 años, 9 meses y 27 días, que estaba en poder de Fernando Alonso.

Proveniente de la Isla de Granada, su abuelo emigró a Inglaterra en 1950 y de allí heredó el color de su piel. Su papá Anthony trabajó en el ferrocarril londinense y se esforzó al extremo para que su hijo pudiese abrirse camino en el mundo de la velocidad, primero en karting y después en cada peldaño (Fórmula Renault, F3 Euroseries y GP2 Series) de una escalera que lo depositó en el Gran Circo. En cada categoría en la que participó fue campeón y como niño prodigio se convirtió en un protegido de Ron Dennis, el hombre fuerte de la escudería McLaren. Ambos protagonizaron esa historia de Cenicienta, en la que un Lewis niño asistió a una entrega de premios y se acercó a Dennis a pedirle un autógrafo y le lanzó la frase: “Algún día correré y ganaré en McLaren”. Y más allá de las sonrisas irónicas de los adultos que lo oyeron, la seguridad con la que lo había dicho el pequeño motivó a que Dennis sacara de su bolsillo una tarjeta y le dijera que lo llamara dentro de 9 años. Por suerte para el mundo motor, aquella invitación no quedó en el olvido y sustentado en una proyección que el tiempo le dio la razón, Hamilton se convirtió en la megaestrella que es hoy. 

Nació en Stevenage, Hertfordshire, Inglaterra, el 7 de enero de 1985. Residente primero en Suiza y después en Mónaco, es uno de los solteros más codiciados, fundamentalmente porque él reconoce que no puede formalizar, debido a que su condición de piloto, entre dedicación y viajes, le insume demasiado tiempo. Un verdadero fuera de serie, que en la era post-Schumacher aparece como el máximo candidato a heredero. Al talento natural le sumó una preparación técnico-científica que lo hizo ganar en concentración y solidez. Y las próximas temporadas invitan a ver qué tan lejos será capaz de llegar. Lewis Hamilton, el rey vigente…

Por Walter Napoli.

Nota publicada en la edición de Noviembre de 2017 de El Gráfico 

Por Redacción EG: 19/12/2017

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