ENTREVISTAS

Lisandro Magallán, otra cabeza

- por Darío Gurevich: 07/11/2017 -

El seis de Boca rompe con el estereotipo del futbolista joven. No solo porque estudia en la facultad pública. El fútbol desde adentro, la sociedad y el periodismo, su historia y sus aspectos personales, la perseverancia para afianzarse, y el arrollador andar xeneize.

Es de La Plata, tiene 24 años y una vida fuera del fútbol: estudia abogacía en la universidad pública.

Este texto podría comenzar de múltiples maneras. Se podría abordar más de manual al partir desde una línea de tiempo cronológica con Gimnasia como estandarte. Se podría empezar desde una enseñanza que Lisandro Magallán atesora: la sencillez con la que Rafael Nadal y Novak Djokovic se manejaron en los Juegos Olímpicos de Río 2016, como si hubieran sido los atletas más ignotos de la Villa Olímpica. Se podría iniciar desde su llegada a Boca a mediados de 2012. O desde la titularidad que logró a cinco fechas de consagrarse campeón en el torneo pasado. O desde que juega de 6 y es derecho. O desde sus aspectos personales. Pero no. Se eligió arrancar sobre un disparador bastante más interesante.

-¿Qué es la burbuja del fútbol?
-Prender la televisión y que se hable de fútbol y de Boca; ir a algún lugar y que te comenten sobre lo mismo, que te pregunten por compañeros. Se charla sobre lo que pasa y sobre lo que se cree que pasa adentro de Boca. Se dice lo que hacen y lo que dejan de hacer los jugadores. Se arma la burbuja y se respira aquello que, insisto, se cree que ocurre en el club. Porque se exagera. La historia no se cuenta como sucedió. O cuentan la parte mala y no la buena. Se habla mucho de más.
-¿Te confundió alguna vez?
-No; aprendí que el fútbol es un deporte y un espectáculo para la gente.
-En el ambiente futbolero, cuesta distinguir entre fantasía y realidad. ¿Quién te dijo las cosas como son?
-El fútbol mismo; lo que viví en mi corta carrera me hizo dar cuenta de que el fútbol da muchas vueltas y un día estás en la boca de todos y al otro no estás ni en la del vecino.
-¿Qué cuestiones no aceptás de este ambiente?
-La violencia. Porque otra persona simpatice por otro club no es un enemigo. Llegar a no tener una relación humana por eso, lo veo mal. También me da mucha lástima que el público visitante no pueda ir a la cancha en el torneo local.
-La sociedad trata a los futbolistas, a los de renombre en especial, como si fueran estrellas sin importar el contexto. ¿Es sano que a vos no te ocurra eso?
-No lo sé; prefiero vivir así: tranquilo. Creo que no me sucede porque llego a mi casa y soy uno más, no tengo ningún privilegio por ser jugador de fútbol. Si debo dar una mano para ayudar, lo hago o me mandan a hacerlo. No hay distinciones entre mis hermanos y yo. Vivo la misma vida que antes de ser futbolista: me junto con mis amigos y ando tranquilo por mi ciudad, que es La Plata, sin importar si me reconocen o no. Igual, no me reconocen (se ríe). Es más, me ha pasado hasta vestido con la ropa de concentración de Boca. Si esto fuera de otra manera el día de mañana, no cambiaría mi vida.
-Los medios elevan a los futbolistas hasta la estratosfera cuando la rompen, y les pegan a más no poder cuando caen. ¿Estás equilibrado desde lo mental para afrontar la doble vara?
-Sí; no les presto atención a los comentarios del periodismo, sean buenos o malos. Aprendí que no puedo fundamentar mi confianza por lo que se dice. Muchas veces te juzgan por una jugada, la que cometiste el error, y no se analizan ni los 90 minutos ni el proceso de trabajo.
-El fútbol argentino es una picadora de carne. ¿Cómo te blindás?
-El fútbol es difícil desde inferiores. Hay un montón de chicos que le dedicaron su infancia y su adolescencia al fútbol, que dejaron cosas de lado, que sacrificaron otras, y no llegan a Primera. Entonces, se encuentran a los 18 o 20 años sin concretar el sueño que tenían y sin haber terminado el colegio. Desde lo social, se les hace mucho más difícil. Porque la sociedad requiere el secundario completo para progresar. La educación es importante para avanzar en la vida. A los pibes se los ubica como jugadores cuando no lo son, y ahí dejan de estudiar. Después, al estar en Primera, habrá críticas; son las reglas del juego y cada uno puede seguirlas o no. Trato de no mirar canales deportivos, de no leer ni diarios ni revistas deportivas. Me respaldo en la opinión de las personas que valoro, que me dicen la verdad aunque duela.
-Estudiás en la facultad pública, usás poco y nada tu cuenta de Instagram, no le prestás atención al celular, no te enloquece ni el circo ni el cotillón del fútbol. ¿Tu perfil es el opuesto al del futbolista joven?
-No, no lo sé (se ríe); hago lo que me gusta, no pretendo que nadie sea igual a mí, ni tampoco está bien lo que hago. Existe un estereotipo del jugador de fútbol, y en todos los ámbitos laborales se hacen prejuicios. Soy futbolista y es mi trabajo. Después, cuando salgo de Boca, soy una persona normal, que tiene vida social. Pero no creo tener el perfil opuesto. Conozco a muchos jóvenes que conservan sus cosas fuera del ambiente.
-Tu papá, Adalberto, empezó de lateral derecho y la siguió de central, mismo recorrido que el tuyo. ¿Qué heredaste de él como futbolista?
-Podría decir aspectos tácticos, porque hablamos mucho sobre fútbol. Pero me quedo con los valores de vida que me transmitió y que trasladé a la cancha: respetar al rival, ser leal y buena gente, saber ganar y perder. Mi foco está puesto en conseguir la victoria bajo estas cuestiones.
-¿Sos más lírico que tu hermano Santiago, volante ofensivo que está en el Leonesa de España?
-¡No, no! Llegué tarde a la repartija de magia (se ríe). Cuando nos enfrentamos en la Bombonera, en Boca-Unión, quedó en evidencia la diferencia de juego. No se puede comparar la calidad futbolística; él es mucho más jugador que yo; apenas tuve más suerte al llegar a Boca.
-Cuando se cruzaron en aquel partido, se vio que discutieron feo en una jugada. ¿Fue así?
-Creo que el juego se había parado; me acerqué para decirle algo, porque disfrutaba de compartir la cancha, y él se enojó y me sacó. “Vos estate atento a lo tuyo, y yo me encargo de lo mío”, me dijo. Eso es lo que hicimos. Fue la primera vez que nos enfrentamos, y, encima, se dio en la cancha de Boca. Fue especial para nosotros. Por momentos, me fijaba en su partido; pero también pensaba en el mío.

En Boca juega con el perfil invertido. "un defensor central debe rechazar con las dos piernas" afirma.

-Charlemos sobre vos. ¿Qué no te puede faltar en tu vida?
-Mi familia y la fe en Dios. Porque soy católico, de ir a misa, de incorporarme a la comunidad parroquial de la iglesia que voy, de intentar vivir de una manera cristiana. No sé si lo hago bien o mal. Veo todo desde la fe y desde saber que tenemos un Dios bueno.
-¿A qué le tenés miedo?
-A las arañas (se ríe a carcajadas). Pero las enfrento. Si las mato, sigo. Si no las encuentro, me voy.
-¿Qué no negociás?
-Mi dignidad, el respeto, la verdad.
-¿Qué plataforma para la vida otorga la formación académica?
-El estudio es importantísimo. Si pretendemos progresar como sociedad, hay que darle importancia a la educación, tanto en las escuelas como en las universidades. Debemos fomentar que la gente quiera hacer ese esfuerzo. Yo estudio abogacía en la universidad pública de La Plata porque me gusta. Es un ambiente distinto al del fútbol: se habla de exámenes, de calificaciones, de que no te podés relajar porque debés promocionar tal materia; también, me sirve para despejarme de la burbuja del fútbol.
-¿Se puede estudiar en la concentración?
-Como poder, se puede; los libros los llevo, pero quizá ni los toco. Porque prefiero descansar de cara al partido, y no tener la cabeza ocupada. También puede pasar que se dé el espacio para estudiar, y, de golpe, se arma una ronda de mates. Ahí dejo de leer para disfrutar de las relaciones humanas. 
-¿Qué valorás de las relaciones humanas?
-La conversación que se presenta. Todos tenemos vidas distintas, experiencias diferentes, y cada uno puede dejarte algo. Entonces, podés aprender. Al interiorizarte sobre la vida de otros, tal vez adquirís alguna experiencia que te puede ser útil para no cometer errores, para copiar cosas buenas.
-Pensás más en el próximo partido que en el parcial que se vendrá, ¿no?
-Tal cual. En la facultad, los chicos hablan sobre el próximo examen, y yo pienso en el próximo domingo, en los delanteros que tendré que marcar, en cómo el equipo va a estar. Pero, bueno, los días de exámenes debo cambiar el chip, pensar como un estudiante universitario, y decir lo que sé para sacarme una buena nota.
-Conversemos sobre tu fútbol. Sos fuerte y rápido para marcar en el mano a mano, vas bien de arriba, te adaptás a jugar con la pierna cambiada, leés el juego con corrección y manejás bien la pelota. ¿Exageré?
-No me falta nada (se mata de risa). Me cuesta mucho ver mis virtudes y defectos; por eso, me apoyo en la gente en la que confío. Aquellos que están afuera pueden tener un punto de vista mejor que el mío. Porque yo estoy atento a los movimientos de los rivales, de mis compañeros y de los míos. Ellos, en cambio, pueden ver solo mi desempeño, y en frío. Cuando vuelvo a mirar los partidos, sí puedo percibir sensaciones diferentes a las que había tenido en la cancha.
-Al observar tu rendimiento, ¿sos de castigarte demasiado?
-No, porque no sirve para nada, no van a cambiar las jugadas. Me lo tomo con tranquilidad para después corregir los errores. Ahora, si creo que me equivoqué en el momento, suelo enojarme. Trato de ser más paciente conmigo mismo, más permisivo al error.
-¿En qué aspectos creciste gracias a la competencia interna?
-Se me dio rápido: a los 16 años, debuté en la Primera de Gimnasia; a los 18, me transfirieron a Boca. Haber venido a este club tan grande significó un cambio brusco. Me ha tocado compartir plantel con compañeros de muchísimo nivel, de experiencia en el puesto, y aprendí un montón de cuestiones. Ahí estuvieron la generosidad y la humildad de ellos para transmitirme conceptos, para que no cometiera los errores que habían cometido. Haber visto cómo se movía un marcador central de trayectoria, cómo resolvía las jugadas, cómo se posicionaba, me sirvió. Porque subí a Primera en la mitad del recorrido en inferiores y hubo cosas que me salteé, que aprendí en Primera a través de mirar a compañeros y de mis propias equivocaciones. El tema es que ahí ya no se admiten errores infantiles. 
-¿Qué sugerencia recibiste que te llamó la atención?
-Que debía entrenarme, quedarme a trabajar tras las prácticas, sean 15 minutos o 10 pelotas, y hacer doble turno de manera individual, para crecer más.
-Boca te cedió dos veces: a Rosario Central y a Defensa y Justicia. ¿Qué aprendiste durante aquellos préstamos?
-Maduré. La primera vez que me fui de mi casa sucedió al irme a Rosario. Es cierto que no es lejos La Plata de Rosario. Pero la pasé mal los primeros dos meses. Porque extrañaba a mi familia. Era chico, tenía 18 o 19 años. Aprendí, entonces, a estar solo, a no tener una palabra de aliento, excepto las voces que aparecían desde el teléfono. También sufrí cuando me fui a Defensa. Sentía que me habían arrancado algo de mí. Porque quería estar en Boca. Obviamente que lo mejor era irme para sumar minutos en otro equipo. Pero, bueno, fue muy duro. Mi prioridad era pelearla en Boca. Todo esto me hizo crecer y me sirvió en lo futbolístico. Esas experiencias fueron necesarias y las recuerdo con mucha alegría. 

En el torneo pasado jugó 6 partidos, las últimas 5 fechas como titular, y se consagró campeón. Hoy es el 6 de Boca.

-¿Cómo no perdiste la motivación al ser parte del recambio durante la temporada pasada?

-Nunca perdí la motivación por querer entrenarme, ser un poquito mejor y jugar. Digo esto más allá de la situación personal: si era tenido en cuenta o no, si iba a poder jugar o no. El sueño de ser futbolista lo tuve desde siempre y hoy, que lo soy, es como que cumplo mi sueño cada día. Disfruto de entrenarme, ni hablar de jugar los partidos, y hasta de equivocarme. Porque es lo que me hace crecer, lo que me mantiene activo. Pero, bueno, en aquellos momentos difíciles, me apoyé mucho en la fe y en mi familia, que son los pilares de mi vida.
-Cuando Guillermo Barros Schelotto te dio la oportunidad sobre el final del torneo pasado, ¿te llenaste de presiones inútiles?
-No; sí estaban las sensaciones de enfrentarse a un desafío. Creo que son las mismas que un universitario tiene al rendir un final, que un músico tiene antes de dar un recital. Es una mezcla de nerviosismo, ansiedad, incertidumbre. A la vez, estas sensaciones te mantienen atento. Por eso, hay que evitar que no te consuman; que te controlen el miedo, y no que te supere el miedo.
-A Guillermo lo disfrutaste como compañero y te dirige en Boca. ¿Qué te sorprende de él todavía?
-Rescato su ambición por ganar todo lo que se juega. Hasta en los entrenamientos, nos transmite el hecho de querer ganar. Esa búsqueda constante del triunfo la conserva desde que era jugador.
-¿Boca se desenvuelve con más soltura tras haber obtenido el campeonato pasado?
-Sí, pero también ocurre que el plantel se mantiene. Entonces, nos conocemos todavía más, nos entendemos cada vez mejor, y la idea del entrenador se fortalece. Haber conseguido el torneo local fue una satisfacción. Ahora, tenemos que redoblar la apuesta y trabajar para ser mejores.
-El equipo supera rivales y denota movimientos ofensivos brillantes. En el transcurso de los partidos, al ver el desarrollo desde atrás, ¿se produce el espacio para que te relajes?
-No, no; desde el fondo, nosotros miramos dónde están los delanteros rivales para evitar un posible contragolpe. Yo, cuando la tiene un compañero, desconfío, pienso que la va a perder, para estar atento, anticiparme y cortar ese posible contragolpe. Después, si mi compañero la hace bien, genial. Pero yo estaba preparado para realizar mi trabajo en defensa. 
-Existe un triángulo que, habitualmente, no se observa: Paolo Goltz y vos en la base, y Wilmar Barrios en la punta. ¿Coincidís en que es una de las claves del equipo?
-Todos tenemos responsabilidad en el equipo. Nuestra idea es ofensiva, protagonizar los partidos, y nosotros tres debemos estar bien parados para evitar las sorpresas que los rivales presenten. También, es importante que nosotros les transmitamos seguridad a los compañeros para que puedan arriesgar tranquilos; que si la pierden, no pasa nada. Porque nosotros les damos soluciones.
-¿Qué soñás?
-Ganar una copa internacional en Boca.

Por: Dario Gurevich / Fotos: Emiliano Lasalvia.

Nota publicada en la edición de Octubre de 2017 de El Gráfico 

Por Darío Gurevich: 07/11/2017

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